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Por Angela Barraza Risso
León Gieco ya es parte de nuestra cultura, de nuestro imaginario popular y no necesita mayores presentaciones. Estuvo recientemente en Centro Arte Alameda presentando su peli-documental Mundo Alas y celebrando su cumpleaños. Obviamente, por su música comprometida y por su elocuencia, no nos podíamos perder la oportunidad de entrevistarlo. Hablamos, obviamente de música, pero también de contingencia político social de Argentina y Chile, de la experiencia de las empresas recuperadas, de derechos humanos y de otras vainas, aprovechando su elocuencia maravillosa, de ese cantante que no se calla y que es capaz de manifestar lo que piensa y lo que cree, en cualquier escenario.
Siendo muy niño tuviste que trabajar. Compraste tu primera guitarra y la pagaste con tu trabajo. Vienes de una familia de campo y ya, como artista consagrado, eres un representante de la “música comprometida”, estando al frente de muchas causas y de muchas luchas. Esa vinculación con la lucha social es producto de la conciencia de clases o es producto del devenir cotidiano en tu carrera musical. ¿Fue una decisión consiente?
¿Qué sería la conciencia de clases? Primero que todo, yo soy un artista. Después me manifiesto de una determinada manera. Pero lo primero en mí es el artista. Cuando yo empecé a cantar en el colegio, a los 7 años, a mí me gustaba el escenario. Me gustaba que me aplaudieran y busqué siempre eso. Y tuve una actividad musical muy grande en mi pueblo, desde los 7 años, hasta los 18, edad a la que me fui de mi pueblo. Yo era solista y cantaba canciones folclóricas y ya me daba cuenta de cuáles eran de protesta y cuáles no. Por ahí cantaba: paisajes de Catamarca (canta) y por ahí ya me daba cuenta de que eso era una canción paisajista. Sin embargo, cuando cantaba una canción de Atahualpa Yupanqui, y él decía: El rico toma en su casa y el rico en el mostrador, yo ya me daba cuenta de que había una diferenciación y de que ahí había alguien protestando por algo. Después armé un grupo de música folclórica y también canté canciones de Los Chalchaleros, o de Los Fronterizos, que era un formato de tres guitarras y bombo en donde fue el boom del folclore. Pero cuando yo leía la revista “Folclore” que es una revista muy interesante, en aquella época en la que yo tenía 10 años, me llamaban la atención los artículos que hablaban de algo concreto. Mi forma de pensar las cosas era como de quererme comprometer. Por ejemplo, una vez, cuando yo tenía 9 o 10 años, leí un artículo en donde decían que había una chilena que se llamaba Violeta Parra, que estaba preocupada porque se estaban perdiendo las músicas campesinas. Y yo dije “que buena persona esta”, porque  yo conocía mucho de música campesina, porque yo tenía a mis abuelos que eran italianos y que cantaban todos los domingos y era divino como cantaban, entonces yo decía: “que bueno tener un registro de eso”, y en esa época no estaba la posibilidad de tener un grabador para guardar el registro. Entonces, cuando yo leí de que una tal Violeta Parra estaba comprometida con la música campesina y porque ese patrimonio no se perdiera, ese artículo me interesaba mucho más que otro que hablaba de un grupo que estaba triunfando en cualquier parte, en donde estaban muy buenos los asados. Lo que quiero decir, es que algo hay en mí que hizo que me fuera para ese lado. Después armé el grupo de rock a los 12 años, y no cantábamos estupideces. Lo más comercial que cantábamos era Creedence Clearwater Revival que era un grupo que vendía. También cantábamos The BeatlesRolling  StonesJimmy Hendrix;  y después, cuando teníamos como 15 años, comenzamos a cantar canciones del Rock Nacional. Por ahí cuando teníamos 15 años apareció “La Balsa”, con Los Gatos, que fue un tema que vendió muchísimos discos. Yo me acuerdo que en esa época -con mi grupo- cantábamos ese tipo de canciones.
Pero qué pasó después: yo me fui a Buenos Aires y llegué en un momento X. Llegué en una Dictadura Militar en la que todo el mundo estaba pidiendo la vuelta de Perón. Entonces yo vi que todos mis amigos que tenía en la ciudad se politizaban y se iban a los Partidos Políticos. Alguno se iba al PI, otros se iban a laJP, otros se iban al Partido Comunista y yo decía que no; que mi tema era ser artista y lo que hice fue politizar mi música.
Cuando yo llegué a Buenos Aires todavía no componía. Comencé a componer allá. Ese shock eléctrico que me dio a mí al llegar a Buenos Aires, luego de llegar de la soledad del campo, me permitió destapar una cacerola, una olla que estaba llena de canciones. Y justo en ese momento, los chicos se politizaban y en ese momento yo veía lo que estaba sucediendo y lo que hacía la Dictadura Militar. En un momento determinado, la dictadura decidió reprimir una manifestación en la ciudad de Mendoza, que se llamó “El Mendozaso” en donde mataron a 8 mendocinos  y reprimieron brutalmente a una marcha de maestros. Entonces yo ahí compuse mi primera canción que se llamó “Hombres de Hierro”. Entonces comencé a ser considerado como un cantante comprometido. Por eso te digo que yo no decidí ser quien soy. Vos vas creciendo y te vas impregnando de ciertas cosas en un lugar determinado.
Si yo no hubiese hecho la vida que hice, y me hubiese ido a Miami, estaría haciendo canciones de Arjona. Porque en Miami estaría tomando el sol, tendría mucha guita, sería millonario y no estaría hablando con vos (risas) ni estaría acá viajando, para mostrar una película. Ganaría, a lo mejor, millones de dólares para quedarme acá en el Crown Plaza.
No es fácil esa determinación. Es una combinación de cosas. Como cuando decidís escribir una canción. O sea, cuesta mucho. No es fácil componer una primera canción. Siempre te tienen que pasar cosas.
Por ejemplo, hace poco estaba viendo  la historia de un pibe que es bien famoso, que se llama Axel. Y siempre hace canciones comerciales y le va muy bien en Latinoamérica.  Es un buen Pibe; tocó conmigo una vez. Pero yo no le prestaba mucha atención a su música. Y hace un tiempo hicieron un reportaje de él, en donde mostraban que fue muy golpeado por el padre y que, para él, el refugio era ir al teclado y fíjate que ahora, es un tipo que recorre toda América y es famoso. Lo que te iba a decir es que siempre te pasa algo para que vos vayas por un camino determinado.
De qué manera, los referentes de la música latinoamericana, por ejemplo, Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa, Chico Buarque, Víctor Jara; has visto que se proyectan en las nuevas generaciones.
Bueno, yo tengo mucha influencia de Víctor Jara, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, la Mercedes. Son todos como gente que empezó antes que yo. Y al empezar a hacer canciones comprometidas, por supuesto que vas un rubro determinado. Yo ya tenía los discos de Víctor Jara; tenía los de Violeta Parra, tenía los de Atahualpa Yupanqui. Tenía también, por ejemplo, a Silvio Rodríguez.
La música cubana, como en el caso de Silvio o de Pablo Milanés, teníamos que llevarlos en un sobre de Pink Floyd, porque si te enganchaban un disco de música cubana, eras un subversivo, todo mal. Como cuando los militares entraban a tu casa y veían un libro del Che Guevara. Gracias a Dios, con todos pude compartir las canciones, los escenarios y los discos. Con Mercedes hemos hecho grandes giras. Con Silvio Rodríguez hemos grabado y ahora vamos a hacer una gira por Cuba; con Pablo Milanés he cantado “Canción para Carito”; con Serrat he cantado también, con Chico Buarque yo le cantaba una canción y  él ha cantado conmigo en el Estadio de Boca y bueno, con Víctor Jara no he cantado, porque lo asesinaron los genocidas.
Y bueno, respecto de lo que es la música protesta, tenemos el Hip-Hop que tiene variantes que son comprometidas y otras que no. Depende de lo que vos querás decir. El Hip-Hop es una forma de decir las cosas. Es como el Rap. Si vos escuchás un rapeado de Calle 13 es muy diferente a escuchar a Daddy Yankee. La música en términos generales, es una forma de representar lo que vos querés decir. Si vos querés ser nadie; o si vos querés hacer una música comercial que no diga nada, o si querés cantar baladas de amor o dedicarte a hacer música de protesta, cualquier música, está bien. Pero, aparte del Hip-Hop, hay, por ejemplo, ac´en Chile, todavía se sigue manteniendo el formato del cantautor. La palabra cantautor es una terminología que se borró de la Argentina. Nunca más existió esa palabra. Y a mí me parece acertada esa palabra porque significa que tú cantas tus propias canciones. Las canciones que vos componés. Y tanto en México como en España, también se les llama cantautor. Y acá en Chile, hay un colectivo de artistas under, que se están presentando en lugares chiquititos. Eso es la continuación de Silvio Rodríguez y de Pablo Milanés. Ese es un ejemplo de los más conocidos, pero también están los Quilapayún, los Inti-Illimani, también están los Illapu, Isabel Parra. Y no sé, tendría que vivir un poco más, acá, para ver cómo va el tema del Rock acá. Quizás se me da la oportunidad de hacer gira por acá por Chile, para estar más al tanto de lo que pasa. Mucho más voy al Uruguay y por eso que conozco mucho más de la música de ese país. Pero me gustaría pasar más rato acá y entrar en contacto con los grupos de Rock y ver en qué andan.
En tu trabajo de Ushuaia a la Quiaca, hiciste múltiples viajes por Argentina y realizaste un levantamiento patrimonial musical muy importante ¿Cuál es, a tu juicio, el mayor valor de ese trabajo?
Bueno, ese trabajo está inspirado, justamente, en las recopilaciones de la Violeta Parra.
Cuando vos lees algo y te queda,  después es como que se te presentan ciertas oportunidades, aunque también las vas buscando. Por ejemplo, un día me encuentro de casualidad con Leda Valladares, que es nuestra recopiladora –Ella recopiló muchas músicas indígenas, muchas músicas del norte de Argentina- y la veo y me comienza a hablar de la Violeta Parra y de Bob Dylan. Y ahí yo dije “esta es la verdad”. O sea, una persona que es una recopiladora como Leda Valladares, que tenía un dúo con María Elena Walsh, que se llamaba “Leda y María” y que me hable de Bob Dylan y de la Violeta Parra entonces yo me dije: “esta es la conjunción perfecta; es cultura pura”. Al final terminé haciendo en el año 84 y 85, una recopilación de músicas étnicas que se llamó de Ushuaia a la Quiaca. Y lo más importante de todo, es el mismo trabajo. Pero también te podría decir que es el ir en la búsqueda de nuestros maestros. Porque no llamamos a los maestros a ir a tocar a Buenos Aires, sino que fuimos nosotros a donde ellos viven. Son gente que se quedó ahí, en su lugar. No les interesó ir a vivir a Buenos Aires. Cuchi Leguizamón, por ejemplo, era un genio musical, creador de Maturana, de unas sambas increíbles y se quedó siempre a vivir en Salta. Sixto Palavecino era un indio quichua que era maravilloso y se quedó siempre a vivir en Santiago del Estero ¿viste? No hicieron lo que hizo Atahualpa Yupanqui que, lo que pasa es que lo prohibieron, lo censuraron y se tuvo que ir, entonces, el exilio, que tiene mucho de negativo porque alguien te echa de tu propio país, como le pasó a los Inti Illimani o a Los Jaivas, que tuvieron que salir huyendo del asesino de Pinochet, pero cuando a vos te echan del país, si bien te quedas sin tu país, te comienzas a hacer conocido por todo el mundo, como le ocurrió a Mercedes Sosa. Pero esta gente, que nosotros fuimos a rescatar, fue gente que se quedó en su lugar. Nosotros fuimos lugar por lugar a rescatarlos, a grabarlos, a filmarlos y tenemos en este momento cuatro discos editados y cuarenta horas de video, que es un material que está en casi todos los colegios de Argentina, y los chicos aprenden folclor con eso. Editamos un libro también, con fotos y al final le pusimos unas 20 hojas más de otro color y hablamos con un musicólogo para que nos aporte, además, todos los instrumentos musicales creados en Argentina y de qué lugares y de qué zonas son. También le pusimos todas las corrientes indigenistas que hay y qué tipo de música tocan todos ellos.
Cómo evalúas tú la nacionalización de algunas empresas clave, llevadas adelante por Cristina Fernández
A mí me parece bien. Nosotros siempre peleamos por ese tipo de cosas. Esa es la lucha que teníamos nosotros desde el 70, que es la nacionalización de las empresas. Pero fuimos reprimidos. Llegó la dictadura militar que no solamente asesina, sino que es ideológicamente liberal, hijos, pichis, de Estados Unidos. Ellos fueron los que pidieron los primeros préstamos. Argentina no le debía un peso a nadie y ellos fueron los primeros que pidieron préstamos.
Después de ellos viene un gobierno radical y luego de ellos viene un gobierno que era completamente neoliberal que era el gobierno Menemista, que también ahí pidieron una cantidad de préstamos increíbles y vendieron todas las empresas. Yo no estoy de  acuerdo con ese gobierno neoliberal. Yo estoy más de acuerdo con un gobierno más nacional en donde  exporte y tenga sus fábricas y estas funcionen, que es lo que está pasando en Argentina en este momento.
Por eso, tenemos muchos problemas con la oposición,  porque la oposición, lo que quiere es un gobierno neoliberal. Ellos lo que quieren es que el presidente sea un trabajo menor. Como en todos lados. Pero nosotros, en este momento de Sudamérica, estamos viviendo una situación donde los presidentes no son trabajos menores, sino que son votados por todo el pueblo, como pasó acá con la Bachelet, como pasó con mi presidenta, como pasó con Pepe Mujica, como pasa con Evo Morales, con Correa o con Dilma. Son presidentes que enfrentaron a las corporaciones o que tratan de enfrentarlas lo que más pueden. Y ponerle un stop a todas las cosas: “acá vamos a pagar, todos, impuestos”; “vamos a descubrir algunos casos de corrupción”.
Pero son unos gobiernos pasajeros también, porque todos los países son diferentes. En el caso de nosotros, nos peleamos mucho. Los argentinos somos muy peleadores. Nos peleamos entre nosotros y con todos. Y también fue, de todos los países de Sudamérica, en el momento del neoliberalismo –que fueron 10 años- en la década del 90 fue el momento en el que entró toda la malaria y fue el momento en el que al  final se hizo el mega-canje, que son, al final, los fondos buitres, que es lo que está peleando mi presidenta, con estos atorrantes, que son los de los fondos buitres y que también, son los que se aprovechan de los pobres y de los países. En cambio, un país como Chile, tiene otras características. Acá, sale un gobierno de la derecha y el país no se mueve y sigue funcionando.
¿Qué opinas sobre el tema de complementación minera Chile-Argentina, que firmaron en su momento Menem y Frei?
Bueno, eso también es neoliberalismo puro y es un aprovechamiento de las empresas australianas y de las empresas canadienses que dejan nada. Yo no estoy de acuerdo con eso, ni con la explotación de las minas.
A mí me parece que es mucho más valiosa el agua que el oro. El oro es un lujo y el agua es una necesidad. Y para colmo, el oro está en los lugares en los que menos agua hay, entonces yo soy completamente anti-minas.
Hace algún tiempo, en la ciudad de San Juan, en Argentina, alzaste la voz en contra de Barrick Gold. Ese gesto si bien, te valió algunas críticas, también te valió un agradecimiento enorme de quienes no tienen escenario, ni el poder para protestar de manera visible ¿Cuál es la importancia de utilizar las tribunas?
Yo digo lo que pienso. Y lamento ser más popular que el resto de la gente. Si yo lo digo, tiene más repercusión porque soy un poco más conocido, nada más. Eso es lo mismo que pasa con todas las cosas.
Pero yo soy una persona medianamente popular. Una persona que tiene la voz y que podemos ser la voz de los que no tienen los otros. Somos la voz del pueblo cuando cantamos.
Allí, cuando hay que tomar una postura respecto de un tema determinado, ahí yo tomo mi postura y me he peleado con un montón y es más, me han echado del país por cuatro años, por pensar diferente. Pero menos mal que no me mataron, como lo hicieron con Víctor Jara.
En Chile tenemos un problema grave respecto de los Derechos Humanos, porque las víctimas de la dictadura aún no tienen justicia y en nuestro poder político aún tenemos gente enquistada que participó directamente en la dictadura. Los pocos torturadores que han sido enjuiciados y que fueron presos, lo están en cárceles de lujo, etc. ¿Qué señal estamos dando como país? ¿Es buena la política del olvido?
Yo pondría esto a plebiscito. Que opine la gente sobre lo que quiere, como pasó en Uruguay. No sé. Por decirte algo.
Si vos me decís: por qué  Argentina sacó el as de la manga y enjuició a mil cien genocidas, que los tenemos presos y en cárceles comunes, pues yo no sé. Se necesita una voluntad política, como la que tenía Néstor Kirshner. Esa es la clave.
Néstor Kirchner fue y bajó los cuadros de los militares en todos los lugares y fue un antes y un después a partir de ese hito. Bajó los cuadros y comenzó una política de Derechos Humanos como política de Estado. Bueno, no sé.
Yo me pongo contento de que haya pasado en mi país. Acá no pasó. Por supuesto que no soy chileno, como para opinar al respecto. Tampoco podemos decir que es un país al que le fue mal porque no hizo eso. Es una deuda quizás.
Uruguay también tiene esa deuda, al igual que Brasil.
Yo me puse contento en un momento porque estaban por traer al matador de Víctor Jara, al que le destrozó las manos y que estaba en Estados Unidos lo iban a traer para acá. Lo leí en un momento y me puso muy contento de que enjuicien a esa persona y a mí, como músico, me haría muy bien que esa persona quede en cadena perpetua.
Finalmente, qué te parece la experiencia de las empresas recuperadas por los trabajadores y cómo crees que podríamos acercar a las organizaciones  sociales chilenas a esa experiencia.
Cómo acercar a los chilenos a eso, no lo sé. Lo que sí sé y te puedo decir es que el gobierno nacional ayuda mucho a las empresas recuperadas.
Hay un libro con alrededor de 400 empresas recuperadas, en donde el gobierno las toma como pymes y las apoya económicamente. Y el gobierno las apoya muchísimo.
Por ejemplo, en mi pueblo, hay una fábrica de jabón que es una empresa recuperada. Y yo me he recorrido muchas empresas recuperadas, toco para ellos, he tocado para el Bauen, que es un hotel recuperado y toco para el sur, allá, para los que hacen mosaicos y pisos también.
Toco en empresas recuperadas.
Pero no sé de qué forma Chile podría llegar a eso.
Pero la experiencia Argentina ha sido positiva. De todas formas, no te olvides que nosotros tuvimos un gobierno altamente neoliberal, que nos endeudó y que fundió a un montón de empresas, cosa que acá en Chile no pasó.
Yo me doy cuenta de que a Chile no lo mueves tan fácil. Viene un gobierno de la derecha y sigue siendo el mismo país. Y después viene un gobierno de la izquierda y no cambia nada. Sigue siendo lo mismo.
Allá no. Ahora está esperando la oposición copar para hacer otra cosa totalmente diferente. Allá teníamos unos trenes que los pusieron los ingleses. Los compró Perón, con la plata del pueblo. Después los fundió Ménem y ahora este gobierno los ha vuelto a poner. Mañana viene otro gobierno neoliberal y los privatiza de nuevo.


Angela Barraza RissoEl Ciudadano
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"Las Cenizas del Cóndor" es una obra del más alto valor literario y testimonial que han dado las letras sudamericanas en las décadas recientes.






Por Angela Barraza Risso
“Las Cenizas del Cóndor” es un libro que me cautivó por el nombre. Mi interés por los Derechos Humanos viene de siempre a pesar de haber nacido en los últimos coletazos de la dictadura. Y es que ya en la democracia aún persistía la frase “de religión y de política no se habla” y todo lo prohibido me resultaba magnético. Entonces comenzaron las indagaciones infantiles respecto de lo que pasó y la Operación Cóndor estaba en todos lados, al igual que La Caravana de la Muerte. Recuerdo además, que no entendía por qué a Patricio Aylwin le decían “Pluto”, porque buscaba huesos y entre medio algunas revistas que hablaban de Pisagua y de los degollados, generaron en mí una fabulación sobre una realidad que estaba oculta. Ya de más adolescente comencé a leer a Patricia Verdugo y cuanto libro sobre dictadura llegaba a mis manos (ese acceso se lo tengo que agradecer a mi madre) y de ahí en adelante se perpetuó la necesidad de saber. Por eso, cuando vi el título, me puse en alerta.
Planeta tuvo la gentileza de enviarme el libro -Agradecimientos a Isabel Machado por su impecable gestión siempre- y en realidad es un poco atemorizante por su tamaño. Sin embargo, cuando comencé con la lectura, lamenté profundamente que no fuera más grande aún ya que es un libro llano, cautivador y muy revelador respecto de las dimensiones y la envergadura de la sombra del cóndor en América Latina.
Maravillosa fue la sorpresa de saber que el autor venía a Chile en el marco de la FILSA. A Butazzoni no lo había leído nunca y luego de leer su libro, no me podía perder la oportunidad de entrevistarlo. Ahora ando a la cacería del resto de sus libros, no sólo por su literatura, sino también por el personaje que es él; con una historia de  vida que es demasiado intensa.
Les dejo la entrevista para que conozcan un poco más de un hombre que, exiliado de su país (Uruguay) se viene a Chile, en donde vivió los últimos meses de gobierno de Salvador Allende, que salió de Chile en la puerta de la dictadura, que viajó a Cuba, donde ganó el Casa de Las Américas con su primer libro, que fue amigo de Cortázar y de Guayasamín, que se unió al Frente Sandinista en Nicaragua y luchó en la batalla como oficial de artillería entre otras cosas que le han permitido ser un escritor tremendo.
Fernando Butazzoni_-5
Con 19 años llegaste a Chile y viviste el último año de gobierno de Salvador Allende. ¿Cómo viviste ese período y cuáles fueron las razones por las que tuviste que migrar a Cuba?
Yo viví acá, en un apartamento en la Calle Merced, a dos cuadras de acá. Yo llegué a un Chile que estaba muy convulsionado,  por arriba y por abajo. Estaban pasando por un momento de mucha agitación social. El Gobierno de Allende tenía que enfrentar un proceso muy complicado, con una oposición muy fuerte de los empresarios, de lo sectores más conservadores y además, una serie de divisiones internas dentro de la misma Unidad Popular. Entonces, eso se traducía en que en la calle había una gran efervescencia y había muchas manifestaciones. Era un clima muy convulso. Pero bueno, ese proyecto político era un proyecto que a mí, personalmente, me interesaba muchísimo, porque era un proyecto político de reformulación total de la sociedad a partir de una vía democrática, que no se había probado hasta ese momento. Y con muchos sectores que decían que eso era imposible y que eso iba a culminar de la peor manera. Y bueno, cuando la situación comenzó a empeorar y ya era evidente que el gobierno de Allende no tenía mucho futuro, me tuve que ir. Yo vivía aquí en condiciones bastante precarias. Había estado militando en Uruguay y no podía volver a mi país porque estaba requerido por el ejército, por lo tanto, me tomé un avión y me fui derechito a Cuba. ¿Te fuiste después del golpe? Me fui antes. En el mes de agosto. Me fui en uno de los últimos viajes que se pudieron hacer, entre comillas, tranquilamente.
A la edad de 25 años publicas tu primer libro (Los días de nuestra sangre) con el que obtuviste el Premio Casa de las Américas de cuentos ¿Cómo surgió esa primera publicación en Cuba y cuál fue el impacto en ti, de recibir tan tremendo premio con un primer libro?
En realidad este libro fue producto de la desesperación y de la desesperanza. Yo estaba viviendo en Cuba, totalmente aislado del mundo, porque bueno, en las condiciones en las que estábamos tampoco había mucha información de lo que estaba pasando afuera. Más encima, cargando con mi mochila de Uruguayo en un país del Caribe, que era como vivir en el Polo Norte, o sea, nada que ver. Pasé por un período muy depresivo y muy triste y producto de esa desesperanza nació la elaboración de esos primeros cuentos. Yo era un gran lector y había escrito desde la adolescencia, pero nunca me había planteado ser escritor. Jamás. Yo estaba estudiando microbiología cuando me gané el premio. No era mi vocación, pero era una cosa que pensé que podía ser útil, interesante. Y escribí esos cuentos, envuelto en esta especie de nube de melancolía, de tristeza y de recuerdos de lo que había pasado en Uruguay. Y bueno, tenía el libro escrito y se lo pasé a dos o tres amigos cubanos y todos me dijeron que el libro era bárbaro, que les gustaron los cuentos y uno me dijo que por qué no lo enviaba al premio Casa de las Américas. Yo en ese momento soy un joven completamente desconocido, completamente novato, pero al final me decidí y lo mande, como quien tira una botella al mar. Hubo una inconciencia de mi parte y no tenía ningún vínculo con la vida cultural cubana ni nada. Más encima vivía en una provincia; ni siquiera vivía en la Habana. Viví en Olguín. En una ciudad del oriente de Cuba de la cual yo siempre dije que estaba más cerca de Haití que de la Habana. Y bueno, lo mandé y me dijeron “ganaste el premio”.  Y eso, de alguna manera, me cambió la vida, porque me cambió la profesión. Yo, a partir de eso, dije “bueno, puedo ser escritor” que es lo que a mí me gusta. Yo creía que era lo que me gustaba, pero que en verdad no lo podía hacer. A partir de eso entonces, me dije que podía ser escritor y entonces seguí escribiendo. Y ahí conocí a gente. Conocí a Mario Benedetti, que en ese momento estaba trabajando en La Casa de las Américas, este, después de dos años yo, también terminé trabajando en la Casa de las Américas, que para mí fue una beca cultural muy importante, porque ahí conocí y me hice amigo de gente con la que tuve amistad durante muchos años como Julio Cortázar; el mismo Roberto Fernández Retamal y que fueron grandes amigos que hice porque trabajaba en la Casa de las Américas, que era, en ese momento, un centro cultural muy importante. También me hice amigo de Guayasamín, el pintor ecuatoriano, entonces fue una época realmente de formación. Fue como “La universidad de La Casa de las Américas”. De verdad que para mí fue muy importante. Y en realidad tuvo una importancia mucho más espiritual que material, porque el premio, lo que me permitió fue conocer gente porque en metálico era verdaderamente insignificante. Pero sí, me permitió convertirme en escritor, publicar un libro y que me conocieran.
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A fines de 1978 te enrolaste en las filas de la resistencia nicaragüense contra la dictadura de Anastasio Somoza y a comienzos de 1979 fuiste enviado al frente de batalla como oficial de artillería. Qué significó para ti vivir un proceso revolucionario que resultó triunfante, luego de ver experiencias como la de Chile y de ser un extranjero en esa patria que ayudaste a liberar.
Fue muy interesante, porque ahí había un mix, una mezcla. Porque el Frente Sandinista, se propone una guerra para derrocar a Somoza, pero se la proponía para instaurar un sistema democrático para Nicaragua, que no existía. Entonces yo, el orgullo que tengo, pese a que la guerra es la experiencia más devastadora que puede sufrir un ser humano, y sobrevivir y que te marca profundamente para el resto de tu vida, tengo el gran orgullo de que esa guerra terminó con una tiranía que era totalmente abyecta y medieval e instauró una sociedad democrática. El Frente Sandinista se comprometió a llamar a elecciones y lo hizo. Y las perdió. Y teniendo el poder lo entregó y para mí eso, más allá de lo que pasó después, de lo que es hoy Nicaragua y de la corrupción y de todo eso, yo lo tengo como una cosa que fue muy positiva como experiencia, de que no necesariamente una revolución tiene que terminar en un desastre. También se pueden rescatar cosas positivas. Y yo no me sentía demasiado extranjero, porque en realidad los nicaragüenses pedían ayuda a todo el que podía, entonces, este, yo fui ahí, porque ellos me pidieron que fuera y lo hice desinteresadamente y simplemente, tratando de ayudar.
¿Cómo llegaste a eso?
Porque yo tuve vínculos -porque coincidimos en un avión- con un joven que era Nicaragüense, que se llamaba Humberto Ortega y él era el hermano de Daniel Ortega. Él me invitó. Después, él terminó siendo Ministro de Defensa de Nicaragua. Y bueno, yo conocía obviamente de la situación en Nicaragua. Además era un gran lector de la poesía nicaragüense como de José Antonio Cuadra, Cardenal, tenía admiración por Rubén Darío y encontraba que era justa la causa. Y así fue como terminé enrolado. Es una historia muy larga en verdad, pero te la estoy resumiendo a las cosas fundamentales. Pero cada minuto en la guerra es una brutalidad.
¿Cómo es tu relación con la muerte, después de vivir estos procesos de dictaduras, guerras y revoluciones?
Y, es una relación rara. Más que con la muerte, tengo una relación con la vida. Y es rara, porque uno siempre como que está viviendo una propina, una extra. Te das cuenta de que pudiste haber muerto un montón de veces y que, por alguna razón, dios dijo que no: “a este no lo vamos a elegir” Y uno lo vive con la maravilla de todos los días. De ver el sol, el aire, los árboles, la familia, ver crecer la familia y ahora a mis nietas, entonces todo es como un fabuloso regalo que me lleva a preguntar si realmente me lo merezco.
1980, escribiste tu libro  “De la noche y la fiesta”, que es de poesía. ¿Por qué ese cambio de género, si habías incursionado tan exitosamente en la narrativa?
Y bueno, porque estaba en Nicaragua, en donde todo era poesía. Teníamos una revolución triunfante, la gente en las calles, etc. Pasamos muchísima hambre, por ejemplo, durante la guerra. No había comida. Entonces, después de que triunfó la revolución la gente, lo que nos daba era comida. Nos daban frijoles. Y nos sentábamos a comer con las familias en las casas. No sabíamos ni quienes eran; estábamos todos sucios, con los uniformes llenos de barro y oliendo a chivo, y ellos compartían lo poco que tenían con nosotros. Entonces era un momento de la vida muy poético, en donde todo era alegría y bueno, escribí poemas. Esa fue lo que me salió. No hubo ningún plan y la prueba está en que nunca más publiqué otro libro de poemas. Si escribí más poesía, pero nunca más los publiqué.
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¿Cómo fue que llegaste al periodismo?
Y también fue por el premio Casa de las Américas. En el año 78 me pidieron que hiciera unas corresponsalías para una revista para República Dominicana y, en  cuanto triunfó la revolución, me pidieron que hiciera crónicas sobre lo que estaba pasando en Nicaragua. Que para ese entonces era noticia mundial. Comenzaron a llegar canales de televisión del mundo. Y ahí comencé a escribir crónicas y me convertí en periodista y de ahí, nunca más dejé el periodismo. Es un vicio que lo tengo metido en la sangre. Y hago periodismo cada vez que puedo. Es más, en mi pasaporte dice “periodista” porque quiero tener la libertad de poder escribir en cada parte, sin que nadie venga a decirme nada. Partí escribiendo cuentos y terminé escribiendo notas periodísticas. Entonces decidí ponerle en mi pasaporte la palabra periodista porque, creo, que es básicamente, lo que soy.
En 1986 fuiste designado director de la revista “Gaceta Universitaria”, órgano de la Universidad de la República que había sido censurado y clausurado durante la dictadura militar de Bordaberry. ¿Qué significó para ti desempeñarte en ese cargo y en tu país, en una instancia nuevamente democrática?
Fue como una especie de “Diploma de aceptación social”. Yo vengo de una familia muy humilde, me fui de mi país cuando era muy joven, tenía 19 años. Y volví siendo un hombre ya, con 2 hijos, y a una sociedad que en realidad no conocía.
Y lo otro es que fue un gran orgullo, porque yo gané ese cargo de Director de la revista, por un concurso. Y el director anterior de la revista, al que destituyeron cuando llegó la dictadura, era Eduardo Galeano. Entonces yo fui el Director siguiente a Galeano. Estuve poco tiempo ahí, estuve un par de años nada más, pero fue muy honroso para mí, desempeñarme en el cargo.
En ese año se publicó en Montevideo tu segunda novela “El tigre y la nieve”, la cual obtuvo un importante éxito editorial. Este libro narra los periplos de una chica estudiante uruguaya detenida y “desaparecida” durante 16 meses en los campos de exterminio de Argentina, en 1976. El libro tiene un éxito mundial. A qué le achacas el éxito?
Yo creo que es básicamente, por mirar lo que pasó en nuestros países, desde una perspectiva diferente. El Tigre y la Nieve cuenta la historia de una relación afectiva entre una prisionera y su torturador. Pasa que nadie se había atrevido a hablar del tema. Yo conocía varios casos de mujeres que habían estado presas en el Uruguay y que habían tenido hijos de sus carceleros. Pero todo eso se sabía en sordina. Había como una especie de vergüenza para hablar de eso. Y yo me puse a investigar y conté esa historia, y creo que la gente sintió que esta historia les pertenecía ya que todos sabían que era verdadera, pero nadie se había atrevido a decirla en voz alta Y el libro, muy por el contrario de lo que yo creía, cayó muy bien, incluso dentro de esos ámbitos. Con ese libro me pasó una cosa muy extraña. Y es que, el protagonista masculino, que era un Capitán del ejército argentino. Cuando sale el libro, él me escribe una carta, diciéndome que él, en realidad – porque de alguna manera, en la novela yo planteaba que, en realidad él no estaba enamorado de la chica- diciéndome que él sí había estado realmente enamorado. Y este tipo después termina cayendo preso porque participa en uno de los intentos de golpe de estado que hubo en Argentina. Se llamaba Capitán Ernesto Barreiro.
Perdona, pero esto está basado en una historia real. Cuéntame, ¿Qué pasó al final con la mujer, con la chica que es la protagonista del libro?
Se murió. La verdad es que se suicidó. Yo conozco la historia a través de ella. Yo la conocí en Suecia, ella estaba exiliada en Suecia, había logrado escapar luego de estar casi dos años resa en este cuartel en La Perla, en Córdoba y fue a dar a Suecia Cuando me entero de la historia, la voy a ver y le pido que me contara. Yo no podía entender cómo ella había sobrevivido y ella, lo primero que me dijo fue: “Y quién te dijo que yo sobreviví”. Y ahí, yo entendí que había una historia, de cómo la sobrevida no es siempre lo que parece. Y bueno, ahí yo escribí el libro a partir de lo que me contó ella, de una investigación y de cosas que hice, conociendo lo que había pasado en Córdoba en ese año, que fue el 77. Ellos caen en el 76 y ella está presa hasta finales del 77. Y está como prisionera y mantiene ese vínculo como prisionera. Lo curioso es que él mantiene ese vínculo con ella como torturador.
Junto con el periodista Alfonso Lessa, realizaste el programa radial “En vivo y en directo”, en radio Sarandí. Esta experiencia, que fue de gran importancia en términos intelectuales ya que entrevistaste a pensadores de diversas partes del mundo (José Saramago, Leopoldo Zea, Arturo Pérez-Reverte, entre otros) y duró apenas 10 meses, pues la empresa dueña de la emisora terminó tu contrato y lo sacó del aire. ¿Qué pasó? Por qué terminó ese programa si tenía una calidad tan importante?
Bueno, pasó que el partido político, el Partido colorado, ganó las elecciones y tenía vínculos con la radio. Y consideró que no era bueno que siguiéramos con el programa, que en ese momento era el número uno de la radio. Y de la radiofonía uruguaya en términos generales. Era muy escuchado. Y nos despidieron en la Nochebuena. Eso yo lo cuento en esta novela, Las Cenizas del Cóndor, porque esta novela empieza en la radio en la que yo trabajaba. Estaba trabajando allí cuando me llama un chico para decir “yo tengo información sobre el paradero de los desaparecidos”. Y el Alfonso, que aparece en la novela es Alfonso Lessa, que era mi amigo además y nos tocó vivir esa experiencia juntos.
En el año 2002 empezaste a desarrollar, junto al escritor argentino Mempo Giardinelli, diferentes tareas de resistencia a la política de guerra de EE.UU. En 2003 crearon un Comité Internacional de Intelectuales Contra la Guerra, en el que participaron, entre otros, Juan Gelman, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Luis Sepúlveda y Antonio Cisneros. Cuál fue la motivación y la expectativa?
La motivación era tratar de aportar a limitar la política belicista que tenía USA en ese momento a través de Bush. Tratar de hacer algo, lo que  nosotros podíamos. Y lo que se nos ocurrió fue hacer un grupo de gente más o menos conocida, con cierta capacidad de predicamento, para decir “paremos esto”. No teníamos muchas expectativas, como finalmente sucedió. No pudimos hacer nada, pero, por lo menos, alzamos la voz. Y hubo muchísima gente que se plegó a esto, se hicieron diversas actividades; de dieron a conocer las premisas del comité, el cual era muy diverso, pero básicamente, era gente que estaba en contra de esa política guerrerista que terminó provocando esta especie de caos que hay en Oriente Medio actualmente, en donde cada remedio es peor que la anterior enfermedad. Ahora, el grupo ISIS es el resultado, también, de occidente. La famosa “Primavera Árabe” terminó en Isis y eso es una cosa que las grandes potencias de occidente deben reflexionar. ¿Cómo intervenir de manera inocua? Es imposible. Si tú intervienes, desatas fantasmas y demonios que después no sabes a dónde van a dar.
las cenizas del cóndor
Llegas nuevamente a Chile con “Las Cenizas del Cóndor” bajo el Brazo. Una novela reportaje que es reveladora respecto de la sombra que oscureció a América Latina. Cómo fue el proceso de escritura?
Fue un proceso larguísimo que duró diez años. Yo recibí la información de un jóven que tenía la sospecha de ser hijo de prisioneros políticos desaparecidos, porque era adoptado. Y fue adoptado por un capitán de los servicios de inteligencia del Uruguay. Y mi mérito consistió en tirar y tirar de la piola y sacar cosas que no eran las que él pensaba, porque no era hijo de prisioneros desaparecidos, pero la historia era mucho más reveladora de lo que yo me hubiera imaginado. Porque “Las Cenizas del Cóndor” plantea un problema que, hasta ahora, ha sido poco estudiado, que es que el año 74, fue un año bisagra en la guerra fría y que esa bisagra, curiosamente, pasaba por nuestros países. Sobre todo por Argentina, por Buenos Aires, que era un país, entre comillas democrático, y digo entre comillas, porque era un país en el que igual había escuadrones de la muerte y todo eso. Pero era un país en el que todos los servicios de inteligencia, todos los servicios operativos militares de Argentina, de Chile, de Bolivia, de Paraguay, de Uruguay, oficiales de la CIA, agentes de la KGB soviética, agentes de la RDA se encontraban presentes ahí. Yo tuve la suerte de encontrar un filón a partir de un señor que fue un alto director, que se llama Nikolái Leonov, que ahora debe tener como 90 años, pero vive todavía y goza de muy buena salud; bueno, él era un director del KGB y un gran especialista en América Latina, que publicó incluso sus memorias, y a partir de ahí, pude rescatar algunos itinerarios que son sorprendentes y que nadie se hubiera imaginado que pasaba eso en nuestros países en algún momento. Entonces creo que las Cenizas del Cóndor cuenta una historia individual, verdadera, de una mujer que lucha por conservar a su hijo, y para conservarlo tiene que pasar por situaciones muy difíciles y mentir sobre el origen de este hijo. Ella inscribe como adoptado a su hijo para preservarlo y para evitar de que sospecharan de ella y de ese hijo. Ella vive varios años aterrorizada de que le fueran a quitar al hijo. Pero yo descubrí que en esa historia pequeña e individual, de una mujer joven con su niño, se conectaba con muchas otras historias vinculadas con las historias de Argentina y de Chile. Al Chile de Pinochet, del Mamo Contreras, del Plan Cóndor y en la realidad, el plan cóndor fue una idea de Pinochet, muy anterior a su instalación oficial en el año 75. A fines del 73 y principio del 74, ya Pinochet y Contreras tenían claro de que querían operar fuera de sus fronteras y querían hacerlo con impunidad, entonces tenían que adquirir contactos que les permitieran funcionar así en todas partes del mundo. De esta forma fue como llegó un personaje que parece de ficción, pero que es real, que es un príncipe italiano. Junio Borghese llegó clandestinamente con uno de sus ayudantes a Santiago en el año 74. Aquí se encontró con Pinochet y con Contreras y ese año armaron una estructura clandestina que terminó matando gente en Europa, en Estados Unidos, en Argentina y en un montón de partes del mundo. Y eso es lo que cuenta un poco la novela.
Estuviste en Chile en tu juventud y en un proceso histórico que fue clave. Ahora que estás acá nuevamente cómo nos percibes como idiosincrasia? Hemos cambiado mucho?
Lo que pasa es que el mundo cambió. Cambió Santiago, cambió la gente y ya nada es igual. Yo he venido a Chile en varias ocasiones y uno ve la progresión de cómo va cambiando.
Yo viví un Chile que era muy solidario. Cuando llegué a Santiago, lo hice sin un centavo, sin ningún vínculo y a mí me ayudaron los chilenos. Me consiguieron un trabajo. Yo trabajaba en una fábrica de cerveza que había en Av. Independencia. También me prestaron un apartamento para que yo viviera, porque no tenía dinero; pero yo creo que la solidaridad se ha ido diluyendo, no sólo en Santiago, sino que en el mundo en general y hay que hacer un esfuerzo por rescatarla y tal vez, nosotros vivimos en una sociedad global, hiperconectada e hiperincomunicada. Uno ve extremos de chicos que están sentados en una mesa y que en vez de hablar se mandan un whatsapp. Y eso es terrible. Yo creo que, sin aspirar a volver a vivir a un  paraíso -que no existió- o de volver a un pasado en el que no había teléfonos celulares, ni internet ni nada de eso, pero sí creo que sería bueno replantearnos algunos aspectos de nuestra vida respecto de nuestras relaciones con nuestros semejantes. Qué vínculos tenemos, cuánto amor hay en nosotros y a dónde va a dar ese amor, porque a veces ese amor termina por ser recibido por una computadora. Hay muchas parejas jóvenes que en lugar de tener hijos, eligen tener un perro. Entonces, yo no me cuestiono el que una pareja no quiera tener hijos, pero lo que que sí me cuestiono es que esa pareja prefiera tener un perro y que los trate como lo mismo. Y eso no pasa solamente en Chile, pasa también en Uruguay, en Japón y en todas partes. Y creo que vamos hacia el borde de un precipicio y parece que estamos todos entusiasmados por dar un paso hacia adelante. Creo que debemos pensar más hacia a dónde vamos con la naturaleza, con los alimentos, con las relaciones humanas. Yo no soy muy optimista, esa es la verdad y creo que hay que hacer un esfuerzo individual por transmitir lo necesario de pensar en el futuro, no inmediato de la gente, sino de sus hijos y de sus nietos.
Angela Barraza RissoEl Ciudadano

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Entrevista: León Murillo, por Angela Barraza Risso


La primera vez que me percaté de la existencia de León Murillo fue a través de Youtube. Era un video de un breve monólogo que se mandó en el programa "Mentiras Verdaderas" de La Red y a pesar de que soy de risa difícil y de humor más bien negro, este tipo me encantó. Porque estaba hablando sobre endeudamiento y consumo en la idiosincrasia chilena. Y es que estoy hasta la tusa de las rutinas tipo "¿quién manda en la casa, el hombre o la mujer?" 

Creo que el humor da claros indicios de la inteligencia, la cultura, la educación y los prejuicios del ser humano y, para ser honesta, lamentablemente el humor chileno nos deja como el pico. Pero acá encontré una luz. Una esperanza de que existen personas que entienden que "sin censura" significa mucho más que decir pico, zorra o culo, sino que es una oportunidad tremenda para hablar de temas que están vetados todavía en Chile, ya sea por la sacralización (el tema de dios, por ejemplo) o por conveniencia (temas de política, (más allá de decir Pinochet Asesino o Che Guevara), cuestionamento del sistema neoliberal descarnado en el que estamos, como lo hace en el video; o hablar, por ejemplo, de los medios de comunicación y del manejo de la información).


Y al comenzar a investigar, me doy cuenta de que este hombre es mucho más que una cara bonita. León Murillo ha participado en series como Amores Urbanos (2003 Mega), Don Floro (2004 Mega), Escool (2005 Mega), Pecados Capitales (2007 Chv), Historias de Campo (2008 Chv), Infieles (2009 Chv), Hermanos y Detectives (2009 Chv), Héroes Prat (2009 C13), Cartas de Mujer (2010 Chv). Que yo no las haya visto es otro cuento. 

Además, ha participado en dirección y se ha hecho tremendamente conocido gracias al desarrollo del stand-up en Chile, montando varios espectáculos y dedicándose a la enseñanza del género. Demás está decir que trabaja, junto a Jorge (Argentino culiao) Alís en el Cachafaz. 

Cuando lo conocí, obviamente pensé en que me iba a cagar de risa durante la entrevista. 

Lejos de suceder eso, tuvimos una conversa encantadora en la que me sentí cada vez más cómplice conforme iba avanzando en sus afirmaciones y respuestas. 


León Murillo es un seco y la entrevista me dejó contentísima y entusiasmada con esta (no tan nueva) forma de hacer humor, que va agarrando fuerza en nuestro país, o al menos la visibilidad para cambiar el paradigma que nos dejó el Jápening con Ja, del "ríe solamente por reír" como si fuésemos una parvada de idiotas.  



La primera vez que tengo información o registro tuyo es del radioteatro “A Sangre Fría” de Radio Agricultura. Cuéntame cómo llegaste a producir eso.

Mira, yo soy actor, pero trabajo hace mucho tiempo en televisión como guionista. Y cada cierto tiempo paso por períodos de crisis vocacional en los cuales odio a la televisión y como son períodos de rompimiento amoroso con la fuente que me da las lukas, en ese período dejé la tele y tenía que pagar las cuentas. Entonces comencé a ver qué cosas podía hacer y lo lindo de ser autogestor es que uno le puede dedicar tiempo a lo que uno realmente quiere hacer. Entonces me puse a pensar: bueno, ¿qué mierda es lo que me apasiona en este momento de mi vida? Y yo siempre fui un enamorado del radioteatro. Del radio teatro clásico, como La tercera orejaLo que cuenta el viento Radio tanda, en su versión más humorística. Y bueno, en ese momento me llamaron de la Radio Agricultura para asesorar un programa que tenía en ese momento José Miguel Viñuela con María Luisa Godoy, que era un programa de medio día, misceláneo en donde necesitaban una pauta más bien humorística para darle contenido. Y en eso estaba, participé de un par de programas y la verdad es que no pasó mucho. Sin embargo, en sintonía con el proceso por el que estaba pasando, tuve la lucidez de darme cuenta de que Radio Agricultura era una de las fundadoras y el ícono del radioteatro chileno. Entonces hablé con el gerente y le planteé la idea de hacer un radioteatro y al tipo se le alumbraron los ojos y me dijo que sí. Entonces presenté el proyecto y se hizo en un formato que se llamó A Sangre Fría, El Radioteatro del Crimen. Era una recopilación de toda la crónica roja de este país. Fueron dos temporadas las que tuvo ese programa y en la segunda etapa me gané un FONDART y lo más lindo de eso es que cuando postulamos el proyecto, el ítem radioteatro no existía y a partir del momento en el que se gana el proyecto, se implementa el ítem que no se había considerado hasta ese momento. La primera temporada del programa se trató de un detective privado que resolvía en el presente, crímenes inspirados en otros crímenes del pasado; entonces ahí repasamos, por ejemplo, el crimen de Emile Dubois, El Chacal de Nahueltoro, Los Psicópatas de Viña y otros grandes crímenes de la crónica roja. Hicimos como 70 programas en donde los crímenes fueron repasados y resueltos por este detective privado que era el icono del detective del policial negro. Ahora, en la segunda etapa, por razones de timing, el programa pasó de durar una hora a ser una cápsula que duraba veinte minutos. Entonces yo no quería sostener una historia solamente en veinte minutos y gracias a la fortuna, puedo hacer las cosas que me gustan, decidí que quería reservarme a Tadeo Marchant que era el personaje que resolvía los enigmas y cambiamos la historia por una descripción de la crónica roja, onda un Mea Culpa, pero radial. Funcionó perfecto, pero ya no era el espíritu del primer año y como durante este segundo año no se pudo retomar ese espíritu, finalmente después no seguí. Pero fue una experiencia maravillosa, en la que trabajé con los mismos locutores de la radio en donde tuvimos un aprendizaje en conjunto, porque yo me metí a esta cuestión con las patas, el buche y las ganas de pagar las cuentas, porque es distinto hacer locución o hacer voces en off que hacer un radio teatro. Y se dio una sinergia y una dinámica muy linda. Y bueno, ya en el segundo año, en donde teníamos presupuesto pudimos invitar a Julio Jung, a Tomás Vidiella, y a otra infinidad de gente.

¿Y el tránsito del horror al humor, cómo se dio?

Bueno, es que está todo relacionado y tienen mucho que ver. A mucha gente el humor le parece horroroso y no hay nada más subversivo que el humor. Yo defiendo la postura de la rabia y del odio para llegar al humor y es muy lindo eso porque se produce esta contraposición en la que uno llega a creer que una cosa no tiene nada que ver con la otra. Pero cuando yo tengo la capacidad de odiar y de odiar de verdad, por ejemplo: yo odio a Piñera. Y si odio a Piñera, no le chupo la corneta y, por lo tanto, puedo establecer una distancia y al tomar esa distancia, puedo mirarlo de lejos y decir ¿sabes qué? no es tan inteligente este tipo. No me había dado cuenta, porque siempre había estado al lado de él, de que tenía los brazos cortos. Y esta distancia provocada por el odio, comienza a generar la caricatura y de ahí nos vamos al humor. Sin embargo la gente dice que no hay que reírse de esas cosas.

La gente le tiene miedo al humor negro y por eso dice que no le gusta. No saben cómo manejarlo. Es como si les pusieran una bolsa de mierda en las manos de la que quieren deshacerse, pero ojo, es parte nuestra y hay que aprender a manejarlo.

¿Cuáles son tus referentes humorísticos?

Coco Legrand, Lenny Bruce, Michel Colucci. Yo pensé que, de una, me ibas a decir Bill Hicks. Claro, por el odio, pero (y esto ya es una cosa mía) lo que pasa es que no me gustan las weás tan manoseadas. Yo conozco a Bill Hicks desde hace años, y me gustaba mucho pero ya no. Encuentro que se puso demasiado Hipster. ¿Tú encontray? A mí me encanta Bill Hicks y cada vez que pregunto si lo conocen, la verdad es que nadie lo cacha. Como nadie cacha que Hicks imita mucho a Lenny Bruce. Como nadie cacha muy bien lo que es el stand-up. Y está bien igual. Yo tampoco lo tenía muy claro y hace diez años no tenía ni mierda de idea de lo que era el stand-up. Y ahora hay una mega proliferación del cuento, pero es como bueno eso ¿o no? Es la raja. Ponte tú, nosotros venimos haciendo talleres desde hace siete años y un gran porcentaje de los neocomediantes, de los nuevos cabros que están circulando hoy en día, son gente que pasó por nosotros. Y los primeros cinco años, nosotros hicimos los talleres gratis. Y es chistoso porque todos nos decían que éramos weones, que estábamos trayendo el género y que por qué lo compartíamos. Pero nosotros sabíamos que teníamos que hacer todo lo contrario porque mientras más gente sepa y mientras más gente aprenda, a nosotros mismos nos iba a subir de nivel. Además, así íbamos a tener más público ya que nosotros partimos con más gente arriba del escenario que en el público. Éramos una banda de cinco o siete weones y había tres más en el público y dábamos pena, entonces mientras más gente sepa y mientras más gente critique mejor le hace al género y se dio. Y bueno, ahora el Festival de Viña fue la ventana para que se hiciera masivo, pero desde hace años ya que viene el stand-up.

¿Cómo ves la salud del stand-up en Chile?

Yo creo que el florecimiento de esta corriente es bueno. Es bueno espiritual y filosóficamente. Y comercialmente también. Comercialmente es bueno porque se abren más espacios y hay más pega en donde uno puede mostrar lo que hace. Y espiritualmente es bueno porque hay un desarrollo más profundo del género. Y es muy lindo porque, por ejemplo, yo me siento mucho más obligado a ser mejor. A veces las rutinas me quedan como el culo, o la mayor parte del tiempo me quedan como el hoyo, pero tengo esta necesidad de obligarme a ser mejor. Es como el formato de taller que tenemos nosotros. Partimos hace diez años, claramente sin saber lo que era esto, y en el taller (que, la palabra taller significa “aprender haciendo”) yo fui aprendiendo más. Por eso no teníamos cara de cobrar ya que nuestros alumnos eran una suerte de conejillos de indias para nosotros. Entonces, yo fui aprendiendo en el hacer. Ahora tenemos una metodología establecida, una dinámica, una estructura y eso se dio con el haciendo. Entonces, si me preguntas por el stand-up en Chile y si está bien, yo te diría que sí. Y es bueno filosóficamente porque la gente ya no se está riendo del borrachito, del maricón, ni del peruanito. Y es más lindo aun ya que incluso te puedes seguir riendo de lo mismo, pero desde otra perspectiva y es más, el mismo peruanito, ahora puede levantar la voz y retrucar y eso es la raja. Yo soy un convencido de que los países no crecen únicamente en torno a su economía y a la política. Los países también se hacen en torno al humor y los países que han sabido reconocer eso son países grandes. Por ejemplo, en el oriente hay ministerios de la alegría. Hace un tiempo estuvo el ministro de la felicidad del Tíbet y uno puede decir “que locura” pero también si lo pensamos, chucha, que básico, y que lindo que existan ministerios de la felicidad porque eso es tan importante como la economía. Y el ser humano más que ser rico quiere ser feliz.

¿Por qué las rutinas de pareja son las más recurrentes y exitosas?

Porque son los referentes más directos que tienen que ver con la cotidianidad.

El humor viene dado con el quiebre de la lógica. Cuando la lógica se rompe, hay una sensación de inestabilidad del ser humano en donde deja de entender. Es lógico, por ejemplo, que una abuelita vaya caminando en dirección a sentarse. Pero si en el trayecto la viejita pisa una cáscara de plátano y se saca la chucha, la primera reacción es cagarse de la risa, decir “se sacó la conchesumadre la vieja” y después te paras a socorrerla. Porque cuando se rompe la lógica, ahí recién parte el humor. Y en el caso particular del stand-up, la autoreferencia es el gatillo del humor. No existe propiamente el chiste, o existe en menor medida; pero lo que si existe es el planteamiento de una situación que sea super reconocible para ti. Por ejemplo, todas las minas que hacen stand-up hablan del marido o el pololo que mea la tapa del wáter. Todas e impajaritablemente. ¿Por qué? porque es algo que a ellas y que a todo el mundo les ha sucedido y es reconocible. Y cuando ellas lo dicen, a pesar de que ahí no haya ninguna estructura humorística, la reacción natural es la risa porque a todo el mundo le ha pasado y se reconoce en eso. Ahora, en el stand-up, el público tiene un protagonismo que es muy interesante porque pueden contestar y participar, por ejemplo, después de mí espectáculo en donde pueden tomar el micrófono y hacer sus rutinas y en donde se les pide que, si el espectáculo les pareció como el pico, que vengan y lo digan y ahí se dan cosas maravillosas. Por ejemplo, en estos espectáculos de micrófono abierto nos llegamos a quedar hasta una hora más.
Y bueno, las relaciones de pareja son las más exitosas porque son el referente más directo y también, el público que te va a ver es de 25-30 años hacia arriba y por lo general van en pareja y en esas dinámicas se da la autoreferencia. Bueno, tú ocupas mucho tu corporalidad en tus rutinas Y claro, porque al yo reírme de mí, me estoy riendo de ti y ocupo weás super evidentes como el hecho de ser guatón o pelao. A mí me encantaría ser mino, pero esto soy y no puedo ser más y a veces me creo mucho más mino que cualquiera  ¿cachay? y soy guatón, y soy pelao y al decir eso puedo decir que una mina es chica y es media turnia. Una de las cosas que a mí me molesta del humor en Chile es la perpetuación de los estereotipos, onda hombre = bolas tristes y mujer = tonta y frívola. ¿Existe, según tú algún tipo de política identitaria detrás de esta fórmula humorística tan recurrente? No lo sé. Es una de las cosas que aún no he logrado comprender. Yo estoy en la lucha de intentar reírme de otras cosas, a pesar de que a veces también recurro a dejar a la mujer como bruja y al hombre como bolas tristes. Sin embargo, yo también trabajo en el ejercicio inverso para darle a la mujer su espacio como centro del mundo, como la que es capaz de articular y de hacer funcionar una ciudad y al hombre como un hueón que es capaz de ser sensible y que también es inteligente. Ahora, ¿Por qué se perpetua lo otro? yo creo que es porque es una lectura básica y esto se debe a la subvaloración que se le da al humor. Porque en Chile el humor es lo que hablábamos antes. Es reírse del curaíto, del peruanito, de la bruja y del hueón tonto. Y si yo me quiero reír de la economía, del desarrollo social, del protagonismo de la mujer, me dicen: sabes qué, es demasiado profundo, es muy elaborado, no se va a reír nadie.

Oye, tú escribes tus libretos. ¿Cómo vives ese proceso escritural?

Principalmente y muchas veces, desde la rabia, como te decía recién. Me gustaría tener una estructura base como para poder empezar a escribir de esa manera, pero en realidad mis procesos hasta el momento han sido bien sui géneris. A veces hay un hecho que me convoca, hay una palabra que me motiva o una situación que me llama la atención y sobre eso voy escribiendo. ¿Pero tienes alguna metodología de trabajo o algún tipo de rutina de escritura? Sí, eso sí. Básicamente parto con un punteo que es bien sensitivo y que no tiene estructura ni nada. Parto vomitando todo lo que tengo sobre, por darte un ejemplo, la pileta. Y digo y escribo todo lo que siento y pienso sobre la pileta. Ahí organizo un Mapa Mental donde se van abriendo estructuras y otras ventanas, y sobre eso luego viene la lógica. Y si hay una lógica que tengo yo en la escritura, es que realmente no la tengo, entonces dejo que las cosas fluyan. La mayor parte de las veces quedan como las huevas la verdad. Pero hay otras veces en las que todo este engendro, todo este personaje contrahecho, de repente cuaja y me sorprendo. Y por lo general sucede (y esto tiene mucho que ver con lo que hago yo en el taller) que nunca quise hablar de la pileta en realidad a pesar de que partí escribiendo de ella. Y al final me doy cuenta de que en realidad, de lo que yo quería escribir, era del Parque Bustamante. Y si te fijas, es un proceso medio psicoanalítico en realidad. Eso es lo que yo hago conmigo. Pero a veces también me toca trabajar para otra gente, entonces vienen y me dicen: ¿sabes? necesito hacer algo sobre los autos rojos y entonces ahí me siento y escribo. Pero yo, de forma personal lo hago de forma más intuitiva. 

¿Cómo ves al espectador chileno?

Depende. Porque tenemos instancias como las de Teatro a Mil y ahí tú ves obras que son de una profundidad tremenda y las salas están llenas. Repletas. Ahora, claro, hay una cuestión de snobismo ahí de por medio que también es importante, pero también hay un alto porcentaje de gente que quiere consumir ese tipo de espectáculos. Lo que pasa es que el grueso de las salas comerciales da pura mierda y por lo mismo va  gente que quiere comer mierda. Yo creo que, como nación nueva, el público está evolucionando, está aprendiendo. ¿Qué pasa con el público? Está creciendo. Somos adolescentes todavía como nación y como sociedad, entonces creo que en términos culturales, intelectuales y de apreciación artística estamos en la misma. Pero si siento también que hay público para todo y eso es bueno. El problema está en que el 90% de las salas son netamente comerciales, que está bien, tiene  que subsistir. Por ejemplo, en la televisión es como lo mismo y además hay un cinismo extremo. Mucha gente le tira foca a la tele y hablan de los reallitys como si fueran una basura. Nadie dice que los ve, sin embargo esos programas marcan cincuenta puntos pos wn! ¿cachay? pero si tú preguntas, nadie ve tele ¿te das cuenta? Bueno, a mí me carga la televisión pero igual la veo, también como parte de la pega, como una forma de no abstraerse de lo que la gente ve y conoce para articular discursividades. ¿Tú no? Yo soy un desencantado de la televisión. Como trabajo dentro, me sobre saturé. Imagínate la redundancia. Ahora ya me violenta ver la televisión. Es más, yo propugno que hay que faltarle el respeto a la televisión, que hay que entender de que la televisión en sí, no existe. ¿Cómo así? Es que no existe la televisión. Es tan simple como que estiras la mano, la apagas y dejó de existir. Así de simple. Dejó de existir en ese instante. Esto es una utopía, pero ¿qué sucedería si así como en el día del planeta, todos apagamos las luces, existiera el día anti-televisión, pro ser humano o pro intelecto y apagamos la tele? Te aseguro que en ese instante o a los veinte minutos, están todos los ejecutivos, de todos los canales, reunidos alrededor del mundo. Y de eso doy fe, trabajando y sabiendo cómo se articula el aparato televisivo. Te lo aseguro. Y ese es el poder precario que tiene la televisión. ¿Por qué la televisión no existe? Es por eso. El Sol existe.

León, mencionaste al comienzo de la entrevista de que eras actor, lo que era un dato que yo no manejaba. Cuéntame, ¿dónde te formaste?

Yo estudié en el instituto de arte Pedro de la Barra, con profesores de teatro de la Universidad de Chile, en donde tuve de profesores a la Bélgica Castro, al Pepe Pineda, Ajandro Svieveking. Al tremendo Juan Edmundo González. Fue mi maestro, mi colega y luego mi amigo. Con él aprendí lo fundamental del teatro: La verdad. Duraba cuatro años eso, más o menos. Yo estuve dos años y me fui a la vida. Y estudié en la medida de que me iba sintiendo medio torpe, o medio falto de conocimientos y me hice haciendo. Entonces eres autodidacta. Título formal, acreditado, no tienes. No, no tengo. Y si lo tuviera ya se me habría perdido.

¿Y cuál es tu apreciación de los conductos regulares e institucionalizados de los procesos formativos?

Tengo distancias con ellos. Me parece que no garantizan absolutamente ni una weá. Nada.  Tú también lo dijiste y lo sabes. Si hubieses estudiado para ser literata, o poeta, seguro que estarías sirviendo café en algún café literario de Providencia. Porque el sistema formal de educación lo que hace es crear individuos en serie y eso en el arte no sirve. Además de que en el caso puntual del teatro, chucha, son tan malos los weones que salen de las escuelas, que dan ganas de escupirlos. Si a veces hasta yo me escupiría. A ver, lo que pasa es que la cosa actoral tiene la estructura universitaria desde 1941 en adelante, es decir, hace 73 años recién se está enseñando en las universidades. Antes de eso, o sea, los 2000 años anteriores, por decir una cifra (porque es mucho antes la verdad) los actores eran de oficio. Entonces, tener un cartón universitario, a mí no me dice nada la verdad. Más encima a los chicos los estafan. Además, los profesores son como el hoyo, porque ninguno tiene bolas para decirle a un alumno: sabe mijito, lo siento, cómprese un taxi mejor con la plata que está gastando tu familia y vas a salir adelante y tener un mejor pasar. Yo tengo amigos y tengo colegas que se dedican a hacer clases y no voy a dar nombres porque son weones muy connotados, también tengo amigos directores de escuelas de teatro y están cagaos. O más que estar cagaos, son cómodos la verdad. Porque tienen una cantidad de matrículas y de esa cantidad, tienen un cupo para rajar a tantos weones, entonces el resto tiene que seguir para cumplir con la colegiatura para que al weón le llegue el sueldo y si rajan a muchos, a él también se lo callampean. Entonces es un sistema de mierda que a mí no me garantiza nada. Que lo miro con distancia y que lo mejor que pude haber hecho en mi vida fue abortar esa misión. Además, yo para estudiar me gané una beca. Yo, más que nadie podría haber terminado mis estudios porque para mí era gratis si era lo que yo quería hacer en mi vida. La beca que me gané fue gracias a un concurso literario que hizo el Fortín Mapocho. Daba cuatro becas para todo Chile y yo me gané una con un ensayo que se trataba sobre Pedro de la Barra, fundador del teatro nacional chileno. Entonces demás que podría haber terminado mis estudios porque eran gratis, pero pasaban semanas a las que yo no iba a clases porque quería  ir y quedar colgado y sin embargo era volver a ir y darme cuenta de que estaban en la misma. Y no es porque yo sea la gran cosa, porque soy bien weón yo, pero tan weón como para no darme cuenta de que no iba para ningún lado, tampoco.

¿Y, como actor, cuál es tu percepción de la crítica teatral?

Bueno, respecto de la crítica teatral pienso que los críticos, más que saber mucho, son unos ególatras de mierda. Se creen dueños de la verdad y se les olvida que la “crítica” viene de la palabra criterio. Y como todo criterio, es personal. Mientras que estos weones transforman su criterio en ley, en una regla y en una verdad absoluta. Yo a los críticos, la verdad, es que me los paso por el unto.
¿Cuál es, para ti, la principal dificultad a la que se enfrenta el humor en Chile, hoy, como disciplina artística?

La televisión. ¿Por qué? Porque la mayoría de los comediantes sienten que tienen que estar en los estándares de la televisión. Y en la televisión tú no te puedes reír de nada. En la televisión te tienes que reír siempre de lo mismo. Y lo terrible es que la gente que está fuera de la televisión, en términos prácticos, no existe. Por eso me gusta este formato del Stand-Up, por eso me gusta hacer lo que hago. Pero finalmente, en tu caso, igual te instalas desde la televisión. Sí, pero si te fijas tú, ¿en qué televisión? En la Red. Nosotros tenemos nuestras prioridades. A nosotros, con Jorge (Alís) nos buscaron una infinidad de veces. En montones de veces “Morandé con Compañía” nos fueron a buscar, supieras la cantidad de veces que otros canales nos fueron a webiar. Y ¿Dónde fuimos? A La Red, porque nuestra prioridad era aparecer sin censura. Y está bien, decir pico o zorra, esa weá da lo mismo. Al decir sin censura a lo que estábamos apostando era a hablar, a decir lo que queríamos decir. Y es desde ese punto de la televisión a partir del cual uno puede estar e instalarse ¿cachay? Pero todo el resto de la televisión le hace mal al humor. Uno puede articular a partir de este tipo de nichos como el de La Red. Porque uno tampoco enarbola banderas ni articula grandes discursos, pa qué estamos con weás. Si al final uno lo único que quiere es que ningún editor culiao me diga “sabes, es que tú no puedes decir esto del…” Nada.

Tú, como sujeto televisivo, estás consciente de que hay otro que te va a ver cuando te instalas frente a una cámara, sin embargo fuera del set también estamos sometidos, constantemente a cámaras, sin la completa consciencia de que también estamos siendo observados.

¿Tú cachay Foucault? ¿La cultura panóptica? La sociedad está construida en base a las cámaras. El objetivo de Foucault era señalar que la sociedad se construye baje la premisa de mirar sin ser visto y nuestra sociedad también se articula a partir de eso. Por ejemplo, las cárceles están estructuradas con arquitectura panóptica en donde hay una caseta guía en donde el guardia ve a todos los presos, pero nadie lo puede ver a él.

Los bancos, las financieras, las oficinas en general, tienen unos paneles bajitos, para que el gerente se pare en cualquier momento y vea quiénes son los hueones están trabajando y cuáles no. Ahora las oficinas tienen muros y puertas de vidrio, todo dispuesto para que estés visible y vigilado y nuestra sociedad se articula en base a esta perspectiva.¿Y cuál es tu opinión de eso? Me parece aberrante. No sé qué se puede hacer pero me parece que uno como ser humano debería tener más consciencia de eso y hacer un mínimo ejercicio de tratar de controlar esa situación, aunque no llegue a ninguna parte ese esfuerzo. Por ejemplo, el tema de los drones, que llega a ser doloroso. Esa hueá es anti-humana. Y no me voy a ir por el tema simplista de que “vulneran nuestra intimidad” sino que es un tema que es muy potente. Por ejemplo, si lo llevamos al plano bélico, el otro día escuchaba el análisis que hacía un tipo que era experto en guerras (que tenía un nombre mucho más elaborado que experto en guerras, pero en esencia era lo mismo) y él decía que las guerras antiguamente se hacían cuerpo a cuerpo y que, por lo mismo, existía un honor y una condescendencia. Que había un con-dolor. Y que eso se traducía en que cuando le enterraba yo la punta de mi bayoneta a un tipo, si bien hay un acto homicida, de rabia, también hay culpa en ese ejercicio. Eso era una lucha humanizada y, por lo tanto, existía un código. Pero hoy en día no. Hoy por cámara ven: oye, aquí hay setenta hueones, se aprieta un botón y adiós. Antes había honor en las guerras. O sea, un claro ejemplo de eso es Grau. Yo tuve el orgullo de, en la saga Héroes de Canal 13 de representar a Miguel Grau. Una de las cien mil guevadas que he hecho que han pasado sin pena ni gloria (Está en youtube por si la quieres ver). A mí siempre me apasionó el tema y en esa instancia me puse en contacto con su familia, con una nieta que vive en Chile, hice gestiones en la embajada, etc. Me documenté mucho y si antes lo admiraba, hoy para mí, es un ser excepcional. Lo que hizo es una acción que a nivel mundial no está registrada en ninguna otra parte. Porque obviamente, cuando Prat salta, los enemigos evidentemente querían hacerlo mierda, pero Grau paró el escándalo y señaló que a los muertos se les respeta. Tomó todas sus pertenencias, las guardó en una caja y se las hizo llegar a su viuda con una carta diciéndole: yo me hago cargo de la muerte de su marido, señora, pero déjeme decirle que su marido fue valeroso, un héroe, un gran adversario, etc. ¿Cachay? y todo eso bello que había se ha ido desnaturalizando también por esta cultura panóptica, entre otras cosas.

El Estado chileno ha resultado ser el paroxismo del consumo de América Latina. Sin embargo, constantemente está inmiscuyéndose en la forma que tenemos de consumir. Puedes consumir marihuana, pero no puedes comprarla, ni producirla, ni tenerla. Puedes fumar puchos, pero en ninguna parte. Puedes comer dulces, pero no te los vendo en cualquier kiosko.  Lo que quiero decir finalmente es que para todo aquello que significa una decisión consciente en un consumo determinado, el Estado sanciona a pesar de que están todas las condiciones para adquirir aquello que es sancionado y, por otra parte, existe un consumo que es aún más terrible, que es aquel que no tiene que ver con fines recreativos, sino con necesidades básicas, cuyos productos de primera necesidad (agua, luz, gas, medicamentos, pan, etc.)  tienen un valor como si se tratara de la adquisición de algo superfluo y más encima esos valores no los regula nadie. O sea, lo que te gusta consumir está sancionado legal o moralmente y lo que necesitas consumir no está regulado, tiene un gravamen altísimo y te dificultan el consumo, sobre todo cuando se proveen a través de casas comerciales, a través de la imposición de intereses y del cobro de servicios, cuando debieran ser garantizados por el Estado. ¿Qué pasa, según tú visión, con estas políticas? (la mansa pregunta jajaja)

Pero ¿qué ley antitabaco? si no hay ley antitabaco acá en Chile. ¿Cómo que no, si te impiden fumar en todas partes? A ver, ¿pero qué te pasa si fumas? Nada. Te hacen fumar afuera. No hay ley anti tabaco. En este país, lo que hay es ley anti-individuo. La ley anti tabaco es en contra del tabaco y si fuera así, no lo deberían vender. Son tan inteligentes estos weones que cambian el foco, cambian el discurso. Y ellos creen que, como Estado te están protegiendo ¡Pico de caballo carretonero! si a estos weones lo que les importan son las lucas. Si realmente quieren proteger y cuidar como dicen, entonces deberían prohibir el tabaco, porque de verdad que lo que venden es una mierda, es una basura. Y en cambio, demonizan la marihuana, con un nivel de desconocimiento supino, y hacen gárgaras diciendo que es la ventana para las otras drogas más duras, siendo que el cigarrillo es la puerta ancha. Para qué decir el copete ¡por favor! Pero las lucas que están metidas ahí entre medio son altísimas. Y esto tiene que ver con lo que hablábamos antes, con esta adolescencia en la que estamos como cultura. Todavía necesitamos esa voz que nos diga lo que tenemos que hacer. La sociedad lo necesita. ¿Por qué crees que ganó Bachelet ahora? Porque esta sociedad necesita una madre. Como el pico, como sea, pero necesita una madre. También esto pasa porque somos medios prusianos, porque somos fascistas, porque los milicos han estado desde siempre inmiscuidos en la política, porque ha habido muchos gobiernos militares y nos ha quedado todo eso en el ADN de nuestra idiosincrasia.

¿Cuál es, según tú opinión, el peor legado que nos dejó la dictadura en materia cultural?


No existe solo una, son muchas cosas nefastas. Pero el miedo traducido en el axioma que dice que hay cosas de las que uno no se puede reír, es una de ellas. Obviamente esto lo veo en cuanto a cultura y humor. Obviamente enfoco esta respuesta respecto de lo inmediato que tiene que ver conmigo. El miedo en el humor es algo que todavía impera. La sensación de esta estabilidad precaria en la cual vive el ser humano promedio, de que en cualquier momento pueden volver a salir los milicos a la calle si hacemos algo. Y eso es miedo, lo que se transformó en la mejor herramienta que usó la dictadura contra el pueblo. El miedo es poderoso porque es una de las cosas, sino la que más te inmoviliza y es una de las mejores formas de contener. Lo que nos dejó la dictadura en términos culturales generales es el miedo. Y eso implica no poder escribir de tal o cual cosa, o el que disfracemos lo que queremos decir realmente, lo que se traduce en la autocensura, que es la peor de todas las censuras, que está latente aún hoy. Y eso quiere decir que en esa materia, la dictadura, lejos de fracasar y de haber terminado, muy por el contrario, lo hizo perfecto. Tan bien que hoy en día los entonces jóvenes e iracundos defensores de pinocho son los rostros de la nueva democracia. Piñera, Matthey, Longueira y los doble caras de la nueva mayoría ¡¡Chúpenla con Kepchup!!




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León Murillo & Angela Barraza Risso
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