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Hay tradiciones chilenas que son muy curiosas y que, al menos yo, lamento profundamente que hayan desaparecido o que su sentido original haya mutado en un asunto meramente folclórico. Una de ellas es la festividad de cuasimodo, la que se preserva porque se entiende que es un patrimonio de nuestra cultura, pero si lo pensamos, en estos tiempos es bien absurda ya que no es necesario que el cura llegue a caballo o en carreta y que estos vayan decorados. Bien puede tomar un auto en cualquier momento (si es que no llega en el propio, que suele ser la raja) y la visita a los enfermos ya no es lo mismo de antes ni significa lo mismo tampoco, sobre todo en estos tiempos de clínicas, ambulancias y servicios de emergencia particulares. Lo mismo sucede con todo lo que tiene que ver con fiestas patrias (menos la cueca, que está tomando un valor renovado en la juventud y que va en serio) en donde se hace una caricatura descarada y ridícula del “Huaso” chileno (que jamás se vuelve a vestir con chupalla el resto del año por muy elegante que se vea a sí mismo en la semana de fiesta) y en donde se ponen en circulación juegos que –tengo que decirlo- no tienen ninguna vigencia ni sentido en esta época. O sea, si la tuvieran, ya habrían videojuegos que hayan digitalizado el asunto, pero no he visto consola que traiga “Trompo o emboque SPORT” “Palo encebado game” o carrera de sacos para WII. Sin embargo esas tradiciones se conservan y recuerdan porque son parte de una identidad nacional que nos entrega un código común de pertenencia.
Pero hay otras tradiciones que definitivamente se pasaron por el aro y son las que tienen que ver con la muerte. Ya no se fotografía a los muertos. Ya no se hacen funerales a la chilena, con canto a lo divino, tomatera y cordero al palo; ya no se baila cueca en los cementerios para homenajear a los muertos y mucho menos se viste, a los niños que mueren, de “angelitos” para hacer en torno a ellos una reunión que los acompañe en el tránsito hacia lo que sea que haya al otro lado, si es que lo hubiere. ¿Por qué? Quizás porque parece un acto de barbarie el estar exponiendo el cadáver de un infante. O tal vez porque la experiencia de la muerte de un niño es tan traumática que es mejor erradicar todo lo que tiene que ver con eso. No hablarlo ni mostrarlo, menos reflexionarlo, ojalá olvidarlo y tocar madera tres veces para que la situación se vaya lejos, no nos toque, no exista.
Sin embargo y a pesar de esta negación cultural de la muerte infantil, la compañía Calaca Loca hace una puesta en escena que aborda el tema de manera explícita, con marionetas, música a tono y en vivo, nada menos que en el Anfiteatro Bellas Artes y lo que sucede es fantástico.
Pasa que las marionetas se entienden como un arte que es sine qua non de infancia, entonces se comprende que cualquier obra teatral que le lleva “mono” es para niños. Luego de que estamos sentados con nuestros hijos en las butacas, parte la obra, que tiene un clima y un ritmo muy acorde al tema que aborda y vemos aparecer la marioneta de un pequeño muy lívido, que es visitado por un Buho-tiempo y llevado por él a visitar a sus antepasados (que son un par de calaveras muy graciosas) y entonces uno puede observar como empiezan a desfigurarse las caras de algunos padres que no sospechaban que las marionetas son mucho más que un panel de donde salen títeres de mano para decirles a los niños que se tienen que comer toda la comida. Comienzan también las preguntas de los niños del corte: mamá ¿están todos muertos? o mamá ¿por qué el niño está con las calaveras? ¿se murió?
Y entonces la tensión y la incomodidad de algunos padres se vuelve tan latente que comienzan a mirar para todos lados tratando de que alguien les explique por qué las marionetas no se están pegando en la cabeza con un chipote chillón hasta que sucede el inevitable llanto de un chiquito y entonces 3 o 4 padres salen con sus respectivos hijos, con un desagrado evidente y esperando que alguien les devuelva el dinero. (Risas)
Pero la obra sigue y va tomando un clima cada vez más cercano y evidente. La marioneta del niño llega a la tierra, junto a los bichitos, las raíces y otras calaveras. Es una suerte de inframundo vinculado con la naturaleza y todo se canaliza en la celebración de la partida del angelito, con el niño sentado sobre una mesa, con los parientes bebiendo, con música folclórica de muerte en un ejercicio evidente de rescate patrimonial, de establecimiento de política de memoria y todos nos volvemos parte de ese ejercicio que sabemos nuestro, con nuestros niños que siguen preguntando por lo que le pasó al niño y ahí radica la maravilla de esta obra ya que es imposible salir de ahí sin entablar un diálogo exquisito y necesario con los hijos que se ven enfrentados a la muerte, que está latente en el espacio, de un par de ellos y se les vuelve evidente el hecho de que también se pueden morir y llega la fantasía de que llegará también el Buho-tiempo, y la potencialidad de un viaje que irá por caminos insospechados, dependiendo de las creencias de cada familia y de lo capaces que seamos de dialogar con nuestros hijos los que, por lo general, son mucho más inteligentes de lo que sospechábamos.
Más encima, la puesta en escena es preciosa y creo que es un aporte, no sólo en materia de identidad chilena, sino también de identidad latinoamericana para la construcción del imaginario de muerte los niños ya que hay una forma de abordar los personajes con todo el colorido de México (haciéndole honor al nombre de la compañía).
Yo fui a verla con mis hijos y de verdad me pareció una puesta en escena que, además de instalar un tema que es bien complejo de una forma amable y bella, hace un rescate patrimonial y de identidad importante. Existe en este montaje un ejercicio de memoria que se agradece y que nos da la oportunidad de establecer diálogos que son muy importantes y que solemos evadir, con nuestros hijos, dándonos la oportunidad de entrar a esa cosmogonía propia de la infancia de la que en buena parte somos responsables, pero que tampoco podemos controlar en su totalidad y eso lo vuelve exquisito.
Creo que es una apuesta muy valiente de parte de la compañía y creo que el Anfiteatro Viaje Inmóvil es un espacio muy necesario y propicio para que se den estas discursividades que se dan de forma mucho más auspiciosa gracias a las marionetas ya que sobrepasan las posibilidades actorales en la medida de que nos permiten ver personajes que vuelan, que pierden la cabeza, que pueden sacarse los ojos o ser calaveras para retratar ampliamente lo que se instala en el escenario.
Como espectadora agradezco el montaje que es muy lindo y muy didáctico y como mamá agradezco que se me haya brindado la oportunidad de hablar de un tema que, gracias a la instancia se volvió ineludible y fue infinitamente enriquecedor.
“Angelito” es una obra que recomiendo, que espero se repita y que no se debe amilanar por las reacciones de las relaciones parentales de quienes no quieren o no están preparados para abordar el tema, porque el teatro se vuelve una experiencia vital en la medida de que es un aporte a nuestra construcción de identidad y de mundo. Ambas cosas se cumplen.
Anfiteatro Bellas Artes - Comentario de Teatro - COMENTARIOS - Compañía Calacaloca - CRITICA - CRITICA DE TEATRO - NUEVO - Teatro chileno
Para hablar de Edmond, hay que comenzar hablando de David Mamet (el dramaturgo de esta historia) ya que al ver su nombre en el afiche, uno no puede dejar de pensar en que es el guionista de “El cartero llama dos veces”, “Los Intocables”, “RONIN , de “Hannibal”, que se ha ganado en dramaturgia el premio Pulitzer y que ha estado 2 veces nominado a los premios Oscar, entonces uno inmediatamente piensa: Esto es Sandía calada.
Si a eso le sumamos que se está presentando en Mori Bellavista y vemos el trabajo previo de Mori que se ha preocupado de instalar obras de buena calidad dramática y las lleva de la mano con actores oreja, entonces podía dar fe por completo de que la experiencia, cuando menos, iba a ser buena. Esto como profecía o prejuicio es entrete ya que uno llega con buena predisposición al teatro; como si los pasos de camino a ver la obra te sonaran a Frank Sinatra o a Sonny Rollins.
Pero al salir de la obra me quedé con una sensación muy extraña, de no entender si me había gustado o no y entonces paso a describir el porqué de esta incertidumbre.
La historia va de Edmond (Gonzalo Muñoz Lerner), que es un sujeto X de 43 años y que ha cumplido con todo lo que se supone debe hacer un hombre de esa edad. Tiene una mujer, ha trabajado toda su vida y de pronto tiene una revelación que lo lleva a tomar la determinación de abandonar su casa, su esposa y comenzar así un viaje que parte en la taberna donde va a desahogar sus penas con un amigo y este, como consejo le dice: “a vos te hace falta un buen polvo”. Edmond entonces, muy obediente, parte a la ciudad en un tránsito que lo lleva por una noche llena de espacios y códigos que desconoce, que le resultan hostiles y en la medida de que va viendo la necesidad de defenderse, se van cayendo las máscaras y se va revelando la naturaleza de este sujeto que no es más que otra víctima llena de prejuicios que, por una parte lo han limitado y que, por otra, lo llevan a tomar una serie de decisiones que desencadenan un nuevo ordenamiento para su “nueva naturaleza”. Hasta aquí todo bien.
Las actuaciones, en su mayoría son impecables. Ximena Rivas muestra una vez más lo que sabe hacer muy bien. Se desempeña en una multiplicidad de personajes secundarios y cumple maravillosamente con todos ellos.
Gonzalo Muñoz Lerner me parece una decisión bastante acertada de parte de los directores para hacer un rol tan protagónico, pues se monta en el macho, se tira la obra al hombro y sale impecablemente airoso. Incluso me atrevería a decir que Muñoz Lerner va mejor a la obra que William H. Macy a la película (2005). Así de radical.
Además, me gustaría destacar las actuaciones de Franco Toledo y de Andrea García-Huidobro. Notables.
También me encantó como se manejaron los tiempos, la escenografía, sin embargo (y me doy cuenta de esto a medida que lo voy escribiendo), lo que me desagradó fue el público, puesto que hubo muchas risas en momentos que eran miserables o dramáticos, entonces no me queda claro si hubo una falla de parte de los directores en conducir adecuadamente la emocionalidad de determinadas escenas o si tuve mala suerte en coincidir en un tiempo y espacio con gente que no estaba en la misma sintonía. Quizás el ángulo en el que estaba no fue el más afortunado y me perdí de algo en escena, quién sabe. Pero me quedé con la sensación de haber visto una obra diferente a la que vio otro segmento del público, que tampoco fue en su totalidad. Para ejemplificar mejor, podría decir que fue como ver la escena en la que Romeo toma el veneno junto a Julieta que yace, para él muerta, en donde eso le pareciera chistoso al espectador. Eso varias veces en la obra.
Como me quedé con la duda, llegué a casa nuevamente a revisar la película (cuya adaptación al español tiene similitudes extraordinarias con la obra que vi y no la encontré subtitulada) y para sorpresa mía vi lo mismo que vi en la sala respecto de la intencionalidad de las escenas y entonces continúo en mi perplejidad y no logro resolver si mi sensación de incomodidad con la obra fue por una situación que se da una sola vez o si se repetirán en la temporada las risas en una obra que habla de misoginia, racismo, homofobia y de otros prejuicios, que luego muestra la decadencia de los marginados, el fracaso, la delincuencia, que en resumen muestra el tránsito de un burgués hacia el autoconocimiento y que para ello debe enfrentarse con la gigantesca brecha humana que se da tanto en Nueva York, como en Santiago de Chile.
Para concluir, si me preguntan si es recomendable verla, creo que sí. Creo que es una obra en la que muchos se van a reconocer y es una lástima que así sea. Creo que es una obra que nos conduce a un entendimiento respecto de nuestras búsquedas y de lo que encontramos, y también de eso que no nos gusta encontrar.
“Edmond” estará desde el 24 de abril al 7 de junio en Teatro Mori Bellavista, de jueves a sábado a las 20:30 hrs. Duración: 1 hora 15 min.
FICHA TÉCNICA
Dirección: Antonio Campos y Gabriel Urzúa
Dramaturgia: David Mamet
Elenco: Gonzalo Muñoz Lerner, Ximena Rivas, Víctor Montero, Andrea García-Huidobro, Camila López, Gabriel Cañas, Daniela Castillo, Franco Toledo
Traducción y Adaptación: Ignacia Allamand
Diseño Integral: Daniela Fresard
Música Original: Gonzalo Ramos y Felipe Martínez
Producción y Gráfica: César Ramírez
Andrea García-Huidobro - Antonio Campos - Camila López - COMENTARIOS - CRITICA - CRITICA DE TEATRO - EDMOND - Franco Toledo. - Gonzalo Muñoz Lerner - NUEVO - Teatro Mori - Teatro Mori Bellavista - Ximena Rivas
Por Angela Barraza Risso
Esta comedia, muestra la historia de una pareja homosexual (Héctor Morales y Felipe Braun) cuya relación está marcada por roles de dominancia que son bien potentes. Producto de estos roles es que Juan (Morales) decide terminar esta relación. En el quiebre, este personaje incursiona con una mujer (Daniela Ramírez) quien le da un nuevo soporte emocional al personaje de Juan y eso lo lleva a cuestionarse en términos de identidad. La gracia es que estos cuestionamientos van mucho más allá de lo sexual sino que vislumbra parcialmente las clasificaciones identitarias de género que nos han heredado versus el establecimiento de vínculos emocionales que podemos llegar a tener como seres humanos.
Bartlett se apropia del triángulo amoroso que es una de las tramas más antiguas y utilizadas por la literatura, pero le da la frescura de los cuestionamientos contemporáneos relativos a la forma en cómo se vive la sexualidad hoy, mostrando el constante movimiento y la búsqueda, que hoy se han naturalizado en algunos sectores sociales (cosa que, en lo personal, me parece maravilloso). Esta obra habla claramente de la libertad amatoria que deberíamos gozar todos los seres humanos en oposición a los convencionalismos sociales, pero también deja en evidencia nuestra incomodidad frente a la ambigüedad. Quizás como una duda autoimpuesta por los factores culturales que nos resultan tan predominantes en este proceso de cambio y evolución. En términos literarios esta obra brilla por su trama que es inmensamente tierna y muy entretenida, pero no por eso es menos trágica.
La ejecución de los actores es verdaderamente impecable. Hay un empoderamiento de los roles que evidencia la trayectoria de cada uno y a su vez, la mano del director está indudablemente presente tanto en la elección del elenco, como en el vestuario, en la propuesta escenográfica, en el manejo de los tiempos y en esta relación que lleva de la mano para volverlo un producto que, me atrevo a decir, es un capital cultural necesario para nuestra sociedad chilena contemporánea.
Respecto de los factores prácticos o técnicos pues debo decir que, en lo personal, estoy un poco cansada de estas obras que carecen de recursos escenográficos o de montaje, en donde es el espectador es quien debe resolver imaginariamente los elementos. Sin embargo, en esta obra suceden tantas cosas y tiene una carga emotiva tan potente que en este caso en particular, me pareció un acierto del director el manejo de muy pocos elementos en escena. Que toda la atención se concentre en la profundidad de las actuaciones y en el texto era absolutamente necesario y los elementos son reemplazados muy positivamente por la pulcritud, coordinación y precisión.

Finalmente me gustaría hacer una mención especial al trabajo de Colombina Parra quien es la responsable de la musicalización de la obra, puesto que es también la música la que va dando el tono emotivo de las escenas. Hay un trabajo serio y muy profesional en el desarrollo de esta “banda sonora” que dan ganas de llevárselo en un CD o en un MP3, para la casa.
Aplausos cerrados para “Cock”. Es una obra fundamental.
Álvaro Viguera - COCK - Colombina Parra - Comentario de Teatro - COMENTARIOS - CRITICA DE TEATRO - Daniela Ramírez - Felipe Braun - Héctor Morales - NUEVO - Teatro Mori Parque Arauco - Tomás Vidiella
Por: Angela Barraza Risso
En el Teatro del Puente están presentando la obra Las criadas (Les Bonnes, del dramaturgo francés Jean Genet, estrenada en 1947) y el elenco es realmente un lujo. En el rol de Claire trabaja María Gracia Omegna – todos la vimos protagonizando “Martín Rivas”, “Dama y obrero” y la película “Joven y Alocada”- y en el papel de Solange, trabaja Catalina González (La tremenda detective Carrasco, en “Secretos del Jardín” y ya podemos verla en “09, la película”). Ambas criadas Tienen una relación de amor/odio con “La Señora” (interpretada maravillosamente por Alexandra Von Hummel).
La obra parte en ausencia de la dueña de casa -quien es la que, con su presencia siempre latente, le da el pulso a la obra- con Claire y Solange en el escenario, interpretando un juego macabro en el que la interpretan alternadamente, dejando de manifiesto estas emociones confusas de amor y admiración, pero también de envidia y de odio.
En el transcurso de este “juego” va quedando de manifiesto lo lejos que han llegado estas dos hermanas las que, llevadas por este espiral de sentimientos vertiginosos, llegan a denunciar “al caballero” a la policía por delitos económicos y a planificar el asesinato de su ama.
En el transcurso de este “juego” va quedando de manifiesto lo lejos que han llegado estas dos hermanas las que, llevadas por este espiral de sentimientos vertiginosos, llegan a denunciar “al caballero” a la policía por delitos económicos y a planificar el asesinato de su ama.
Pero sale todo mal para ellas, como un designio de la clase y el lugar que ocupan en la casa y en la vida de los patrones. Finalmente se desata la tragedia.
Pero la trama no es el objetivo último por el que uno debería ver esta obra, sino por las interpretaciones fantásticas de estas tres actrices, además de ser una obra que, a pesar de haber sido estrenada en la primera mitad del siglo 20, sigue hablando de temas vigentes como la pobreza, la estratificación social, la violencia, etc. sobre todo cuando nuestro país se encuentra en el primer lugar de la OCDE como el país con mayor desigualdad.
En particular, me gustaría destacar la actuación de Catalina González que ha mostrado en este montaje una versatilidad que yo desconocía. Me dejó totalmente sorprendida.
También hay que destacar la dupla que realiza con María Gracia O. ya que entre ambas se da la química necesaria para representar a estas hermanas cuya relación es tan intensa que a veces toma un carácter lésbico y son inmensamente sensuales, eróticas y veraces. Otras veces son como madre e hija y el empoderamiento de estos roles las hacen crecer y empequeñecerse respectivamente. Finalmente el desprecio y la envidia que sienten la una de la otra las lleva a algunas escenas de enfrentamiento físico. Y en cada una de estas interacciones cargadas de emotividades tan intensas hay una proxémica que es muy determinante y a la vez muy completa. Sobre todo en un escenario tan limpio en donde el lenguaje y el cuerpo lo son todo.
Quizás, mi única observación a esta obra tiene que ver con lo que menciono anteriormente y es la puesta en escena en términos de escenografía. La propuesta es muy mínimal y se sostiene absolutamente en el cuerpo de quienes la ejecutan, sin embargo hubiera sido interesante verla también a través de la inclusión de ciertos elementos que estuvieran acorde a la dramaturgia y lenguaje poético de Genet. En este sentido me parece que es una apuesta interesante y arriesgada del director ya que es el espectador quien tiene que completar algunas imágenes.
Dirección: Rodrigo Soto. Asistente de dirección: Juan Pablo Miranda. Elenco: Catalina González, María Gracia Omegna, Alexandra Von Hummel. Diseño integral: Ricardo Romero. Diseño gráfico: Andrés Sanhueza. Creación musical: Elvira López. Realización Audiovisual: Jorge Yacomán. Producción: Alessandra Massardo.
Viernes y sábado a las 22 horas, domingo a las 20 horas
Entrada general $5.000, estudiantes $3.000
Viernes Populares 2x1 en entrada general!!
Boletería Teatro del Puente abierta 1 hora antes de cada función, pago solo en efectivo
Alternativas de estacionamientos pagados en Pío Nono 40 y Bellavista 052
Sala con aire acondicionado
Ciclovía a la puerta
Alexandra Von Hummel - Angela Barraza Risso - Catalina González - COMENTARIOS - CRITICA - CRITICA DE TEATRO - Las Criadas - María Gracia Omegna - NUEVO - Rodrigo Soto - Teatro del Puente
La dimensión que habitamos entre la ficción y la realidad, es casi tan voluble como la que habitamos entre el pasado y el ahora.
Suena fome lo que digo, pero a pesar de que realmente es fome y cliché, no deja de ser cierto y apenas nos damos cuenta. Hasta que nos vemos brutalmente enfrentados a la situación que nos deja con cara de idiotas, preguntándonos ¿Qué pasó? ¿Qué es esto? Y lo peor ¿Qué lugar ocupo yo en toda la escena?
Me explico: Cuando fui al teatro del Puente, a ver la obra “Déjate perder” llegué sin mucha expectativa. Y es que tuve que ir sola luego de haber invitado a un par de amigas, entonces ya estaba un poco tostada.
Más encima, la obra va de una pareja de actores que, a través de la dramatización fragmentada de varios textos, (Tennesee Williams, Copi, Heiner Müller y Patrick Marber) va dilatando una ruptura típica de una pareja de actores que, en una primera instancia, muestra a través de recursos audiovisuales, escenas de una relación maravillosa y cuico/entretenida que se da en la azotea de un edifico dando la impresión chilensis de Reality Bites (1994) protagonizada por Ethan Hawke y Winona Ryder.
Hasta ahí todo bien, pero luego comienza esta dinámica de peleas que, tenían momentos re chistosos, pero no me dejaban de dar la sensación de las parejas de amigos que, cuando se curan en los carretes, pelean sacándose los trapitos al sol que nadie quiere ver, entonces me sentí un poco abrumada. Lo confieso.
Hasta ahí, todo mal (para mí, y en eso hay que destacar la actuación de Loreto Lustig y Francisco Díaz ya que dentro de las diferentes dinámicas y estilos de actuación que se van presentando en la obra, de todas formas muestran una compenetración de partners que le da verosimilitud a la puesta en escena).
Pero luego y a través de los mismos recursos audiovisuales, todo gira, se transforma, se vuelve demasiado explícito al punto de llegar a ser confuso y te dan ganas de decir, literalmente “me están gueviando”. O sea, yo lo dije y tuve que hablar con Francisco Krebs, director y dramaturgo para entender mejor lo que estaba sucediendo, al final de la obra. Y luego de todo ese proceso, al cerrar tras de mi la puerta del teatro y caminar hacia la estación Baquedano, pude esbozar una sonrisa y decir: Esta experiencia está increíble.
Y es que el montaje de todo parte cuando todavía no entras a la sala. Es la experiencia del pasillo, de la elección del asiento, de cuando se levantan las luces, de los aplausos o no al final de la obra, lo que convierte a este montaje en algo único y bien pensado.
Totalmente recomendada.
Dirección: Francisco Krebs
Elenco: Loreto Lustig, Francisco Díaz
Elenco: Loreto Lustig, Francisco Díaz
Dramaturgia: Francisco Krebs
Diseño y realización audiovisual: Andrés Lagos
Diseño espacial e iluminación: Juanita Needham
Gráfica: Andrés Lagos.
Fotografías: Andrés Lagos y Rafael Arenas.
Vestuario: Vesna Beros, “DeLourdes”
Asistentes escénicos: Ignacio Tolorza.
Solo 9 funciones!!
Del 18 de marzo al 3 de abril
Martes, miércoles y jueves a las 20:30 horas
Entrada general $5.000, estudiantes $3.000
TEATRO DEL PUENTE
Angela Barraza Risso - COMENTARIOS - CRITICA - CRITICA DE TEATRO - CRÓNICA TEATRAL - Francisco Díaz - Francisco Krebs - Loreto Lustig - NUEVO - Teatro del Puente
El jueves, para variar, me levanté mega atrasada. Me vestí linda, me puse tacos, me calcé sombrero, tuve un día de horror en la pega, morí de hambre y pasé el día pensando en que al día siguiente cumplía treinta. A las 8 de la noche me decidí ir al teatro para distenderme un poco aunque de verdad no tenía muchas ganas ya que tendría que ir sola, pero aperré de toda formas. El tránsito fue todo lo que podía querer ya que por Bellas Artes me llenaron de piropos aunque el dolor de usar tacos era el horror de los horrores y mientras recibía mis halagos pensaba ¿por qué estoy haciendo esto? Y es que claro, hay una multiplicidad de roles que tenemos que cumplir en el momento decisivo nuestras vidas, estamos llenas de presiones sociales por ser exitosas laboralmente, buenas amantes, y madres ejemplares entonces no está demás NUNCA que te digan que estás linda.
La obra que fui a ver es Yo Nunca Nunca de Begoña Ugalde y el azar hizo calzar las inquietudes de mujer-clase-edad por las que estaba pasando en ese mismo instante con el estreno de la obra, cosa que me resultó mega inquietante.
La obra se trata de una mina cuica/joven que está pasando por el proceso de separación de su esposo/artista con el que tienen una hija en común; que decide armarle la despedida de soltera a su hermana cuica/tonta y para eso llama a las amigas cuicas/algo (hippie, loca, rica, inteligente). Cada una es un estereotipo chistoso de lo que representan, con los valores ABC1 esperables de la caricatura y con toda la alharaca y competencia que se genera en las reuniones de mujeres (de cualquier estrato social). Y está la nana al medio de toda esta reunión, que se roba la obra, quizás del puro contraste de clase. Quién sabe. Pero yo me cagué de risa.
El guion es exquisito en diálogos y reflexiones que le dan una velocidad maravillosa a la obra, que se sitúa en la dinámica de carrete y no es para nada pretenciosa. Eso se agradece demasiado.
La escenografía es bella y necesaria. Cada uno de los elementos se justifica para crear el ambiente del departamento y, a pesar de que el escenario no es de gran tamaño y de que son 8 personajes los que llegan a estar en escena, todo anda como reloj y nadie se anda tropezando. Eso también está buenísimo.
Quizás, lo que me faltó fue un grado mayor de violencia cuando… (no pienso adelantar cuándo, obvio). Pero creo que ese es el único punto perfeccionable de la obra. Faltó resentimiento, roce, rabia para llegar a ese lugar en el que uno dice ¡Mierda, qué pasó! Y esto lo digo sin ánimos de ser el crítico que dice en la exposición que le cambiaría un par de pinceladas a un cuadro, sino a modo de sugerencia o de convicción vital que, en lo personal, me conduce a búsquedas que no tienen por qué ser las de la guionista y directora. Pero es un punto.
Como reflexión final, Yo Nunca Nunca es una obra muy entretenida, que en una primera instancia puede generar todo el rechazo del mundo por lo cuica y los estereotipos que pudieron irse a negro, pero que se salvan magistralmente por las actuaciones (A modo personal destaco las de Constanza Alemparte, Mariela Mignot y Sofia Oportot). Y lo más gracioso es que uno, no siendo ABC1, puede reconocer a muchas de sus amigas (que tampoco lo son) en las mismas dinámicas y preocupaciones, las que vistas desde afuera, o desde una butaca, son para cagarse de risa.
Angela Barraza Risso - Begoña Ugalde - Comentario de Teatro - COMENTARIOS - Constanza Alemparte - CRITICA - CRITICA DE TEATRO - Lastarria 90 - Mariela Mignot - NUEVO - Sofia Oportot - Teatro - Teatro chileno - Yo Nunca Nunca
por Angela Barraza Risso
¿Por qué decidiste tomar el papel de Ken, Qué sientes tú que puedes aportarle a este personaje desde tu experiencia actoral?
Cuando fui convocado para este reemplazo, primero leí el texto de Logan y luego fui a ver la obra con el elenco original antes de decidirme a hacerlo o no. Ambas experiencias fueron gratamente sorprendentes. Yo llevaba dos años sin hacer teatro, por diferentes motivos, pero principalmente porque los proyectos a los que me convocaban no me parecían del todo interesantes. Hacer teatro siempre es bueno, dirán algunos, pero desde mi perspectiva los proyectos, a los que uno decide sumarse, deben cumplir con ciertas características estéticas, éticas, humanas, políticas, que en definitiva hagan que las ideas que en ese lugar se pongan en circulación contribuyan a quienes estamos en el proceso, pero sobre todo al que después mira este objeto. Y por eso me interesó encarnar a "Ken". Por un total. No solo por el rol en particular. Sino que por el lugar de la obra en su conjunto. Un lugar que al menos a mí me interpela constantemente y que tiene que ver con las contradicciones que el arte y la vida en el arte enfrentan en el sistema en que vivimos. Y es eso lo que trato de aportarle al rol. Que no es otra cosa que mi biografía puesta al servicio de la escena. Mi cosmovisión. Mis reflexiones frente al oficio y su utilidad. Mis pensamientos en torno a los límites de lo que es ético y lo que no. Mis observaciones acerca de las fronteras de la moral y cuánto uno las descorre día a día.
Si extrapolamos a los personajes Ken-Rothko a Horton-Semler ¿Cómo ves, cualitativamente las duplas y las dinámicas de trabajo. Cómo ha sido esta experiencia de partners?
Principalmente habría que hacer el inevitable ejercicio de contextualizarnos en una época y un territorio diferente. Con el espíritu que eso conlleva. Hay paradigmas que se han derrumbado en las dinámicas del trabajo artístico desde un tiempo a esta parte. Durante el siglo XX (y antes también) asistimos al perpetuo encuentro entre maestro y discípulo. Que a mi modo de ver responde a un sistema relacional, entre los individuos, estrechamente vinculado a los antiguos modelos familiares. La relación entre estas dos figuras no es otra cosa que una transferencia de como operaba la figura paterna en esa época (observemos la irrupción del psicoanálisis en ese siglo). Pero hoy, al igual que en la vida cultural en su conjunto, y también en las familias, como escala cultural esas estructuras se han modificado y no actúan sobre los individuos de la misma manera. Digo todo esto, porque a diferencia de la obra, donde los status aparentemente inviolables que se plantean hasta cierto punto de la historia, responden a esa realidad. La que elaboramos Willy y yo avanza con el espíritu de los tiempos que corren; Es una relación horizontal. Willy es un tremendo actor y un maravilloso hombre de teatro, con más experiencia y trayectoria que yo, innegablemente, con un enorme oficio y vocación, del que he aprendido y aprendo día a día, pero en ningún momento ha intentado (ni él ni yo) de embestirse como maestro. Muy por el contrario, es un amigo, un par, un compañero.
Según tu percepción del arte, qué tan de acuerdo estás con las reflexiones que se dan en la obra, obviamente llevándola a tu disciplina, que es la actuación.
Las preguntas acerca del arte son preguntas eternas. ¿Para que? ¿Por qué? ¿Para quien? etc. Y la obra de Logan es prístina al respecto. Sintetiza en 90 minutos a través de la conversación de dos hombres de cara al oficio artístico, no solo esa preguntas específicas de la materia, sino que las grandes disyuntivas del hombre y la existencia. Hace magistralmente un recorrido profundo pero claro rondando las grandes dudas, las grandes interrogantes de la humanidad a través del tiempo. No solo por el sentido y las opciones en la vida, sino que también por como encarar la muerte. Desde ese punto de vista es imposible no estar de acuerdo con lo que ahí se plantea, porque no son certezas ni declaraciones de principios, sino que se levantan preguntas que no solo competen al oficio artístico, sino que al sentido de la existencia.
Tomando en consideración que toda manifestación artística tiene una búsqueda detrás y que esto queda planteado en la obra con dos conceptos muy potentes que son el negro y particularmente el rojo ¿Cuál podrías señalar que es tu concepto?
En la obra se plantea que la presencia del rojo en la pintura de Rothko, sus colores brillantes, son la presencia de Dionisio, simbolizando los excesos, la extravagancia, la pasión, la fuerza vital, el movimiento y la transformación. El negro, plasmado en los limites geométricos de sus ornas, significan a Apolo, el control, los limites, el orden y el método. En esa simbiosis, que describiera Nietzsche en "El origen de la tragedia" (texto que se cita en la obra, y que es fundamental en sus múltiples lecturas) se funda todo el dilema artístico y existencial del pintor norteamericano. Eso nos da prueba de un método, de un lugar contemplativo, pragmático y estudiado de enfrentar el arte. Esa ha sido una discusión antigua en términos de como sumergirse en la creación en cualquiera de sus maneras de manifestarse. A mi modo de ver, humildemente creo que es importante hacer que convivan ciertos aspectos de ambas pulsiones. En los procesos teatrales o actorales en general, trato de elaborar un marco que me permita moverme dentro de él. Elaborar un territorio, un domicilio político, estético, ideológico, gestual, situaciones, vocal, etc., en el cual después se me permita transitar libremente dando lugar a lo desconocido a lo inesperado. Entonces; hay un proceso previo que elabora la ley de lo que sucederá en la escena, pero en el momento en que la obra sucede, todo eso queda atrás, ya está absolutamente definido y resguardado, y no queda más que sumergirse ahí a ciegas. Es difícil poner en palabras una metodología pero, para mí, la gran clave siempre ha sido solamente ponerse en situación, y habitar ahí por el tiempo y espacio que sea necesario. Si me pides que le otorgue un color a eso, tendría que decir que es un gris. Una mezcla sucia y rara de todos los colores.
En relación al teatro y el espectáculo televisivo; la permanencia, versus la inmediatez y esto, obviamente en concordancia con lo que se plantea en la obra: Qué responsabilidad crees que tiene el público, respecto de lo que consume como bienes o “productos” culturales. ¿Cuál es tu visión política al respecto?
Me parece que el público quiere comodidad. Es mucho mas fácil quedarse en el sillón o en la cama viendo una teleserie, antes que cruzar tres comunas, gastar 15 lucas y llegar a un teatro incomodo a ver una obra que no entienden o no disfrutan y salir confundidos y desilusionados. Y si van a hacer ese esfuerzo, es mucho mejor ir al cine, a ver obviamente una película nominada al Óscar, una sandía calada, comiendo cabritas o un hot-dog, en un asiento cómodo en una sala con aire acondicionado. ¿Y quien podría juzgar eso? yo no al menos.
La obra también hurguetea ahí. En el roce que el artista establece con el sistema económico en el cual está sumergido. En cómo hablarle al publico de lo que desea hablarle, como aumentar el alcance sin traicionarse. Ese es el tormento de Rothko que en la obra se expone como el paradigma del tormento del artista contemporáneo.
Dentro de tu experiencia teatral, cuál es la obra o montaje en la que te has sentido más realizado como actor y cuál es la que ha presentado mayores dificultades o se ha constituido como un mayor desafío.
Cada obra es un enorme desafío nuevo y distinto, y ninguna merece ser comparada con la otra. Sería como comprara los amores, las amistades, los viajes, las experiencias de la vida. Cada una es distinta, enorme, trascendente e inolvidable. Si uno quiere que así sea.
De tus personajes realizados en televisión, ¿Cuál se parece más a Mario Horton y por qué?
Todos los personajes se parecen y la vez no se parecen a mí. Porque inevitablemente todos están en un lugar que queda justo al centro de lo que yo soy, de lo que quiero ser, de mi propio fantasma que acecha a la hora de crearlos, de mis miedos y mis deseos, pero también de lo que el texto elabora como ruta a seguir, y de lo que el director o el contexto del proyecto en particular empuja sobre ese proceso también. Todos tienen todo de mí y nada de mí al mismo tiempo.
Pensando en tu tradición política, en tu formación en el seno de una familia en la que el padre es mirista, exiliado y retornado. Y tomando también en cuenta tu formación educacional en el colegio Altamira y en la ARCIS, que son dos instituciones que tienen un constructo ideológico claro ¿Cómo analizas tu participación en TV, en relación a esa formación. Hay una traición a esos principios políticos que buscan equidad social a través del paroxismo del consumo, que es la televisión o hay otras aristas como el hecho de constituirte como una voz?
En el lugar donde yo trabajo, específicamente en mi área, hay creativos como Matías Ovalle o Tito Gesswein que han impulsado proyectos de gran calidad y profundidad como "Héroes", "Los 80`s", "Peleles" ó "Secretos en el Jardín", que han significado una importante bisagra en la ficción en Chile en términos de realización, de calidad, de profundidad en la reflexión frente a nuestra idiosincracia y en los temas planteados, y que evidentemente han abierto ciertas puertas que estaban clausuradas hacia nuevos lugares y nuevas historias a contar. El lugar medular, eso si, del actor, está en el teatro y en el cine. Ya que ahí los proyectos (idealmente) no tienen que luchar con líneas editoriales o censuras cualquiera sea su procedencia, para realizarse. Luchan eso si con otro inmenso monstruo que es el financiamiento. Pero esa es otra historia.
* * *
Acá les dejo un set de 10 preguntas rápidas que le hice a Mario y más abajo un par de conclusiones.
Conclusiones finales:
Mi cometido al ir a ver el ensayo era sacar una entrevista con Mario y fue increíble. Conocí a una persona muy profesional que se alejaba diametralmente a mi prejuicio. Fue demasiado amable, demasiado seco, demasiado buena onda, demasiado demasiado, al punto que me llegué a sentir culpable y no pude dejar de anunciar el prejuicio y pedir disculpas por ello. Y bueno, acá les dejo la entrevista para que se motiven a ver la obra y para que se encuentren, al igual que yo, con un ser humano que trasciende la pantalla, justamente cuando baja de ella.
Rojo es una obra que encanta, que no basta con verla tan sólo una vez sino que viene a constituirse, al menos para mí, en una obra similar a un libro de consulta, a un poemario de cabecera, a una peli de culto.
Afortunadamente hoy se presenta en su 3º temporada, esta vez en el Mori que está en Parque Arauco y tiene como gracia el hecho de que ha cambiado su elenco. Rothko, anteriormente representado por Lucho Gnecco, ahora estará en manos de Willy Semler (acá hay que destacar la producción ya que cambiar un grande por un grande es tarea compleja) y el papel de Ken, que estuvo en manos de Martín Bacigaluppo, ahora será representado por Mario Horton. El mismo de los 80 (en el papel de Gabriel Díaz), de Secretos en el Jardín (Javier Montes) y de Las Vegas (Vicho Acuña).
Tengo que reconocer el prejuicio y es que uno escribe a partir de la experiencia personal y entonces no se puede ser del todo objetivo. Me temía una desilusión ya que para mí, Mario Horton era sinónimo del “mino rico de la tele”, estereotipo que me carga y me dolió el corazón pensar que una de mis obras favoritas se podía ver estropeada o farandulizada.
Cuando vi el nuevo elenco me dije ah no, hay que ver esto y tuve la enorme fortuna de poder asistir a uno de los ensayos. Ya con la escenografía montada y todo (y más encima pude fumar, sentada en mi butaca a la antigua. Todo un lujo). Y pasó que, lejos de la decepción, descubrí una obra nueva. Los ciclos de los personajes son distintos; el empoderamiento de Ken en la obra brilla de manera diferente. La ira y el desprecio de Rothko se vuelve un tormento más intro, más sórdido y entonces los personajes se vuelven distintos y las reflexiones toman otro color. No puedo decir que estas interpretaciones son mejores que las anteriores, pero si que hay que verlas porque aportan, cada una, desde estructuras diferentes. La proxémica de la obra es nueva, el espacio íntimo que se genera en el escenario también cambia aunque el libreto es el mismo y también el espacio. Me encantó por segunda vez.
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Hoy es la última función de "Coraje, Corazón y Rita" Está en el Teatro del Puente y lo menciono porque no deberían dejar de ir a verla. Lamentablemente yo fui tarde o les hubiera comentado esto un poco antes. Digo, estamos en el último día y es una lata, pero si tienen tiempo vayan porque no se van a arrepentir (cosa que a mí me sucede la mayor parte del tiempo).
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