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Hay tradiciones chilenas que son muy curiosas y que, al menos yo, lamento profundamente que hayan desaparecido o que su sentido original haya mutado en un asunto meramente folclórico. Una de ellas es la festividad de cuasimodo, la que se preserva porque se entiende que es un patrimonio de nuestra cultura, pero si lo pensamos, en estos tiempos es bien absurda ya que no es necesario que el cura llegue a caballo o en carreta y que estos vayan decorados. Bien puede tomar un auto en cualquier momento (si es que no llega en el propio, que suele ser la raja) y la visita a los enfermos ya no es lo mismo de antes ni significa lo mismo tampoco, sobre todo en estos tiempos de clínicas, ambulancias y servicios de emergencia particulares. Lo mismo sucede con todo lo que tiene que ver con fiestas patrias (menos la cueca, que está tomando un valor renovado en la juventud y que va en serio) en donde se hace una caricatura descarada y ridícula del “Huaso” chileno (que jamás se vuelve a vestir con chupalla el resto del año por muy elegante que se vea a sí mismo en la semana de fiesta) y en donde se ponen en circulación juegos que –tengo que decirlo- no tienen ninguna vigencia ni sentido en esta época. O sea, si la tuvieran, ya habrían videojuegos que hayan digitalizado el asunto, pero no he visto consola que traiga “Trompo o emboque SPORT” “Palo encebado game” o carrera de sacos para WII. Sin embargo esas tradiciones se conservan y recuerdan porque son parte de una identidad nacional que nos entrega un código común de pertenencia.
Pero hay otras tradiciones que definitivamente se pasaron por el aro y son las que tienen que ver con la muerte. Ya no se fotografía a los muertos. Ya no se hacen funerales a la chilena, con canto a lo divino, tomatera y cordero al palo; ya no se baila cueca en los cementerios para homenajear a los muertos y mucho menos se viste, a los niños que mueren, de “angelitos” para hacer en torno a ellos una reunión que los acompañe en el tránsito hacia lo que sea que haya al otro lado, si es que lo hubiere. ¿Por qué? Quizás porque parece un acto de barbarie el estar exponiendo el cadáver de un infante. O tal vez porque la experiencia de la muerte de un niño es tan traumática que es mejor erradicar todo lo que tiene que ver con eso. No hablarlo ni mostrarlo, menos reflexionarlo, ojalá olvidarlo y tocar madera tres veces para que la situación se vaya lejos, no nos toque, no exista.
Sin embargo y a pesar de esta negación cultural de la muerte infantil, la compañía Calaca Loca hace una puesta en escena que aborda el tema de manera explícita, con marionetas, música a tono y en vivo, nada menos que en el Anfiteatro Bellas Artes y lo que sucede es fantástico.
Pasa que las marionetas se entienden como un arte que es sine qua non de infancia, entonces se comprende que cualquier obra teatral que le lleva “mono” es para niños. Luego de que estamos sentados con nuestros hijos en las butacas, parte la obra, que tiene un clima y un ritmo muy acorde al tema que aborda y vemos aparecer la marioneta de un pequeño muy lívido, que es visitado por un Buho-tiempo y llevado por él a visitar a sus antepasados (que son un par de calaveras muy graciosas) y entonces uno puede observar como empiezan a desfigurarse las caras de algunos padres que no sospechaban que las marionetas son mucho más que un panel de donde salen títeres de mano para decirles a los niños que se tienen que comer toda la comida. Comienzan también las preguntas de los niños del corte: mamá ¿están todos muertos? o mamá ¿por qué el niño está con las calaveras? ¿se murió?
Y entonces la tensión y la incomodidad de algunos padres se vuelve tan latente que comienzan a mirar para todos lados tratando de que alguien les explique por qué las marionetas no se están pegando en la cabeza con un chipote chillón hasta que sucede el inevitable llanto de un chiquito y entonces 3 o 4 padres salen con sus respectivos hijos, con un desagrado evidente y esperando que alguien les devuelva el dinero. (Risas)
Pero la obra sigue y va tomando un clima cada vez más cercano y evidente. La marioneta del niño llega a la tierra, junto a los bichitos, las raíces y otras calaveras. Es una suerte de inframundo vinculado con la naturaleza y todo se canaliza en la celebración de la partida del angelito, con el niño sentado sobre una mesa, con los parientes bebiendo, con música folclórica de muerte en un ejercicio evidente de rescate patrimonial, de establecimiento de política de memoria y todos nos volvemos parte de ese ejercicio que sabemos nuestro, con nuestros niños que siguen preguntando por lo que le pasó al niño y ahí radica la maravilla de esta obra ya que es imposible salir de ahí sin entablar un diálogo exquisito y necesario con los hijos que se ven enfrentados a la muerte, que está latente en el espacio, de un par de ellos y se les vuelve evidente el hecho de que también se pueden morir y llega la fantasía de que llegará también el Buho-tiempo, y la potencialidad de un viaje que irá por caminos insospechados, dependiendo de las creencias de cada familia y de lo capaces que seamos de dialogar con nuestros hijos los que, por lo general, son mucho más inteligentes de lo que sospechábamos.
Más encima, la puesta en escena es preciosa y creo que es un aporte, no sólo en materia de identidad chilena, sino también de identidad latinoamericana para la construcción del imaginario de muerte los niños ya que hay una forma de abordar los personajes con todo el colorido de México (haciéndole honor al nombre de la compañía).
Yo fui a verla con mis hijos y de verdad me pareció una puesta en escena que, además de instalar un tema que es bien complejo de una forma amable y bella, hace un rescate patrimonial y de identidad importante. Existe en este montaje un ejercicio de memoria que se agradece y que nos da la oportunidad de establecer diálogos que son muy importantes y que solemos evadir, con nuestros hijos, dándonos la oportunidad de entrar a esa cosmogonía propia de la infancia de la que en buena parte somos responsables, pero que tampoco podemos controlar en su totalidad y eso lo vuelve exquisito.
Creo que es una apuesta muy valiente de parte de la compañía y creo que el Anfiteatro Viaje Inmóvil es un espacio muy necesario y propicio para que se den estas discursividades que se dan de forma mucho más auspiciosa gracias a las marionetas ya que sobrepasan las posibilidades actorales en la medida de que nos permiten ver personajes que vuelan, que pierden la cabeza, que pueden sacarse los ojos o ser calaveras para retratar ampliamente lo que se instala en el escenario.
Como espectadora agradezco el montaje que es muy lindo y muy didáctico y como mamá agradezco que se me haya brindado la oportunidad de hablar de un tema que, gracias a la instancia se volvió ineludible y fue infinitamente enriquecedor.
“Angelito” es una obra que recomiendo, que espero se repita y que no se debe amilanar por las reacciones de las relaciones parentales de quienes no quieren o no están preparados para abordar el tema, porque el teatro se vuelve una experiencia vital en la medida de que es un aporte a nuestra construcción de identidad y de mundo. Ambas cosas se cumplen.
Anfiteatro Bellas Artes - Comentario de Teatro - COMENTARIOS - Compañía Calacaloca - CRITICA - CRITICA DE TEATRO - NUEVO - Teatro chileno
El jueves, para variar, me levanté mega atrasada. Me vestí linda, me puse tacos, me calcé sombrero, tuve un día de horror en la pega, morí de hambre y pasé el día pensando en que al día siguiente cumplía treinta. A las 8 de la noche me decidí ir al teatro para distenderme un poco aunque de verdad no tenía muchas ganas ya que tendría que ir sola, pero aperré de toda formas. El tránsito fue todo lo que podía querer ya que por Bellas Artes me llenaron de piropos aunque el dolor de usar tacos era el horror de los horrores y mientras recibía mis halagos pensaba ¿por qué estoy haciendo esto? Y es que claro, hay una multiplicidad de roles que tenemos que cumplir en el momento decisivo nuestras vidas, estamos llenas de presiones sociales por ser exitosas laboralmente, buenas amantes, y madres ejemplares entonces no está demás NUNCA que te digan que estás linda.
La obra que fui a ver es Yo Nunca Nunca de Begoña Ugalde y el azar hizo calzar las inquietudes de mujer-clase-edad por las que estaba pasando en ese mismo instante con el estreno de la obra, cosa que me resultó mega inquietante.
La obra se trata de una mina cuica/joven que está pasando por el proceso de separación de su esposo/artista con el que tienen una hija en común; que decide armarle la despedida de soltera a su hermana cuica/tonta y para eso llama a las amigas cuicas/algo (hippie, loca, rica, inteligente). Cada una es un estereotipo chistoso de lo que representan, con los valores ABC1 esperables de la caricatura y con toda la alharaca y competencia que se genera en las reuniones de mujeres (de cualquier estrato social). Y está la nana al medio de toda esta reunión, que se roba la obra, quizás del puro contraste de clase. Quién sabe. Pero yo me cagué de risa.
El guion es exquisito en diálogos y reflexiones que le dan una velocidad maravillosa a la obra, que se sitúa en la dinámica de carrete y no es para nada pretenciosa. Eso se agradece demasiado.
La escenografía es bella y necesaria. Cada uno de los elementos se justifica para crear el ambiente del departamento y, a pesar de que el escenario no es de gran tamaño y de que son 8 personajes los que llegan a estar en escena, todo anda como reloj y nadie se anda tropezando. Eso también está buenísimo.
Quizás, lo que me faltó fue un grado mayor de violencia cuando… (no pienso adelantar cuándo, obvio). Pero creo que ese es el único punto perfeccionable de la obra. Faltó resentimiento, roce, rabia para llegar a ese lugar en el que uno dice ¡Mierda, qué pasó! Y esto lo digo sin ánimos de ser el crítico que dice en la exposición que le cambiaría un par de pinceladas a un cuadro, sino a modo de sugerencia o de convicción vital que, en lo personal, me conduce a búsquedas que no tienen por qué ser las de la guionista y directora. Pero es un punto.
Como reflexión final, Yo Nunca Nunca es una obra muy entretenida, que en una primera instancia puede generar todo el rechazo del mundo por lo cuica y los estereotipos que pudieron irse a negro, pero que se salvan magistralmente por las actuaciones (A modo personal destaco las de Constanza Alemparte, Mariela Mignot y Sofia Oportot). Y lo más gracioso es que uno, no siendo ABC1, puede reconocer a muchas de sus amigas (que tampoco lo son) en las mismas dinámicas y preocupaciones, las que vistas desde afuera, o desde una butaca, son para cagarse de risa.
Angela Barraza Risso - Begoña Ugalde - Comentario de Teatro - COMENTARIOS - Constanza Alemparte - CRITICA - CRITICA DE TEATRO - Lastarria 90 - Mariela Mignot - NUEVO - Sofia Oportot - Teatro - Teatro chileno - Yo Nunca Nunca
RESEÑA
Kurt, Olga, La madre y El padre son los integrantes de una familia que ignora estar sometida a problemas como la incomunicación, la crisis de identidad, la ruptura de los lazos afectivos, el creciente individualismo, así como la aplastante influencia de los medios de comunicación y las modas. Para los padres el problema es producto de “la edad del pavo”, y para los hijos, todo radica en “la enfermedad de ser viejos”. Este escenario familiar será el combustible para que se desencadenen una serie de acontecimientos que determinarán para siempre el curso de sus vidas, con una velocidad y voracidad que solo se podría comparar con el fuego.
“Cara de fuego”, escrita por el dramaturgo alemán Marius Von Mayenburg, presenta una radiografía de nuestra sociedad por medio de los sucesos ocurridos al interior de esta familia, los cuales se muestran ante los espectadores como un relato en donde el humor negro, el absurdo, el delirio y el drama se articulan de forma vertiginosa para dar cuerpo a una historia latente en el Chile de hoy.
Bajo la mirada de la Compañía Los hijos de la china, y con la dirección de Daniel Cartagena, la obra es un proyecto Fondart 2013 que se presenta en su segunda temporada debido al éxito de público obtenido en sus anteriores presentaciones. (Sala 1 Sidarte y TNCH)
ESTRENO: 13 de Marzo LUGAR: Sala Zócalo, UDLA (U. de las Américas)DIRECCIÓN: Sala UDLA, Antonio Varas 880 (Metro M.Montt)FUNCIONES: 13 al 22 de MarzoHORARIO: Jueves, Viernes y Sábados 20:30 Hrs.RESERVAS: loshijosdelachina@gmail.com o al 09-92922592PRECIOSEntrada General: $5.000Estudiantes y 3ra Edad: $3.000
FICHA ARTÍSTICA
OBRA: “Cara de Fuego”
COMPAÑÍA: Los hijos de la china
DRAMATURGIA: Marius Von Mayenburg (Traducción de Claudia Baricco)
ADAPTACIÓN DE TEXTO: Consuelo Zamorano C.
DIRECCIÓN: Daniel Cartagena
ELENCO: Diego Acuña / Natalia Bronfman / Daniela Jofré / Roberto Pavez / Cristián Soto
DISEÑO INTEGRAL Y GRÁFICO: Gonzalo Velozo
REALIZACIÓN MUSICAL: Juan Carlos Valenzuela
REALIZACIÓN AUDIOVISUAL: Juan Esteban Vega
EQUIPO ESTUDIO SOCIAL: Pablo Núñez / Tamara Lagos Castro / Claudio Reyes
PRODUCCIÓN: Consuelo Zamorano C.
DURACIÓN: 90 minutos aprox.
LINK TEASER PROMOCIONAL: http://www.youtube.com/watch?v=urc7Mo9d5g4
Daniel Cartagena - Marius Von Mayenburg - NUEVO - Recomendados - Sala Zócalo - Teatro - Teatro chileno - UDLA
por Angela Barraza Risso
¿Por qué decidiste tomar el papel de Ken, Qué sientes tú que puedes aportarle a este personaje desde tu experiencia actoral?
Cuando fui convocado para este reemplazo, primero leí el texto de Logan y luego fui a ver la obra con el elenco original antes de decidirme a hacerlo o no. Ambas experiencias fueron gratamente sorprendentes. Yo llevaba dos años sin hacer teatro, por diferentes motivos, pero principalmente porque los proyectos a los que me convocaban no me parecían del todo interesantes. Hacer teatro siempre es bueno, dirán algunos, pero desde mi perspectiva los proyectos, a los que uno decide sumarse, deben cumplir con ciertas características estéticas, éticas, humanas, políticas, que en definitiva hagan que las ideas que en ese lugar se pongan en circulación contribuyan a quienes estamos en el proceso, pero sobre todo al que después mira este objeto. Y por eso me interesó encarnar a "Ken". Por un total. No solo por el rol en particular. Sino que por el lugar de la obra en su conjunto. Un lugar que al menos a mí me interpela constantemente y que tiene que ver con las contradicciones que el arte y la vida en el arte enfrentan en el sistema en que vivimos. Y es eso lo que trato de aportarle al rol. Que no es otra cosa que mi biografía puesta al servicio de la escena. Mi cosmovisión. Mis reflexiones frente al oficio y su utilidad. Mis pensamientos en torno a los límites de lo que es ético y lo que no. Mis observaciones acerca de las fronteras de la moral y cuánto uno las descorre día a día.
Si extrapolamos a los personajes Ken-Rothko a Horton-Semler ¿Cómo ves, cualitativamente las duplas y las dinámicas de trabajo. Cómo ha sido esta experiencia de partners?
Principalmente habría que hacer el inevitable ejercicio de contextualizarnos en una época y un territorio diferente. Con el espíritu que eso conlleva. Hay paradigmas que se han derrumbado en las dinámicas del trabajo artístico desde un tiempo a esta parte. Durante el siglo XX (y antes también) asistimos al perpetuo encuentro entre maestro y discípulo. Que a mi modo de ver responde a un sistema relacional, entre los individuos, estrechamente vinculado a los antiguos modelos familiares. La relación entre estas dos figuras no es otra cosa que una transferencia de como operaba la figura paterna en esa época (observemos la irrupción del psicoanálisis en ese siglo). Pero hoy, al igual que en la vida cultural en su conjunto, y también en las familias, como escala cultural esas estructuras se han modificado y no actúan sobre los individuos de la misma manera. Digo todo esto, porque a diferencia de la obra, donde los status aparentemente inviolables que se plantean hasta cierto punto de la historia, responden a esa realidad. La que elaboramos Willy y yo avanza con el espíritu de los tiempos que corren; Es una relación horizontal. Willy es un tremendo actor y un maravilloso hombre de teatro, con más experiencia y trayectoria que yo, innegablemente, con un enorme oficio y vocación, del que he aprendido y aprendo día a día, pero en ningún momento ha intentado (ni él ni yo) de embestirse como maestro. Muy por el contrario, es un amigo, un par, un compañero.
Según tu percepción del arte, qué tan de acuerdo estás con las reflexiones que se dan en la obra, obviamente llevándola a tu disciplina, que es la actuación.
Las preguntas acerca del arte son preguntas eternas. ¿Para que? ¿Por qué? ¿Para quien? etc. Y la obra de Logan es prístina al respecto. Sintetiza en 90 minutos a través de la conversación de dos hombres de cara al oficio artístico, no solo esa preguntas específicas de la materia, sino que las grandes disyuntivas del hombre y la existencia. Hace magistralmente un recorrido profundo pero claro rondando las grandes dudas, las grandes interrogantes de la humanidad a través del tiempo. No solo por el sentido y las opciones en la vida, sino que también por como encarar la muerte. Desde ese punto de vista es imposible no estar de acuerdo con lo que ahí se plantea, porque no son certezas ni declaraciones de principios, sino que se levantan preguntas que no solo competen al oficio artístico, sino que al sentido de la existencia.
Tomando en consideración que toda manifestación artística tiene una búsqueda detrás y que esto queda planteado en la obra con dos conceptos muy potentes que son el negro y particularmente el rojo ¿Cuál podrías señalar que es tu concepto?
En la obra se plantea que la presencia del rojo en la pintura de Rothko, sus colores brillantes, son la presencia de Dionisio, simbolizando los excesos, la extravagancia, la pasión, la fuerza vital, el movimiento y la transformación. El negro, plasmado en los limites geométricos de sus ornas, significan a Apolo, el control, los limites, el orden y el método. En esa simbiosis, que describiera Nietzsche en "El origen de la tragedia" (texto que se cita en la obra, y que es fundamental en sus múltiples lecturas) se funda todo el dilema artístico y existencial del pintor norteamericano. Eso nos da prueba de un método, de un lugar contemplativo, pragmático y estudiado de enfrentar el arte. Esa ha sido una discusión antigua en términos de como sumergirse en la creación en cualquiera de sus maneras de manifestarse. A mi modo de ver, humildemente creo que es importante hacer que convivan ciertos aspectos de ambas pulsiones. En los procesos teatrales o actorales en general, trato de elaborar un marco que me permita moverme dentro de él. Elaborar un territorio, un domicilio político, estético, ideológico, gestual, situaciones, vocal, etc., en el cual después se me permita transitar libremente dando lugar a lo desconocido a lo inesperado. Entonces; hay un proceso previo que elabora la ley de lo que sucederá en la escena, pero en el momento en que la obra sucede, todo eso queda atrás, ya está absolutamente definido y resguardado, y no queda más que sumergirse ahí a ciegas. Es difícil poner en palabras una metodología pero, para mí, la gran clave siempre ha sido solamente ponerse en situación, y habitar ahí por el tiempo y espacio que sea necesario. Si me pides que le otorgue un color a eso, tendría que decir que es un gris. Una mezcla sucia y rara de todos los colores.
En relación al teatro y el espectáculo televisivo; la permanencia, versus la inmediatez y esto, obviamente en concordancia con lo que se plantea en la obra: Qué responsabilidad crees que tiene el público, respecto de lo que consume como bienes o “productos” culturales. ¿Cuál es tu visión política al respecto?
Me parece que el público quiere comodidad. Es mucho mas fácil quedarse en el sillón o en la cama viendo una teleserie, antes que cruzar tres comunas, gastar 15 lucas y llegar a un teatro incomodo a ver una obra que no entienden o no disfrutan y salir confundidos y desilusionados. Y si van a hacer ese esfuerzo, es mucho mejor ir al cine, a ver obviamente una película nominada al Óscar, una sandía calada, comiendo cabritas o un hot-dog, en un asiento cómodo en una sala con aire acondicionado. ¿Y quien podría juzgar eso? yo no al menos.
La obra también hurguetea ahí. En el roce que el artista establece con el sistema económico en el cual está sumergido. En cómo hablarle al publico de lo que desea hablarle, como aumentar el alcance sin traicionarse. Ese es el tormento de Rothko que en la obra se expone como el paradigma del tormento del artista contemporáneo.
Dentro de tu experiencia teatral, cuál es la obra o montaje en la que te has sentido más realizado como actor y cuál es la que ha presentado mayores dificultades o se ha constituido como un mayor desafío.
Cada obra es un enorme desafío nuevo y distinto, y ninguna merece ser comparada con la otra. Sería como comprara los amores, las amistades, los viajes, las experiencias de la vida. Cada una es distinta, enorme, trascendente e inolvidable. Si uno quiere que así sea.
De tus personajes realizados en televisión, ¿Cuál se parece más a Mario Horton y por qué?
Todos los personajes se parecen y la vez no se parecen a mí. Porque inevitablemente todos están en un lugar que queda justo al centro de lo que yo soy, de lo que quiero ser, de mi propio fantasma que acecha a la hora de crearlos, de mis miedos y mis deseos, pero también de lo que el texto elabora como ruta a seguir, y de lo que el director o el contexto del proyecto en particular empuja sobre ese proceso también. Todos tienen todo de mí y nada de mí al mismo tiempo.
Pensando en tu tradición política, en tu formación en el seno de una familia en la que el padre es mirista, exiliado y retornado. Y tomando también en cuenta tu formación educacional en el colegio Altamira y en la ARCIS, que son dos instituciones que tienen un constructo ideológico claro ¿Cómo analizas tu participación en TV, en relación a esa formación. Hay una traición a esos principios políticos que buscan equidad social a través del paroxismo del consumo, que es la televisión o hay otras aristas como el hecho de constituirte como una voz?
En el lugar donde yo trabajo, específicamente en mi área, hay creativos como Matías Ovalle o Tito Gesswein que han impulsado proyectos de gran calidad y profundidad como "Héroes", "Los 80`s", "Peleles" ó "Secretos en el Jardín", que han significado una importante bisagra en la ficción en Chile en términos de realización, de calidad, de profundidad en la reflexión frente a nuestra idiosincracia y en los temas planteados, y que evidentemente han abierto ciertas puertas que estaban clausuradas hacia nuevos lugares y nuevas historias a contar. El lugar medular, eso si, del actor, está en el teatro y en el cine. Ya que ahí los proyectos (idealmente) no tienen que luchar con líneas editoriales o censuras cualquiera sea su procedencia, para realizarse. Luchan eso si con otro inmenso monstruo que es el financiamiento. Pero esa es otra historia.
* * *
Acá les dejo un set de 10 preguntas rápidas que le hice a Mario y más abajo un par de conclusiones.
Conclusiones finales:
Mi cometido al ir a ver el ensayo era sacar una entrevista con Mario y fue increíble. Conocí a una persona muy profesional que se alejaba diametralmente a mi prejuicio. Fue demasiado amable, demasiado seco, demasiado buena onda, demasiado demasiado, al punto que me llegué a sentir culpable y no pude dejar de anunciar el prejuicio y pedir disculpas por ello. Y bueno, acá les dejo la entrevista para que se motiven a ver la obra y para que se encuentren, al igual que yo, con un ser humano que trasciende la pantalla, justamente cuando baja de ella.
Rojo es una obra que encanta, que no basta con verla tan sólo una vez sino que viene a constituirse, al menos para mí, en una obra similar a un libro de consulta, a un poemario de cabecera, a una peli de culto.
Afortunadamente hoy se presenta en su 3º temporada, esta vez en el Mori que está en Parque Arauco y tiene como gracia el hecho de que ha cambiado su elenco. Rothko, anteriormente representado por Lucho Gnecco, ahora estará en manos de Willy Semler (acá hay que destacar la producción ya que cambiar un grande por un grande es tarea compleja) y el papel de Ken, que estuvo en manos de Martín Bacigaluppo, ahora será representado por Mario Horton. El mismo de los 80 (en el papel de Gabriel Díaz), de Secretos en el Jardín (Javier Montes) y de Las Vegas (Vicho Acuña).
Tengo que reconocer el prejuicio y es que uno escribe a partir de la experiencia personal y entonces no se puede ser del todo objetivo. Me temía una desilusión ya que para mí, Mario Horton era sinónimo del “mino rico de la tele”, estereotipo que me carga y me dolió el corazón pensar que una de mis obras favoritas se podía ver estropeada o farandulizada.
Cuando vi el nuevo elenco me dije ah no, hay que ver esto y tuve la enorme fortuna de poder asistir a uno de los ensayos. Ya con la escenografía montada y todo (y más encima pude fumar, sentada en mi butaca a la antigua. Todo un lujo). Y pasó que, lejos de la decepción, descubrí una obra nueva. Los ciclos de los personajes son distintos; el empoderamiento de Ken en la obra brilla de manera diferente. La ira y el desprecio de Rothko se vuelve un tormento más intro, más sórdido y entonces los personajes se vuelven distintos y las reflexiones toman otro color. No puedo decir que estas interpretaciones son mejores que las anteriores, pero si que hay que verlas porque aportan, cada una, desde estructuras diferentes. La proxémica de la obra es nueva, el espacio íntimo que se genera en el escenario también cambia aunque el libreto es el mismo y también el espacio. Me encantó por segunda vez.
Comentario de Teatro - COMENTARIOS - Entrevistas - Mario Horton - Rodrigo Sepúlveda - ROJO - Teatro - Teatro chileno - Teatro Mori Vitacura - Willy Semler
Hoy es la última función de "Coraje, Corazón y Rita" Está en el Teatro del Puente y lo menciono porque no deberían dejar de ir a verla. Lamentablemente yo fui tarde o les hubiera comentado esto un poco antes. Digo, estamos en el último día y es una lata, pero si tienen tiempo vayan porque no se van a arrepentir (cosa que a mí me sucede la mayor parte del tiempo).
Comentario de Teatro - COMENTARIOS - Diego Ramírez - NUEVO - Priscilla Guerra - Teatro - Teatro chileno - Teatro del Puente
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