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Entrevista a Mario Horton  
a propósito de su nuevo papel en la obra de teatro ROJO

por Angela Barraza Risso


¿Por qué decidiste tomar el papel de Ken, Qué sientes tú que puedes aportarle a este personaje desde tu experiencia actoral?

Cuando fui convocado para este reemplazo, primero leí el texto de Logan y luego fui a ver la obra con el elenco original antes de decidirme a hacerlo o no. Ambas experiencias fueron gratamente sorprendentes. Yo llevaba dos años sin hacer teatro, por diferentes motivos, pero principalmente porque los proyectos a los que me convocaban no me parecían del todo interesantes. Hacer teatro siempre es bueno, dirán algunos, pero desde mi perspectiva los proyectos, a los que uno decide sumarse, deben cumplir con ciertas características estéticas, éticas, humanas, políticas, que en definitiva hagan que las ideas que en ese lugar se pongan en circulación contribuyan a quienes estamos en el proceso, pero sobre todo al que después mira este objeto. Y por eso me interesó encarnar a "Ken". Por un total. No solo por el rol en particular. Sino que por el lugar de la obra en su conjunto. Un lugar que al menos a mí me interpela constantemente y que tiene que ver con las contradicciones que el arte y la vida en el arte enfrentan en el sistema en que vivimos. Y es eso lo que trato de aportarle al rol. Que no es otra cosa que mi biografía puesta al servicio de la escena. Mi cosmovisión. Mis reflexiones frente al oficio y su utilidad. Mis pensamientos en torno a los límites de lo que es ético y lo que no. Mis observaciones acerca de las fronteras de la moral y cuánto uno las descorre día a día. 


Si extrapolamos a los personajes Ken-Rothko a Horton-Semler ¿Cómo ves, cualitativamente las duplas y las dinámicas de trabajo. Cómo ha sido esta experiencia de partners?

Principalmente habría que hacer el inevitable ejercicio de contextualizarnos en una época y un territorio diferente. Con el espíritu que eso conlleva. Hay paradigmas que se han derrumbado en las dinámicas del trabajo artístico desde un tiempo a esta parte. Durante el siglo XX (y antes también) asistimos al perpetuo encuentro entre maestro y discípulo. Que a mi modo de ver responde a un sistema relacional, entre los individuos, estrechamente vinculado a los antiguos modelos familiares. La relación entre estas dos figuras no es otra cosa que una transferencia de como operaba la figura paterna en esa época (observemos la irrupción del psicoanálisis en ese siglo). Pero hoy, al igual que en la vida cultural en su conjunto, y también en las familias, como escala cultural esas estructuras se han modificado y no actúan sobre los individuos de la misma manera. Digo todo esto, porque a diferencia de la obra, donde los status aparentemente inviolables que se plantean hasta cierto punto de la historia, responden a esa realidad. La que elaboramos Willy y yo avanza con el espíritu de los tiempos que corren; Es una relación horizontal. Willy es un tremendo actor y un maravilloso hombre de teatro, con más experiencia y trayectoria que yo, innegablemente, con un enorme oficio y vocación, del que he aprendido y aprendo día a día, pero en ningún momento ha intentado (ni él ni yo) de embestirse como maestro. Muy por el contrario, es un amigo, un par, un compañero.


Según tu percepción del arte, qué tan de acuerdo estás con las reflexiones que se dan en la obra, obviamente llevándola a tu disciplina, que es la actuación.

Las preguntas acerca del arte son preguntas eternas. ¿Para que? ¿Por qué? ¿Para quien? etc. Y la obra de Logan es prístina al respecto. Sintetiza en 90 minutos a través de la conversación de dos hombres de cara al oficio artístico, no solo esa preguntas específicas de la materia, sino que las grandes disyuntivas del hombre y la existencia. Hace magistralmente un recorrido profundo pero claro rondando las grandes dudas, las grandes interrogantes de la humanidad a través del tiempo. No solo por el sentido y las opciones en la vida, sino que también por como encarar la muerte. Desde ese punto de vista es imposible no estar de acuerdo con lo que ahí se plantea, porque no son certezas ni declaraciones de principios, sino que se levantan preguntas que no solo competen al oficio artístico, sino que al sentido de la existencia. 


Tomando en consideración que toda manifestación artística tiene una búsqueda detrás y que esto queda planteado en la obra con dos conceptos muy potentes que son el negro y particularmente el rojo ¿Cuál podrías señalar que es tu concepto? 


En la obra se plantea que la presencia del rojo en la pintura de Rothko, sus colores brillantes, son la presencia de Dionisio, simbolizando los excesos, la extravagancia, la pasión, la fuerza vital, el movimiento y la transformación. El negro, plasmado en los limites geométricos de sus ornas, significan a Apolo, el control, los limites, el orden y el método. En esa simbiosis, que describiera Nietzsche en "El origen de la tragedia" (texto que se cita en la obra, y que es fundamental en sus múltiples lecturas) se funda todo el dilema artístico y existencial del pintor norteamericano. Eso nos da prueba de un método, de un lugar contemplativo, pragmático y estudiado de enfrentar el arte. Esa ha sido una discusión antigua en términos de como sumergirse en la creación en cualquiera de sus maneras de manifestarse. A mi modo de ver, humildemente creo que es importante hacer que convivan ciertos aspectos de ambas pulsiones. En los procesos teatrales o actorales en general, trato de elaborar un marco que me permita moverme dentro de él. Elaborar un territorio, un domicilio político, estético, ideológico, gestual, situaciones, vocal, etc., en el cual después se me permita transitar libremente dando lugar a lo desconocido a lo inesperado. Entonces; hay un proceso previo que elabora la ley de lo que sucederá en la escena, pero en el momento en que la obra sucede, todo eso queda atrás, ya está absolutamente definido y resguardado, y no queda más que sumergirse ahí a ciegas. Es difícil poner en palabras una metodología pero, para mí, la gran clave siempre ha sido solamente ponerse en situación, y habitar ahí por el tiempo y espacio que sea necesario. Si me pides que le otorgue un color a eso, tendría que decir que es un gris. Una mezcla sucia y rara de todos los colores. 


En relación al teatro y el espectáculo televisivo; la permanencia, versus la inmediatez y esto, obviamente en concordancia con lo que se plantea en la obra: Qué responsabilidad crees que tiene el público, respecto de lo que consume como bienes o “productos” culturales. ¿Cuál es tu visión política al respecto? 

Me parece que el público quiere comodidad. Es mucho mas fácil quedarse en el sillón o en la cama viendo una teleserie, antes que cruzar tres comunas, gastar 15 lucas y llegar a un teatro incomodo a ver una obra que no entienden o no disfrutan y salir confundidos y desilusionados. Y si van a hacer ese esfuerzo, es mucho mejor ir al cine, a ver obviamente una película nominada al Óscar, una sandía calada, comiendo cabritas o un hot-dog, en un asiento cómodo en una sala con aire acondicionado. ¿Y quien podría juzgar eso? yo no al menos. 

Entonces me parece que el problema no es del público, muy por el contrario, el problema es del teatro. Pero no de quienes lo hacemos, sino que de quienes han elaborado las políticas culturales que hoy nos rigen. A mi modo de ver faltan espacios de difusión interesantes y con alcance, falta muchísimo financiamiento, faltan espacios físicos, faltan festivales, faltan relaciones con los municipios, faltan instancias de acercamiento, falta un ministerio mas empoderado, faltan políticas a corto, mediano y largo plazo, etc. pero paradójicamente sobran escuelas. Porque esas si son un negocio que le interesan a unos pocos. Luego misteriosamente esos alumnos que pagan una mensualidad enorme y que le "interesan" a todos, egresan y no le interesan a nadie, no hay una inducción o una integración adecuada a los espacios creativos laborales, o derechamente los espacios no existen, ya llenaron las arcas endeudándose violentamente y luego quedan suspendidos en una irrealidad muchas veces triste. 

La obra también hurguetea ahí. En el roce que el artista establece con el sistema económico en el cual está sumergido. En cómo hablarle al publico de lo que desea hablarle, como aumentar el alcance sin traicionarse. Ese es el tormento de Rothko que en la obra se expone como el paradigma del tormento del artista contemporáneo. 


Dentro de tu experiencia teatral, cuál es la obra o montaje en la que te has sentido más realizado como actor y cuál es la que ha presentado mayores dificultades o se ha constituido como un mayor desafío. 

Cada obra es un enorme desafío nuevo y distinto, y ninguna merece ser comparada con la otra. Sería como comprara los amores, las amistades, los viajes, las experiencias de la vida. Cada una es distinta, enorme, trascendente e inolvidable. Si uno quiere que así sea. 


De tus personajes realizados en televisión, ¿Cuál se parece más a Mario Horton y por qué? 

Todos los personajes se parecen y la vez no se parecen a mí. Porque inevitablemente todos están en un lugar que queda justo al centro de lo que yo soy, de lo que quiero ser, de mi propio fantasma que acecha a la hora de crearlos, de mis miedos y mis deseos, pero también de lo que el texto elabora como ruta a seguir, y de lo que el director o el contexto del proyecto en particular empuja sobre ese proceso también. Todos tienen todo de mí y nada de mí al mismo tiempo. 


Pensando en tu tradición política, en tu formación en el seno de una familia en la que el padre es mirista, exiliado y retornado. Y tomando también en cuenta tu formación educacional en el colegio Altamira y en la ARCIS, que son dos instituciones que tienen un constructo ideológico claro ¿Cómo analizas tu participación en TV, en relación a esa formación. Hay una traición a esos principios políticos que buscan equidad social a través del paroxismo del consumo, que es la televisión o hay otras aristas como el hecho de constituirte como una voz? 

Evidentemente que existe una contradicción, un enorme roce interno con el que vivo todos los días, y un constante cuestionamiento moral y ético. Pero también hay un entendimiento de que los paradigmas han cambiado, y que hoy por hoy es mas útil estar que no estar (lo digo en todo orden de cosas). Emanciparse no es el camino. El camino, a mí modo de ver es la participación, la vinculación y la contribución a la visibilidad de lo que a cada cual le parezca interesante visibilizar. Las patriadas personales, los llaneros solitarios no van a cambiar Chile. Aportan eso si, para generar la tensión que se requiere antes de iniciar ciertos diálogos, pero yo prefiero intentar modificar desde dentro. Desde ese punto de vista no siento que lo que hago o dejo de hacer hoy en día sea una traición. Hacer televisión hoy por hoy (cierta televisión, no toda, porque hay muchísima basura) puede ser una plataforma para elaborar una trinchera ideológica que te puede catapultar a ti y ciertos movimientos hacia otros lugares. Yo al menos, siento una responsabilidad genuina con la narración colectiva de las cosas, y es así como me he sentido convocado en el tiempo con diferentes instancias de colaboración política o iniciativas de otra índole también, donde el hecho de ser un personaje reconocido ha sido un aporte con múltiples alcances. Finalmente la televisión es solamente una plataforma de comunicación. En Chile, como casi todo lo demás, está totalmente secuestrada por grandes grupos económicos y el problema no es de la televisión en si misma, sino que de las líneas editoriales que priman allí, ya que tienen criterios absolutamente mercantilistas. Pero habemos, allí dentro, también personas intentando hacer cosas diferentes, que pongan en circulación ideas nutritivas para nuestra sociedad. Los candados son muchos, hay que romperlos y correr los cercos de a poco, pero se puede. 

En el lugar donde yo trabajo, específicamente en mi área, hay creativos como Matías Ovalle o Tito Gesswein que han impulsado proyectos de gran calidad y profundidad como "Héroes", "Los 80`s", "Peleles" ó "Secretos en el Jardín", que han significado una importante bisagra en la ficción en Chile en términos de realización, de calidad, de profundidad en la reflexión frente a nuestra idiosincracia y en los temas planteados, y que evidentemente han abierto ciertas puertas que estaban clausuradas hacia nuevos lugares y nuevas historias a contar. El lugar medular, eso si, del actor, está en el teatro y en el cine. Ya que ahí los proyectos (idealmente) no tienen que luchar con líneas editoriales o censuras cualquiera sea su procedencia, para realizarse. Luchan eso si con otro inmenso monstruo que es el financiamiento. Pero esa es otra historia. 

* * *
Acá les dejo un set de 10 preguntas rápidas que le hice a Mario y más abajo un par de conclusiones. 


Conclusiones finales:

Mi cometido al ir a ver el ensayo era sacar una entrevista con Mario y fue increíble. Conocí a una persona muy profesional que se alejaba diametralmente a mi prejuicio. Fue demasiado amable, demasiado seco, demasiado buena onda, demasiado demasiado, al punto que me llegué a sentir culpable y no pude dejar de anunciar el prejuicio y pedir disculpas por ello. Y bueno, acá les dejo la entrevista para que se motiven a ver la obra y para que se encuentren, al igual que yo, con un ser humano que trasciende la pantalla, justamente cuando baja de ella. 

Rojo es una obra que encanta, que no basta con verla tan sólo una vez sino que viene a constituirse, al menos para mí, en una obra similar a un libro de consulta, a un poemario de cabecera, a una peli de culto. 

Afortunadamente hoy se presenta en su 3º temporada, esta vez en el Mori que está en Parque Arauco y tiene como gracia el hecho de que ha cambiado su elenco. Rothko, anteriormente representado por Lucho Gnecco, ahora estará en manos de Willy Semler (acá hay que destacar la producción ya que cambiar un grande por un grande es tarea compleja) y el papel de Ken, que estuvo en manos de Martín Bacigaluppo, ahora será representado por Mario Horton. El mismo de los 80 (en el papel de Gabriel Díaz), de Secretos en el Jardín (Javier Montes) y de Las Vegas (Vicho Acuña). 

Tengo que reconocer el prejuicio y es que uno escribe a partir de la experiencia personal y entonces no se puede ser del todo objetivo. Me temía una desilusión ya que para mí, Mario Horton era sinónimo del “mino rico de la tele”, estereotipo que me carga y me dolió el corazón pensar que una de mis obras favoritas se podía ver estropeada o farandulizada. 

Cuando vi el nuevo elenco me dije ah no, hay que ver esto y tuve la enorme fortuna de poder asistir a uno de los ensayos. Ya con la escenografía montada y todo (y más encima pude fumar, sentada en mi butaca a la antigua. Todo un lujo). Y pasó que, lejos de la decepción, descubrí una obra nueva. Los ciclos de los personajes son distintos; el empoderamiento de Ken en la obra brilla de manera diferente. La ira y el desprecio de Rothko se vuelve un tormento más intro, más sórdido y entonces los personajes se vuelven distintos y las reflexiones toman otro color. No puedo decir que estas interpretaciones son mejores que las anteriores, pero si que hay que verlas porque aportan, cada una, desde estructuras diferentes. La proxémica de la obra es nueva, el espacio íntimo que se genera en el escenario también cambia aunque el libreto es el mismo y también el espacio. Me encantó por segunda vez.

Escrito Angela Barraza

Angela Barraza Risso (1984). Escritora, editora y entrevistadora. Es encargada de prensa en la Cofederación Minera de Chile (CONFEMIN) y editora de prensa y entrevistas en Fisura.cl y LecturasCiudadanas.cl. En 2011 publicó el libro CHILE. Junto con Arturo LedeZma es creadora de los proyectos Editorial FUGA y del ciclo literario Los Desconocidos de Siempre (LDdS)
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