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por Angela Barraza Risso
¿Por qué decidiste tomar el papel de Ken, Qué sientes tú que puedes aportarle a este personaje desde tu experiencia actoral?
Cuando fui convocado para este reemplazo, primero leí el texto de Logan y luego fui a ver la obra con el elenco original antes de decidirme a hacerlo o no. Ambas experiencias fueron gratamente sorprendentes. Yo llevaba dos años sin hacer teatro, por diferentes motivos, pero principalmente porque los proyectos a los que me convocaban no me parecían del todo interesantes. Hacer teatro siempre es bueno, dirán algunos, pero desde mi perspectiva los proyectos, a los que uno decide sumarse, deben cumplir con ciertas características estéticas, éticas, humanas, políticas, que en definitiva hagan que las ideas que en ese lugar se pongan en circulación contribuyan a quienes estamos en el proceso, pero sobre todo al que después mira este objeto. Y por eso me interesó encarnar a "Ken". Por un total. No solo por el rol en particular. Sino que por el lugar de la obra en su conjunto. Un lugar que al menos a mí me interpela constantemente y que tiene que ver con las contradicciones que el arte y la vida en el arte enfrentan en el sistema en que vivimos. Y es eso lo que trato de aportarle al rol. Que no es otra cosa que mi biografía puesta al servicio de la escena. Mi cosmovisión. Mis reflexiones frente al oficio y su utilidad. Mis pensamientos en torno a los límites de lo que es ético y lo que no. Mis observaciones acerca de las fronteras de la moral y cuánto uno las descorre día a día.
Si extrapolamos a los personajes Ken-Rothko a Horton-Semler ¿Cómo ves, cualitativamente las duplas y las dinámicas de trabajo. Cómo ha sido esta experiencia de partners?
Principalmente habría que hacer el inevitable ejercicio de contextualizarnos en una época y un territorio diferente. Con el espíritu que eso conlleva. Hay paradigmas que se han derrumbado en las dinámicas del trabajo artístico desde un tiempo a esta parte. Durante el siglo XX (y antes también) asistimos al perpetuo encuentro entre maestro y discípulo. Que a mi modo de ver responde a un sistema relacional, entre los individuos, estrechamente vinculado a los antiguos modelos familiares. La relación entre estas dos figuras no es otra cosa que una transferencia de como operaba la figura paterna en esa época (observemos la irrupción del psicoanálisis en ese siglo). Pero hoy, al igual que en la vida cultural en su conjunto, y también en las familias, como escala cultural esas estructuras se han modificado y no actúan sobre los individuos de la misma manera. Digo todo esto, porque a diferencia de la obra, donde los status aparentemente inviolables que se plantean hasta cierto punto de la historia, responden a esa realidad. La que elaboramos Willy y yo avanza con el espíritu de los tiempos que corren; Es una relación horizontal. Willy es un tremendo actor y un maravilloso hombre de teatro, con más experiencia y trayectoria que yo, innegablemente, con un enorme oficio y vocación, del que he aprendido y aprendo día a día, pero en ningún momento ha intentado (ni él ni yo) de embestirse como maestro. Muy por el contrario, es un amigo, un par, un compañero.
Según tu percepción del arte, qué tan de acuerdo estás con las reflexiones que se dan en la obra, obviamente llevándola a tu disciplina, que es la actuación.
Las preguntas acerca del arte son preguntas eternas. ¿Para que? ¿Por qué? ¿Para quien? etc. Y la obra de Logan es prístina al respecto. Sintetiza en 90 minutos a través de la conversación de dos hombres de cara al oficio artístico, no solo esa preguntas específicas de la materia, sino que las grandes disyuntivas del hombre y la existencia. Hace magistralmente un recorrido profundo pero claro rondando las grandes dudas, las grandes interrogantes de la humanidad a través del tiempo. No solo por el sentido y las opciones en la vida, sino que también por como encarar la muerte. Desde ese punto de vista es imposible no estar de acuerdo con lo que ahí se plantea, porque no son certezas ni declaraciones de principios, sino que se levantan preguntas que no solo competen al oficio artístico, sino que al sentido de la existencia.
Tomando en consideración que toda manifestación artística tiene una búsqueda detrás y que esto queda planteado en la obra con dos conceptos muy potentes que son el negro y particularmente el rojo ¿Cuál podrías señalar que es tu concepto?
En la obra se plantea que la presencia del rojo en la pintura de Rothko, sus colores brillantes, son la presencia de Dionisio, simbolizando los excesos, la extravagancia, la pasión, la fuerza vital, el movimiento y la transformación. El negro, plasmado en los limites geométricos de sus ornas, significan a Apolo, el control, los limites, el orden y el método. En esa simbiosis, que describiera Nietzsche en "El origen de la tragedia" (texto que se cita en la obra, y que es fundamental en sus múltiples lecturas) se funda todo el dilema artístico y existencial del pintor norteamericano. Eso nos da prueba de un método, de un lugar contemplativo, pragmático y estudiado de enfrentar el arte. Esa ha sido una discusión antigua en términos de como sumergirse en la creación en cualquiera de sus maneras de manifestarse. A mi modo de ver, humildemente creo que es importante hacer que convivan ciertos aspectos de ambas pulsiones. En los procesos teatrales o actorales en general, trato de elaborar un marco que me permita moverme dentro de él. Elaborar un territorio, un domicilio político, estético, ideológico, gestual, situaciones, vocal, etc., en el cual después se me permita transitar libremente dando lugar a lo desconocido a lo inesperado. Entonces; hay un proceso previo que elabora la ley de lo que sucederá en la escena, pero en el momento en que la obra sucede, todo eso queda atrás, ya está absolutamente definido y resguardado, y no queda más que sumergirse ahí a ciegas. Es difícil poner en palabras una metodología pero, para mí, la gran clave siempre ha sido solamente ponerse en situación, y habitar ahí por el tiempo y espacio que sea necesario. Si me pides que le otorgue un color a eso, tendría que decir que es un gris. Una mezcla sucia y rara de todos los colores.
En relación al teatro y el espectáculo televisivo; la permanencia, versus la inmediatez y esto, obviamente en concordancia con lo que se plantea en la obra: Qué responsabilidad crees que tiene el público, respecto de lo que consume como bienes o “productos” culturales. ¿Cuál es tu visión política al respecto?
Me parece que el público quiere comodidad. Es mucho mas fácil quedarse en el sillón o en la cama viendo una teleserie, antes que cruzar tres comunas, gastar 15 lucas y llegar a un teatro incomodo a ver una obra que no entienden o no disfrutan y salir confundidos y desilusionados. Y si van a hacer ese esfuerzo, es mucho mejor ir al cine, a ver obviamente una película nominada al Óscar, una sandía calada, comiendo cabritas o un hot-dog, en un asiento cómodo en una sala con aire acondicionado. ¿Y quien podría juzgar eso? yo no al menos.
La obra también hurguetea ahí. En el roce que el artista establece con el sistema económico en el cual está sumergido. En cómo hablarle al publico de lo que desea hablarle, como aumentar el alcance sin traicionarse. Ese es el tormento de Rothko que en la obra se expone como el paradigma del tormento del artista contemporáneo.
Dentro de tu experiencia teatral, cuál es la obra o montaje en la que te has sentido más realizado como actor y cuál es la que ha presentado mayores dificultades o se ha constituido como un mayor desafío.
Cada obra es un enorme desafío nuevo y distinto, y ninguna merece ser comparada con la otra. Sería como comprara los amores, las amistades, los viajes, las experiencias de la vida. Cada una es distinta, enorme, trascendente e inolvidable. Si uno quiere que así sea.
De tus personajes realizados en televisión, ¿Cuál se parece más a Mario Horton y por qué?
Todos los personajes se parecen y la vez no se parecen a mí. Porque inevitablemente todos están en un lugar que queda justo al centro de lo que yo soy, de lo que quiero ser, de mi propio fantasma que acecha a la hora de crearlos, de mis miedos y mis deseos, pero también de lo que el texto elabora como ruta a seguir, y de lo que el director o el contexto del proyecto en particular empuja sobre ese proceso también. Todos tienen todo de mí y nada de mí al mismo tiempo.
Pensando en tu tradición política, en tu formación en el seno de una familia en la que el padre es mirista, exiliado y retornado. Y tomando también en cuenta tu formación educacional en el colegio Altamira y en la ARCIS, que son dos instituciones que tienen un constructo ideológico claro ¿Cómo analizas tu participación en TV, en relación a esa formación. Hay una traición a esos principios políticos que buscan equidad social a través del paroxismo del consumo, que es la televisión o hay otras aristas como el hecho de constituirte como una voz?
En el lugar donde yo trabajo, específicamente en mi área, hay creativos como Matías Ovalle o Tito Gesswein que han impulsado proyectos de gran calidad y profundidad como "Héroes", "Los 80`s", "Peleles" ó "Secretos en el Jardín", que han significado una importante bisagra en la ficción en Chile en términos de realización, de calidad, de profundidad en la reflexión frente a nuestra idiosincracia y en los temas planteados, y que evidentemente han abierto ciertas puertas que estaban clausuradas hacia nuevos lugares y nuevas historias a contar. El lugar medular, eso si, del actor, está en el teatro y en el cine. Ya que ahí los proyectos (idealmente) no tienen que luchar con líneas editoriales o censuras cualquiera sea su procedencia, para realizarse. Luchan eso si con otro inmenso monstruo que es el financiamiento. Pero esa es otra historia.
* * *
Acá les dejo un set de 10 preguntas rápidas que le hice a Mario y más abajo un par de conclusiones.
Conclusiones finales:
Mi cometido al ir a ver el ensayo era sacar una entrevista con Mario y fue increíble. Conocí a una persona muy profesional que se alejaba diametralmente a mi prejuicio. Fue demasiado amable, demasiado seco, demasiado buena onda, demasiado demasiado, al punto que me llegué a sentir culpable y no pude dejar de anunciar el prejuicio y pedir disculpas por ello. Y bueno, acá les dejo la entrevista para que se motiven a ver la obra y para que se encuentren, al igual que yo, con un ser humano que trasciende la pantalla, justamente cuando baja de ella.
Rojo es una obra que encanta, que no basta con verla tan sólo una vez sino que viene a constituirse, al menos para mí, en una obra similar a un libro de consulta, a un poemario de cabecera, a una peli de culto.
Afortunadamente hoy se presenta en su 3º temporada, esta vez en el Mori que está en Parque Arauco y tiene como gracia el hecho de que ha cambiado su elenco. Rothko, anteriormente representado por Lucho Gnecco, ahora estará en manos de Willy Semler (acá hay que destacar la producción ya que cambiar un grande por un grande es tarea compleja) y el papel de Ken, que estuvo en manos de Martín Bacigaluppo, ahora será representado por Mario Horton. El mismo de los 80 (en el papel de Gabriel Díaz), de Secretos en el Jardín (Javier Montes) y de Las Vegas (Vicho Acuña).
Tengo que reconocer el prejuicio y es que uno escribe a partir de la experiencia personal y entonces no se puede ser del todo objetivo. Me temía una desilusión ya que para mí, Mario Horton era sinónimo del “mino rico de la tele”, estereotipo que me carga y me dolió el corazón pensar que una de mis obras favoritas se podía ver estropeada o farandulizada.
Cuando vi el nuevo elenco me dije ah no, hay que ver esto y tuve la enorme fortuna de poder asistir a uno de los ensayos. Ya con la escenografía montada y todo (y más encima pude fumar, sentada en mi butaca a la antigua. Todo un lujo). Y pasó que, lejos de la decepción, descubrí una obra nueva. Los ciclos de los personajes son distintos; el empoderamiento de Ken en la obra brilla de manera diferente. La ira y el desprecio de Rothko se vuelve un tormento más intro, más sórdido y entonces los personajes se vuelven distintos y las reflexiones toman otro color. No puedo decir que estas interpretaciones son mejores que las anteriores, pero si que hay que verlas porque aportan, cada una, desde estructuras diferentes. La proxémica de la obra es nueva, el espacio íntimo que se genera en el escenario también cambia aunque el libreto es el mismo y también el espacio. Me encantó por segunda vez.
Comentario de Teatro - COMENTARIOS - Entrevistas - Mario Horton - Rodrigo Sepúlveda - ROJO - Teatro - Teatro chileno - Teatro Mori Vitacura - Willy Semler
Qué se puede decir. Me flipé, lo asumo. Hace tiempo que no veía un libreto que me cautivara de esa forma. La rapidez y la fluidez de la exposición de las ideas, la riqueza del texto y la interpretación de Gnecco fueron una revelación para mí, que me encuentro tan desilusionada del teatro chileno. Me encantó el flujo del diálogo, la intervención de la iluminación como si fuera un personaje más de la obra, la música, pero por sobre todo, el hecho de que se abría como un espacio para reflexionar en torno al arte y a la labor del artista.
Estoy en las butacas del Mori Bellavista, esperando a que comience “ROJO”.
La experiencia en si misma es bien rara, ya que se huele el ambiente periodístico (es una breve muestra de lo que será la obra, previa al lanzamiento para que le demos guaraca en los medios y llegue la gente). Y es raro ese ambiente. Es como si las cámaras fueran las prolongaciones de la tula de los medios. Canal 13 lleva, por mucho la delantera. Le sigue CNN, por ahí también está La Tercera, y los últimos que quedamos somos Bío-Bío, nada más con un micrófono, y esta humilde servidora que a penas y partí con mi libretita y un lápiz bic de a docientos. Lo primero que pensé fue “chanfles” qué gueá estoy haciendo acá, con la pitucada más sheak de Santiago y es que, siendo honesta, la propuesta de la obra me pareció mega interesante, pero en verdad creí que no se iba a justificar el esfuerzo. Pero como dice el viejo y conocido refrán, “a caballo regalado no se le miran los dientes” y entonces decidí quedarme. Para hacer más light el tiempo, traté de meter una infructuosa conversa con mis “colegas” jajaaja crasso error. Afortunadamente llegó la Vero, que es la productora y ya me sentí un poco más a salvo.
Llegó la hora de entrar y la escenografía me encantó. En realidad porque me sentí mucho más parte de ese caos que representaba el estudio de un pintor, en este caso Mark Rothko, lleno de tarros de pintura, lápices y lienzos.
Demás está decir que mi kinésis en espacios en el que uno debiera, para ser más cool, desenvolverse de manera natural, es un rotundo fracaso. Casi me caí entrando a las butacas, me atoré con el café, me pegué y se me cayeron los papeles de mi libreta, dejando absolutamente en claro que ese lugar me resultaba ajeno. Pero insisto en que la escenografía me hizo sentir segura y amortiguó mis ganas de salir corriendo.
Finalmente bajaron las luces y comenzó el primer avance del acto I.
Lo único que lamenté, fueron los flashes y los clicks de las cámaras, que te sacaban del clima de la obra. Y claro, el gusto a poco de ver a penas 4 minutos de cada acto. Eso sumado a las caras de “puta la weá, me tengo que ir” de los colegas que, al finalizar el avance, hicieron turnos apurados para sacarles las cuñas a Gnecco, Bacigalupo (que las oficia de Ken, el discípulo de Rothko) y al director Rodrigo Sepúlveda, que es un amor.
Lo maravilloso de la experiencia, es que pude hacerle 4 preguntas que no fueron las clásicas ¿de qué se trata la obra? Y ¿por qué el público tiene que ver ROJO?
Considerando que ya eres un actor consagrado y que llevas más de 30 años haciendo teatro. ¿Qué tan de acuerdo estás con Rothko, tu personaje en esta obra, respecto de lo que significa ser artista?
Estoy enteramente de acuerdo, porque soy como una especie de eterno “repetidor” de las cosas y siento que no podría hacer otra cosa más que lo que hago. O sea, claramente sí, pero dudo que podría hacerlo bien, de modo que sí. A ver, sabemos que ser actor en Chile es una quijotada imbécil y que el teatro se hace en condiciones bastante precarias, por decirlo de alguna manera, y eso que ha cambiado bastante, pero sigue siendo precario. Recién en el cine recién está apareciendo una industria, pero las condiciones para los actores no son totalmente buenas, en fin. Ser actor en Chile no es un buen negocio. Pero por algo estamos acá y seguimos una y otra vez haciéndolo. Y esto es igual para los demás ejecutores de cualquier disciplina artística y bueno, no te digo que eso me haya hecho entender el personaje, sino que eso ya está y son dos cosas que se hermanan. En estos textos que dice el señor Rothko, finalmente estás hablando tú como actor y contigo. Pero ahora, ojo, cuando uno dice “ser o no ser, ese es el dilema” no es que estés planteando tu forma de ver la vida, sino que hay una energía que le prestas al personaje, pero no significa que a su vez estás hablando de tu conflicto oculto. Y en este sentido, te puedo decir que hay una energía compartida.
Estoy enteramente de acuerdo, porque soy como una especie de eterno “repetidor” de las cosas y siento que no podría hacer otra cosa más que lo que hago. O sea, claramente sí, pero dudo que podría hacerlo bien, de modo que sí. A ver, sabemos que ser actor en Chile es una quijotada imbécil y que el teatro se hace en condiciones bastante precarias, por decirlo de alguna manera, y eso que ha cambiado bastante, pero sigue siendo precario. Recién en el cine recién está apareciendo una industria, pero las condiciones para los actores no son totalmente buenas, en fin. Ser actor en Chile no es un buen negocio. Pero por algo estamos acá y seguimos una y otra vez haciéndolo. Y esto es igual para los demás ejecutores de cualquier disciplina artística y bueno, no te digo que eso me haya hecho entender el personaje, sino que eso ya está y son dos cosas que se hermanan. En estos textos que dice el señor Rothko, finalmente estás hablando tú como actor y contigo. Pero ahora, ojo, cuando uno dice “ser o no ser, ese es el dilema” no es que estés planteando tu forma de ver la vida, sino que hay una energía que le prestas al personaje, pero no significa que a su vez estás hablando de tu conflicto oculto. Y en este sentido, te puedo decir que hay una energía compartida.
En relación al teatro y el espectáculo televisivo; la permanencia, versus la inmediatez y esto, obviamente en concordancia con lo que se plantea en la obra: Qué responsabilidad crees que tiene el público, respecto de lo que consume como bienes o “productos” culturales. ¿Cuál es tu visión política al respecto?
Creo que el público consume lo que le dan. Creo que la sociedad de consumo tiene una base que es muy cierta y es que existe el consumidor. No lo demonizo para nada, porque creo que el ser humano es, entre otras cosas, consumidor y creo que hay una responsabilidad de la sociedad en otro sentido, que es educar a la gente y no únicamente como consumidores, sino educarlas como personas y a partir de ahí, pueden ser mejores o peores consumidores de algo, ya sea de mercado, de pornografía, de bienes de consumo, de arte, de lo que sea, siendo responsabilidad de cada persona, me entiendes, y si creo que hay una responsabilidad de la sociedad en educar. Insisto con eso. Y si de ahí resulta un consumidor de algo, bueno, eso ya es otra cosa. Ahora, creo que en nuestro país fallamos en eso, en esa educación. En que no hay una tradición de consumir teatro, no hay una tradición de leer, de ver buenas películas y, por ejemplo, en este caso el teatro, ni siquiera nos da para comer algo decente, versus que pides una pizza en la casa y ves una película y eso es una responsabilidad social y de las personas que han manejado esta sociedad en estos últimos cincuenta o sesenta años, para no cargarnos a los últimos cuarenta.
Tomando en consideración que toda manifestación artística tiene una búsqueda detrás y que esto queda planteado en la obra con dos conceptos muy potentes que son el negro y particularmente el rojo ¿Cuál podrías señalar que es tu concepto?
Bueno, mi concepto tiene que partir con algo que es como la búsqueda de la verdad. Así como Rothko buscaba el rojo, para mi es la búsqueda de la verdad. Ahora esa verdad no tiene que ver con toda una teorización seria y sesuda, sino con cosas tan sencillas como estar tranquilo, como estar contento, como estar en tu casa o haciendo una obra sencillita, o con estar contento como persona al final del día diciendo: A ver, tengo cincuenta años y creo haber hecho algo en la vida ¿me entiendes? No es una búsqueda teórica de la verdad sino que tiene que ver con pararse arriba de un escenario, frente a un público o una cámara, livianito de equipaje y transformarse en un vehículo o en un buen vehículo de cosas anteriores a ti, de un texto anterior a ti y de cosas que acopian ese viaje que es una dirección, que son elementos de otras disciplinas, que es un vestuario, una iluminación, un montón de cosas en donde tú tienes que ser un buen vehículo. A mí me parece sospechoso, no sé de cuándo, pero cuando comienza a ser más visible la vida de un actor, que lo que éste hace, que la obra misma ¿A quién le importa? ¿A quién le importa si estoy casado o no casado? Lo que no da lo mismo es lo que pasa atrás tuyo. Eso es para mí, un poco hermanable con la búsqueda del Rojo. Esa fluidez. Ese tránsito libre.
Pareciera ser que cualquier obra de arte es un parto con dolor. Un libro, una pintura, una pieza musical y en este caso una obra de teatro. Qué podrías decir que es lo que más te dolió o te sigue doliendo dentro de lo que ha significado realizar esta obra.
No me duele nada mucho la verdad. Me carga cuando la gente habla de los dolores de los procesos. Yo arranco del dolor en realidad. Soy un hedonista, absolutamente. Pero bueno, yo creo que básicamente las cosas físicas. Ensuciarte, cambiarte el vestuario, tratar de no cansarte, de que no se te agote la voz, de que la sala esté llena, de estar bien y junto a tu compañero. Pero si te fijas, son todas cosas concretas, cosas del momento y que tienen que ver, por decirlo de alguna manera, con la artesanía del proyecto. No existe el vínculo directo con el dolor del personaje y si alguien quiere leer eso, pues en mí no lo va a encontrar. Yo presto este cuerpo, esta carita, esta voz, pero nada más.
Me fui feliz luego de la entrevista, y más encima, felicitada por Gnecco por las buenas preguntas, cosa que no me quitó la sonrisa de la cara hasta que llegué a la oficina. Pero algo me penaba de todo esto y era la duda de lo que pasaba entre medio, me faltó más de la actuación de Bacigalupo, quería el remate. Pero como recién estoy en estas lides del espectáculo y no sé muy bien respecto del teje y maneje, pues le dije a la Vero, de la productora (besos para ella) si es que me invitaba al estreno. La respuesta evidentemente fue que yes.
El jueves me emperifollé y partí a ver la obra. Supuse que sería un magno evento, lleno de gente linda y como yo soy un gesto político en mi misma, me calcé mi ropa de feria, mis aros de báltica y partí. Efectivamente no me equivoqué y había muchos actores famosos como Tomás Vidiella, Jaime Vadell, Javiera Contador, Antonia Zegers y el maravilloso Néstor Cantillana, que lo encuentro sequísimo. Yo sola, en la espera, parecía un punto negro en la cara de una modelo jajajajjaa una infiltrada y estaba maravillada de ver esta familia de actores y pasando piola. Al final, nos hicieron pasar para sentarnos en las butacas. Mi asiento era el D-2 y me dijeron “cuarta fila, segundo asiento”. Para sorpresa mía, en la cuarta fila, en el primer asiento estaba NESTOR CANTILLANA!!! Que fue portada del ciudadano y lo veo cotidianamente en los diarios que están en la oficina. Nervios.
Al final cruzamos un par de palabras. Fue inmensamente amable y yo traté de no parecer inmensamente fan, pero no sé si lo conseguí y mientras me preguntaba sobre eso comenzó la obra.
Para resumir, puedo decir que es fantástica. Los aplausos me llegaron a acalambrar los brazos (chucha que cansa aplaudir wn!!) y es que valía eso y más. Todo lo que dije arriba es cierto, pero además, la actuación de Bacigalupo es tremenda y un aporte vinculado al equilibrio entre la fuerza Rothko y la inocencia Ken. La conclusión de la obra es armónica y te deja 100% satisfecho.
Para qué decir el cóctel jajajajaja, en donde terminé bebiendo energética con Ron, descubrimiento que hice gracias a mi cumpa Benjamín, que fue mi anfitrión durante el after.
Esta obra dura una hora y media de diálogo, de actuaciones de lujo y es un espacio de reflexión que uno debiera permitirse. Lo único que puedo decir a este respecto es que es una inversión de la cual no se van a arrepentir, porque es un capital cultural que uno adquiere de manera amable y con una producción maravillosa (Y con esto, no tengo para qué mentirles, yo no tenía idea de quién era Mark Rothko hasta que vi al obra jjjjjj). Entonces queda recomendadísima. Y como dirían los siúticos gringos: Dos pulgares para arriba.
Ficha Técnica
• Nombre de la Obra: Rojo
• Autor: John Logan.
• Director: Rodrigo Sepúlveda
• Compañía: The Cow Company
• Elenco: Luis Gnecco y Martín Bacigalupo.
• Sala: Teatro Mori Bellavista
• Dirección: Constitución 183, Providencia
• Funciones: desde 10 de Octubre al 22 de Diciembre 2013
• Días y horarios: Jueves, Viernes y Sábado 20.30 hrs
• Precios: entrada General: $10.000 Estudiantes y Tercera Edad $5.000.
• Teléfonos y Reservas: 2777 50 46 – 2777 98 49
• Venta de Entradas: Sistema PuntoTicket
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