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» » » » Dogs, de Pink Floyd
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Viendo esta foto me acordé de una vez, cuando yo tenía 14 años, tenía un amigo que vivía cerca de casa que se llamaba Felipe, y le gustaba Pink Floyd. 
El recuerdo consiste en una tarde de aburrimiento extremo. 
Estaba a punto de ponerse a llover y, como estaba sola en casa, decidí ir a visitar a mi amigo, que era bien apático en verdad, y nuestra relación amistosa se basaba en tratarnos pésimo y escuchar Pink Floyd en su pieza, mirando por la ventana, haciendo nada. 

El asunto es que llegué a su casa, me atendió la mamá, me dijo que Felipe estaba haciendo algo raro en su pieza, porque había un olor de mierda. Entonces, con muchísima curiosidad, subí la escala, llegué a su pieza y, cuando me vio, me dijo “te estaba esperando”. 
Tenía cara de loco y en sus manos había una caja de óleos. A su lado, tenía un cartón a modo de paleta, un par de pinceles y una botella de trementina. No había pintado nada aún. Me la pasó con rabia y me dio la orden de que pintara. Yo le pregunté que si estaba loco, que qué mierda le pasaba y demases y me dijo –te voy a poner Dogs, es todo el tiempo que te doy para que hagas lo que quieras en la muralla que quieras- y le puso play al cassette (que era mio, por cierto). Yo no sabía qué hacer, me quedé parada un buen rato, mientras él estaba en la ventana y miraba, alternadamente, hacia afuera y lo que yo hacía. Finalmente me puse a pintar. No eran formas determinadas, sino más bien una mezcla de texturas y colores. El dibujo no fue demasiado grande, tampoco era pequeño, pero quedó bonito, creo. 
Cuando terminó la canción me obligó a parar de pintar. Me dijo que era un dibujo de nada más una canción. Me quitó violentamente las pinturas y me pidió que me acercara a la ventana. 
El cielo estaba que se rajaba, parecía que tiraban el agua con balde y ya estaba oscureciendo. No dijimos nada más en lo que restó de la tarde. Cuando terminó el lado del cassette, me dijo que escucháramos el desayuno psicodéloco de Allan. Cuando terminó la canción le dije que me iba. 
Me despedí de su mamá y me fui a casa. 
Cuando salí de su casa y cerré la reja, miré hacia su ventana y me estaba mirando. Me tiró un beso. 
Y luego de eso, nunca más lo volví a ver. Pasé 2 semanas más tarde por su casa y cuando llegué, estaba todo desierto, las ventanas sin cortinas y con un letrero de SE ARRIENDA.

Escrito Angela Barraza

Angela Barraza Risso (1984). Escritora, editora y entrevistadora. Es encargada de prensa en la Cofederación Minera de Chile (CONFEMIN) y editora de prensa y entrevistas en Fisura.cl y LecturasCiudadanas.cl. En 2011 publicó el libro CHILE. Junto con Arturo LedeZma es creadora de los proyectos Editorial FUGA y del ciclo literario Los Desconocidos de Siempre (LDdS)
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