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Actualmente, la discusión sobre la ley de despenalización de la interrupción del embarazo está en llamas. El Gobierno presentó el sábado pasado el proyecto de ley al congreso y, al parecer, no hay acuerdo posible ya que, tanto la Democracia cristiana como la oposición, se niegan a legislar a favor de no criminalizar a aquellas mujeres que hayan quedado embarazadas producto de una violación.

Según el proyecto de ley que ha presentado el poder Ejecutivo, el argumento que busca despenalizar la interrupción del embarazo en estos casos, es porque se considera que, cuando una mujer queda embarazada producto de un acto que fue realizado en su contra o sin su concentimiento, mediante violencia o coerción, no es posible exigirle que este proceso llegue a término.
No reconocer la posibilidad de que ella decida si desea o no continuar con el embarazo, constituye una nueva negación de su voluntad e imponerle una obligación estatal por un acto en esencia abrogatorio de su dignidad es lo que cita el documento
Además, se destaca en la legislación que el trauma de la violencia sexual no puede ser agravado por el Estado, obligando siempre y en toda circunstancia a mantener el embarazo contra la voluntad de la mujer.
Sin embargo, la DC, a pesar de formar parte de la Nueva Mayoría, ha determinado que este es un tema valórico (Considerando que de los 17 millones de chilenos, sólo 8 millones son católicos y que sus mlitantes son a penas un poco más de 113.000, datos representativos de sujetos que pueden compartir estos valores) y por esta razón ha señalado que sería conveniente, legislar las tres causales de aborto despenalizado por separado, ya que no están de acuerdo, principalmente (según las palabras de Ignacio Walker, presidente de la DC) porque nosotros como partido siempre hemos defendido un principio, el respeto por el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural (…) La DC es contraria a legalizar el aborto, en defensa del principio anterior, pero hay situaciones particularísimas, muy complejas, como son las tres hipótesis que se contemplan en el programa, que hay que debatirlas en su propio mérito con mucha apertura de mente.
Más crítico todavía fue Jorge Sabag, quien expresó que acá se está legalizando la muerte de un ser indefenso y que no tiene voz. Nadie puede sentirse orgulloso de esto. Los derechos humanos son para todos, sin distinción, y lo que hoy estamos haciendo es un duro golpe a los niños inocentes de nuestro país.
Carolina Goic se suma a la moción de negar la posibilidad de despenalizar el aborto en caso de violación, señalando que es una vida, con toda la delicadeza que tiene que ser tratada la situación, pues estás hablando de una de las peores agresiones que puede sufrir una mujer(…)Tenemos una vida de por medio y creo que se va a centrar el debate. Lo que hemos pedido en el debate pre legislativo es que las tres causales vengan separadas, y parece lógico que un parlamentario pueda optar. No parece lógico que haya una orden de partido” (Declaraciones que parecieron en El Mercurio de Calama.)
Demás está decir que la oposición, desde Jacqueline van Rysselberghe (quien defendió Colonia Dignidad, pero tiene la cara para horrorizarse por el aborto en caso de violación), hasta la blonda Marcela Sabat (que quiere debatir el aborto desde la prevención) no tiene intención, siquiera de cuestionarse el tema.
Aun cuando, actualmente has más de 15.000 niños en centros de adopción y desde el año 2000 se han adoptado apenas cerca de 7000 niños.
Los argumentos, al estar centrados en los fetos, en esas vidas en potencia, parecen muy nobles. Sin embargo, no se ha escuchado a ni uno de los honorables referirse a las mujeres que sufren estos vejámenes y que han tenido que llevar a término un embarazo en estas circunstancias.
Cuántos de estos senadores y diputados han puesto el ojo en el horror de sufrir una violación y en ver, en la cara del hijo, la del agresor día a día y tener que alimentarlo y darle afecto.
Cuántos de los honorables han sentido lo que es llevar en el vientre la duda de si ese feto, si esa vida en potencia va a repetir el patrón del agresor, cuántos de ellos han tenido la oportunidad de escuchar las súplicas porque ese feto desaparezca y con él, la vergüenza y la rabia, el despertar por las noches llorando y la imposibilidad de poder relacionarse con otro hombre por el temor o el desgarro que dejó la violencia.
Cuántos de los que se golpean el pecho diciendo Ay Dios mío han tenido la oportunidad de experimentar lo que se siente el tener una verga paterna, ajena, licoreada, y violenta entrando una y otra vez a pesar de los gritos y las súplicas. A cuántos los han apenas rozado indecorosamente al punto del asco, de necesitar una escobilla urgente y una ducha con cloro. A cuántos los han dejado estériles por dar la batalla de no querer abrir las piernas y eso los llevó al sangramiento profundo y atroz de la purga por el asco.
Qué falta de humanidad es la que existe el la imposición de los valores, cuando le han quitado todavía más que eso a quienes sufren una violación.
Un embarazo, en si mismo ya es violento. Es un proceso en donde la mujer se vuelve, culturalmente, un recipiente; en donde ya no debe cuidarse por ella, sino por ambos; en donde debe “comer por dos” y tiene que dejar de beber, de fumar, de tomar los medicamentos que tomaba, en donde ya se acaban las fiestas, en donde el cuerpo se destruye y se modifica para siempre, el ánimo se altera, y hasta las posturas habituales para dormir ya no importan porque todo es para y por los hijos. Y cualquier mujer que quiera procrear hace estos sacrificios mayúsculos porque vale la pena, porque el proceso se vuelve maravilloso si es deseado y en estas circunstancias debería nacer cualquier niño. Pero qué terrible se vuelve el proceso cuando lo que acarreas en el vientre es el fruto de tu desgracia y cuántas mujeres han decidido, valientemente, en un gesto de amor profundo, llevar a buen puerto una experiencia tan dramática como esa. Cuántas mujeres han tenido que pasar por lo mismo por miedo a irse presas, después de lo ya sufrido.
Por qué debe castigarse a una mujer por semejante desgracia. Por qué, si es un tema valórico, no hay compasión por aquellas mujeres que han padecido una violación. Dónde está la misericordia, dónde queda la vida de estas mujeres y por qué, si supuestamente son personas que votan por la vida las que se niegan a considerar esta opción de despenalización del aborto, no votan por esas vidas, que ya existen, que ya están en la tierra y que más encima, son vidas sufrientes.
Lo más terrorífico es pensar en que ninguna de nosotras está libre de una violación. Menos en un país tan machista como este.
Angela Barraza RissoEl Ciudadano
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Durante la madrugada de hoy se ha confirmado la muerte de uno de los más grandes escritores de nuestro país. Pedro Lemebel.
La alarma se encendió principalmente en Twitter, en donde los amigos y fans mostraron su gran tristeza por tan triste evento.  Sin embargo, como estaba enfermo, podía ser una falsa alarma. Lamentablemente Aldo Perán, uno de sus amigos cercanos y community manager, confirmó la información señalando que cerca de las 02:00 de la mañana, Pedro falleció mientras se encontraba en la FundaciónArturo López Pérez. En el comunicado explicaron que falleció a razón de un cáncer en contra del cual venía batallando desde hace más o menos tres años.
“Pedro estuvo aquejado largo tiempo por un cáncer a la laringe y dio una gran lucha contra esta terrible enfermedad, que pretendió dejarlo sin voz, pero ¿quién podría dejar sin voz a Lemebel? Su voz existe y persiste”
Durante la noche del jueves, a través de las redes sociales, se pidió donadores de sangre para Lemebel, quien ya estaba en un estado crítico de salud. Cabe recordar que ya en 2012, fue sometido a una laringectomía producto del cáncer.
Por lo que han señalado fuentes cercanas al escritor, falleció acompañado por sus familiares y amigos más cercanos.
En el comunicado se señaló que “Lemebel hizo propio la resistencia político-cultural, la crítica social y una férrea defensa de los Derechos Humanos. Desde su propia biografía homosexual, que reflejó en su obra, remeció las estructuras patriarcales y machistas de nuestra sociedad y su doble moral, que nunca pudieron acallar su inmensa voz”.
Obtuvo premios literarios como Anna Seghers de Alemania en 2006 y José Donoso en 2013. En nuestro país, fue nominado en seis ocasiones al Premio Altazor y en 2014 fue postulado al Premio Nacional de Literatura. Pero como siempre en Chile, no recibió ninguno de estos premios, sin embargo ahora el país rasgará vestiduras.
Sus crónicas constituyeron fuente de inspiración para diversas puestas en escena teatral.
A los 62 años, Lemebel fue uno de los artistas más connotados y exitosos de la última década. Sus obras han sido traducidas a idiomas como el francés, italiano e inglés.
Comunicado:
ADIOS A NUESTRO GRAN PEDRO LEMEBEL.
A las 2:00am de este viernes 23 de Enero de 2015, el destacado escritor y artista visual Pedro Lemebel nos ha dejado. Como muchas personas saben, Pedro estuvo aquejado largo tiempo por un cáncer a la laringe y dio una gran lucha contra esta terrible enfermedad, que pretendió dejarlo sin voz, pero ¿quién podría dejar sin voz a Lemebel?
Su voz existe y persiste. Pedro nació en Santiago en 1952, comenzó su carrera artística en los años ochenta, en plena dictadura militar. Desde los márgenes urbanos, Lemebel hizo propio la resistencia político-cultural, la crítica social y una férrea defensa de los Derechos Humanos. Desde su propia biografía homosexual, que reflejó en su obra, remeció las estructuras patriarcales y machistas de nuestra sociedad y su doble moral, que nunca pudieron acallar su inmensa voz. Lemebel no necesitó mayores premios, sino sólo el cariño y reconocimiento de sus lectores, de su público que, como una de sus características, reconoce en él a un gran intérprete de la cultura actual.
En 1987, junto a Francisco Casas, fundó el colectivo de Artes, Las Yeguas del Apocalipsis, cuyas performances marcaron un hito en la escena artística del país, a través de irrupciones plásticas, poéticas, fotográficas y de video que abogaban por el rescate de la memoria, el cuerpo homosexual, la recuperación de la democracia y la libertad de En 1995, Pedro Lemebel publicó La esquina es mi corazón, su primera recopilación de crónicas urbanas, a las que luego se sumaron Loco afán: Crónicas de sidario (1996), De perlas y cicatrices (1998), Zanjón de la Aguada (2003), Adiós mariquita linda (2004), Serenata Cafiola (2008), Háblame de amores (2012) y la antología Poco Hombre (2013). En 2001 publicó su renombrada, y como le gustaba repetir a él, “única” novela de gran éxito La relevancia literaria de Pedro Lemebel traspasó las fronteras, su obra ha sido traducida a diferentes idiomas y alcanzó vasto reconocimiento latinoamericano y mundial, obteniendo premios literarios como Anna Seghers de Alemania en 2006 y José Donoso en 2013. Además, sus crónicas constituyeron fuente de inspiración para diversas puestas en escena teatral. En Chile fue nominado en seis oportunidades al Premio Altazor y en 2014 fue postulado al Premio Nacional de Literatura (sin obtener ninguno de estos. En los últimos años, sus presentaciones lo llevaron a diversas partes del mundo, ofreciendo performances literarias que conjugaban letra, música y audiovisual, en diferentes ferias de libros, charlas y conferencias. Expuso su trabajo plástico en Buenos Aires, Nueva York, San Pablo y, últimamente, en el Museo Reina Sofía de Madrid. Su último trabajo retrospectivo fue para la Galería D21 en Santiago de Chile, denominado “Arder”, que obtuvo una interesante recepción de parte de la crítica.
La obra literaria y plástica de Pedro Lemebel es ampliamente estudiada en universidades extranjeras. La circulación de su obra en diversos formatos, desde el audio radial, el panfleto, la fotocopia y el pirateaje, ha formado parte de su escena performática, mediante la cual Lemebel se erige como uno de los más relevantes escritores de los últimos decenios, tanto en originalidad literaria como ética, expresando un profundo sentido intelectual y político para interpretar la realidad chilena y latinoamericana.
La familia, amigas y amigos agradecemos las profundas muestras de cariño y admiración del pueblo chileno e internacional que sigue y seguirá la obra y la persona de Pedro Lemebel ¡¡ahora y siempre¡¡.
En el transcurso de esta mañana se informará del lugar donde nos juntaremos para despedirlo.
A nombre de la Familia y amigas/os


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La tecnología es maravillosa, pero no es un secreto el costo que tienen los aparatos en materia de producción. El ambiente es el mayor perjudicado y no somos capaces de dimensionar las repercusiones de aquello en el mediano y largo plazo.
Lo más jodido es que los dispositivos, en vez de estar en función del ser humano, está en función del consumo y los adelantos llegan a nuestras manos, cuando ya están obsoletos y está listo el nuevo modelo (de televisores, celulares, computadores, etc.) para salir al mercado, lo que nos lleva a más y más consumo, en una cruzada que no se detiene ya que “tener el último modelo” de lo que sea, no sólo significa que estamos a la vanguardia, sino que además, otorga un estatus que parece importarle a alguien (todavía no descubro a quién).
El valor de las cosas, parece no importarle a nadie y aparece como un discurso “de mamá” que está obsoleto. Yo recuerdo el exprimidor, que estuvo en casa de mis viejos por casi 20 años y no se cambiaba porque todavía funcionaba. Quizás no era una mala práctica después de todo. Finalmente, si sacas jugo de limón con un exprimidor viejo, con un exprimidor eléctrico o con el tenedor, no tiene mayor relevancia a la hora de comer ensaladas y eso se puede desplazar a cualquier cosa. Lo cierto es que estamos hechos mierda en deudas y cosas que, cuando volvemos de la pega, estamos demasiado cansados para usar.
Es bueno tomar caldito de cabeza de vez en cuando y este video está perfecto para un domingo por la tarde. A ver si le encontramos tanto sentido a partirnos el lomo por las lukas que vamos a dejar íntegramente a las casas comerciales, como si fueran fichas de pulpería.


En twitter: @AngelaBarraza
Angela Barraza RissoEl Ciudadano
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El Cardenal Ezzati señala que la reforma educacional que está llevando a cabo el gobierno de Michelle Bachelet “tiene el peligro de caer en uniformarlo todo, teniendo como modelo proyectos estatistas caducos".


A pesar de que nuestro país es un Estado Laico y que las intervenciones de la iglesia, en materia legislativa están de más, el cardenal Ezzati insiste en utilizar sus espacios de poder, para intervenir en la contingencia política nacional, a favor de los intereses de unos pocos, refiriéndose de esta manera a la discusión pública que se está dando en materia de la reforma educacional.
Lamentablemente, los ribetes políticos de sus declaraciones caen en las mismas barbaridades de las campañas del terror impulsadas por la derecha, al vincular la reforma educacional con “proyectos estatistas caducos”, como si fueran a resucitar Stalin o Mao, para venir a implementar una reforma estilo Gulag.
Hablando de la gratuidad de la educación, señaló lo siguiente: “Eso puede parecer como una cosa excelente, pero a qué cosa conduce finalmente: a que el Estado sea el dueño de la educación”, enfatizó. “Y por tanto, puede imponer algo diferente a lo que las personas y la comunidad natural, que es la familia, tienen derecho a escoger”.
Lamentablemente, señor Ezzati, ese “derecho a escoger”, en el sistema actual, es un privilegio de muy pocos en nuestra sociedad y sorprende que un representante de la iglesia, que sigue la palabra de Cristo, quien velaba por los pobres y desventurados insista, de manera recalcitrante en defender las prácticas de un sistema que perpetua las brechas sociales y que las abre en materia de desigualdad.
Esto se ha dado en el marco previo a una reunión del Ministerio de Educación para definir las sanciones del lucro con recursos estatales ya que aún no está completamente claro, en el oficialismo, la forma y el procedimiento de penalizar el lucro, copago y selección en los establecimientos educacionales. En este escenario, Ricardo Ezzati señaló que las fiscalizaciones en esta materia no deben intervenir en los colegios al extremo de que el Estado “sea el dueño de la educación”.
“El Estado no puede, ni debe ni debe convertirse en el dueño de la educación y, por consiguiente, que la quiera dirigir a su antojo de acuerdo a la ideología de turno. Eso es inaceptable.”
La anterior es otra de las desafortunadas declaraciones del cardenal, quien parece olvidar que el actual sistema educacional fue implementado en dictadura, ideología (a la fuerza) de turno, que convirtió a algunos privilegiados en los dueños de la educación y que, efectivamente, la dirigieron a su antojo, cosa que se pretende combatir gracias a la implementación de esta reforma.
Tampoco podemos olvidar el nivel de segregación y discriminación que caracteriza a muchas de las instituciones educacionales que pertenecen al clero, que además, establecen proyectos educacionales que apuntan a seguir creando ghettos de élites, en donde, para acceder a una matrícula, te piden “cartas de recomendación de personas conocidas por el establecimiento”, a parte de aranceles que superan los 300 mil pesos mensuales y los correspondientes certificados de bautismo y de matrimonio, los que garantizan que las familias que acceden a estos proyectos educativos, cumplen con los requerimientos básicos para acceder a una educación que va más allá de la calidad. Y eso es lo que está defendiendo Ezzati, lo que evidentemente tiene un sesgo político marcado a fuego.
Desde el oficialismo han manifestado que el establecimiento de sanciones se debe limitar, sin que exista una injerencia directa en la administración de planteles educativos. Sencillamente, se trataría de aplicar castigos en el caso puntual de que se presenten irregularidades.
Por su parte, el senador Jorge Pizarro (DC) señaló que la sanción del lucro con cárcel no debe ser la única forma, pues resulta necesario que las sanciones sean progresivas y proporcionales a gravedad de la falta detectada.
En el mismo contexto, Ricardo Lagos Weber (senador del PPD) señaló que el fin último no es castigar el lucro en sí mismo, sino la mala utilización de recursos públicos, ya sea cometido por instituciones públicas o privadas.
Se espera que el día domingo, los senadores oficialistas, puedan discutir los alcances de la reunión de hoy en el Ministerio de Educación, para agilizar el despacho de este proyecto.
En Twitter: @AngelaBarraza
Angela Barraza RissoEl Ciudadano
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Por Angela Barraza Risso
León Gieco ya es parte de nuestra cultura, de nuestro imaginario popular y no necesita mayores presentaciones. Estuvo recientemente en Centro Arte Alameda presentando su peli-documental Mundo Alas y celebrando su cumpleaños. Obviamente, por su música comprometida y por su elocuencia, no nos podíamos perder la oportunidad de entrevistarlo. Hablamos, obviamente de música, pero también de contingencia político social de Argentina y Chile, de la experiencia de las empresas recuperadas, de derechos humanos y de otras vainas, aprovechando su elocuencia maravillosa, de ese cantante que no se calla y que es capaz de manifestar lo que piensa y lo que cree, en cualquier escenario.
Siendo muy niño tuviste que trabajar. Compraste tu primera guitarra y la pagaste con tu trabajo. Vienes de una familia de campo y ya, como artista consagrado, eres un representante de la “música comprometida”, estando al frente de muchas causas y de muchas luchas. Esa vinculación con la lucha social es producto de la conciencia de clases o es producto del devenir cotidiano en tu carrera musical. ¿Fue una decisión consiente?
¿Qué sería la conciencia de clases? Primero que todo, yo soy un artista. Después me manifiesto de una determinada manera. Pero lo primero en mí es el artista. Cuando yo empecé a cantar en el colegio, a los 7 años, a mí me gustaba el escenario. Me gustaba que me aplaudieran y busqué siempre eso. Y tuve una actividad musical muy grande en mi pueblo, desde los 7 años, hasta los 18, edad a la que me fui de mi pueblo. Yo era solista y cantaba canciones folclóricas y ya me daba cuenta de cuáles eran de protesta y cuáles no. Por ahí cantaba: paisajes de Catamarca (canta) y por ahí ya me daba cuenta de que eso era una canción paisajista. Sin embargo, cuando cantaba una canción de Atahualpa Yupanqui, y él decía: El rico toma en su casa y el rico en el mostrador, yo ya me daba cuenta de que había una diferenciación y de que ahí había alguien protestando por algo. Después armé un grupo de música folclórica y también canté canciones de Los Chalchaleros, o de Los Fronterizos, que era un formato de tres guitarras y bombo en donde fue el boom del folclore. Pero cuando yo leía la revista “Folclore” que es una revista muy interesante, en aquella época en la que yo tenía 10 años, me llamaban la atención los artículos que hablaban de algo concreto. Mi forma de pensar las cosas era como de quererme comprometer. Por ejemplo, una vez, cuando yo tenía 9 o 10 años, leí un artículo en donde decían que había una chilena que se llamaba Violeta Parra, que estaba preocupada porque se estaban perdiendo las músicas campesinas. Y yo dije “que buena persona esta”, porque  yo conocía mucho de música campesina, porque yo tenía a mis abuelos que eran italianos y que cantaban todos los domingos y era divino como cantaban, entonces yo decía: “que bueno tener un registro de eso”, y en esa época no estaba la posibilidad de tener un grabador para guardar el registro. Entonces, cuando yo leí de que una tal Violeta Parra estaba comprometida con la música campesina y porque ese patrimonio no se perdiera, ese artículo me interesaba mucho más que otro que hablaba de un grupo que estaba triunfando en cualquier parte, en donde estaban muy buenos los asados. Lo que quiero decir, es que algo hay en mí que hizo que me fuera para ese lado. Después armé el grupo de rock a los 12 años, y no cantábamos estupideces. Lo más comercial que cantábamos era Creedence Clearwater Revival que era un grupo que vendía. También cantábamos The BeatlesRolling  StonesJimmy Hendrix;  y después, cuando teníamos como 15 años, comenzamos a cantar canciones del Rock Nacional. Por ahí cuando teníamos 15 años apareció “La Balsa”, con Los Gatos, que fue un tema que vendió muchísimos discos. Yo me acuerdo que en esa época -con mi grupo- cantábamos ese tipo de canciones.
Pero qué pasó después: yo me fui a Buenos Aires y llegué en un momento X. Llegué en una Dictadura Militar en la que todo el mundo estaba pidiendo la vuelta de Perón. Entonces yo vi que todos mis amigos que tenía en la ciudad se politizaban y se iban a los Partidos Políticos. Alguno se iba al PI, otros se iban a laJP, otros se iban al Partido Comunista y yo decía que no; que mi tema era ser artista y lo que hice fue politizar mi música.
Cuando yo llegué a Buenos Aires todavía no componía. Comencé a componer allá. Ese shock eléctrico que me dio a mí al llegar a Buenos Aires, luego de llegar de la soledad del campo, me permitió destapar una cacerola, una olla que estaba llena de canciones. Y justo en ese momento, los chicos se politizaban y en ese momento yo veía lo que estaba sucediendo y lo que hacía la Dictadura Militar. En un momento determinado, la dictadura decidió reprimir una manifestación en la ciudad de Mendoza, que se llamó “El Mendozaso” en donde mataron a 8 mendocinos  y reprimieron brutalmente a una marcha de maestros. Entonces yo ahí compuse mi primera canción que se llamó “Hombres de Hierro”. Entonces comencé a ser considerado como un cantante comprometido. Por eso te digo que yo no decidí ser quien soy. Vos vas creciendo y te vas impregnando de ciertas cosas en un lugar determinado.
Si yo no hubiese hecho la vida que hice, y me hubiese ido a Miami, estaría haciendo canciones de Arjona. Porque en Miami estaría tomando el sol, tendría mucha guita, sería millonario y no estaría hablando con vos (risas) ni estaría acá viajando, para mostrar una película. Ganaría, a lo mejor, millones de dólares para quedarme acá en el Crown Plaza.
No es fácil esa determinación. Es una combinación de cosas. Como cuando decidís escribir una canción. O sea, cuesta mucho. No es fácil componer una primera canción. Siempre te tienen que pasar cosas.
Por ejemplo, hace poco estaba viendo  la historia de un pibe que es bien famoso, que se llama Axel. Y siempre hace canciones comerciales y le va muy bien en Latinoamérica.  Es un buen Pibe; tocó conmigo una vez. Pero yo no le prestaba mucha atención a su música. Y hace un tiempo hicieron un reportaje de él, en donde mostraban que fue muy golpeado por el padre y que, para él, el refugio era ir al teclado y fíjate que ahora, es un tipo que recorre toda América y es famoso. Lo que te iba a decir es que siempre te pasa algo para que vos vayas por un camino determinado.
De qué manera, los referentes de la música latinoamericana, por ejemplo, Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa, Chico Buarque, Víctor Jara; has visto que se proyectan en las nuevas generaciones.
Bueno, yo tengo mucha influencia de Víctor Jara, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, la Mercedes. Son todos como gente que empezó antes que yo. Y al empezar a hacer canciones comprometidas, por supuesto que vas un rubro determinado. Yo ya tenía los discos de Víctor Jara; tenía los de Violeta Parra, tenía los de Atahualpa Yupanqui. Tenía también, por ejemplo, a Silvio Rodríguez.
La música cubana, como en el caso de Silvio o de Pablo Milanés, teníamos que llevarlos en un sobre de Pink Floyd, porque si te enganchaban un disco de música cubana, eras un subversivo, todo mal. Como cuando los militares entraban a tu casa y veían un libro del Che Guevara. Gracias a Dios, con todos pude compartir las canciones, los escenarios y los discos. Con Mercedes hemos hecho grandes giras. Con Silvio Rodríguez hemos grabado y ahora vamos a hacer una gira por Cuba; con Pablo Milanés he cantado “Canción para Carito”; con Serrat he cantado también, con Chico Buarque yo le cantaba una canción y  él ha cantado conmigo en el Estadio de Boca y bueno, con Víctor Jara no he cantado, porque lo asesinaron los genocidas.
Y bueno, respecto de lo que es la música protesta, tenemos el Hip-Hop que tiene variantes que son comprometidas y otras que no. Depende de lo que vos querás decir. El Hip-Hop es una forma de decir las cosas. Es como el Rap. Si vos escuchás un rapeado de Calle 13 es muy diferente a escuchar a Daddy Yankee. La música en términos generales, es una forma de representar lo que vos querés decir. Si vos querés ser nadie; o si vos querés hacer una música comercial que no diga nada, o si querés cantar baladas de amor o dedicarte a hacer música de protesta, cualquier música, está bien. Pero, aparte del Hip-Hop, hay, por ejemplo, ac´en Chile, todavía se sigue manteniendo el formato del cantautor. La palabra cantautor es una terminología que se borró de la Argentina. Nunca más existió esa palabra. Y a mí me parece acertada esa palabra porque significa que tú cantas tus propias canciones. Las canciones que vos componés. Y tanto en México como en España, también se les llama cantautor. Y acá en Chile, hay un colectivo de artistas under, que se están presentando en lugares chiquititos. Eso es la continuación de Silvio Rodríguez y de Pablo Milanés. Ese es un ejemplo de los más conocidos, pero también están los Quilapayún, los Inti-Illimani, también están los Illapu, Isabel Parra. Y no sé, tendría que vivir un poco más, acá, para ver cómo va el tema del Rock acá. Quizás se me da la oportunidad de hacer gira por acá por Chile, para estar más al tanto de lo que pasa. Mucho más voy al Uruguay y por eso que conozco mucho más de la música de ese país. Pero me gustaría pasar más rato acá y entrar en contacto con los grupos de Rock y ver en qué andan.
En tu trabajo de Ushuaia a la Quiaca, hiciste múltiples viajes por Argentina y realizaste un levantamiento patrimonial musical muy importante ¿Cuál es, a tu juicio, el mayor valor de ese trabajo?
Bueno, ese trabajo está inspirado, justamente, en las recopilaciones de la Violeta Parra.
Cuando vos lees algo y te queda,  después es como que se te presentan ciertas oportunidades, aunque también las vas buscando. Por ejemplo, un día me encuentro de casualidad con Leda Valladares, que es nuestra recopiladora –Ella recopiló muchas músicas indígenas, muchas músicas del norte de Argentina- y la veo y me comienza a hablar de la Violeta Parra y de Bob Dylan. Y ahí yo dije “esta es la verdad”. O sea, una persona que es una recopiladora como Leda Valladares, que tenía un dúo con María Elena Walsh, que se llamaba “Leda y María” y que me hable de Bob Dylan y de la Violeta Parra entonces yo me dije: “esta es la conjunción perfecta; es cultura pura”. Al final terminé haciendo en el año 84 y 85, una recopilación de músicas étnicas que se llamó de Ushuaia a la Quiaca. Y lo más importante de todo, es el mismo trabajo. Pero también te podría decir que es el ir en la búsqueda de nuestros maestros. Porque no llamamos a los maestros a ir a tocar a Buenos Aires, sino que fuimos nosotros a donde ellos viven. Son gente que se quedó ahí, en su lugar. No les interesó ir a vivir a Buenos Aires. Cuchi Leguizamón, por ejemplo, era un genio musical, creador de Maturana, de unas sambas increíbles y se quedó siempre a vivir en Salta. Sixto Palavecino era un indio quichua que era maravilloso y se quedó siempre a vivir en Santiago del Estero ¿viste? No hicieron lo que hizo Atahualpa Yupanqui que, lo que pasa es que lo prohibieron, lo censuraron y se tuvo que ir, entonces, el exilio, que tiene mucho de negativo porque alguien te echa de tu propio país, como le pasó a los Inti Illimani o a Los Jaivas, que tuvieron que salir huyendo del asesino de Pinochet, pero cuando a vos te echan del país, si bien te quedas sin tu país, te comienzas a hacer conocido por todo el mundo, como le ocurrió a Mercedes Sosa. Pero esta gente, que nosotros fuimos a rescatar, fue gente que se quedó en su lugar. Nosotros fuimos lugar por lugar a rescatarlos, a grabarlos, a filmarlos y tenemos en este momento cuatro discos editados y cuarenta horas de video, que es un material que está en casi todos los colegios de Argentina, y los chicos aprenden folclor con eso. Editamos un libro también, con fotos y al final le pusimos unas 20 hojas más de otro color y hablamos con un musicólogo para que nos aporte, además, todos los instrumentos musicales creados en Argentina y de qué lugares y de qué zonas son. También le pusimos todas las corrientes indigenistas que hay y qué tipo de música tocan todos ellos.
Cómo evalúas tú la nacionalización de algunas empresas clave, llevadas adelante por Cristina Fernández
A mí me parece bien. Nosotros siempre peleamos por ese tipo de cosas. Esa es la lucha que teníamos nosotros desde el 70, que es la nacionalización de las empresas. Pero fuimos reprimidos. Llegó la dictadura militar que no solamente asesina, sino que es ideológicamente liberal, hijos, pichis, de Estados Unidos. Ellos fueron los que pidieron los primeros préstamos. Argentina no le debía un peso a nadie y ellos fueron los primeros que pidieron préstamos.
Después de ellos viene un gobierno radical y luego de ellos viene un gobierno que era completamente neoliberal que era el gobierno Menemista, que también ahí pidieron una cantidad de préstamos increíbles y vendieron todas las empresas. Yo no estoy de  acuerdo con ese gobierno neoliberal. Yo estoy más de acuerdo con un gobierno más nacional en donde  exporte y tenga sus fábricas y estas funcionen, que es lo que está pasando en Argentina en este momento.
Por eso, tenemos muchos problemas con la oposición,  porque la oposición, lo que quiere es un gobierno neoliberal. Ellos lo que quieren es que el presidente sea un trabajo menor. Como en todos lados. Pero nosotros, en este momento de Sudamérica, estamos viviendo una situación donde los presidentes no son trabajos menores, sino que son votados por todo el pueblo, como pasó acá con la Bachelet, como pasó con mi presidenta, como pasó con Pepe Mujica, como pasa con Evo Morales, con Correa o con Dilma. Son presidentes que enfrentaron a las corporaciones o que tratan de enfrentarlas lo que más pueden. Y ponerle un stop a todas las cosas: “acá vamos a pagar, todos, impuestos”; “vamos a descubrir algunos casos de corrupción”.
Pero son unos gobiernos pasajeros también, porque todos los países son diferentes. En el caso de nosotros, nos peleamos mucho. Los argentinos somos muy peleadores. Nos peleamos entre nosotros y con todos. Y también fue, de todos los países de Sudamérica, en el momento del neoliberalismo –que fueron 10 años- en la década del 90 fue el momento en el que entró toda la malaria y fue el momento en el que al  final se hizo el mega-canje, que son, al final, los fondos buitres, que es lo que está peleando mi presidenta, con estos atorrantes, que son los de los fondos buitres y que también, son los que se aprovechan de los pobres y de los países. En cambio, un país como Chile, tiene otras características. Acá, sale un gobierno de la derecha y el país no se mueve y sigue funcionando.
¿Qué opinas sobre el tema de complementación minera Chile-Argentina, que firmaron en su momento Menem y Frei?
Bueno, eso también es neoliberalismo puro y es un aprovechamiento de las empresas australianas y de las empresas canadienses que dejan nada. Yo no estoy de acuerdo con eso, ni con la explotación de las minas.
A mí me parece que es mucho más valiosa el agua que el oro. El oro es un lujo y el agua es una necesidad. Y para colmo, el oro está en los lugares en los que menos agua hay, entonces yo soy completamente anti-minas.
Hace algún tiempo, en la ciudad de San Juan, en Argentina, alzaste la voz en contra de Barrick Gold. Ese gesto si bien, te valió algunas críticas, también te valió un agradecimiento enorme de quienes no tienen escenario, ni el poder para protestar de manera visible ¿Cuál es la importancia de utilizar las tribunas?
Yo digo lo que pienso. Y lamento ser más popular que el resto de la gente. Si yo lo digo, tiene más repercusión porque soy un poco más conocido, nada más. Eso es lo mismo que pasa con todas las cosas.
Pero yo soy una persona medianamente popular. Una persona que tiene la voz y que podemos ser la voz de los que no tienen los otros. Somos la voz del pueblo cuando cantamos.
Allí, cuando hay que tomar una postura respecto de un tema determinado, ahí yo tomo mi postura y me he peleado con un montón y es más, me han echado del país por cuatro años, por pensar diferente. Pero menos mal que no me mataron, como lo hicieron con Víctor Jara.
En Chile tenemos un problema grave respecto de los Derechos Humanos, porque las víctimas de la dictadura aún no tienen justicia y en nuestro poder político aún tenemos gente enquistada que participó directamente en la dictadura. Los pocos torturadores que han sido enjuiciados y que fueron presos, lo están en cárceles de lujo, etc. ¿Qué señal estamos dando como país? ¿Es buena la política del olvido?
Yo pondría esto a plebiscito. Que opine la gente sobre lo que quiere, como pasó en Uruguay. No sé. Por decirte algo.
Si vos me decís: por qué  Argentina sacó el as de la manga y enjuició a mil cien genocidas, que los tenemos presos y en cárceles comunes, pues yo no sé. Se necesita una voluntad política, como la que tenía Néstor Kirshner. Esa es la clave.
Néstor Kirchner fue y bajó los cuadros de los militares en todos los lugares y fue un antes y un después a partir de ese hito. Bajó los cuadros y comenzó una política de Derechos Humanos como política de Estado. Bueno, no sé.
Yo me pongo contento de que haya pasado en mi país. Acá no pasó. Por supuesto que no soy chileno, como para opinar al respecto. Tampoco podemos decir que es un país al que le fue mal porque no hizo eso. Es una deuda quizás.
Uruguay también tiene esa deuda, al igual que Brasil.
Yo me puse contento en un momento porque estaban por traer al matador de Víctor Jara, al que le destrozó las manos y que estaba en Estados Unidos lo iban a traer para acá. Lo leí en un momento y me puso muy contento de que enjuicien a esa persona y a mí, como músico, me haría muy bien que esa persona quede en cadena perpetua.
Finalmente, qué te parece la experiencia de las empresas recuperadas por los trabajadores y cómo crees que podríamos acercar a las organizaciones  sociales chilenas a esa experiencia.
Cómo acercar a los chilenos a eso, no lo sé. Lo que sí sé y te puedo decir es que el gobierno nacional ayuda mucho a las empresas recuperadas.
Hay un libro con alrededor de 400 empresas recuperadas, en donde el gobierno las toma como pymes y las apoya económicamente. Y el gobierno las apoya muchísimo.
Por ejemplo, en mi pueblo, hay una fábrica de jabón que es una empresa recuperada. Y yo me he recorrido muchas empresas recuperadas, toco para ellos, he tocado para el Bauen, que es un hotel recuperado y toco para el sur, allá, para los que hacen mosaicos y pisos también.
Toco en empresas recuperadas.
Pero no sé de qué forma Chile podría llegar a eso.
Pero la experiencia Argentina ha sido positiva. De todas formas, no te olvides que nosotros tuvimos un gobierno altamente neoliberal, que nos endeudó y que fundió a un montón de empresas, cosa que acá en Chile no pasó.
Yo me doy cuenta de que a Chile no lo mueves tan fácil. Viene un gobierno de la derecha y sigue siendo el mismo país. Y después viene un gobierno de la izquierda y no cambia nada. Sigue siendo lo mismo.
Allá no. Ahora está esperando la oposición copar para hacer otra cosa totalmente diferente. Allá teníamos unos trenes que los pusieron los ingleses. Los compró Perón, con la plata del pueblo. Después los fundió Ménem y ahora este gobierno los ha vuelto a poner. Mañana viene otro gobierno neoliberal y los privatiza de nuevo.
Angela Barraza RissoEl Ciudadano
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"Las Cenizas del Cóndor" es una obra del más alto valor literario y testimonial que han dado las letras sudamericanas en las décadas recientes.


Por Angela Barraza Risso
“Las Cenizas del Cóndor” es un libro que me cautivó por el nombre. Mi interés por los Derechos Humanos viene de siempre a pesar de haber nacido en los últimos coletazos de la dictadura. Y es que ya en la democracia aún persistía la frase “de religión y de política no se habla” y todo lo prohibido me resultaba magnético. Entonces comenzaron las indagaciones infantiles respecto de lo que pasó y la Operación Cóndor estaba en todos lados, al igual que La Caravana de la Muerte. Recuerdo además, que no entendía por qué a Patricio Aylwin le decían “Pluto”, porque buscaba huesos y entre medio algunas revistas que hablaban de Pisagua y de los degollados, generaron en mí una fabulación sobre una realidad que estaba oculta. Ya de más adolescente comencé a leer a Patricia Verdugo y cuanto libro sobre dictadura llegaba a mis manos (ese acceso se lo tengo que agradecer a mi madre) y de ahí en adelante se perpetuó la necesidad de saber. Por eso, cuando vi el título, me puse en alerta.
Planeta tuvo la gentileza de enviarme el libro -Agradecimientos a Isabel Machado por su impecable gestión siempre- y en realidad es un poco atemorizante por su tamaño. Sin embargo, cuando comencé con la lectura, lamenté profundamente que no fuera más grande aún ya que es un libro llano, cautivador y muy revelador respecto de las dimensiones y la envergadura de la sombra del cóndor en América Latina.
Maravillosa fue la sorpresa de saber que el autor venía a Chile en el marco de la FILSA. A Butazzoni no lo había leído nunca y luego de leer su libro, no me podía perder la oportunidad de entrevistarlo. Ahora ando a la cacería del resto de sus libros, no sólo por su literatura, sino también por el personaje que es él; con una historia de  vida que es demasiado intensa.
Les dejo la entrevista para que conozcan un poco más de un hombre que, exiliado de su país (Uruguay) se viene a Chile, en donde vivió los últimos meses de gobierno de Salvador Allende, que salió de Chile en la puerta de la dictadura, que viajó a Cuba, donde ganó el Casa de Las Américas con su primer libro, que fue amigo de Cortázar y de Guayasamín, que se unió al Frente Sandinista en Nicaragua y luchó en la batalla como oficial de artillería entre otras cosas que le han permitido ser un escritor tremendo.
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Con 19 años llegaste a Chile y viviste el último año de gobierno de Salvador Allende. ¿Cómo viviste ese período y cuáles fueron las razones por las que tuviste que migrar a Cuba?
Yo viví acá, en un apartamento en la Calle Merced, a dos cuadras de acá. Yo llegué a un Chile que estaba muy convulsionado,  por arriba y por abajo. Estaban pasando por un momento de mucha agitación social. El Gobierno de Allende tenía que enfrentar un proceso muy complicado, con una oposición muy fuerte de los empresarios, de lo sectores más conservadores y además, una serie de divisiones internas dentro de la misma Unidad Popular. Entonces, eso se traducía en que en la calle había una gran efervescencia y había muchas manifestaciones. Era un clima muy convulso. Pero bueno, ese proyecto político era un proyecto que a mí, personalmente, me interesaba muchísimo, porque era un proyecto político de reformulación total de la sociedad a partir de una vía democrática, que no se había probado hasta ese momento. Y con muchos sectores que decían que eso era imposible y que eso iba a culminar de la peor manera. Y bueno, cuando la situación comenzó a empeorar y ya era evidente que el gobierno de Allende no tenía mucho futuro, me tuve que ir. Yo vivía aquí en condiciones bastante precarias. Había estado militando en Uruguay y no podía volver a mi país porque estaba requerido por el ejército, por lo tanto, me tomé un avión y me fui derechito a Cuba. ¿Te fuiste después del golpe? Me fui antes. En el mes de agosto. Me fui en uno de los últimos viajes que se pudieron hacer, entre comillas, tranquilamente.
A la edad de 25 años publicas tu primer libro (Los días de nuestra sangre) con el que obtuviste el Premio Casa de las Américas de cuentos ¿Cómo surgió esa primera publicación en Cuba y cuál fue el impacto en ti, de recibir tan tremendo premio con un primer libro?
En realidad este libro fue producto de la desesperación y de la desesperanza. Yo estaba viviendo en Cuba, totalmente aislado del mundo, porque bueno, en las condiciones en las que estábamos tampoco había mucha información de lo que estaba pasando afuera. Más encima, cargando con mi mochila de Uruguayo en un país del Caribe, que era como vivir en el Polo Norte, o sea, nada que ver. Pasé por un período muy depresivo y muy triste y producto de esa desesperanza nació la elaboración de esos primeros cuentos. Yo era un gran lector y había escrito desde la adolescencia, pero nunca me había planteado ser escritor. Jamás. Yo estaba estudiando microbiología cuando me gané el premio. No era mi vocación, pero era una cosa que pensé que podía ser útil, interesante. Y escribí esos cuentos, envuelto en esta especie de nube de melancolía, de tristeza y de recuerdos de lo que había pasado en Uruguay. Y bueno, tenía el libro escrito y se lo pasé a dos o tres amigos cubanos y todos me dijeron que el libro era bárbaro, que les gustaron los cuentos y uno me dijo que por qué no lo enviaba al premio Casa de las Américas. Yo en ese momento soy un joven completamente desconocido, completamente novato, pero al final me decidí y lo mande, como quien tira una botella al mar. Hubo una inconciencia de mi parte y no tenía ningún vínculo con la vida cultural cubana ni nada. Más encima vivía en una provincia; ni siquiera vivía en la Habana. Viví en Olguín. En una ciudad del oriente de Cuba de la cual yo siempre dije que estaba más cerca de Haití que de la Habana. Y bueno, lo mandé y me dijeron “ganaste el premio”.  Y eso, de alguna manera, me cambió la vida, porque me cambió la profesión. Yo, a partir de eso, dije “bueno, puedo ser escritor” que es lo que a mí me gusta. Yo creía que era lo que me gustaba, pero que en verdad no lo podía hacer. A partir de eso entonces, me dije que podía ser escritor y entonces seguí escribiendo. Y ahí conocí a gente. Conocí a Mario Benedetti, que en ese momento estaba trabajando en La Casa de las Américas, este, después de dos años yo, también terminé trabajando en la Casa de las Américas, que para mí fue una beca cultural muy importante, porque ahí conocí y me hice amigo de gente con la que tuve amistad durante muchos años como Julio Cortázar; el mismo Roberto Fernández Retamal y que fueron grandes amigos que hice porque trabajaba en la Casa de las Américas, que era, en ese momento, un centro cultural muy importante. También me hice amigo de Guayasamín, el pintor ecuatoriano, entonces fue una época realmente de formación. Fue como “La universidad de La Casa de las Américas”. De verdad que para mí fue muy importante. Y en realidad tuvo una importancia mucho más espiritual que material, porque el premio, lo que me permitió fue conocer gente porque en metálico era verdaderamente insignificante. Pero sí, me permitió convertirme en escritor, publicar un libro y que me conocieran.
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A fines de 1978 te enrolaste en las filas de la resistencia nicaragüense contra la dictadura de Anastasio Somoza y a comienzos de 1979 fuiste enviado al frente de batalla como oficial de artillería. Qué significó para ti vivir un proceso revolucionario que resultó triunfante, luego de ver experiencias como la de Chile y de ser un extranjero en esa patria que ayudaste a liberar.
Fue muy interesante, porque ahí había un mix, una mezcla. Porque el Frente Sandinista, se propone una guerra para derrocar a Somoza, pero se la proponía para instaurar un sistema democrático para Nicaragua, que no existía. Entonces yo, el orgullo que tengo, pese a que la guerra es la experiencia más devastadora que puede sufrir un ser humano, y sobrevivir y que te marca profundamente para el resto de tu vida, tengo el gran orgullo de que esa guerra terminó con una tiranía que era totalmente abyecta y medieval e instauró una sociedad democrática. El Frente Sandinista se comprometió a llamar a elecciones y lo hizo. Y las perdió. Y teniendo el poder lo entregó y para mí eso, más allá de lo que pasó después, de lo que es hoy Nicaragua y de la corrupción y de todo eso, yo lo tengo como una cosa que fue muy positiva como experiencia, de que no necesariamente una revolución tiene que terminar en un desastre. También se pueden rescatar cosas positivas. Y yo no me sentía demasiado extranjero, porque en realidad los nicaragüenses pedían ayuda a todo el que podía, entonces, este, yo fui ahí, porque ellos me pidieron que fuera y lo hice desinteresadamente y simplemente, tratando de ayudar.
¿Cómo llegaste a eso?
Porque yo tuve vínculos -porque coincidimos en un avión- con un joven que era Nicaragüense, que se llamaba Humberto Ortega y él era el hermano de Daniel Ortega. Él me invitó. Después, él terminó siendo Ministro de Defensa de Nicaragua. Y bueno, yo conocía obviamente de la situación en Nicaragua. Además era un gran lector de la poesía nicaragüense como de José Antonio Cuadra, Cardenal, tenía admiración por Rubén Darío y encontraba que era justa la causa. Y así fue como terminé enrolado. Es una historia muy larga en verdad, pero te la estoy resumiendo a las cosas fundamentales. Pero cada minuto en la guerra es una brutalidad.
¿Cómo es tu relación con la muerte, después de vivir estos procesos de dictaduras, guerras y revoluciones?
Y, es una relación rara. Más que con la muerte, tengo una relación con la vida. Y es rara, porque uno siempre como que está viviendo una propina, una extra. Te das cuenta de que pudiste haber muerto un montón de veces y que, por alguna razón, dios dijo que no: “a este no lo vamos a elegir” Y uno lo vive con la maravilla de todos los días. De ver el sol, el aire, los árboles, la familia, ver crecer la familia y ahora a mis nietas, entonces todo es como un fabuloso regalo que me lleva a preguntar si realmente me lo merezco.
1980, escribiste tu libro  “De la noche y la fiesta”, que es de poesía. ¿Por qué ese cambio de género, si habías incursionado tan exitosamente en la narrativa?
Y bueno, porque estaba en Nicaragua, en donde todo era poesía. Teníamos una revolución triunfante, la gente en las calles, etc. Pasamos muchísima hambre, por ejemplo, durante la guerra. No había comida. Entonces, después de que triunfó la revolución la gente, lo que nos daba era comida. Nos daban frijoles. Y nos sentábamos a comer con las familias en las casas. No sabíamos ni quienes eran; estábamos todos sucios, con los uniformes llenos de barro y oliendo a chivo, y ellos compartían lo poco que tenían con nosotros. Entonces era un momento de la vida muy poético, en donde todo era alegría y bueno, escribí poemas. Esa fue lo que me salió. No hubo ningún plan y la prueba está en que nunca más publiqué otro libro de poemas. Si escribí más poesía, pero nunca más los publiqué.
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¿Cómo fue que llegaste al periodismo?
Y también fue por el premio Casa de las Américas. En el año 78 me pidieron que hiciera unas corresponsalías para una revista para República Dominicana y, en  cuanto triunfó la revolución, me pidieron que hiciera crónicas sobre lo que estaba pasando en Nicaragua. Que para ese entonces era noticia mundial. Comenzaron a llegar canales de televisión del mundo. Y ahí comencé a escribir crónicas y me convertí en periodista y de ahí, nunca más dejé el periodismo. Es un vicio que lo tengo metido en la sangre. Y hago periodismo cada vez que puedo. Es más, en mi pasaporte dice “periodista” porque quiero tener la libertad de poder escribir en cada parte, sin que nadie venga a decirme nada. Partí escribiendo cuentos y terminé escribiendo notas periodísticas. Entonces decidí ponerle en mi pasaporte la palabra periodista porque, creo, que es básicamente, lo que soy.
En 1986 fuiste designado director de la revista “Gaceta Universitaria”, órgano de la Universidad de la República que había sido censurado y clausurado durante la dictadura militar de Bordaberry. ¿Qué significó para ti desempeñarte en ese cargo y en tu país, en una instancia nuevamente democrática?
Fue como una especie de “Diploma de aceptación social”. Yo vengo de una familia muy humilde, me fui de mi país cuando era muy joven, tenía 19 años. Y volví siendo un hombre ya, con 2 hijos, y a una sociedad que en realidad no conocía.
Y lo otro es que fue un gran orgullo, porque yo gané ese cargo de Director de la revista, por un concurso. Y el director anterior de la revista, al que destituyeron cuando llegó la dictadura, era Eduardo Galeano. Entonces yo fui el Director siguiente a Galeano. Estuve poco tiempo ahí, estuve un par de años nada más, pero fue muy honroso para mí, desempeñarme en el cargo.
En ese año se publicó en Montevideo tu segunda novela “El tigre y la nieve”, la cual obtuvo un importante éxito editorial. Este libro narra los periplos de una chica estudiante uruguaya detenida y “desaparecida” durante 16 meses en los campos de exterminio de Argentina, en 1976. El libro tiene un éxito mundial. A qué le achacas el éxito?
Yo creo que es básicamente, por mirar lo que pasó en nuestros países, desde una perspectiva diferente. El Tigre y la Nieve cuenta la historia de una relación afectiva entre una prisionera y su torturador. Pasa que nadie se había atrevido a hablar del tema. Yo conocía varios casos de mujeres que habían estado presas en el Uruguay y que habían tenido hijos de sus carceleros. Pero todo eso se sabía en sordina. Había como una especie de vergüenza para hablar de eso. Y yo me puse a investigar y conté esa historia, y creo que la gente sintió que esta historia les pertenecía ya que todos sabían que era verdadera, pero nadie se había atrevido a decirla en voz alta Y el libro, muy por el contrario de lo que yo creía, cayó muy bien, incluso dentro de esos ámbitos. Con ese libro me pasó una cosa muy extraña. Y es que, el protagonista masculino, que era un Capitán del ejército argentino. Cuando sale el libro, él me escribe una carta, diciéndome que él, en realidad – porque de alguna manera, en la novela yo planteaba que, en realidad él no estaba enamorado de la chica- diciéndome que él sí había estado realmente enamorado. Y este tipo después termina cayendo preso porque participa en uno de los intentos de golpe de estado que hubo en Argentina. Se llamaba Capitán Ernesto Barreiro.
Perdona, pero esto está basado en una historia real. Cuéntame, ¿Qué pasó al final con la mujer, con la chica que es la protagonista del libro?
Se murió. La verdad es que se suicidó. Yo conozco la historia a través de ella. Yo la conocí en Suecia, ella estaba exiliada en Suecia, había logrado escapar luego de estar casi dos años resa en este cuartel en La Perla, en Córdoba y fue a dar a Suecia Cuando me entero de la historia, la voy a ver y le pido que me contara. Yo no podía entender cómo ella había sobrevivido y ella, lo primero que me dijo fue: “Y quién te dijo que yo sobreviví”. Y ahí, yo entendí que había una historia, de cómo la sobrevida no es siempre lo que parece. Y bueno, ahí yo escribí el libro a partir de lo que me contó ella, de una investigación y de cosas que hice, conociendo lo que había pasado en Córdoba en ese año, que fue el 77. Ellos caen en el 76 y ella está presa hasta finales del 77. Y está como prisionera y mantiene ese vínculo como prisionera. Lo curioso es que él mantiene ese vínculo con ella como torturador.
Junto con el periodista Alfonso Lessa, realizaste el programa radial “En vivo y en directo”, en radio Sarandí. Esta experiencia, que fue de gran importancia en términos intelectuales ya que entrevistaste a pensadores de diversas partes del mundo (José Saramago, Leopoldo Zea, Arturo Pérez-Reverte, entre otros) y duró apenas 10 meses, pues la empresa dueña de la emisora terminó tu contrato y lo sacó del aire. ¿Qué pasó? Por qué terminó ese programa si tenía una calidad tan importante?
Bueno, pasó que el partido político, el Partido colorado, ganó las elecciones y tenía vínculos con la radio. Y consideró que no era bueno que siguiéramos con el programa, que en ese momento era el número uno de la radio. Y de la radiofonía uruguaya en términos generales. Era muy escuchado. Y nos despidieron en la Nochebuena. Eso yo lo cuento en esta novela, Las Cenizas del Cóndor, porque esta novela empieza en la radio en la que yo trabajaba. Estaba trabajando allí cuando me llama un chico para decir “yo tengo información sobre el paradero de los desaparecidos”. Y el Alfonso, que aparece en la novela es Alfonso Lessa, que era mi amigo además y nos tocó vivir esa experiencia juntos.
En el año 2002 empezaste a desarrollar, junto al escritor argentino Mempo Giardinelli, diferentes tareas de resistencia a la política de guerra de EE.UU. En 2003 crearon un Comité Internacional de Intelectuales Contra la Guerra, en el que participaron, entre otros, Juan Gelman, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Luis Sepúlveda y Antonio Cisneros. Cuál fue la motivación y la expectativa?
La motivación era tratar de aportar a limitar la política belicista que tenía USA en ese momento a través de Bush. Tratar de hacer algo, lo que  nosotros podíamos. Y lo que se nos ocurrió fue hacer un grupo de gente más o menos conocida, con cierta capacidad de predicamento, para decir “paremos esto”. No teníamos muchas expectativas, como finalmente sucedió. No pudimos hacer nada, pero, por lo menos, alzamos la voz. Y hubo muchísima gente que se plegó a esto, se hicieron diversas actividades; de dieron a conocer las premisas del comité, el cual era muy diverso, pero básicamente, era gente que estaba en contra de esa política guerrerista que terminó provocando esta especie de caos que hay en Oriente Medio actualmente, en donde cada remedio es peor que la anterior enfermedad. Ahora, el grupo ISIS es el resultado, también, de occidente. La famosa “Primavera Árabe” terminó en Isis y eso es una cosa que las grandes potencias de occidente deben reflexionar. ¿Cómo intervenir de manera inocua? Es imposible. Si tú intervienes, desatas fantasmas y demonios que después no sabes a dónde van a dar.
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Llegas nuevamente a Chile con “Las Cenizas del Cóndor” bajo el Brazo. Una novela reportaje que es reveladora respecto de la sombra que oscureció a América Latina. Cómo fue el proceso de escritura?
Fue un proceso larguísimo que duró diez años. Yo recibí la información de un jóven que tenía la sospecha de ser hijo de prisioneros políticos desaparecidos, porque era adoptado. Y fue adoptado por un capitán de los servicios de inteligencia del Uruguay. Y mi mérito consistió en tirar y tirar de la piola y sacar cosas que no eran las que él pensaba, porque no era hijo de prisioneros desaparecidos, pero la historia era mucho más reveladora de lo que yo me hubiera imaginado. Porque “Las Cenizas del Cóndor” plantea un problema que, hasta ahora, ha sido poco estudiado, que es que el año 74, fue un año bisagra en la guerra fría y que esa bisagra, curiosamente, pasaba por nuestros países. Sobre todo por Argentina, por Buenos Aires, que era un país, entre comillas democrático, y digo entre comillas, porque era un país en el que igual había escuadrones de la muerte y todo eso. Pero era un país en el que todos los servicios de inteligencia, todos los servicios operativos militares de Argentina, de Chile, de Bolivia, de Paraguay, de Uruguay, oficiales de la CIA, agentes de la KGB soviética, agentes de la RDA se encontraban presentes ahí. Yo tuve la suerte de encontrar un filón a partir de un señor que fue un alto director, que se llama Nikolái Leonov, que ahora debe tener como 90 años, pero vive todavía y goza de muy buena salud; bueno, él era un director del KGB y un gran especialista en América Latina, que publicó incluso sus memorias, y a partir de ahí, pude rescatar algunos itinerarios que son sorprendentes y que nadie se hubiera imaginado que pasaba eso en nuestros países en algún momento. Entonces creo que las Cenizas del Cóndor cuenta una historia individual, verdadera, de una mujer que lucha por conservar a su hijo, y para conservarlo tiene que pasar por situaciones muy difíciles y mentir sobre el origen de este hijo. Ella inscribe como adoptado a su hijo para preservarlo y para evitar de que sospecharan de ella y de ese hijo. Ella vive varios años aterrorizada de que le fueran a quitar al hijo. Pero yo descubrí que en esa historia pequeña e individual, de una mujer joven con su niño, se conectaba con muchas otras historias vinculadas con las historias de Argentina y de Chile. Al Chile de Pinochet, del Mamo Contreras, del Plan Cóndor y en la realidad, el plan cóndor fue una idea de Pinochet, muy anterior a su instalación oficial en el año 75. A fines del 73 y principio del 74, ya Pinochet y Contreras tenían claro de que querían operar fuera de sus fronteras y querían hacerlo con impunidad, entonces tenían que adquirir contactos que les permitieran funcionar así en todas partes del mundo. De esta forma fue como llegó un personaje que parece de ficción, pero que es real, que es un príncipe italiano. Junio Borghese llegó clandestinamente con uno de sus ayudantes a Santiago en el año 74. Aquí se encontró con Pinochet y con Contreras y ese año armaron una estructura clandestina que terminó matando gente en Europa, en Estados Unidos, en Argentina y en un montón de partes del mundo. Y eso es lo que cuenta un poco la novela.
Estuviste en Chile en tu juventud y en un proceso histórico que fue clave. Ahora que estás acá nuevamente cómo nos percibes como idiosincrasia? Hemos cambiado mucho?
Lo que pasa es que el mundo cambió. Cambió Santiago, cambió la gente y ya nada es igual. Yo he venido a Chile en varias ocasiones y uno ve la progresión de cómo va cambiando.
Yo viví un Chile que era muy solidario. Cuando llegué a Santiago, lo hice sin un centavo, sin ningún vínculo y a mí me ayudaron los chilenos. Me consiguieron un trabajo. Yo trabajaba en una fábrica de cerveza que había en Av. Independencia. También me prestaron un apartamento para que yo viviera, porque no tenía dinero; pero yo creo que la solidaridad se ha ido diluyendo, no sólo en Santiago, sino que en el mundo en general y hay que hacer un esfuerzo por rescatarla y tal vez, nosotros vivimos en una sociedad global, hiperconectada e hiperincomunicada. Uno ve extremos de chicos que están sentados en una mesa y que en vez de hablar se mandan un whatsapp. Y eso es terrible. Yo creo que, sin aspirar a volver a vivir a un  paraíso -que no existió- o de volver a un pasado en el que no había teléfonos celulares, ni internet ni nada de eso, pero sí creo que sería bueno replantearnos algunos aspectos de nuestra vida respecto de nuestras relaciones con nuestros semejantes. Qué vínculos tenemos, cuánto amor hay en nosotros y a dónde va a dar ese amor, porque a veces ese amor termina por ser recibido por una computadora. Hay muchas parejas jóvenes que en lugar de tener hijos, eligen tener un perro. Entonces, yo no me cuestiono el que una pareja no quiera tener hijos, pero lo que que sí me cuestiono es que esa pareja prefiera tener un perro y que los trate como lo mismo. Y eso no pasa solamente en Chile, pasa también en Uruguay, en Japón y en todas partes. Y creo que vamos hacia el borde de un precipicio y parece que estamos todos entusiasmados por dar un paso hacia adelante. Creo que debemos pensar más hacia a dónde vamos con la naturaleza, con los alimentos, con las relaciones humanas. Yo no soy muy optimista, esa es la verdad y creo que hay que hacer un esfuerzo individual por transmitir lo necesario de pensar en el futuro, no inmediato de la gente, sino de sus hijos y de sus nietos.
Angela Barraza RissoEl Ciudadano

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