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Hay tradiciones chilenas que son muy curiosas y que, al menos yo, lamento profundamente que hayan desaparecido o que su sentido original haya mutado en un asunto meramente folclórico. Una de ellas es la festividad de cuasimodo, la que se preserva porque se entiende que es un patrimonio de nuestra cultura, pero si lo pensamos, en estos tiempos es bien absurda ya que no es necesario que el cura llegue a caballo o en carreta y que estos vayan decorados. Bien puede tomar un auto en cualquier momento (si es que no llega en el propio, que suele ser la raja) y la visita a los enfermos ya no es lo mismo de antes ni significa lo mismo tampoco, sobre todo en estos tiempos de clínicas, ambulancias y servicios de emergencia particulares. Lo mismo sucede con todo lo que tiene que ver con fiestas patrias (menos la cueca, que está tomando un valor renovado en la juventud y que va en serio) en donde se hace una caricatura descarada y ridícula del “Huaso” chileno (que jamás se vuelve a vestir con chupalla el resto del año por muy elegante que se vea a sí mismo en la semana de fiesta) y en donde se ponen en circulación juegos que –tengo que decirlo- no tienen ninguna vigencia ni sentido en esta época. O sea, si la tuvieran, ya habrían videojuegos que hayan digitalizado el asunto, pero no he visto consola que traiga “Trompo o emboque SPORT” “Palo encebado game” o carrera de sacos para WII. Sin embargo esas tradiciones se conservan y recuerdan porque son parte de una identidad nacional que nos entrega un código común de pertenencia.

Pero hay otras tradiciones que definitivamente se pasaron por el aro y son las que tienen que ver con la muerte. Ya no se fotografía a los muertos. Ya no se hacen funerales a la chilena, con canto a lo divino, tomatera y cordero al palo; ya no se baila cueca en los cementerios para homenajear a los muertos y mucho menos se viste, a los niños que mueren, de “angelitos” para hacer en torno a ellos una reunión que los acompañe en el tránsito hacia lo que sea que haya al otro lado, si es que lo hubiere. ¿Por qué? Quizás porque parece un acto de barbarie el estar exponiendo el cadáver de un infante. O tal vez porque la experiencia de la muerte de un niño es tan traumática que es mejor erradicar todo lo que tiene que ver con eso. No hablarlo ni mostrarlo, menos reflexionarlo, ojalá olvidarlo y tocar madera tres veces para que la situación se vaya lejos, no nos toque, no exista.

Sin embargo y a pesar de esta negación cultural de la muerte infantil, la compañía Calaca Loca hace una puesta en escena que aborda el tema de manera explícita, con marionetas, música a tono y en vivo, nada menos que en el Anfiteatro Bellas Artes y lo que sucede es fantástico.

Pasa que las marionetas se entienden como un arte que es sine qua non de infancia, entonces se comprende que cualquier obra teatral que le lleva “mono” es para niños. Luego de que estamos sentados con nuestros hijos en las butacas, parte la obra, que tiene un clima y un ritmo muy acorde al tema que aborda y vemos aparecer la marioneta de un pequeño muy lívido, que es visitado por un Buho-tiempo y llevado por él a visitar a sus antepasados (que son un par de calaveras muy graciosas) y  entonces uno puede observar como empiezan a desfigurarse las caras de algunos padres que no sospechaban que las marionetas son mucho más que un panel de donde salen títeres de mano para decirles a los niños que se tienen que comer toda la comida. Comienzan también las preguntas de los niños del corte: mamá ¿están todos muertos? o mamá ¿por qué el niño está con las calaveras? ¿se murió?

Y entonces la tensión y la incomodidad de algunos padres se vuelve tan latente que comienzan a mirar para todos lados tratando de que alguien les explique por qué las marionetas no se están pegando en la cabeza con un chipote chillón hasta que sucede el inevitable llanto de un chiquito y entonces 3 o 4 padres salen con sus respectivos hijos, con un desagrado evidente y esperando que alguien les devuelva el dinero. (Risas)
Pero la obra sigue y va tomando un clima cada vez más cercano y evidente. La marioneta del niño llega a la tierra, junto a los bichitos, las raíces y otras calaveras. Es una suerte de inframundo vinculado con la naturaleza y todo se canaliza en la celebración de la partida del angelito, con el niño sentado sobre una mesa, con los parientes bebiendo, con música folclórica de muerte en un ejercicio evidente de rescate patrimonial, de establecimiento de política de memoria y todos nos volvemos parte de ese ejercicio que sabemos nuestro, con nuestros niños que siguen preguntando por lo que le pasó al niño y ahí radica la maravilla de esta obra ya que es imposible salir de ahí sin entablar un diálogo exquisito y necesario con los hijos que se ven enfrentados a la muerte, que está latente en el espacio, de un par de ellos y se les vuelve evidente el hecho de que también se pueden morir y llega la fantasía de que llegará también el Buho-tiempo, y la potencialidad de un viaje que irá por caminos insospechados, dependiendo de las creencias de cada familia y de lo capaces que seamos de dialogar con nuestros hijos los que, por lo general, son mucho más inteligentes de lo que sospechábamos.

Más encima, la puesta en escena es preciosa y creo que es un aporte, no sólo en materia de identidad chilena, sino también de identidad latinoamericana para la construcción del imaginario de muerte los niños ya que hay una forma de abordar los personajes con todo el colorido de México (haciéndole honor al nombre de la compañía).

Yo fui a verla con mis hijos y de verdad me pareció una puesta en escena que, además de instalar un tema que es bien complejo de una forma amable y bella, hace un rescate patrimonial y de identidad importante. Existe en este montaje un ejercicio de memoria que se agradece y que nos da la oportunidad de establecer diálogos que son muy importantes y que solemos evadir, con nuestros hijos, dándonos la oportunidad de entrar a esa cosmogonía propia de la infancia de la que en buena parte somos responsables, pero que tampoco podemos controlar en su totalidad y eso lo vuelve exquisito.

Creo que es una apuesta muy valiente de parte de la compañía y creo que el Anfiteatro Viaje Inmóvil es un espacio muy necesario y propicio para que se den estas discursividades que se dan de forma mucho más auspiciosa gracias a las marionetas ya que sobrepasan las posibilidades actorales en la medida de que nos permiten ver personajes que vuelan, que pierden la cabeza, que pueden sacarse los ojos o ser calaveras para retratar ampliamente lo que se instala en el escenario.

Como espectadora agradezco el montaje que es muy lindo y muy didáctico y como mamá agradezco que se me haya brindado la oportunidad de hablar de un tema que, gracias a la instancia se volvió ineludible y fue infinitamente enriquecedor.

“Angelito” es una obra que recomiendo, que espero se repita y que no se debe amilanar por las reacciones de las relaciones parentales de quienes no quieren o no están preparados para abordar el tema, porque el teatro se vuelve una experiencia vital en la medida de que es un aporte a nuestra construcción de identidad y de mundo. Ambas cosas se cumplen.




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Para hablar de Edmond, hay que comenzar hablando de David Mamet (el dramaturgo de esta historia) ya que al ver su nombre en el afiche, uno no puede dejar de pensar en que es el guionista de “El cartero llama dos veces”,  “Los Intocables”,  “RONIN , de “Hannibal”, que se ha ganado en dramaturgia el premio Pulitzer y que ha estado 2 veces nominado a los premios Oscar, entonces uno inmediatamente piensa: Esto es Sandía calada.

Si a eso le sumamos que se está presentando en Mori Bellavista y vemos el trabajo previo de Mori que se ha preocupado de instalar obras de buena calidad dramática y las lleva de la mano con actores oreja, entonces podía dar fe por completo de que la experiencia, cuando menos, iba a ser buena. Esto como profecía o prejuicio es entrete ya que uno llega con buena predisposición al teatro; como si los pasos de camino a ver la obra te sonaran a Frank Sinatra o a Sonny Rollins.

Pero al salir de la obra me quedé con una sensación muy extraña, de no entender si me había gustado o no y entonces paso a describir el porqué de esta incertidumbre.

La historia va de Edmond (Gonzalo Muñoz Lerner), que es un sujeto X de 43 años y que ha cumplido con todo lo que se supone debe hacer un hombre de esa edad. Tiene una mujer, ha trabajado toda su vida y de pronto tiene una revelación que lo lleva a tomar la determinación de abandonar su casa, su esposa y comenzar así un viaje que parte en la taberna donde va a desahogar sus penas con un amigo y este, como consejo le dice: “a vos te hace falta un buen polvo”. Edmond entonces, muy obediente, parte a la ciudad en un tránsito que lo lleva por una noche llena de espacios y códigos que desconoce, que le resultan hostiles y en la medida de que va viendo la necesidad de defenderse, se van cayendo las máscaras y se va revelando la naturaleza de este sujeto que no es más que otra víctima llena de prejuicios que, por una parte lo han limitado y que, por otra, lo llevan a tomar una serie de decisiones que desencadenan un nuevo ordenamiento para su “nueva naturaleza”. Hasta aquí todo bien.

Las actuaciones, en su mayoría son impecables. Ximena Rivas muestra una vez más lo que sabe hacer muy bien. Se desempeña en una multiplicidad de personajes secundarios y cumple maravillosamente con todos ellos. 
Gonzalo Muñoz Lerner me parece una decisión bastante acertada de parte de los directores para hacer un rol tan protagónico, pues se monta en el macho, se tira la obra al hombro y sale impecablemente airoso. Incluso me atrevería a decir que Muñoz Lerner va mejor a la obra que William H. Macy a la película (2005). Así de radical. 

Además, me gustaría destacar las actuaciones de Franco Toledo y de Andrea García-Huidobro. Notables.

También me encantó como se manejaron los tiempos, la escenografía, sin embargo (y me doy cuenta de esto a medida que lo voy escribiendo), lo que me desagradó fue el público, puesto que hubo muchas risas en momentos que eran miserables o dramáticos, entonces no me queda claro si hubo una falla de parte de los directores en conducir adecuadamente la emocionalidad de determinadas escenas o si tuve mala suerte en coincidir en un tiempo y espacio con gente que no estaba en la misma sintonía. Quizás el ángulo en el que estaba no fue el más afortunado y me perdí de algo en escena, quién sabe. Pero me quedé con la sensación de haber visto una obra diferente a la que vio otro segmento del público, que tampoco fue en su totalidad. Para ejemplificar mejor, podría decir que fue como ver la escena en la que Romeo toma el veneno junto a Julieta que yace, para él muerta, en donde eso le pareciera chistoso al espectador. Eso varias veces en la obra.

Como me quedé con la duda, llegué a casa nuevamente a revisar la película (cuya adaptación al español tiene similitudes extraordinarias con la obra que vi y no la encontré subtitulada) y para sorpresa mía vi lo mismo que vi en la sala respecto de la intencionalidad de las escenas y entonces continúo en mi perplejidad y no logro resolver si mi sensación de incomodidad con la obra fue por una situación que se da una sola vez o si se repetirán en la temporada las risas en una obra que habla de misoginia, racismo, homofobia y de otros prejuicios, que luego muestra la decadencia de los marginados, el fracaso, la delincuencia, que en resumen muestra el tránsito de un burgués hacia el autoconocimiento y que para ello debe enfrentarse con la gigantesca brecha humana que se da tanto en Nueva York, como en Santiago de Chile.

Para concluir, si me preguntan si es recomendable verla, creo que sí. Creo que es una obra en la que muchos se van a reconocer y es una lástima que así sea. Creo que es una obra que nos conduce a un entendimiento respecto de nuestras búsquedas y de lo que encontramos, y también de eso que no nos gusta encontrar.

“Edmond” estará desde el 24 de abril al 7 de junio en Teatro Mori Bellavista, de jueves a sábado a las 20:30 hrs. Duración: 1 hora 15 min.

FICHA TÉCNICA

Dirección: Antonio Campos y Gabriel Urzúa
Dramaturgia: David Mamet

Elenco: Gonzalo Muñoz Lerner, Ximena Rivas, Víctor Montero, Andrea García-Huidobro, Camila López, Gabriel Cañas, Daniela Castillo, Franco Toledo

Traducción y Adaptación: Ignacia Allamand
Diseño Integral: Daniela Fresard
Música Original: Gonzalo Ramos y Felipe Martínez

Producción y Gráfica: César Ramírez
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Por: Angela Barraza Risso

En el Teatro del Puente están presentando la obra Las criadas (Les Bonnes, del dramaturgo francés Jean Genet, estrenada en 1947) y el elenco es realmente un lujo. En el rol de Claire trabaja María Gracia Omegna – todos la vimos protagonizando “Martín Rivas”, “Dama y obrero” y la película “Joven y Alocada”- y en el papel de Solange, trabaja Catalina González (La tremenda detective Carrasco, en “Secretos del Jardín” y ya podemos verla en “09, la película”). Ambas criadas Tienen una relación de amor/odio con “La Señora” (interpretada maravillosamente por Alexandra Von Hummel).

La obra parte en ausencia de la dueña de casa -quien es la que, con su presencia siempre latente, le da el pulso a la obra- con Claire y Solange en el escenario, interpretando un juego macabro en el que la interpretan alternadamente, dejando de manifiesto estas emociones confusas de amor y admiración, pero también de envidia y de odio. 

En el transcurso de este “juego” va quedando de manifiesto lo lejos que han llegado estas dos hermanas las que, llevadas por este espiral de sentimientos vertiginosos, llegan a denunciar “al caballero” a la policía por delitos económicos y a planificar el asesinato de su ama.

Pero sale todo mal para ellas, como un designio de la clase y el lugar que ocupan en la casa y en la vida de los patrones. Finalmente se desata la tragedia.

Pero la trama no es el objetivo último por el que uno debería ver esta obra, sino por las interpretaciones fantásticas de estas tres actrices, además de ser una obra que, a pesar de haber sido estrenada en la primera mitad del siglo 20, sigue hablando de temas vigentes como la pobreza, la estratificación social, la violencia, etc. sobre todo cuando nuestro país se encuentra en el primer lugar de la OCDE como el país con mayor desigualdad.

En particular, me gustaría destacar la actuación de Catalina González que ha mostrado en este montaje una versatilidad que yo desconocía. Me dejó totalmente sorprendida. 

También hay que destacar la dupla que realiza con María Gracia O. ya que entre ambas se da la química necesaria para representar a estas hermanas cuya relación es tan intensa que a veces toma un carácter lésbico y son inmensamente sensuales, eróticas y veraces. Otras veces son como madre e hija y el empoderamiento de estos roles las hacen crecer y empequeñecerse respectivamente. Finalmente el desprecio y la envidia que sienten la una de la otra las lleva a algunas escenas de enfrentamiento físico. Y en cada una de estas interacciones cargadas de emotividades tan intensas hay una proxémica que es muy determinante y a la vez muy completa. Sobre todo en un escenario tan limpio en donde el lenguaje y el cuerpo lo son todo.

Quizás, mi única observación a esta obra tiene que ver con lo que menciono anteriormente y es la puesta en escena en términos de escenografía. La propuesta es muy mínimal y se sostiene absolutamente en el cuerpo de quienes la ejecutan, sin embargo hubiera sido interesante verla también a través de la inclusión de ciertos elementos que estuvieran acorde a la dramaturgia y lenguaje poético de Genet. En este sentido me parece que es una apuesta interesante y arriesgada del director ya que es el espectador quien tiene que completar algunas imágenes.


Dirección: Rodrigo Soto. Asistente de dirección: Juan Pablo Miranda. Elenco: Catalina González, María Gracia Omegna, Alexandra Von Hummel. Diseño integral: Ricardo Romero. Diseño gráfico: Andrés Sanhueza. Creación musical: Elvira López. Realización Audiovisual: Jorge Yacomán. Producción: Alessandra Massardo.

Viernes y sábado a las 22 horas, domingo a las 20 horas
Entrada general $5.000, estudiantes $3.000
Viernes Populares 2x1 en entrada general!!
Boletería Teatro del Puente abierta 1 hora antes de cada función, pago solo en efectivo
Alternativas de estacionamientos pagados en Pío Nono 40 y Bellavista 052
Sala con aire acondicionado


Ciclovía a la puerta
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La dimensión que habitamos entre la ficción y la realidad, es casi tan voluble como la que habitamos entre el pasado y el ahora.

Suena fome lo que digo, pero a pesar de que realmente es fome y cliché, no deja de ser cierto y apenas nos damos cuenta. Hasta que nos vemos brutalmente enfrentados a la situación que nos deja con cara de idiotas, preguntándonos ¿Qué pasó? ¿Qué es esto? Y lo peor ¿Qué lugar ocupo yo en toda la escena?

Me explico: Cuando fui al teatro del Puente, a ver la obra “Déjate perder” llegué sin mucha expectativa. Y es que tuve que ir sola luego de haber invitado a un par de amigas, entonces ya estaba un poco tostada. 

Más encima, la obra va de una pareja de actores que, a través de la dramatización fragmentada de varios textos, (Tennesee Williams, Copi, Heiner Müller y Patrick Marber) va dilatando una ruptura típica de una pareja de actores que, en una primera instancia, muestra a través de recursos audiovisuales, escenas de una relación maravillosa y cuico/entretenida que se da en la azotea de un edifico dando la impresión chilensis de Reality Bites (1994) protagonizada por Ethan Hawke y Winona Ryder

Hasta ahí todo bien, pero luego comienza esta dinámica de peleas que, tenían momentos re chistosos, pero no me dejaban de dar la sensación de las parejas de amigos que, cuando se curan en los carretes, pelean sacándose los trapitos al sol que nadie quiere ver, entonces me sentí un poco abrumada. Lo confieso. 

Hasta ahí, todo mal (para mí, y en eso hay que destacar la actuación de Loreto Lustig y Francisco Díaz ya que dentro de las diferentes dinámicas y estilos de actuación que se van presentando en la obra, de todas formas muestran una compenetración de partners que le da verosimilitud a la puesta en escena). 

Pero luego y a través de los mismos recursos audiovisuales, todo gira, se transforma, se vuelve demasiado explícito al punto de llegar a ser confuso y te dan ganas de decir, literalmente “me están gueviando”. O sea, yo lo dije y tuve que hablar con Francisco Krebs, director y dramaturgo para entender mejor lo que estaba sucediendo, al final de la obra. Y luego de todo ese proceso, al cerrar tras de mi la puerta del teatro y caminar hacia la estación Baquedano, pude esbozar una sonrisa y decir: Esta experiencia está increíble.

Y es que el montaje de todo parte cuando todavía no entras a la sala. Es la experiencia del pasillo, de la elección del asiento, de cuando se levantan las luces, de los aplausos o no al final de la obra, lo que convierte a este montaje en algo único y bien pensado. 


Totalmente recomendada.


Dirección: Francisco Krebs
Elenco: Loreto Lustig, Francisco Díaz
Dramaturgia: Francisco Krebs
Diseño y realización audiovisual: Andrés Lagos
Diseño espacial e iluminación: Juanita Needham
Gráfica: Andrés Lagos.
Fotografías: Andrés Lagos y Rafael Arenas.
Vestuario: Vesna Beros, “DeLourdes”
Asistentes escénicos: Ignacio Tolorza.

Solo 9 funciones!!
Del 18 de marzo al 3 de abril
Martes, miércoles y jueves a las 20:30 horas
Entrada general $5.000, estudiantes $3.000
TEATRO DEL PUENTE

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El jueves, para variar, me levanté mega atrasada. Me vestí linda, me puse tacos, me calcé sombrero, tuve un día de horror en la pega, morí de hambre y pasé el día pensando en que al día siguiente cumplía treinta. A las 8 de la noche me decidí ir al teatro para distenderme un poco aunque de verdad no tenía muchas ganas ya que tendría que ir sola, pero aperré de toda formas. El tránsito fue todo lo que podía querer ya que por Bellas Artes me llenaron de piropos aunque el dolor de usar tacos era el horror de los horrores y mientras recibía mis halagos pensaba ¿por qué estoy haciendo esto? Y es que claro, hay una multiplicidad de roles que tenemos que cumplir en el momento decisivo nuestras vidas, estamos llenas de presiones sociales por ser exitosas laboralmente, buenas amantes, y madres ejemplares entonces no está demás NUNCA que te digan que estás linda.

La obra que fui a ver es Yo Nunca Nunca de Begoña Ugalde y el azar hizo calzar las inquietudes de mujer-clase-edad por las que estaba pasando en ese mismo instante con el estreno de la obra, cosa que me resultó mega inquietante.

La obra se trata de una mina cuica/joven que está pasando por el proceso de separación de su esposo/artista con el que tienen una hija en común; que decide armarle la despedida de soltera a su hermana cuica/tonta y para eso llama a las amigas cuicas/algo (hippie, loca, rica, inteligente). Cada una es un estereotipo chistoso de lo que representan, con los valores ABC1 esperables de la caricatura y con toda la alharaca y competencia que se genera en las reuniones de mujeres (de cualquier estrato social). Y está la nana al medio de toda esta reunión, que se roba la obra, quizás del puro contraste de clase. Quién sabe. Pero yo me cagué de risa.

El guion es exquisito en diálogos y reflexiones que le dan una velocidad maravillosa a la obra, que se sitúa en la dinámica de carrete y no es para nada pretenciosa. Eso se agradece demasiado.

La escenografía es bella y necesaria. Cada uno de los elementos se justifica para crear el ambiente del departamento y, a pesar de que el escenario no es de gran tamaño y de que son 8 personajes los que llegan a estar en escena, todo anda como reloj y nadie se anda tropezando. Eso también está buenísimo.

Quizás, lo que me faltó fue un grado mayor de violencia cuando… (no pienso adelantar cuándo, obvio). Pero creo que ese es el único punto perfeccionable de la obra. Faltó resentimiento, roce, rabia para llegar a ese lugar en el que uno dice ¡Mierda, qué pasó! Y esto lo digo sin ánimos de ser el crítico que dice en la exposición que le cambiaría un par de pinceladas a un cuadro, sino a modo de sugerencia o de convicción vital que, en lo personal, me conduce a búsquedas que no tienen por qué ser las de la guionista y directora. Pero es un punto.



Como reflexión final, Yo Nunca Nunca es una obra muy entretenida, que en una primera instancia puede generar todo el rechazo del mundo por lo cuica y los estereotipos que pudieron irse a negro, pero que se salvan magistralmente por las actuaciones (A modo personal destaco las de Constanza AlemparteMariela Mignot y Sofia Oportot). Y lo más gracioso es que uno, no siendo ABC1, puede reconocer a muchas de sus amigas (que tampoco lo son) en las mismas dinámicas y preocupaciones, las que vistas desde afuera, o desde una butaca, son para cagarse de risa. 
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