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Lecturas Ciudadanas entrevistó a Pablo Maire, destacado artista visual y poeta chileno que, como ocurre muchas veces en nuestra escena artística, vive lejos de Chile (en la ciudad de Lima) y desde allá desarrolla un trabajo interesantísimo que mezcla política, género, sexualidad y vértigo utilizando diferentes elementos artísiticos para desarrollar una obra que en todos sus aspectos, ya sea desde la fotografía, la escultura, la pintura, la performance, siempre dialoga y se mueve dentro de si misma con elasticidad y desgarro. 

Por Angela Barraza Risso


1.- Considerando que eres chileno y que resides en Perú, ¿cuál es tu relación con el territorio en virtud de la creación?


El territorio es mental y la mejor definición es la del “ilegal” más que residente porque debo cruzar cada cierto tiempo la frontera para volver a ingresar como “turista”. Increíble, si piensas que en el modelo, los productos circulan sin grandes inconvenientes y las personas están sometidas a un tipo de régimen que les impide el libre tránsito, sea cual sea su objetivo. 

El Perú es un país de fiesta, al contrario de Chile. Acá encuentras en distintos lugares fiestas religiosas, patronales, festividades, la música, la danza, un sinfín de manifestaciones que generan entusiasmo, una suerte de catarsis colectiva de la que, en gran parte, Chile carece. Pienso, cómo una sociedad se descomprime de lo cotidiano y entra en transe, porque acá no es nada complejo agendarlo y visualizarlo. Entonces toda esa colectividad de imaginario se te presenta como una posibilidad de ir pensando, ideando una obra o un trabajo artístico. Lo planteo desde mi experiencia y cómo ella ha permeado mis propuestas en el tiempo que vivo en Lima, porque esta concurrencia de experiencias puede sin duda develarse en otros territorios con disímiles resultados, es decir, esa metáfora tan famosa de Lautremont “bello como el encuentro fortuito, sobre una mesa de disección, de una máquina de coser y un paraguas” podría resumir de manera sublime la potencia creadora de un individuo - no sólo en el arte – en cualquier espacialidad. 

Así tomo el tema de Chile o Perú, algo fortuito. Me quedo con la reflexión de Schopenhauer: “Cuantas menos razones tiene un hombre para enorgullecerse de sí mismo, más suele enorgullecerse de pertenecer a una nación“.


2.- Hablando de tus esculturas, ¿cuál es tu relación, tu vínculo con la muerte?

Siempre uno se plantea un eje articulador en su trabajo. Algunos lo hacen con el tema de la luz, personajes, figuraciones, representaciones, materia, volumen, temáticas, trazos, etc….Pensé en cómo un elemento arquetípico podía formar parte de un imaginario que, teniendo vínculo con la muerte, pudiera resignificarla y darle un valor distinto, un simbolismo alterado que puede argumentar una obra remitiendo a una recreación factible y en lo posible mantuviera una pulsión que le diera vitalidad. Mi trabajo tiene que ver con la alusión de la elución, del choque que aturde, del lado “siniestro” de las cosas. Evitamos que nos enrostren la muerte y más de manera tan grotesca.

Es paradojal que algo hueco pueda generar una sustancia discursiva y ella fuera transitando de distinto modo y expresiones. Cada una la considero una resurrección, una representación que se mueve en una nebulosa, en una formación permanente. Pudiera ser presumido decir que me encuentro abocado en la construcción de mitos, pero sin duda algunos trabajos rozan esa construcción más primitiva del hombre, porque me perturba y me iré derechito al lecho con grandes incógnitas, no de mi trabajo, sino de nuestra conformación. 





3.- En tu serie de pintura “Dictadores L.A” vemos una clara referencia a la opresión sufrida en América Latina por la Operación Cóndor. Sin embargo, contrasta la brutalidad de las imágenes con la vitalidad de los colores. ¿Cuál es para ti el vínculo discursivo que existe en estas dos formas de comunicar (color/imagen) y cuáles son tus influencias a la hora de desarrollar esta obra? 


No me aboqué tanto a la Operación Cóndor, sino a los dictadores más significativos de América Latina en nuestra historia reciente. Son 12 cuadros del mismo formato. El conjunto por lo demás es la sumatoria y complemento de un dictador con otro, es decir, el cuadro de Banzer bien podría ser el de Batista y así sucesivamente….cada quien procederá a complementar los lienzos. Los contextos son imaginario propio, en algunas se alude a la participación de la Iglesia Católica, lo cavernario de los dictadores, su participación directa en la muerte, una desnudez que evidencia sus desgracias y la desgracia también de las víctimas. Los cráneos una vez más son un eje articulador, una insistencia en re-emplazar el centro de nuestra conciencia por un elemento finito, engañosamente blanco e inanimado. Me dice un amigo, parece una representación de nuestra enajenación, un mundo desolado y vacío. Como tú señalas, la contrariedad o paradoja de un color que explota y alumbra algo que origina penumbra. Es justamente el color que apoya y ensalza la dramatización y anima la representación. 



4.- Tanto en tu pintura, como en tu trabajo fotográfico, existe un vínculo entre lo brutal y lo sexual, una oscilación entre el eros y el tánatos que genera, a ratos, incluso un asco psíquico al espectador. ¿Cuál es tú visión de la sexualidad y por qué generas ese vínculo en tu obra?

Pocas veces me creen cuando digo que mis trabajos tienen que ver más con lo amoroso que con lo brutal, como en Autorretratos, donde el cuerpo se excede y expone en circunstancias “nada clichés” su rendición erótica u homoerótica, pero entiendo que quien observa se ve cuestionado, intimado, aludido, reflejado. Todo esto acompañado con algunos animales muertos que encontré frente al mar donde habito, escenificando un sacrificio u ofrenda religiosa. Es el primer momento el que más uno tiende a apreciar el arte, ese simple me gusta o me disgusta y ya en un segundo instante entra la explicación un poco más racional, argumentativa. Imagina que el cerebro es como la corteza de un árbol, lo nuclear por así decirlo viene de nuestro ser más primitivo y las últimas capas de nuestra racionalidad. “Lo desconocido, decimos, está en el terreno de la monstruosidad…”, dice el poema. 

Por ejemplo, Autorretratos tiene mucho de grotesco, de una pulsión que emerge entre lo cotidiano y la inmortalidad, es un juego lúdico muy próximo a la experiencia chamánica donde el cuerpo asume un estado más complejo, menos prejuiciado y cuando el espectador es invitado al proceso se resiste porque la sexualidad está permeada de castigo, de norma, de compartimentos estancos. Voy creando un viaje donde se van representando diversas situaciones, contextuadas en un universo posible y el erotismo como pulsión creadora emerge en casi toda la serie. No será la última vez donde alguien me señala que el trabajo genera rechazo y también un cierto encanto, al parecer posibilidades bipolares de ser halladas. 

El cuerpo es un resumidero de condicionamientos, de vigilancia que agudamente explica Foucault en sus textos. Y cuando ese cuerpo asume un rol erótico, es doblemente sancionado, porque se aleja del control. Pero aún más cuando no tiene que ver con la hétero-norma. En mis trabajos trato de liberar las contenciones heredadas y armar un entramado lúdico, sexualizado, homosexualizado, porque con eso, pienso en borrador, armo una tensión visual entre “lo normal” y “lo anormal”, entendiendo a esto último como la realización de acontecimientos que explica el grupo controlador. Por lo tanto, si entiendo a la sexualidad como un componente movilizador, dinamizador, ella estará presente en las distintas disciplinas que intento abordar y no de cualquier modo, pues (subrayo) pretendo, sólo pretendo sea un discurso no domesticador o, mejor planteado, contra la domesticación de un discurso dominante y homogenizador. 




5.- En tu trabajo fotográfico, específicamente en la serie “Erótica mitológica” podemos observar un eje discursivo que, claramente explicita la erotización homosexual, en donde el falo, en sus diversas manifestaciones, cumple un rol protagónico y los hombres se llevan a la máxima expresión de lo femenino a través del travestismo. Sin embargo en tu trabajo, cuerpo femenino se encuentra totalmente minorizado. ¿Cuál es tu visión respecto del cuerpo femenino? ¿Por qué se encuentra particularmente ausente?

Erótica Mitológica fue una serie fotográfica que en gran medida surgió a partir del diálogo e intertextualidad del erotismo manifestado en ilustraciones japonesas de los siglos XVII – XVIII que retratan a parejas o grupos en práctica sexual evidente o sugerida y de figuras eróticas efectuadas por diversas culturas precolombinas en el Perú a través de un entramado semiótico relevante, pero que en Erótica Mitológica recae y se acota en un imaginario andino manifestado principalmente a través de su indumentaria (vivificada en la sierra peruana), el género como condición identitaria y el juego lúdico y plástico que nos permite la pulsión erótica, todo esto en un ambiente teatralizado en modos cuidados.


No siento que el falo esté sobre-representado en el trabajo, con toda la carga simbólica que posee, principalmente la violenta e irruptora, la que somete y relega otros cuerpos, pero sí quería generar un diálogo con aquellas ilustraciones en más de alguna fotografía (creo que en mi caso dos a tres) el falo tenía que estar representado. Las sociedades antiguas lo asociaban a la fertilidad, basta con observar los huacos que diversas culturas poseen con la figuración fálica. Acá en Lima existe el Museo Larco que posee una Sala Erótica y un sinnúmero de figuras que no dejan en absoluto de ser contemporáneas, claro está, con nuestras cargas. Ahora bien, la pregunta formula la relación diádica entre presencia y ausencia, es decir, falo en relación a cuerpo femenino y eso creo que en el trabajo lo “equilibré” y rehusé en gran medida el cliché y la típica representación también de lo femenino, que en Erótica Mitológica recae principalmente en la transexualidad, sin excluir al cuerpo femenino (apareciendo en cuatro fotografías). ¡¡Perdón por cuantificar!! Me propuse que los elementos en juego fueran dando espesura al trabajo, manifestado en el gesto performático de los retratados (hétero, homo, trans), del color de las prendas, la muerte como pulsión mediante el empleo de animales muertos o partes de ellos como tripas o lenguas, lo religioso como ámbito muy representativo en el mundo andino. Verás la recurrencia de algunas imágenes, como la Lechera de Vermeer, pero esta vez en un cuerpo travestido vertiendo su líquido sobre otro cuerpo travestido, o la Piedad de Miguel Ángel, esta vez en cuerpos travestidos, asomando el desnudo total y hasta la mirada indiferente de la muerte.

Pienso que no hay final porque no se trata de redenciones, sino de alteraciones, no es un trabajo confesional, sino libertador y en donde no entran sólo dos personas (confesor y confesado) a develar sus deseos masturbatorios, sino pulsiones elementales, más complejas y nutritivas, no se trata de la verdad porque el arte no versa sobre ella, cómo en este trabajo una pulsión se fusiona con otra para dar continuidad a esa misma fusión (eros y tanatos), cómo explora la sexualidad de otro a través de una representación artística, la posibilidad del conflicto y la armonía circundante que genera un trabajo con estos acentos. Todo es móvil. 



6.- Respecto de tu obra como poeta, ¿A quién le escribes? ¿Cuál es tu público lector?, y si pudieras acotar algo respecto de tu obra, una aclaración, un pequeño instructivo, ¿qué podrías decir?

La poesía, pienso, intenta abordar el misterio con el único propósito de hacerlo crecer y esto se traduce en el poema. Desde ese punto de vista me permito hacer el ejercicio idealizado de hallar una manera más o menos comprensible del mundo y amparado en el lenguaje, reinterpretarlo. Porque el poeta, pienso, siempre está situado (aquí y ahora), aún con la amarga sensación de encontrarse escindido de la realidad, esa que le aflige. Es decir, es un ser (o soy un ser) que escribe, esto es pensar y sentir, para la parte de un mundo capaz de otorgar una supra-noción al existir, le importa tanto como al poeta su forma de lenguajear para crear lenguaje. 

Una de mis principales influencias ha sido la obra de César Vallejo. A mí modo de ver uno de los poetas universales de mayor capacidad rupturista. Es cosa de sentarse a leer Trilce y quedar locamente asombrado. No hay que olvidar que su primera edición es del año 1922. Cada verso es una reflexión compleja, muy hermética, como si en la actualidad siguieran ocurriendo, un decanto ilustrado y preclaro. Un texto muy contemporáneo y eso es un valor indiscutido cuando se analiza la obra de un poeta o artista. Sus otros poemarios, Los Heraldos Negros, Poemas Humanos, España aparta de mí este Cádiz son todos tan exquisitos que ninguno secunda al otro. Mi primer poemario (“Escribí estos versos de Espalda”) tiene una base indiscutida en la conversación que establezco con Vallejo y su obra.

Mi segundo poemario (“Ombligos”) invita a la mesa a W. Whitman, A. Rimbaud, B. Brecht, P. Neruda, A. Artaud y muchos poetas surrealistas. Es una influencia dispersa en discursos y poéticas. La cuestión eso sí es tener una postura en tu tiempo, en entender que la poesía tiene un lugar irreductible en el mundo y el valor reside en la voz del poeta, en su intimidad revelada al mundo capaz de trasformarlo, de hacerlo un espacio reflexivo, es decir, lo que sucede no es para dejar inmutable a nadie. Y hay un tercer poemario que dará a luz quizás cuando y dialoga con T.S.Elliot, E. Lihn, J. Sabines y más macizamente con Luis Cernuda. Es una mirada un poco abatida del poeta, pues siente que el mundo ya terminó y su gloria le fue arrebatada. Un sentimiento agónico que ni en el desespero la religión fue capaz de sublimar. Algo desalentador.

Si hay conciencia del trabajo poético y artístico, así como Baudelaire dictó conferencias catastróficas en términos de audiencia, nuestro público será reducido no por antojo, sino porque los intereses están puestos ciegamente en objetos de consumo que logran ser más trascendental al ser humano, alienado. Se conjugan distintas problemáticas: acceso, economía, cultura, interés, etc. Por tanto, por más que se fije un público ideal de tu obra, mediarán esas cuestiones sociales y será muy resumido.

Mis dos poemarios, “Escribí estos versos de Espalda” de Ediciones Cataclismo y “Ombligos” de Editorial Fuga, pueden ser descargados y leídos desde mi página. Quien tenga un modo distinto de interpretar los trabajos, helos ahí. 




7.- De todas las disciplinas que practicas, ¿Con cuál comenzaste tu producción y cómo? y ¿Con cuál te quedas y por qué?

Bueno, el primer recuerdo es la escritura. Creo que los relatos y cuentos fueron mi acercamiento a la expresión artística. En el campo visual fui bien reprendido y castigado con evaluaciones mediocres, lo que me desanimó profundamente. Crecí con la idea de que “lo que articulaba” estaba mal configurado y debía escindirme de ese mundo, es decir, mi discurso, por muy pequeño que fuera, era invalidado. Así que decidí retomar el ejercicio del imaginario visual en mi adultez para ir pensando algunos trabajos ya hechos y otros que aún mantengo en carpeta. 

El tema es que en cada expresión empleo potencialidades distintas y el uso de la materialidad en cada una viste un discurso nutrido de formas diferentes. De modo tal los valores que asigno a cada tipo son indistintos y en parte me guío por el entusiasmo, sustantivo que proviene del griego enthousiasmós, que significa etimológicamente algo así como “rapto divino” o “posesión divina”, es decir y como creían los antiguos, uno actúa como un poseso en la creación. Me muevo así, literalmente, cosa que en mi caso distribuye las energías según las condiciones esenciales de la posesión. Un tiempo es la poesía otro tiempo la fotografía, otro la pintura o escultura. Así que optar por una expresión en detrimento de otra, hoy por hoy, no se encuentra en el tablero de las posibilidades.




8.- Atendiendo a la contingencia de los problemas limítrofes entre Chile y Perú, ¿cómo vive un chileno en Lima? ¿Te has sentido discriminado en algún momento por tu nacionalidad? ¿Has sentido que eso merma tu trabajo artístico en Perú de alguna forma?

La verdad es que desde que llegué a vivir a Lima no he tenido problemas. Lo más “violento” podría ser cuando suponen tu procedencia sureña guardan silencio frente a una pregunta. Siento que en Chile al peruano se le maltrata y los discursos prejuiciados abundan, como si ese miedo estuviera representado en “otro” distinto, en alguien que no conozco, y peor, ni quiero conocer. La basura mediática promueve y orquesta de igual modo el desprecio a otro, escalando así la ignorancia y reproduciendo socialmente discursos proto-discriminadores. Al menos mi experiencia ha sido grata viviendo acá.

En torno a lo artístico, pienso que el principal obstáculo para exponer en algunos circuitos ha sido mi imaginario. Cuesta, en sociedades conservadoras como las nuestras, exponer trabajos donde lo erótico, lo político o mi imaginario tengan tanta contundencia en sus representaciones. Además, las clásicas argollas, grupos de elite y círculos cerrados existen con más fuerza acá (y cuando uno habla de un círculo en el arte lo que dice en el fondo es grupo de poder) porque los espacios en vez de aumentar decrecen y en muchos la usura es un pensamiento que adquiere más fuerza. Lo que resta son los espacios virtuales, las publicaciones en revistas, las redes sociales y las muestras colectivas. Algo saturado eso sí escuchar: ese arte no es para acá, sino Europa. 




9.- Considerando que tu trabajo artístico se fundamenta en la explicitación de temas que, aún son considerados tabú en muchos segmentos de la población latinoamericana, como lo son el sexo y la muerte, ¿cómo esperas que sea recepcionado tu trabajo en el futuro? ¿Sientes que nuestras sociedades, tanto la chilena como la peruana, son tan conservadoras como se plantean respecto de sus políticas de estado en cuanto a la administración de los cuerpos?

Las dos sociedades comparten similares valores, una de otra no mantienen diferencias abismales, podría una ser la otra sin causar daño en sus estructuras valóricas. Muchos símbolos poseen un mismo cogollo, la religión aún mantiene un status, para mí absurdo, pero no deja de persistir en legislar, normar, castigar, desplazar, etc, aquello que “burle” la norma y visión que en definitiva estructura la relación entre los seres, más grave aún la consolidación de una clase política ordinaria (es decir ajena de lo extraordinario) que asiste entusiasta y anima la perpetuación de un régimen esclavista, rígido, censor, adiestrador de sus habitantes. Uno y otro nuevamente símiles. Si pensáramos que la idea de conservar el amor por ejemplo, la libertad sin letra chica, si quisiéramos conservar una educación justa y sin arbitrariedades, un arte irreverente y loco, el concepto no podría ser sino una fuente de desarrollo inimaginado para una sociedad, pero es la antítesis de una puesta y apuesta en torno a perpetuar lo ilegítimo, la barbarie, el individualismo y la borrachera del consumo y el gasto. Son dos sociedades que pensándose muy distintas en el sustrato, tienen un esqueleto artrítico que toma sombra bajo un mismo árbol.

Perú lidera según una última encuesta como el país más homofóbico de América Latina. Sus espacios son clausurados por el aparato del Estado al considerarlos lugares de reclusión para la prostitución, cuando paradojalmente ella no es delito. La caricatura del Homosexual es utilizada a en la Televisión basura, considerando eso un discurso despreciativo de un modo inconciente que se mofa de lo femenino. Es decir, por tratarse del espacio público, cierto tipo de caracterización es aplaudido y estimulado en detrimento de una libertad sexual y corporal que se circunscribe a un territorio individual. Los ascos a la diversidad de género y sexual, traducidos en violencia física y sicológica, en distintos grados de contención, son en ambos territorios visibles y dimensionables. No sólo desde lo social se invisibiliza, sino además de lo sexual. Ello porta un riesgo evidente en la vulnerabilidad de derechos de minorías que no son minorías en estricto sentido, empujándo(nos) a un leprosario sociosexual. Imagina que en torno a la mujer, agredida en el espacio íntimo y colectivo, impedida de su legítimo derecho al dominio de su cuerpo, durante la dictadura fujimorista miles de ellas fueron esterilizadas sin consulta para el control (de una población de bajos ingresos) de la natalidad, o sea, creo que esta escenificación de la tragedia es fácilmente transmisible a lo que sucede bajo la administración de un dopaje más refinado que, bajo el adormecimiento, ampara la violencia de género sin que ello alarme mucho y sólo quede relegado a los “anecdótico” de lo terrible.

Mi trabajo ha ido cobrando fuerza, en el entendido que para que ello suceda es importante tener un público receptor amplio y diverso. Las redes han sido un aporte importante, pues los espacios galerísticos o afines tienen más reticencia a mostrar un arte tan confrontacional e inquietante como otros han definido mi propuesta. Sigo recreando y pensando el mundo. Para mí el arte tiene que ver con la reinterpretación de la “realidad”, creando una naturaleza distinta de las cosas y eso puede tomar años de trabajo con altas dosis de tolerancia a la frustración, pero el territorio se ha ido diseminando, lentamente. 
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Todas las fotos corresponden a las series mencionadas en la entrevista, para mayor información de cada una de ellas y para ver en amplitud el trabajo de Pablo visita el blog:




Escrito Angela Barraza Risso

Angela Barraza Risso (1984). Escritora, editora y entrevistadora. Es encargada de prensa en la Cofederación Minera de Chile (CONFEMIN) y editora de prensa y entrevistas en Fisura.cl y LecturasCiudadanas.cl. En 2011 publicó el libro CHILE. Junto con Arturo LedeZma es creadora de los proyectos Editorial FUGA y del ciclo literario Los Desconocidos de Siempre (LDdS)
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