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Entrevista de Angela Barraza Risso
con fotografías de Christian Alarcón Tapia


Recuerdo que, alrededor de los 13 años, vi una entrevista a Francisco Casas en la tele y lo encontré un gueón muy bakán. Mi mamá, que estaba a mi lado, trató de explicarme lo que eran las Yeguas del Apocalipsis y la importancia que tuvieron en su momento.


Me habló de Pedro Lemebel y sacó de su pequeña biblioteca el libro “Loco Afán” y me lo pasó. Me lo leí en 3 días y cuando comencé a visualizar todo ese mundo homosexual me di cuenta de que no había feedback ni en casa, ni en el cole, ni con mis amigos, era 1997 y todavía se pensaba que Raphael de España era hétero porque estaba casado y en el barrio había nada más un amigo que era “raro”,  pero nadie se atrevía a verbalizar que era “marica”, “cola”, “fleto”, o lisa y llanamente Homosexual. Entonces esa imagen de “La Pancha” quedó en stand by en mi cabeza hasta que 13 años más tarde, ya metida de cabeza en esto de la poesía, lo conocí. Fue en un LDdS que llegó con el Yura y debo confesar que me cagué de susto, por esa personalidad desbordante, que lo traía directamente de la selva a desparramar lentejuelas en cada uno de sus movimientos. Todo en él era luz, una mezcla entre fantasía y cotillón que te obligaba a mirarlo. Más encima, esa noche le dio una bofetada a un poeta amigo y entonces fue un enamoramiento inmediato. “Yo quiero conocerlo, pensé, quiero ser su amiga” pero ya no lo volví a ver sino hasta dos años más tarde, cuando ya me había enterado realmente, y en serio, de su rol en la literatura y en la performance. Y cada vez que lo veía pensaba en el pago de Chile a sus artistas, en que Pancho no tenía por qué estar acá. Lo visualicé siempre en México, andando en faldas, como Frida y me entraba el pánico de pensar que si él estaba acá, entonces yo no tenía ningún futuro en todo esto. Ya, en octubre del 2012, y con una relación, siempre de profunda admiración, pero también con la familiaridad que da este ejercicio de vernos tanto, me tocó cubrir la reedición de “Sodoma Mía” en la Feria del Libro y fue toda él, llena de glamour, con un candidato presidencial (MEO) y con un personaje televisivo (Felipe Bianchi) de presentadores. Además, en esa instancia Casas rinde un muy breve homenaje a Marisol Vera, por haberse atrevido a publicar este libro en su contexto histórico, de lo imposible que era que alguien se interesara en publicar algo así y hace hincapié en sus cojones. También habló de “lo bien que están ahora las locas” (sic.) y se para. Luego de su lectura inmensa y de que abandonamos la sala, quedó en el aire esa sensación de lámparas de lágrimas y de tapetes de colores intensos, ese olor a whiskey mezclado con perfume, algo lindo había sucedido una vez más con Pancho. Luego vino el after y la decisión de entrevistarlo.
Pancho! te escribo, si linda, por face. El domingo a las 7 en mi casa y el timbre. Cuando me abrió la puerta, me sentí como a los 13, viendo a un hombre inmenso y tan cálido. La entrevista fue un lujo y se las dejo.





Angela Barraza: ¿Dónde nace y crece Pancho Casas? Y ¿Cuál es su primer escenario?


Francisco Casas: Para hablar de nacimiento y de crecimiento, ¿de quién es la novela Orígenes? ¿Te acuerdas?, bueno, Pancho Casas nace cuando comencé a hacer arte, performances y a escribir, digamos; son dos datos confusos. Porque siempre escribí en realidad, es como ahora, como una especie de necesidad. Creo que cuando escribí Sodoma Mía. Ahí hay una cosa súper bonita de cuándo nace qué. Cuándo nace Gabriela Mistral o cuándo nace Pablo Neruda, y ¿tú sabes en qué momento nacen? Hay un texto de la Silvia Molloy al respecto, que se llama La Pose Finisecular, además esta escritora argentina publicó el primer libro lésbico en América Latina, que se llamaba “Breve Cárcel”. Entonces ella, publica este breve texto que apareció en la revista de Crítica Cultural en el número dos o tres de la Nelly Richard, y dice que el artista, o los artistas, en el siglo XIX, nacen cuando empiezan a posar para la fotografía. Cuando Gabriela Mistral empieza a posar para la fotografía ya no es Lucila Godoy Alcayaga. Es Grabriela Mistral. Y pasa con todos los artistas del siglo XIX y creo que, hasta el día de hoy funciona así. Por ejemplo, ¿cuándo dejo de ser Francisco Elías Casas Silva, y paso a ser simplemente Pancho Casas?, bueno, cuando comencé a posar para las fotografías, cuando me di cuenta de que tenía un carácter performático en mí y cuando me di cuenta de que este carácter performático escribía. ¿Has visto una fotografía mía casual? Pues no existen. Siempre son en una eterna pose.  Y también, en relación a la geografía, pues en Santiago, cuando se da cuenta de que este tipo que está posando, es urbano y que corresponde a una estética ciudadana. No de la ciudad. La ciudad es una cosa y lo ciudadano es otra. La ciudad es una operación arquitectónica. Lo ciudadano es lo que habita esta operación arquitectónica, y cambia su signo y su significante, cuando va transitando el cuerpo por estos espacios.

A.B: ¿Cómo fue tu relación con la lectura de pendejo?

F.C: Fíjate que era un niño queer. Antes se podía hablar de lo queer. Hoy día no. Yo creo que hasta casi el 2000 podíamos hablar de lo queer, de literatura queer, pero hoy día ¿qué es tan raro? Nada es tan raro, no existe ya “lo raro” ni en la literatura ni en ninguna parte. Hay una especie de explosión de sentido en todo el planeta en que nada es tan raro. ¿Qué podría ser literariamente raro? Este tipo de literatura que uno produjo, en donde se clasifica “Sodoma Mía”,que es lo que nos convoca, en ese momento era queer, porque era muy raro que apareciera un libro de literatura homosexual, desde un travestismo homosexual, que diera cuenta sobre el SIDA y toda la literatura queer se armó desde lo raro. Pero hoy día nada es raro, no es raro que un homosexual saque libros, lo raro hoy es una categoría académica muerta. Absoluta, muerta y obsoleta. Yo no soy raro. O sea quién es raro, hay diez gueones más raros que yo ¿no?. Y en cuanto a la lectura, bueno, te voy a contar una anécdota. Yo cuando muy chico, en vez de pedir juguetes para la navidad, lo que pedía eran libros, pero eran libros que podía o que querían leer los niños en la época, entonces, me acuerdo que no sé por qué descubrí que me gustaban las historias de piratas y que había un libro que se llamaba La isla del Tesoro de Stevenson, entonces le pido a mis papás que me den este libro como regalo de pascua, pero mis papás que eran como…… mi mamá sobre todo, de formaciones católicas antiguas, vascas, va a la librería Manantial que estaba al lado de la catedral a buscar el libro y obvio que no lo encontró, por lo tanto me regalaron Juana de Arco y Genoveva de Bravante. Imagínate, esos fueron mis primeros libros. Y ahí vino una parte de travestismo, parte por Juana de Arco, que no sé cómo entendía a esta mujer que es hombre, como Orlando de la Virginia Woolf ¿no? Y Genoveva de Bravante era una princesa, digamos, que la quieren matar y tiene un hijo, que lo esconde en una cueva y esas fueron las primeras lecturas. Y desde ahí, leía cada vez que podía, lo que llegaba a mis manos, indiscriminadamente. Hasta las Selecciones del Reader Digest (se ríe) imagínate que antiguo!!

A.B: ¿Cuál fue el primer libro que te rayó, Pancho? ¿Cuál fue el primer libro que te voló la cabeza?

F.C: Es que no sé si es el primer libro, en realidad varios libros me volaron la cabeza, pero así como de amigos, digamos, de la Diamela Eltit, casi todo lo de la Diamela.
Pero si hubiera que ponerlo en un primer libro, así como lo planteas tú, primero, El Lugar Sin Límites, de José Donoso y era porque no había leído El Obsceno Pájaro de la Noche, que es para mí, el libro más importante de la literatura hispanoamericana, sin desmerecer otros escritos. Y acabo de leer hace poco, a principio de año, la biografía que escribe, sobre José Donoso, su hija, la Pilar Donoso. En Correr el tupido velo,  José Donoso era de una miseria y de una maldad sin límites, lo vuelvo a querer más a partir de esta biografía, porque es impactante. Como odiaba a la hija y cómo ella, después de que termina el libro, se suicida, a partir de la lectura de las memorias de su padre. Entonces logray descubrir otra dimensión de la maldad de José Donoso. Suponte, en los diarios de vida de Donoso decía que la Pilar Madre era alcohólica y bella, pero de la hija dice: Fea, se peina mal, se viste pésimo, es horrible, además, creo que me roba, me roba los manuscritos, me roba dinero. Y la última novela inconclusa de José Donoso se trata de una hija, que hereda los manuscritos de su padre y después de leerlos, se suicida. O sea, es que todo era Obsceno pájaro de la noche. Es una maravilla, si podís leerla; léela, porque es brutal. También se refiere a la literatura chilena, porque José Donoso habla de la Nelly Richard que qué se cree, que la odia, o habla de la Diamela Eltit, que siempre estaba vestida con harapos, o de Roberto Bolaño. Te arma un mapa con quien sea que se publicó, mucho tiempo después.

A.B: ¿Cómo fue tu escolaridad, tu relación con tus compañeros en el colegio y qué percepción tienes hoy de la escolarización?


F.C: Fíjate que no tengo casi ninguna percepción. Lo que podría decir, de eso, es que son capas que odio profundamente de mi vida, sin embargo rescato que estuve en una escuela la cual se llamaba Escuela Unificada. Una escuela que fue un proyecto del Presidente Salvador Allende y allí, los niños aprendían carpintería, electricidad, a cocinar, a coser, a bordar, aprendían idiomas, francés digamos, que fue un proyecto escolar que se acabó en el año 73. Entonces tú ves esa formación y yo sé hacer enchufes, lámparas, sé cocinar, cocino exquisito, o sea, puedo bordar. Era la primera escuela mixta que hay en Chile, para hombres y mujeres, constituyó un ejemplo de escuela que creo debería retomarse en algún momento, desde esos lugares. Escuelas totalmente laicas, donde no había clases de religión, pero había a cambio, clases de filosofía.  Entonces Pinochet instaura las clases de religión, inaugurando la catástrofe de la educación chilena.

A.B: Cómo se conocieron con Lemebel?

F.C: Bueno, Pedro siempre estaba en la Sociedad de Escritores de Chile, entonces tenían un grupo de poesía en el que leían: Sergio Parra, Jesús Sepúlveda, Isabel Larraín, la Nadia Prado, la Malú Urriola, y eran un grupito, como una especie de clan, como son los poetas ahora, que creen que la llevan, que llegan a todas partes, se toman los vinos y miran con desprecio a los demás. Que reproducen exactamente lo mismo, pero ellos eran de la Sociedad de Escritores de Chile y eran despreciados por los otros escritores. Carmen Bérenguer también estaba, pero la Carmen ya era vieja y creo que nunca fue joven.  Y yo no sé por qué voy a la Sociedad Chilena de Escritores alguna vez. Yo estaba empezando, estaba en primer año de la carrera de literatura en el ARCOS y que después pasó a ser ARCIS, y el Pedro andaba vendiendo unos pósters del Che Guevara, entonces le digo: Te quedaste pegá linda (se ríe) O sea! Subite al taxi. Y me quedó mirando con odio y se fue jajajajaja O sea, venderme postales del Ché Guevara a mí, que estaba en otra, escuchando otras cosas y no quería saber nada con esa izquierda romántica que no les permitía avanzar.

A.B: De todas las acciones performáticas que realizaron con las Yeguas del Apocalipsis, cuál es la que más te gustó o te dejó más conforme?

F.C: Fíjate que no tengo una en específico, creo que ninguna. De las acciones performáticas creo que la amistad que tenía con Pedro. Ese recorrer la ciudad, ese ir de bar en bar, esas conversaciones hasta el amanecer, esa forma de relación amorosa, sin que pase por el cuerpo, sin que sea amor, era una acción performática. Ir a una fiesta, a una galería. Llegábamos los dos juntos y toda la gente tiritaba y creo que esa es más performance que todo lo que el mundo sentía que era una performance. Una forma de vivir la vida. Y esa forma de vivir la vida, en esos años, en dictadura, en todo lo que sabemos, creo que es la mejor performance que se ha hecho en la historia de Chile. Creo que no va a haber otra tampoco. Creo que esta es la respuesta exacta y certera.

A.B: Si bien, el travestismo es una parte importantísima de las acciones de arte que has realizado, me parece que hay discursos mucho más potentes dentro de las performances de las Yeguas, sobre todo, considerando el momento histórico en el que se llevaron a cabo, como la Performance de Sebastián Acevedo en la plaza de Concepción, o la entrada a caballo a la Universidad de Chile, que no incluían la indumentaria de mujer. Me pregunto entonces, ¿crees que, de alguna forma, el hincapié que se hace del travestismo en tu trabajo, fue una estrategia de la burguesía chilena, derechista y facha, para denostar e invisibilizar en su momento los discursos políticos y menospreciar el trabajo plástico?

F.C: Te lo puedo contestar de desde diferentes lugares. Primero desde un lugar muy testimonial y después de por qué, digamos. El cuento era que yo entré a estudiar literatura a ARCIS, y ahí era totalmente discriminado porque era gay y eso que no me vestía de mujer. Nada, sólo por ser gay y en esa época, tampoco existía la palabra gay. Era maricón, ni siquiera fleto. Era cola, mariposón, etcétera. La discriminación era a tal punto, que  yo entraba a la sala de clases y todos salían. Y esto hay N gente que te lo puede contar, digamos, Jaime Valdivieso te lo puede contar, porque fue profesor mío. Con el tiempo no me pescaban, porque eran todos de izquierda y en el partido “no habían maricones”. Entonces yo era el que estaba solo, sentado en una esquina. Ahí logro hacer algunas complicidades con la Claudia Aravena, la Turca, que somos de la misma época. Entonces, yo dije ¿quieren guerra? Guerra va a haber. Y me comencé a vestir de mujer. ¿Quieren un maricón travesti? Lo van a tener en su sala de clases. Entonces me vestía igual, casi sin maquillaje, pero con unas faldas negras, así como Violeta Parra, con unos chales, con unos bototos, así bien panketa, pero con unos canastos, con un tejido. Y me sentaba en el hall a tejer. Y tejía, tejía, tejía, tejía y si me gueviaban, los enfrentaba directamente a la cara, a ver qué onda, hasta que comencé a ganarme todo el cariño del ARCIS, pero di la pelea. Por lo demás, yo no sabía que estaba todo lleno de maricones y esos son más discriminadores que nadie, entonces, pa que a ellos no se les notara, me odiaban. Pero después el travestismo, se comenzó a usar de alguna manera como camuflaje, que bien habla de eso, Severo Sarduy, en Escritos sobre un cuerpo, que finalmente, cierto, tiene que ver con la simulación. El travesti no quiere ser mujer. Simula ser mujer para seducir y, en el sentido de que mientras más esconde su pene, más presente está. Un hombre que se va con un travesti, no se va con una mujer. Se va con un travesti. El cuento que te dicen, que están dos compadres hablando y uno le dice al otro, no gueón, sabís que me agarré a una mina rica, me la llevé al hotel y cuando llegamos le meto la mano y era hombre. No te puedo creer, conchemimadre! No. Ese tipo está mintiendo. O sea, un travesti siempre es un travesti y no hay nada que lo haga mujer. Nada! El tono de voz, la barba crecida, los brazos, la contextura, por más perfecto que sea su simulacro, jamás va a ser mujer. Entonces, si tú te pones a pensar en el travestismo como una operación frente a la dictadura, es bueno, porque tienes a un hombre enfrentándolo,  a un hombre simulando ser mujer, siempre estar destruyendo ese patriarcado, ese dominio machista que fue la dictadura y, además, como travesti nadie te pescaba, nadie te llevaba preso. Nadie nunca me llevó preso y tú ves todos los condoros que nos mandábamos y nada. Inclusive el Pedro, con todos sus cuentos con el frente patriótico, los míos con el frente patriótico, que estaban ahí en ARCIS, al lado mío, me hacían hacer cosas, porque a mí no me agarraba nadie, ni un policía se iba a creer que una travesti era terrorista, por una construcción machista que tenían en la cabeza. Un travesti es menos que una mujer, en esa categoría. Entonces, entretenida la pregunta. Primero, como dice Severo Sarduy, está el simulacro de algo y también una especie de camuflaje. Un camuflaje dentro de otro. Entonces, están estas historias paralelas. Yo, porque Pedro no se vestía de mujer, se comenzó a vestir de mina cuando me conoció a mí. Y me decía Ay! Te van a llevar presa chiquita y lo le decía: que me lleven presa poh! Y salía por la calle de falda y exactamente lo mismo. Y no me pasaba nada, porque no estaba ejerciendo la prostitución, no era terrorista, era queer no más poh. Tú sabes, por ejemplo, que una de las historias de la conquista, que la contaba hace dos días en la conferencia, en Valdivia, que cuando entramos a caballo desnudos, a la Universidad de Chile, en el 90, qué se yo, ese es un travestismo también ¿no? Pero la gente, no nos vio. La policía, no nos vieron ¿y por qué no nos vieron? Porque no estábamos en su registro, era imposible eso que estaba sucediendo. Entonces, se dice de la conquista de América, que cuando los indígenas vieron los barcos, las carabelas de los españoles, no había nada así en sus registros, por lo tanto, los bloquearon, no los vieron. Y pasa lo mismo con este travestismo durante la época dictatorial de este país. Y al final, fue tanta la comodidad de ponerme falda, que me sigo poniendo falda hasta el día de hoy, pero no me pongo falda como travesti, sino como Pancho Casas que se pone falda, y es más entretenido, porque pa’ los hijos de mis amigos, por ejemplo, los hijos de la Tere Undurraga, con Bianchi, que me conocen desde que nacieron, es súper normal para ellos, jamás van a preguntar, por qué el tío Pancho anda con falda? ¿me entiendes? Porque está en su registro, o sea, no hay pregunta, es así. Y llevándolo a otro tema, que de repente calza, a propósito de los movimientos de liberaciones homosexuales, cuando yo me opongo a las liberaciones homosexuales, me opongo profundamente, porque yo no creo que haya que liberar a los homosexuales. Hay que liberar la homosexualidad en los heterosexuales, es al revés. ¿De qué se van a liberar los homosexuales? ¿por qué quieren salir del closet? Si afuera no pasa nada! Y el clóset es una invención del capitalismo, o sea, es una invención política, no sé si me entiendes. No hay que liberar. O sea, me parecen bien todos los movimientos duros, durante los 60 y 70, inclusive, durante los 80, pero a estas alturas, 2000, oye, no hay que liberarse, tienen un poderío económico tremendo. Hay que liberar la homosexualidad en los heterosexuales pa’ que se relajen y de alguna manera está enfrentado esto mismo que te digo del travestismo. Ya se visibilizaron, ya los vieron, digamos, ya los decodificaron, y ahora hay que armar otro sistema de comunicación y los que se tienen que liberar realmente son los heterosexuales. Yo no necesito, lindo, libérate tú.
Y respecto de las performances como la de la reunión de intelectuales cuando fue electo Patrício Aylwin, todo fue invisibilizado. Ahora, no sé si a lo que hicimos puedo llamarle travestismo ¿ah?, me gusta utilizar más las palabras como “simulacro” porque siento que es también, faltarle un poco el respeto a los travestis que si ejercen el comercio de la prostitución y todo.

A.B: Disculpa mi ignorancia Pancho, pero el travestismo está estrechamente vinculado con la prostitución?

F.C: Está estrechamente vinculado con la prostitución como oficio, como sistema de vida. Salvo que hagas shows, pero está estrechamente vinculado con la prostitución. Es así. Hay un texto maravilloso de Perlongher, sobre esto, que se llama La Prostitución Masculina y ahí habla sobre este tema del travestismo. Y yo nunca fui travesti. Creo que está mal entendido. Porque además, cuando nosotros nos vestíamos de travesti o con atuendos femeninos con el Pedro, no usábamos minifaldas, ni pestañas postizas, sino que nos vestíamos de viejas, de señoras, con vestidos vintage, o sea vestidos copiados, no sé, de Marilyn Monroe, o de Greta Garbo, pero éramos muy adelantados en esa escena. ¡Es que la estética travesti ni te la explico! Taco alto, faldas de cebra o de leopardo, o medias caladas, pero no, nosotros, al contrario, por ejemplo, los vestidos más entretenidos eran como de señoras de CEMA Chile, entonces me acuerdo que una vez fuimos a una Feria del Libro vestidos de señoras de CEMA Chile, con las corbatas, con los guantes, con los peinados. En el fondo, lo que hacíamos, era parodiar a las mujeres burguesas y de alguna manera, evidenciar al travestismo que copia lo peor de la mujer, que copia a la mujer tonta. No es que un travesti se vista de Simone de Beauvoir o de Virginia Woolf o de la Rosa de Luxemburgo, o se vistiera de Frida Kahlo. Nosotros nos vestíamos de Frida Kahlo, con trajes folclóricos mexicanos, cuando nadie, ni siquiera sabía quién era Frida Kahlo. O andábamos vestidos de Rigoberta Menchú y ningún travesti se vestiría así. Nosotros nos poníamos lentes así, de diva de los años 40. Después, cuando veas las fotos te vas a dar cuenta de que el Pedro andaba con unas boas en el pelo, nos vestíamos de Greta Garbo, cosas así, que era la copia, de la copia, de la copia de la mujer burguesa.. Entonces, yo no podría hablar de travestismo en ese sentido y creo que lo diga es entender como nos vestíamos. O sea, ver la foto de cualquier travesti y comparar las de nosotros, digamos, no tienen ná que ver. Y que bueno que lo preguntes, porque a nadie se le había ocurrido preguntarlo.
O sea el travesti siempre tiene que ver con la prostituta, y es más, se ponen relleno para hacerse poto, unas tetas gigantescas, que tienen que ver con el erotismo, como lo plantea Severo Sarduy, pero nosotros nunca nos pusimos tetas. Nunca nos vas a ver en ninguna foto con tetas, al contrario, las top model nunca tienen tetas, no sé si me entendís, pero la concepción burguesa es, mientras más plana mejor! Tener tetas es de mal gusto, es de rotas, todas las de la tele, esta, la Marlenne Olivarí, eso es más parecido a un travesti, porque hay mujeres que son travesti, muchas de la tele son travesti, la misma Marlenne Olivarí o la Luly. Las tetas, la ropa, los maquillajes, son verdaderos travesti y los travesti son los que las visten a ellas. Una mujer no es así. Ni siquiera en el sentido intelectual de las mejores descripciones de la mujer que es la de Simoné de Beauvoir, que la mujer no nace, se hace. Entonces, cuando estas mujeres se hacen mujer, lo hacen desde la estética gay absolutamente. Esas mujeres son travesti y no cabe duda. Y es que se está acostando con ellas, se está acostando con un travesti. Y fíjate que la mayoría de ellas, son lesbianas, o sea, como la Marlenne Olivarí que es bisexual… o sea, a estas alturas, todo el mundo.

A.B:  A razón de la exposición “Lo que el SIDA se llevó” en la sala D21 dijiste: Nos poníamos ropa americana y hablábamos de cómo el SIDA era visto como un castigo bíblico contra los homosexuales. Y las últimas acciones, según tengo entendido, de las Yeguas fue en 1996. A 16 años de esas acciones performáticas, ¿sigues viendo a la sociedad en pie de higenización y condena religiosa hacia los homosexuales?

F.C: Yo creo que a estas alturas, fíjate que es como un acto fallido. No hay religiosidad. No existe, por lo tanto, no puede haber condena. O sea, pueden profesar la fe cristiana, pero el dogma ya no existe. Estaba armado por un sistema de represiones, como hubiese dicho Foucault, que fueron incapaces de modificar y, a la luz de todos los escándalos sexuales del Vaticano y de los curas, por eso que ya nada es tan raro, ya nada es tan queer, a la luz de la información que podemos recibir hoy día, se puede creer en ese dios. Es ahora como pa’ los griegos, creer en Zeus. Que tampoco creían tanto en Zeus. Pero, hacían las ofrendas y todo eso, a pesar de que ya los griegos no creían en sus dioses. Ya no creían en Poseidón, ni en Afrodita, nada, era una forma decorativa de la ciudad. Acuérdate que ya estaban todas las escuelas aristotélicas, platónicas, entonces era imposible que estas ciudades tan cultas, tan civilizadas, creyeran en eso. Y en estos tiempos, lo mismo. En el fondo no hay que entender nada para creer en las religiosidades, entonces yo creo que ni siquiera la palabra castigo bíblico puede ser una especie de relato antiguo, como una especie de fábula, si tú quieres. Yo creo que es una fábula literaria de un libro mal escrito. Pésimamente escrito, que podría ser la Bíblia.

A.B: En una entrevista realizada por Flavio Salas, para la Revista Cauce, que salió el 7 de mayo de 1989, señalaste que, con las Yeguas, lo que buscaban era una fuga, una trastienda giratoria donde estemos con un discurso coherente, una instancia de respeto, derechos y todos los colores. Juntando, entreteniendo. Todo el mundo espera que el marica lo entretenga ¿te fijas? ¿Y vos? ¿Te entretuviste? ¿Te entretienes todavía?

F.C: Ah! Que buena! ¿y Vosnia? Jajajajaja Además, lo dije hace tantos años, pero sigue siendo hoy en día, el que los maricas sigan entreteniendo, pero además, lo que es peor, gente que no es homosexual, como el Yerko Puchento, que es este actor, Daniel Alcaíno, que se viste de homosexual, o parodia a la homosexualidad, para entretener, digamos, una clase cultural muy baja. Con “clase cultural baja” me refiero a los que rodean a este mundo de la farándula. Ahí hay un problema muy grave, porque el homosexual que entretenía, que necesitaba ser agradable para entrar en los sistemas sociales, para ser tolerado en los sistemas sociales, porque eran tolerados y todos sabemos que la tolerancia es burguesa, o sea, uno de los personajes de Cocteau se suicida cuando descubre que es tolerado. Pero en ese sentido, fíjate que hay hombres que se disfrazan de homosexuales, porque hay humoristas que lo siguen haciendo para entretener a la audiencia, entonces sigue habiendo la misma parodia perversa, la misma parodia que inventó sujetos homosexuales, de alguna manera, para sobrevivir. Ahora, si yo me entretuve, digamos, creo que me entretuve boicoteándole la proclamación presidencial a Aylwin. Eso si me entretuvo mucho y todavía me entretengo y todavía me río. Todavía me río pensando en la cara de Aylwin, porque yo creo que ahí, él no se entretuvo. El que se entretuvo fui yo, o sea! ¿De qué se ríe presidente? Se llama esa performance, de la que me estoy riendo yo. Y hace poco, que hice unos chistes sobre Nelly Richard, no sé si agradables o desagradables, pero la Nelly se enfureció. Lo que pasa es que estuvo enferma ella, tenía un pito en el oído, que la tuvo en una pieza oscura durante seis meses, una cosa feroz, una enfermedad muy rara, pero también, si la lees semióticamente también es bastante interesante. Yo dije que la Nelly había quedado como estos gatitos chinos amarillos que mueven la manito así (levanta la mano izquierda y la comienza a mover de atrás hacia adelante y se ríe) ¿Cómo se llama eso? ¿Los imaginarios de izquierda? Que fue el gran desastre (se ríe) y la Nelly gritaba por la casa ¡Díganle a Pancho Casas, díganle, que la que ríe último, no es la que ríe mejor! (se pone más serio) Toda la razón. La que ríe último no es la que se ríe mejor. Es la que se ríe sola. Me encantó el cuento jajajajjaa, pero todo esto a propósito del que se ríe al último no? Del ¿De qué se está riendo? No?
Entonces sí, si me he entretenido con varias cosas digamos, de bastardo si me he reído mucho, pero no precisamente yo entreteniendo al otro, porque las yeguas nunca entretuvieron a nadie. Por eso el odio hasta el día de hoy. O yo, vestido de falda en el ARCIS, o sea, no se reían, era una provocación.

A.B: ¿Pero sientes que hay un odio hacia las yeguas?

F.C: Yo creo que sigue habiendo una cosa siniestra contra las yeguas, sobre todo, a lo que es el mundo de la concertación, a ciertos mundos oligárquicos del arte chileno, que nunca entendieron que pasó la vieja, Pedro y yo cambiamos el arte pa’ siempre en este país. Dicho por mucha gente, mucho más docta que yo. Pa’ siempre, pero para siempre. Nadie pudo seguir pintando lo mismo, no se va a poder seguir escribiendo como se escribía, etcétera. Entonces imagínate, dentro de las cosas más impactantes, de las cosas que, por ejemplo, hace tres o cuatro años fue la trienal en Chile y ¿tú sabes que a mí no se me invitó, ni siquiera a la inauguración? Y me llamaron: Pancho, tú vas a ir a la inauguración en Bellas Artes, o sea ¿otra vez a golpear la puerta del museo? ¿A decir soy Pancho Casas, déjenme entrar? Y al año sub siguiente viene la primera bienal de arte mexicano y vamos como invitados de honor por el gobierno de México. O ahora, hace dos meses, me expusieron en el Reina Sofía, insólito en Chile. Pa’ que nos riamos un poco. La Violeta Parra entrando al Louvre con sus mugres, con sus cochinás, con sus telares inmundos bordados, infectos, y yo, entrando al reina Sofía, con estas fotos infectas de las yeguas del Apocalipsis, para exponer en 3 salas. O sea! Ningún artista más en Chile, creo, hasta el día de hoy. Pero, tú crees que salió en algún diario? En alguna parte, alguna nota? Una de las exposiciones más espectaculares sobre arte latinoamericano, organizado en Europa. Entonces, claro, tal vez no, pero siguen habiendo esas sospechas, que yo creo que son heredadas, de todas maneras, de los gobiernos de la concertación y del miedo que nos tenían. Después de la cosa de Patricio Aylwin, después de denunciar la homofobia dentro del partido comunista, la homofobia dentro del partido socialista. Porque yo creo que había que comenzar por devastar a aquello de lo que uno se creía partícipe. No podía ser que uno se sintiera socialista y ¡los tipos fueran homofóbicos! O que uno se sintiera comunista, estuviera cerca, que era también parte de los partidos que formaban la concertación. Entonces, por supuesto que no fuimos aceptados. Acuérdate que para la proclamación de Aylwin, fuimos nosotros los que habíamos trabajado, Pedro principalmente, y habían invitado a toda la gente del mundo de la cultura de Chile, al teatro Cariola al homenaje al presidente. Pero, a todos los artistas ¿ves tú? Desde la Tamara Durán, hasta a los organizadores y ¿tú crees que a nosotros se nos invitó? O sea, ¿tú crees que alguien nos dijo: vayan, yo voy a estar en la puerta y voy a dejarlos entrar? Nadie, nadie. Entonces Pedro falsificó unas invitaciones y nos sentamos a cuatro asientos del presidente cuando nos subimos al escenario. O sea, ¿quieren homosexuales? Acá hay dos y vestidos de mujer, de vedette, toda la cosa, pero nos vestíamos de vedette del bim bam boom, a propósito de lo que hablábamos anteriormente. ¿Te fijas? Y eso asustaba más. El Pedro siempre habla del “carnaval ceniciento”. O sea, el carnaval de la Cenicienta, que con sus pobres huilas, se arma el vestido para ir a la fiesta del príncipe. Era un carnaval ceniciento. Con nuestras propias manos armábamos nuestras huilas, unos trapos asquerosos para ir a arruinarles la fiesta.

A.B: ¿Qué significó para ti la dictadura y los toque de queda, versus la Concertación?

F.C: Hay una entrevista que di una vez, que Pedro la retoma y que fue un escándalo a nivel nacional. En una clase del ARCIS, en la cátedra de no sé qué profesor, a propósito de la dictadura, en la que yo dije que en dictadura yo lo pasé muy bien. O sea! Lo pasábamos la zorra. Garage Matucana a puertas cerradas, claro! Te llevabas al chico a tu casa y de ahí no podía salir hasta el otro día. O sea, salga! Juegue! Claro, también es una forma paródica de decirlo, porque nosotros también seguimos construyendo, no sé si cultura sea una palabra meritoria para esta contestación, pero seguimos construyendo, más bien, discurso. Entonces nos topamos de frente con la gente cuando comienza a llegar del exilio. Porque ellos habían estado en Europa, ellos creían que la llevaban, pero los exiliados seguían escuchando a Silvio Rodríguez, y seguían escuchando a Violeta Parra y nosotros, hace años que estábamos escuchando a Los Prisioneros, los Pinochet Boys, La Banda del Pequeño Vicio, y andábamos vestidos también de otra cosa. Nosotros no usábamos ni poncho, ni Sandalias, ni morrales, nada, éramos totalmente panketas. Escuchábamos a Los Fiskales ad Hok, grandes amigos, éramos panketas, con los pelos colorinches y yo con mis faldas y mis vestidos, pasaba absolutamente piola hasta el día de hoy. Entonces, ahí hay una confrontación muy fuerte entre los que llegan y, es más, casi todos en esa época ya habíamos leído a Foucault, estábamos leyendo a Baudrillard, “De la Seducción”, nunca nos preguntan qué leíamos, estábamos leyendo a Derrida, a Gilles Deleuze y Félix Guattari, entonces hay un choque con toda esta gente que viene del exilio, a imponernos de nuevo el poncho, el pachulí, los Quilapayún, y la flautita y El Niño Luchín y a la concha de su madre con el Niño Luchín. Ni siquiera en esa época estaba el galpón Víctor Jara jajajjajajajaa. O sea, ni siquiera era un galpón para nosotros. O sea, reconocíamos la música de Víctor Jara, hasta hoy en día, pero no era lo que se escuchaba en las fiestas. O sea! No era! Nosotros nos drogábamos, no escuchábamos esas cosas. Nos gustaba Bob Dylan, estábamos mucho más cerca de una cosa Beatnik brutal, entonces las yeguas fueron representativas de esta post modernidad, que la gente que llegó, los políticos, no lo supieron entender y creo que desde allí se genera un sistema de discriminación tremendo. Y había otra escena, que había, de alguna manera, también había arrancado de estos discursos folclorizantes chilenos que aquí nos imponían. Esa fue la escena de avanzada, las performances de Leppe, o el mismo grupo CADDA, pero ellos se institucionalizaron de alguna manera ya que, finalmente tranzaban, digamos, en el mundo cultural y pertenecían a la gran familia. Pero las yeguas eran proletas, venían de otro lado, eran sucias, en fin. Se produce una cosa bastante extraña hasta el día de hoy.

A.B: Justamente te quería preguntar un poco de eso, sobre tu relación o apreciación del grupo CADDA.

F.C: Nosotros odiábamos al grupo CADDA porque lo encontrábamos cristiano hasta el día de hoy. Pero cristiano! O sea, por eso una de las primeras acciones es ponerle una corona de espinas a Raúl Zurita porque pensábamos, hasta cuándo, hasta cuándo, hasta cuándo, hasta cuándo esta cosa cristiana, de limpiar con cloro las puertas de los prostíbulos, o sea, nosotros poníamos estrellas en las puertas de los prostíbulos, pero estos eran totalmente cristianos. Cuando Raúl Zurita, que lo adoro a Raúl Zurita, gran amigo, se corta, se pone semen, escribe Purgatorio, es cristiano! Tal vez tú podrías releer la performances del baile sobre vidrios, sobre América Latina, pero eso no era nada de cristiano, sino más bien político duro, develando la masacre sobre los detenidos desaparecidos, como el baile de las madres de los detenidos desaparecidos. Era una cita dura. No era cristiana ¿ves? Los pies que uno se cortó no importaban, no era cristiano al lado de éstas cosas. El trabajo de Leppe siempre me pareció sospechoso. Pues en el mismo año del golpe de estado, Leppe expone en el Bellas Artes. A Leppe siempre lo encontré yo algo fascista y acuérdate que fue agregado cultural con el milico asesino en buenos Aires o sea, un escándalo!  Él siempre fue muy cercano a la derecha. Inclusive, El Perchero a mi me pareció una obra sospechosa, o sea en la misma época que estaban haciendo lo mismo con las mujeres de Villa Grimaldi él se cuelga, digamos, pero no logra armar signos políticos. A ellos les interesa, digamos, el arte conceptual, y la diferencia con nosotros es que a nosotros nos interesaba el arte político. Conceptual, pero totalmente político, desde las políticas del cuerpo. O todo sistema político, de hecho, el arte es político.

A.B: Qué significa para ti la reedición de Sodoma Mía


F.C: Todavía no estoy seguro, porque acaba de salir el libro. Creo que el primer libro de poesía homosexual que se publica en Chile en ese sentido, digamos. Es un libro que estuvo prohibido por muchos años, que no lo recibieron en librerías, que nada y revivirlo después de tantos años, me pareció entretenido. Además de que en ese libro está el primer manifiesto homosexual en Chile, que se publica y que dice: Soy homosexual y pierdo el decoro, a diferencia del manuscrito de Pedro que dice: Pido perdón por ser homosexual, perdón. Este es un manifiesto panketa, duro, que dice: me gustan tus hijos y me gusta corromperlos. Es un texto muy duro pa la época y creo que todavía sigue siendo muy duro y me gusta que se lea. En 1991 es Marisol Vera la que se pega la aperrá y el libro lo escribí en el 85, 86, mientras estudiaba literatura y no había editorial que quisiera publicarlo, entonces llega la Marisol Vera y se pega la aperrá histórica.

Escrito Angela Barraza

Angela Barraza Risso (1984). Escritora, editora y entrevistadora. Es encargada de prensa en la Cofederación Minera de Chile (CONFEMIN) y editora de prensa y entrevistas en Fisura.cl y LecturasCiudadanas.cl. En 2011 publicó el libro CHILE. Junto con Arturo LedeZma es creadora de los proyectos Editorial FUGA y del ciclo literario Los Desconocidos de Siempre (LDdS)
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