26 diciembre 2011

UNA CONSPIRACIÓN MUNDIAL DE LOS PADRES PARA ENGAÑAR A SUS HIJOS!!!



Amé este video! precisamente porque a nuestros hijos no les hemos mentido nunca, sin embargo, principalmente los familiares, se empeñan en decirnos que está mal lo que hacemos, se empeñan en decirnos que somos como la mierda por negarle a nuestros hijos la fantasía que nosotros tuvimos de niños, como si fuera la gran gueá o como si los chicos realmente no fantasearan porque no los hacemos partícipes de esta mugre consumista. 
Sin embargo, para mi es más importante enseñarles que no se debe mentir, ni consumir nada más porque te dicen que debes hacerlo, porque es la norma, porque yo no quiero crear personas normadas.
Cómo les voy a enseñar a decir la verdad si les miento durante toda la primera etapa de sus vidas!! Y después cómo les puedo pedir que confíen en mi??
Lo peor, es pensar que mis familiares son católicos y de izquierda, que predican la tolerancia, el respeto y un millón de gueás que no practican con el otro que tienen en frente, como si recibieran de mi parte lo mismo, como si fuera yo a sus casas a decirles que son todos unos tarados porque creen en  un modelador de conducta con cualidades antropomórficas; o a cagarme de risa porque trabajan como bestias para comprar porquerías innecesarias y que estarán rotas a los dos meses con suerte, sin embargo, ellos en julio aún estarán pagando y se martirizan por eso. 
Cómo explicar, cuando el argumento fue "yo siempre quise darte lo mejor, me saqué la chucha para que tuvieras todo lo que querías" que quería estar con ellos y que me hicieron falta porque se lo pasaron trabajando todo el puto día? Y más encima, reafirman constantemente lo avergonzados que están de mi, de mi comportamiento y que estoy loca... y quieren repetir eso con mis hijos??????
QUE ONDA!!!

23 diciembre 2011

CHILE: Territorio de contrastes explosivos.


Por Óscar de Pablo



El libro de Ángela Barraza y el país de Ángela Barraza, ambos llamados Chile, están marcados por la tensión, por los extremos. Me gustaría recorrer el país de punta a punta, como he recorrido el libro. La tensión del país la conozco desde lejos, por los indicadores económicos, por los noticieros y por los amigos, entre ellos la propia Ángela. En cambio, la tensión del libro la conozco desde dentro. La he experimentado en carne propia. Por eso voy a hablar de ella.
            Tal como ocurre con la historia, son las contradicciones las que producen el movimiento. Y Chile es un poemario móvil, uno que no deja de vibrar en las manos del lector, que no se está quieto. Si bien los vértices por sobre los que ocurre el choque de contrarios son múltiples, incluso innumerables, creo que puede ubicarse un eje principal con dos polos, cuya tensión a lo largo del libro produce ese magnífico estado de movimiento: me refiero al choque entre lo histórico, lo colectivo, lo atemporal, por un lado; y lo específico, lo personal, lo generacional, por otro. El libro habla de Chile, sí, pero de su “Chile personal”. Esta tensión podría resumirse en el poderoso comienzo del poema que dice:

Siempre pensé que la patria mía
debería llamarse Manuel.

En cada página del libro se aborda el tema de la historia reciente del país, una historia conocida en todo el mundo por su dolor descarnado, por su tragedia expuesta a flor de piel. Una historia coral, polifónica, multitudinaria: digna de la mayor seriedad. Y sin embargo, en cada página se aborda esa historia desde la perspectiva de un cuerpo individual y específico, un cuerpo con edad y sexo, con su propio universo cultural y su propia generación.
La generación de Barraza, que es más o menos la mía, no es la de las víctimas directas y los victimarios, sino la de sus hijos; es una generación marcada en todo el mundo por la derrota, el desencanto, la falta de perspectivas; una generación que no recibió por herencia sino una dosis de individualismo pesimista, y que ha tenido que ir construyendo su épica desde cero, con sus propios recursos. Y esos recursos no podían ser más que los del juego, el distanciamiento y la ironía. También es una generación educada por Internet, que ya no puede creer en la realidad de las patrias, o al menos que no se identifica con ellas más que como un anacronismo deliberado. “La patria, esa mentira que le creí al enemigo”, decía Roque Dalton en los años sesenta. Pues bien, ya no nos la creemos. “No, yo no soy la patria”, dice Barraza. Y sin embargo, desde el título mismo, todo el libro avanza en tensión con ese descreimiento.
Cada generación debe traducir sus tragedias. Los clásicos qué. Cada generación debe apropiarse de las grandes heridas de su historia, actualizarlas y revivirlas en su propio idioma, porque son vigentes. Así fue el 32 en el Salvador y así fue el 73 en Chile. Es una historia de asesinos y de asesinados, de torturadores y de torturados, pero también de ricos y de pobres. Chile será para siempre la patria de Pinochet, sí, pero también el laboratorio de Milton Friedman, del neoliberalismo, de las minas privatizadas, de los sindicatos destruidos, de las escuelas privadas más privadas del mundo. Esa brutalidad profunda, que está vigente en México y en Estados Unidos y en Europa y prácticamente en todo el mundo, es la que estuvo detrás de La Moneda bombardeada, de la caravana de la muerte y del Estadio Nacional de Santiago. Es lo que hace que cada muerto de la dictadura se repita y se multiplique en cada minero muerto en un accidente de trabajo, en cada indigente muerto de frío, en cada niño muerto por la insuficiencia del sistema de salud, en cada estudiante muerto por los carabineros de la democracia actual.
            La tensión entre lo histórico y lo específico que surca las páginas de todo el libro de Barraza y lo mantienen en movimiento, como todo gran acierto literario, es mucho más que un acierto literario. Es un hallazgo vital. Es un modo de traer la tragedia histórica al presente, de restituirle a los militantes muertos un lugar en el flujo del tiempo concreto. Un modo se rescatarlos de la limpieza del monumento y traerlos a la suciedad de la vida.


II

Desde luego, Chile es un libro de poesía política, por decirlo así, pero no de cualquier poesía y no de cualquier política. Su posición política de izquierda se hace efectiva en este caso porque se manifiesta de una posición literaria de izquierda: un mérito que basta para distinguirlo de todo el desgastado continuo de la lírica bienpensante.
¿Qué significa tener una posición literaria de izquierda? Voy a intentar explicarlo con un ejemplo:
Nombrar en un poema a un mártir célebre (por ejemplo Orlando Letelier) basta para provocar una modesta catarsis emocional en los lectores progres. Un suspiro de arrobamiento. Sin embargo, esa catarsis, que parece política e incluso revolucionaria, en realidad no lo es. Porque no nos modificó. No nos dijo nada nuevo. Si nos emocionó, fue en la medida en que conocíamos la historia de Letelier y la significación que tuvo su asesinato. Parece que el sólo leer su nombre en un poema nos produjera indignación, pero en realidad sólo valida culturalmente nuestra indignación previa, y al hacerlo nos consuela, nos reconforta.
Lo mismo ocurre con la poesía de amor tradicional. No nos dice nada nuevo del amor: nos emociona, sí, pero sólo porque nos recuerda una emoción previamente aprendida; y nos gusta, pero sólo porque nos confirma en nuestra educación sentimental, es decir, en nuestros prejuicios. Esa poesía puede ser prestigiosa, y hasta masiva, pero no es transformadora. No es la poesía que me interesa.

Yo puedo decir […] atentado, oligarquía, asesino, maldito Pinochet hijo de puta

y ya no pasa nada.

Leo estos versos como una constatación durísima, valerosa, de la inutilidad de la catarsis que produce el mero nombrar (aunque sea con los puños y los dientes apretados, denotados tipográficamente por la letra en negrita).
El tipo de emoción que produce el mero uso de temas de izquierda no tiene en sí mismo nada de izquierdista. Pero, en cambio, ¿qué ocurre cuando el nombre de Letelier aparece en un verso como éste:

Orlando Letelier, un casette de Locomia.”?

Pasa que la catarsis emocional se interrumpe. Pasa que el lector se topa con un elemento inesperado de prosaísmo, de cotidianeidad. Nuestro lector políticamente correcto queda perplejo porque no se le permitió emocionarse, al menos no tan fácilmente como se espera en estos casos. Y, quizá un tanto molesto, se ve obligado a reflexionar. Se ve obligado a cuestionar los motivos de esa extraña decisión poética. ¿Es eso lo que Brecht llamaba distanciamiento? Me gusta pensar que sí.
Y, después de reflexionar, ¿qué concluye? Bueno, eso ya depende del lector. Alguno pensará, por ejemplo, que la tragedia de Letelier es algo tan pasado de moda y tan irrelevante como Locomia y los cassettes. Puede ser. Pero otros sentirán, en cambio, que la tragedia de Letelier no es un bello modelo cultural, como la cólera de Aquiles, sino un hecho real, tan real como la existencia de Locomia, tan real como los cassettes. Porque nada hay más horriblemente real que un cassette de Locomia. El anacronismo oculto por su solemnidad (Letelier) queda expuesto por un anacronismo kitch explícito (un grupo de los noventas, un aparato anticuado). Curiosamente, al develarse, el anacronismo solemne deja de serlo y adquiere una actualidad inesperada, en un presente muy concreto donde conviven Locomia, Letelier y la revuelta estudiantil del 2011.
El hecho es que los versos como “Orlando Letelier, un casette de Locomia no aportan una respuesta, sino una pregunta. Y la pregunta queda abierta, porque su respuesta no está al final del poema, ni al final del libro, ni siquiera en el conjunto de la poesía del mundo… sino en la vida, en la vida social práctica (que cada lector enfrenta a su modo). E incluso la pregunta no es el fruto de una reflexión previa que la poeta haya querido comunicarnos. Fue una pregunta nueva que la poeta y el lector descubrieron en el momento único del poema, en virtud de una investigación sui géneris cuyo instrumento fue el lenguaje. Esa podría ser una definición de la poesía, o al menos la poesía que me interesa. Es cierto que la realidad no es verbal, como dice Enrique Lihn en el epígrafe de este libro, pero el verbo puede ser una vía para la investigación de la realidad. Para la transformación de la realidad.
Esa es sólo una de las muchas virtudes que hacen de Chile un libro importante en el ámbito de toda nuestra generación latinoamericana.


 Reseña aparecida en letras.s5 

12 diciembre 2011

Siempre quise ser She-Ra

Un amigo me preguntó por qué elegí a She-Ra para este video. La razón es, porque es una de las caricaturas que veía cuando era muy chica.

Mientras comía pan tostado y leche con milo, mi tía iba a veces a casa y se encerraban en la pieza con mi madre a conversar temas de adultos. Fue así como me enteré de muchas de las cosas que pasaban en dictadura. Ponía fuerte la tele y me sacaba los zapatos para que no escucharan mis pasos. Entonces me acercaba a la puerta y oía cosas terribles sobre que había muerto tal o cual amigo, que habían degollado a 4 personas, que habían quemado a un muchacho junto a una compañera, que le habían metido ratones por la vagina a otra y así, un sin fin de cosas que compartían en sigilo y llorando las más veces. Cuando veía que se iban a parar en busca de bebida o de papel higiénico para secarse las lágrimas, corría hasta el sillón, entendiendo poco de lo que sucedía, pero sabía que eran cosas malas que había que callar. Entonces miraba She-Ra. Yo quería ser como ella y salvar a mi madre y a mi tía y a sus amigos.

Pero con el tiempo y la llegada de la concertación, pues se me fueron olvidando estas cosas, hasta que comencé a escribir mi “Inventario colectivo” y bueno. Ya con CHILE publicado y gracias a la buena disposición, el apaño y el entusiasmo de Gregorio Alayon (a quién le debo este video) pensamos que sería entretenido hacer esto. Quitarle la solemnidad gueona a la poesía, pero no de forma tan random. Así fue como surgió este video, que a mi, me encanta. Espero que lo disfruten tanto como yo XD.

Besos a todos.

11 diciembre 2011

3° reseña de CHILE por Felipe Ruiz Valencia




Lentitud de la mirada hacia el racconto

Sobre Chile, de Ángela Barraza Risso
Por Felipe Ruiz

Conozco la escritura de Ángela Barraza desde sus inicios, cuando me presentó una pequeña plaqueta hace ya varios años. Su escritura me deslumbró inmediatamente por el tono coloquial con que podía presentar imágenes de lo cotidiano sin perder la sutileza de aquello que observado, a simple vista, no parece tener importancia, pero que una mirada asombrada puede calar hasta sacar la delicadeza más socavada en medio de un sustrato humano tan pobre como el nuestro, donde parecemos avanzar sin remedio hacia la magnificencia de lo monstruoso y lo asombroso. Estoy consciente del empuje de Ángela para desarrollar un universo poético muy personal que en nada imita la fatalidad femenina tan en boga hace algunos años, y deslindarse por tanto de un campo poético que parecía preñar la escena desde todos sus rincones.

Quizás por eso, cuando me dijo que sacaría su libro Chile, no me sorprendió la temática ni el contenido del libro, que siento de todos modos conserva intacto el universo de aquellos primeros textos. Chile puede pasar un libro de barricada que aparece en una coyuntura propicia. Pero no. Chile es un libro necesario porque nos permite evidenciar el universo autónomo que ha creado su  autora, que en su momento yo destaqué como uno de los más originales aparecidos en la poesía reciente en Chile. La crudeza de las imágenes del libro, porque hay que ser honestos, este es un libro crudo, sin embargo está acompañado por la sutileza medida y cuidada de un tratamiento que condensa imágenes y palabras de un modo pocas  veces visto en autores tan jóvenes. Se podría decir que trivializa las relaciones con lo crudo a un extremo de liberar las imágenes del peso de juzgar lo crudo por lo crudo mismo, es decir, por el recrudecimiento de lo que de por sí ya resulta abominable: la tortura en Dictadura.

Se trata del trabajo en el detalle. El trabajo, paciente y meticuloso, por cierto tono anecdótico y al mismo tiempo detallado del acontecimiento de la detención y la tortura, de los años negros de Chile, y la crítica soterrada hacia toda manipulación mediatizada de la crudeza. El dolor no es, como se dice en nuestra prensa, una “escena profunda”, ¿simplemente porque el dolor no es una escena, no está llamado a ser escenificado por ningún lento fisgón de los que hay muchos en nuestros media.

En una de las imágenes más bellas del libro, y debo confesar, una de las más bellas que he leído en muchos años, Barraza dice: El dolor no puede ser representado/ con un manojo de lágrimas. Se trata de una sutura simple. No es un puñado de lágrimas, es un manojo. El desplazamiento es sutil y en realidad me resulta difícil explicar porque creo que  la poesía en sí, cuando es hermosa, no tiene explicación. Pero está claro que este es un libro que, bajo el relieve de un acontecimiento social reconocido y ampliamente documentado, bien podría ser interpretado como una muy personal reflexión sobre el dolor, no sobre sus consecuencias, sino sobre el dolor mismo, y sobre en qué modo penetra en nuestro mundo pese a todas sus tecnologías, a todas sus seguridades y controles.

Sólo me queda agradecer a Ángela Barraza por habernos entregado un libro hermoso y necesario, para nada escueto y falto de palabras, lleno de una poesía magnífica que en lo personal me parece viene a ratificar la apuesta escritural en la que viene trabajando.

Santiago de Chile, Diciembre 2011

04 diciembre 2011

Presentación del libro Chile de Angela Barraza Risso por Angela Barraza Risso


Mis queridos todos, dejo acá la presentación de mi libro, porque me parece pertinente que se enteren de este proyecto, todos los que no pudieron acompañarme por las razones que sean, y para que entiendan que lo que sucedió en Balmaceda el Viernes, a mi, me demostró muchas cosas. Me enseñó el valor de un lanzamiento y de que se pueden cambiar los formatos. De la importancia de la lectura pública y de la conciencia de espectáculo; de lo importante que es no aburrir a los amigos que se hacen el tiempo y las ganas de acompañarte en un día que es tan importante para uno, para que finalmente todos lo pasemos bien. También aprendí que el valor de los libros realmente importa una mierda, que valer más caro no te hace un mejor autor, sino que, por el contrario, se gana muchísimo más al poner a disposición y criterio de la gente lo que sea que uno esté ofreciendo. 
Aprendí de los egos terribles de los más cercanos, de quienes se suponía que debían acompañarme y de la generosidad gratuita de desconocidos, que ahorita se volvieron MI BANDA de puro amor y agradecimiento que les tengo. Fidelidad absoluta a ustedes cabros!!! 
En verdad podría estar toda la tarde en esta y a lo más me emociono y termino llorando y eso es muy poco glamouroso, incluso en la intimidad de casa jajajajajajajaaaaaa
Bueno, no doy más la lata mejor y los dejo con la presentación.
Besos




Presentarse a uno mismo puede parecer un chovinismo, pero todo en este país en un chovinismo así que da lo mismo.

Ya el trabajar en edición y lanzar por tu propia editorial puede ser un gesto tremendamente naif para algunos o, para otros, nada más que la reiteración de un camino que se traza con la identidad que te da el ejercicio de estar haciendo libros, ¿qué más da en ambos casos?.

Es cierto, estoy partiendo, es mi primer libro y podría haber puesto a un amigo querido a presentarme para que hablara palabras adorables respecto de mi trabajo, o sentar acá a mi lado a un viejo consagrado para que me pegara el espaldarazo. O también podría rogar, implorar por un aplauso, o por último gemir sensualmente cada verso hasta calentarlos pero no, yo no estoy pa esas gueás. Acá estamos los amigos y los enemigos de toda la vida. Los que anónimamente me pasaron la plata pal papel y el cumpa maravilloso que se rajó con el vino. Acá estamos los que cada cierto tiempo nos vemos y los que nos queremos mucho a pesar de las diferencias. Acá estamos porque tenemos que estar y listo. El resto es farándula y fanfarria que no vienen al caso.

Este libro habla de Chile y del Chile mío, del personal, del Chile de la memoria colectiva y de la amnesia general. Este libro habla de no querer seguir pensando en que la puta patria que nos enseñaron es la única manera de entender el territorio y pretende hablar también de que ya no estamos para andar con políticas de cantina. Este libro habla de mí, claro, y ojalá que hable de ustedes también, que hable de nosotros juntos.

Hoy,  para este lanzamiento queríamos hacer algo distinto, primero no cobrando un precio X por el libro y segundo, no aburriendo con extensas presentaciones al grupo de amigos que viene a verte. Por eso es que pensamos con el Artu, que la mejor manera de lanzar CHILE era, precisamente, haciendo todo lo contrario a lo esperado con el fin de decir que esta gueá no es una lata solemne y que no tengo la intención de salir en las páginas del Mercurio y menos aún que quiero tirar el currículum para conseguir un espacio en el GAM, sino únicamente decir que esta noche responde a la presentación de un poemario.

Esto es nada más que el lanzamiento de un trabajo que pretende ser un buen libro y con eso ya es mucha pretensión. Por eso es que hoy no hay más presentación que esta, y por eso es que el libro no tiene otro precio que el que puedan darle ustedes. La idea es que cada cual pague por su ejemplar lo que le venga en gana como un gesto comunitario, entendiendo que cada uno tiene la responsabilidad y la elección de decir si le alcanza o si me apoya, da igual.

 ¿Se han fijado que  a veces uno va al lanzamiento y con cueva tiene una luca para gastar y el libro vale 5 lucas y uno al final nunca lo compra? ¿Qué sentido tiene, me pregunto, el lanzar un libro si ningún huevón se lleva el libro? ¿Qué mierda es lo que queremos demostrar con edición independiente si transformamos el libro en un objeto de lujo que nadie se lleva o por el que se tiene que rogar luego, para que te lo regalen en una conversación de borrachos? ¿Qué le podemos pedir al lector si no le damos la oportunidad siquiera de leer el libro por el que se pegó el plantón fatal de un lanzamiento? Por eso es que no apelo a su amistad, ni a su bolsillo, a la hora de vender o transar el libro, sino que apelo a la elección íntima de cada uno de poner lo que pueda, lo que quiera, lo que le venga en gana, por este Chile. La idea es que si alguien pone un poco más de plata por un ejemplar con ese gesto le está pagando al del lado la plata que le falta y por lo mismo decirle al que no tiene un mango, que sepa y que se sienta tranquilo de que, de alguna forma, la wea se paga, pero que acá, no es tema la plata sino la lectura, el traspaso de información.

La cosa al final, es que pretendo que todos paguen, que nadie me pida que le regale mi trabajo porque libros no voy a reglar, pero que el pago no sea exclusión sino que espero que todos se lo lleven aunque sea por una quina si es que en realidad no tienen más que una quina. Acá, cada uno decide si me caga o no me caga con plata, porque mira que yo no soy paca de nadie.

Y es que cabros, seamos honestos, cómo vamos a pagar si no tenemos? y cómo vamos a dejar de leer por plata? Para dejar de consumir cultura por plata ya tenemos el Estado, cómo vamos a andar cagándonos por un libro de poesía? El negocio es de los malditos, no de nosotros porque acá no somos Alfaguara, acá un libro no puede costar 7 lucas, acá estamos para llevar la contra y jamás para tratar de ser igual que los infelices que nos tienen protestando en las calles así que vamos cabros, armemos esta canción en que coreamos nuevamente juntos la palabra Poesía sin decir entre medio la palabra Mercado. Digamos fuerte que podemos volver a apañarnos unos a otros nada más que porque hay que puro hacerla porque insisto, nunca fue por plata que entramos a esto sino por la escritura y la lectura mismas.

Pienso que probablemente cualquiera de ustedes, mis queridos amigos, podría haber estado sentado acá presentando el libro pero no, los prefiero ahí y me siento contenta, porque los tengo ahí en frente mirándome hacer esta huevada que de seguro no le va a gustar a los gueones más fomes de esta patria, pero me da lo mismo. Me siento feliz de verlos y de saber que están conmigo, que sean ustedes mis presentadores implícitos por puro amor porque el resto, reitero, es pura farándula. Mejor me presento yo misma y evitamos la mesa de doctores en literatura y la copita de agua.

Gracias por estar acá, muchas gracias, los adoro por haber llegado. Ahora nos vamos con la lectura del libro, luego el vino, luego la noche enorme de Santiago y el amor de mis Desconocidos De Siempre que son ustedes y que soy yo acá presentándoles este poema largo y estrecho que se llama nada más y nada menos que Chile.


Balmaceda Arte Joven, Santiago de CHILE, 02 de diciembre de 2011