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Leo Cronopios. Leo Famas. Pienso en Sherlock.

Era una compañera de curso, de cuando estudiaba Filosofía en la USACH. Ella decía que era de un origen muy humilde y eso lo menciono porque está vinculado con el origen de su nombre.

Según ella, su mamá tenía -como único tesoro- un libro de Arthur Conan Doyle que se llamaba “El Sabueso de los Baskerville”. Con ese libro aprendió a leer y también lo usó para enseñarles a sus hijos ya que no pudo darles educación a todos. Y guardó ese nombre (Sherlock) para la primera de sus hijas ya que en un matinal había escuchado que los nombres determinaban a las personas en suerte y forma de ser. Su mamá había ensado en lo difícil que resulta ser mujer en Chile y sabía que si tenía una hija, ella iba a necesitar mucha inteligencia para sortear los designios de su clase y su género y ese nombre se lo puso como su mejor herencia. Sherlock cumplió con las expectativas de su madre, respecto del nombre. Fue un ratón de bibliotecas y acumuló todo el conocimiento posible, lo que la volvió pedante e insoportable para el resto de sus compañeros.

Pero ya en la universidad no pudo –o no quiso- mantenerse al margen de lo que estaba pasando a su alrededor. Comenzó por ir a los pool. Sola. Se sentaba a mirar como jugaban sus compañeros y usó toda su inteligencia para aprender la lógica del juego. Ocupaba el poco dinero que conseguía ganar gracias a sus ayudantías para practicar cuando ya se habían ido todos y en dos meses de práctica consiguió llegar un día a desafiar a dos de sus compañeros más “populares” a un pierde-paga. Demás está decir que ganó ya que en su juego aplicaba todas las reglas de la geometría y la física para darle efectos a las bolas y dejar pillos a diestra y siniestra sobre la mesa. Era realmente seca.

Gracias a sus estudios desarrolló un juego impecable, lo que la volvió de temer entre los demás habitués del pool de la Av. Ecuador y junto con eso, se volvió una celebridad en los pastos y tema obligado en los carretes.

Más encima, Sherlock tenía una habilidad que descubrió gracias al hambre y a unas cuantas mandarinas. Podía contraer y relajar su garganta a voluntad y tenía tal dominio de sus músculos, que podía ingresar cosas a su boca, llevarlas hasta la mitad de su garganta y luego devolverlas a la boca con una facilidad sorprendente. Y un buen martes (que eran sagrados, junto a los jueves para el pool) se le ocurrió celebrar su tercera mesa ganada en el día, gritando ¡Me como las bolas! y tomó la última bola echada de la caja de madera que colgaba en la muralla y se la echó a la boca, a vista de todos. La llevó hasta la mitad de la faringe y luego la trajo de vuelta a su boca y cuando sucedió eso, todos estallaron en una gritadera y aplausos que la dejaron en las nubes.

Sherlock al fin consiguió el aprecio de sus pares a pesar de que odiaba conversar con ellos porque estaba segura –lo había comprobado- de que todos eran unos imberbes.

Y he aquí la reflexión sobre la integridad moral de los Cronopios que los Famas envidian y Las Esperanzas no entienden (porque son unas bobas). Pasó que Sherlock se encegueció con la fama, que comenzó a tener seguidores, que le sacaban fotos, le invitaban cervezas y eso se volvió una motivación extra para cambiar sus horas de estudio por horas de práctica en el pool y su técnica fue perfecta. Llegó un momento en el que ya nadie se atrevía a jugar con ella y se tuvo que conformar con hacer demostraciones de destreza, hasta que un buen jueves recibió un desafío de un estudiante de obstetricia que se negaba a jugar con ella ya que, según él, las mujeres en el pool sólo cumplían una función decorativa. Ninguna de ellas jugaba en serio. Pero luego comenzaron a decirle que no jugaba con Sherlock porque le tenía miedo y Felipe no podía ver mancillado su honor y mucho menos cuestionado su desempeño en el juego. Por eso llegó junto a sus compañeros de carrera, y unos cuántos más de filosofía, para retarla a cinco mesas. Ella, que ya había tomado su par de cervezas, -mientras le enseñaba a otra compañera a Jugar- lo miró con cara de loca. Dio una risotada que más se asemejó a un relincho y le dijo ¿Cuánto apostamos? Demás está decir que quedó la cagada y que de a poco el pool se fue llenando con la facultad de humanidades en pleno. Ese día se hicieron apuestas –en su mayoría por Felipe a ganador- y el juego completo duró un poco más de dos horas y media.

Sherlock perdió la primera mesa. Ganó la segunda a punta de pillos y la tercera estaba brutalmente pareja, al extremo de que quedaron peleando la quince y al final la cambiaron por otra mesa, la que Sherlock ganó y luego Felipe se repuso con la cuarta. En la última mesa, ambos estaban muy cansados (borrachos) y cuando Sherlock vio la oportunidad, dio un golpe magistral con el que se echó la nueve y la quince, ganando la mesa.

Fue tan increíble, tan gutural, tan siniestro el grito de triunfo que dio Sherlock, que a todos nos dejó helados por un par de segundos y luego estallamos en aplausos. Mientras pagábamos nuestras apuestas ella gritaba ¡Me como las bolas! ¡Me como este juego! y a vista de todos alzó la blanca para que la viéramos. Ante el gesto de ella, varios compañeros comenzaron a hacer redoble de tambores con sus manos en las mesas porque significaba que haría su show de tragarse la bola. Todos gritamos como locos, la vimos llevarse la blanca a la boca, bajar hasta su garganta y yo corrí la vista, ya que odiaba ver el bulto bajo su mentón. Me daban ganas de vomitar, me dolía no sé por qué. Pero algo fue diferente ese jueves. La bola no volvió a su boca. Tampoco pasó a su estómago. Se quedó ahí, inmóvil, mientras Sherlock se volvía azul a vista y espanto de todos. Se quedó así para siempre en la memoria de los que estuvimos ese día y no supimos qué hacer.


Fue así como me enteré después de que la bola blanca es un poco más grande que el resto. Para que pueda ser devuelta al juego en las mesas profesionales, por un canal distinto del de las demás bolas.
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Entrevista: León Murillo, por Angela Barraza Risso


La primera vez que me percaté de la existencia de León Murillo fue a través de Youtube. Era un video de un breve monólogo que se mandó en el programa "Mentiras Verdaderas" de La Red y a pesar de que soy de risa difícil y de humor más bien negro, este tipo me encantó. Porque estaba hablando sobre endeudamiento y consumo en la idiosincrasia chilena. Y es que estoy hasta la tusa de las rutinas tipo "¿quién manda en la casa, el hombre o la mujer?" 

Creo que el humor da claros indicios de la inteligencia, la cultura, la educación y los prejuicios del ser humano y, para ser honesta, lamentablemente el humor chileno nos deja como el pico. Pero acá encontré una luz. Una esperanza de que existen personas que entienden que "sin censura" significa mucho más que decir pico, zorra o culo, sino que es una oportunidad tremenda para hablar de temas que están vetados todavía en Chile, ya sea por la sacralización (el tema de dios, por ejemplo) o por conveniencia (temas de política, (más allá de decir Pinochet Asesino o Che Guevara), cuestionamento del sistema neoliberal descarnado en el que estamos, como lo hace en el video; o hablar, por ejemplo, de los medios de comunicación y del manejo de la información).


Y al comenzar a investigar, me doy cuenta de que este hombre es mucho más que una cara bonita. León Murillo ha participado en series como Amores Urbanos (2003 Mega), Don Floro (2004 Mega), Escool (2005 Mega), Pecados Capitales (2007 Chv), Historias de Campo (2008 Chv), Infieles (2009 Chv), Hermanos y Detectives (2009 Chv), Héroes Prat (2009 C13), Cartas de Mujer (2010 Chv). Que yo no las haya visto es otro cuento. 

Además, ha participado en dirección y se ha hecho tremendamente conocido gracias al desarrollo del stand-up en Chile, montando varios espectáculos y dedicándose a la enseñanza del género. Demás está decir que trabaja, junto a Jorge (Argentino culiao) Alís en el Cachafaz. 

Cuando lo conocí, obviamente pensé en que me iba a cagar de risa durante la entrevista. 

Lejos de suceder eso, tuvimos una conversa encantadora en la que me sentí cada vez más cómplice conforme iba avanzando en sus afirmaciones y respuestas. 


León Murillo es un seco y la entrevista me dejó contentísima y entusiasmada con esta (no tan nueva) forma de hacer humor, que va agarrando fuerza en nuestro país, o al menos la visibilidad para cambiar el paradigma que nos dejó el Jápening con Ja, del "ríe solamente por reír" como si fuésemos una parvada de idiotas.  



La primera vez que tengo información o registro tuyo es del radioteatro “A Sangre Fría” de Radio Agricultura. Cuéntame cómo llegaste a producir eso.

Mira, yo soy actor, pero trabajo hace mucho tiempo en televisión como guionista. Y cada cierto tiempo paso por períodos de crisis vocacional en los cuales odio a la televisión y como son períodos de rompimiento amoroso con la fuente que me da las lukas, en ese período dejé la tele y tenía que pagar las cuentas. Entonces comencé a ver qué cosas podía hacer y lo lindo de ser autogestor es que uno le puede dedicar tiempo a lo que uno realmente quiere hacer. Entonces me puse a pensar: bueno, ¿qué mierda es lo que me apasiona en este momento de mi vida? Y yo siempre fui un enamorado del radioteatro. Del radio teatro clásico, como La tercera orejaLo que cuenta el viento Radio tanda, en su versión más humorística. Y bueno, en ese momento me llamaron de la Radio Agricultura para asesorar un programa que tenía en ese momento José Miguel Viñuela con María Luisa Godoy, que era un programa de medio día, misceláneo en donde necesitaban una pauta más bien humorística para darle contenido. Y en eso estaba, participé de un par de programas y la verdad es que no pasó mucho. Sin embargo, en sintonía con el proceso por el que estaba pasando, tuve la lucidez de darme cuenta de que Radio Agricultura era una de las fundadoras y el ícono del radioteatro chileno. Entonces hablé con el gerente y le planteé la idea de hacer un radioteatro y al tipo se le alumbraron los ojos y me dijo que sí. Entonces presenté el proyecto y se hizo en un formato que se llamó A Sangre Fría, El Radioteatro del Crimen. Era una recopilación de toda la crónica roja de este país. Fueron dos temporadas las que tuvo ese programa y en la segunda etapa me gané un FONDART y lo más lindo de eso es que cuando postulamos el proyecto, el ítem radioteatro no existía y a partir del momento en el que se gana el proyecto, se implementa el ítem que no se había considerado hasta ese momento. La primera temporada del programa se trató de un detective privado que resolvía en el presente, crímenes inspirados en otros crímenes del pasado; entonces ahí repasamos, por ejemplo, el crimen de Emile Dubois, El Chacal de Nahueltoro, Los Psicópatas de Viña y otros grandes crímenes de la crónica roja. Hicimos como 70 programas en donde los crímenes fueron repasados y resueltos por este detective privado que era el icono del detective del policial negro. Ahora, en la segunda etapa, por razones de timing, el programa pasó de durar una hora a ser una cápsula que duraba veinte minutos. Entonces yo no quería sostener una historia solamente en veinte minutos y gracias a la fortuna, puedo hacer las cosas que me gustan, decidí que quería reservarme a Tadeo Marchant que era el personaje que resolvía los enigmas y cambiamos la historia por una descripción de la crónica roja, onda un Mea Culpa, pero radial. Funcionó perfecto, pero ya no era el espíritu del primer año y como durante este segundo año no se pudo retomar ese espíritu, finalmente después no seguí. Pero fue una experiencia maravillosa, en la que trabajé con los mismos locutores de la radio en donde tuvimos un aprendizaje en conjunto, porque yo me metí a esta cuestión con las patas, el buche y las ganas de pagar las cuentas, porque es distinto hacer locución o hacer voces en off que hacer un radio teatro. Y se dio una sinergia y una dinámica muy linda. Y bueno, ya en el segundo año, en donde teníamos presupuesto pudimos invitar a Julio Jung, a Tomás Vidiella, y a otra infinidad de gente.

¿Y el tránsito del horror al humor, cómo se dio?

Bueno, es que está todo relacionado y tienen mucho que ver. A mucha gente el humor le parece horroroso y no hay nada más subversivo que el humor. Yo defiendo la postura de la rabia y del odio para llegar al humor y es muy lindo eso porque se produce esta contraposición en la que uno llega a creer que una cosa no tiene nada que ver con la otra. Pero cuando yo tengo la capacidad de odiar y de odiar de verdad, por ejemplo: yo odio a Piñera. Y si odio a Piñera, no le chupo la corneta y, por lo tanto, puedo establecer una distancia y al tomar esa distancia, puedo mirarlo de lejos y decir ¿sabes qué? no es tan inteligente este tipo. No me había dado cuenta, porque siempre había estado al lado de él, de que tenía los brazos cortos. Y esta distancia provocada por el odio, comienza a generar la caricatura y de ahí nos vamos al humor. Sin embargo la gente dice que no hay que reírse de esas cosas.

La gente le tiene miedo al humor negro y por eso dice que no le gusta. No saben cómo manejarlo. Es como si les pusieran una bolsa de mierda en las manos de la que quieren deshacerse, pero ojo, es parte nuestra y hay que aprender a manejarlo.

¿Cuáles son tus referentes humorísticos?

Coco Legrand, Lenny Bruce, Michel Colucci. Yo pensé que, de una, me ibas a decir Bill Hicks. Claro, por el odio, pero (y esto ya es una cosa mía) lo que pasa es que no me gustan las weás tan manoseadas. Yo conozco a Bill Hicks desde hace años, y me gustaba mucho pero ya no. Encuentro que se puso demasiado Hipster. ¿Tú encontray? A mí me encanta Bill Hicks y cada vez que pregunto si lo conocen, la verdad es que nadie lo cacha. Como nadie cacha que Hicks imita mucho a Lenny Bruce. Como nadie cacha muy bien lo que es el stand-up. Y está bien igual. Yo tampoco lo tenía muy claro y hace diez años no tenía ni mierda de idea de lo que era el stand-up. Y ahora hay una mega proliferación del cuento, pero es como bueno eso ¿o no? Es la raja. Ponte tú, nosotros venimos haciendo talleres desde hace siete años y un gran porcentaje de los neocomediantes, de los nuevos cabros que están circulando hoy en día, son gente que pasó por nosotros. Y los primeros cinco años, nosotros hicimos los talleres gratis. Y es chistoso porque todos nos decían que éramos weones, que estábamos trayendo el género y que por qué lo compartíamos. Pero nosotros sabíamos que teníamos que hacer todo lo contrario porque mientras más gente sepa y mientras más gente aprenda, a nosotros mismos nos iba a subir de nivel. Además, así íbamos a tener más público ya que nosotros partimos con más gente arriba del escenario que en el público. Éramos una banda de cinco o siete weones y había tres más en el público y dábamos pena, entonces mientras más gente sepa y mientras más gente critique mejor le hace al género y se dio. Y bueno, ahora el Festival de Viña fue la ventana para que se hiciera masivo, pero desde hace años ya que viene el stand-up.

¿Cómo ves la salud del stand-up en Chile?

Yo creo que el florecimiento de esta corriente es bueno. Es bueno espiritual y filosóficamente. Y comercialmente también. Comercialmente es bueno porque se abren más espacios y hay más pega en donde uno puede mostrar lo que hace. Y espiritualmente es bueno porque hay un desarrollo más profundo del género. Y es muy lindo porque, por ejemplo, yo me siento mucho más obligado a ser mejor. A veces las rutinas me quedan como el culo, o la mayor parte del tiempo me quedan como el hoyo, pero tengo esta necesidad de obligarme a ser mejor. Es como el formato de taller que tenemos nosotros. Partimos hace diez años, claramente sin saber lo que era esto, y en el taller (que, la palabra taller significa “aprender haciendo”) yo fui aprendiendo más. Por eso no teníamos cara de cobrar ya que nuestros alumnos eran una suerte de conejillos de indias para nosotros. Entonces, yo fui aprendiendo en el hacer. Ahora tenemos una metodología establecida, una dinámica, una estructura y eso se dio con el haciendo. Entonces, si me preguntas por el stand-up en Chile y si está bien, yo te diría que sí. Y es bueno filosóficamente porque la gente ya no se está riendo del borrachito, del maricón, ni del peruanito. Y es más lindo aun ya que incluso te puedes seguir riendo de lo mismo, pero desde otra perspectiva y es más, el mismo peruanito, ahora puede levantar la voz y retrucar y eso es la raja. Yo soy un convencido de que los países no crecen únicamente en torno a su economía y a la política. Los países también se hacen en torno al humor y los países que han sabido reconocer eso son países grandes. Por ejemplo, en el oriente hay ministerios de la alegría. Hace un tiempo estuvo el ministro de la felicidad del Tíbet y uno puede decir “que locura” pero también si lo pensamos, chucha, que básico, y que lindo que existan ministerios de la felicidad porque eso es tan importante como la economía. Y el ser humano más que ser rico quiere ser feliz.

¿Por qué las rutinas de pareja son las más recurrentes y exitosas?

Porque son los referentes más directos que tienen que ver con la cotidianidad.

El humor viene dado con el quiebre de la lógica. Cuando la lógica se rompe, hay una sensación de inestabilidad del ser humano en donde deja de entender. Es lógico, por ejemplo, que una abuelita vaya caminando en dirección a sentarse. Pero si en el trayecto la viejita pisa una cáscara de plátano y se saca la chucha, la primera reacción es cagarse de la risa, decir “se sacó la conchesumadre la vieja” y después te paras a socorrerla. Porque cuando se rompe la lógica, ahí recién parte el humor. Y en el caso particular del stand-up, la autoreferencia es el gatillo del humor. No existe propiamente el chiste, o existe en menor medida; pero lo que si existe es el planteamiento de una situación que sea super reconocible para ti. Por ejemplo, todas las minas que hacen stand-up hablan del marido o el pololo que mea la tapa del wáter. Todas e impajaritablemente. ¿Por qué? porque es algo que a ellas y que a todo el mundo les ha sucedido y es reconocible. Y cuando ellas lo dicen, a pesar de que ahí no haya ninguna estructura humorística, la reacción natural es la risa porque a todo el mundo le ha pasado y se reconoce en eso. Ahora, en el stand-up, el público tiene un protagonismo que es muy interesante porque pueden contestar y participar, por ejemplo, después de mí espectáculo en donde pueden tomar el micrófono y hacer sus rutinas y en donde se les pide que, si el espectáculo les pareció como el pico, que vengan y lo digan y ahí se dan cosas maravillosas. Por ejemplo, en estos espectáculos de micrófono abierto nos llegamos a quedar hasta una hora más.
Y bueno, las relaciones de pareja son las más exitosas porque son el referente más directo y también, el público que te va a ver es de 25-30 años hacia arriba y por lo general van en pareja y en esas dinámicas se da la autoreferencia. Bueno, tú ocupas mucho tu corporalidad en tus rutinas Y claro, porque al yo reírme de mí, me estoy riendo de ti y ocupo weás super evidentes como el hecho de ser guatón o pelao. A mí me encantaría ser mino, pero esto soy y no puedo ser más y a veces me creo mucho más mino que cualquiera  ¿cachay? y soy guatón, y soy pelao y al decir eso puedo decir que una mina es chica y es media turnia. Una de las cosas que a mí me molesta del humor en Chile es la perpetuación de los estereotipos, onda hombre = bolas tristes y mujer = tonta y frívola. ¿Existe, según tú algún tipo de política identitaria detrás de esta fórmula humorística tan recurrente? No lo sé. Es una de las cosas que aún no he logrado comprender. Yo estoy en la lucha de intentar reírme de otras cosas, a pesar de que a veces también recurro a dejar a la mujer como bruja y al hombre como bolas tristes. Sin embargo, yo también trabajo en el ejercicio inverso para darle a la mujer su espacio como centro del mundo, como la que es capaz de articular y de hacer funcionar una ciudad y al hombre como un hueón que es capaz de ser sensible y que también es inteligente. Ahora, ¿Por qué se perpetua lo otro? yo creo que es porque es una lectura básica y esto se debe a la subvaloración que se le da al humor. Porque en Chile el humor es lo que hablábamos antes. Es reírse del curaíto, del peruanito, de la bruja y del hueón tonto. Y si yo me quiero reír de la economía, del desarrollo social, del protagonismo de la mujer, me dicen: sabes qué, es demasiado profundo, es muy elaborado, no se va a reír nadie.

Oye, tú escribes tus libretos. ¿Cómo vives ese proceso escritural?

Principalmente y muchas veces, desde la rabia, como te decía recién. Me gustaría tener una estructura base como para poder empezar a escribir de esa manera, pero en realidad mis procesos hasta el momento han sido bien sui géneris. A veces hay un hecho que me convoca, hay una palabra que me motiva o una situación que me llama la atención y sobre eso voy escribiendo. ¿Pero tienes alguna metodología de trabajo o algún tipo de rutina de escritura? Sí, eso sí. Básicamente parto con un punteo que es bien sensitivo y que no tiene estructura ni nada. Parto vomitando todo lo que tengo sobre, por darte un ejemplo, la pileta. Y digo y escribo todo lo que siento y pienso sobre la pileta. Ahí organizo un Mapa Mental donde se van abriendo estructuras y otras ventanas, y sobre eso luego viene la lógica. Y si hay una lógica que tengo yo en la escritura, es que realmente no la tengo, entonces dejo que las cosas fluyan. La mayor parte de las veces quedan como las huevas la verdad. Pero hay otras veces en las que todo este engendro, todo este personaje contrahecho, de repente cuaja y me sorprendo. Y por lo general sucede (y esto tiene mucho que ver con lo que hago yo en el taller) que nunca quise hablar de la pileta en realidad a pesar de que partí escribiendo de ella. Y al final me doy cuenta de que en realidad, de lo que yo quería escribir, era del Parque Bustamante. Y si te fijas, es un proceso medio psicoanalítico en realidad. Eso es lo que yo hago conmigo. Pero a veces también me toca trabajar para otra gente, entonces vienen y me dicen: ¿sabes? necesito hacer algo sobre los autos rojos y entonces ahí me siento y escribo. Pero yo, de forma personal lo hago de forma más intuitiva. 

¿Cómo ves al espectador chileno?

Depende. Porque tenemos instancias como las de Teatro a Mil y ahí tú ves obras que son de una profundidad tremenda y las salas están llenas. Repletas. Ahora, claro, hay una cuestión de snobismo ahí de por medio que también es importante, pero también hay un alto porcentaje de gente que quiere consumir ese tipo de espectáculos. Lo que pasa es que el grueso de las salas comerciales da pura mierda y por lo mismo va  gente que quiere comer mierda. Yo creo que, como nación nueva, el público está evolucionando, está aprendiendo. ¿Qué pasa con el público? Está creciendo. Somos adolescentes todavía como nación y como sociedad, entonces creo que en términos culturales, intelectuales y de apreciación artística estamos en la misma. Pero si siento también que hay público para todo y eso es bueno. El problema está en que el 90% de las salas son netamente comerciales, que está bien, tiene  que subsistir. Por ejemplo, en la televisión es como lo mismo y además hay un cinismo extremo. Mucha gente le tira foca a la tele y hablan de los reallitys como si fueran una basura. Nadie dice que los ve, sin embargo esos programas marcan cincuenta puntos pos wn! ¿cachay? pero si tú preguntas, nadie ve tele ¿te das cuenta? Bueno, a mí me carga la televisión pero igual la veo, también como parte de la pega, como una forma de no abstraerse de lo que la gente ve y conoce para articular discursividades. ¿Tú no? Yo soy un desencantado de la televisión. Como trabajo dentro, me sobre saturé. Imagínate la redundancia. Ahora ya me violenta ver la televisión. Es más, yo propugno que hay que faltarle el respeto a la televisión, que hay que entender de que la televisión en sí, no existe. ¿Cómo así? Es que no existe la televisión. Es tan simple como que estiras la mano, la apagas y dejó de existir. Así de simple. Dejó de existir en ese instante. Esto es una utopía, pero ¿qué sucedería si así como en el día del planeta, todos apagamos las luces, existiera el día anti-televisión, pro ser humano o pro intelecto y apagamos la tele? Te aseguro que en ese instante o a los veinte minutos, están todos los ejecutivos, de todos los canales, reunidos alrededor del mundo. Y de eso doy fe, trabajando y sabiendo cómo se articula el aparato televisivo. Te lo aseguro. Y ese es el poder precario que tiene la televisión. ¿Por qué la televisión no existe? Es por eso. El Sol existe.

León, mencionaste al comienzo de la entrevista de que eras actor, lo que era un dato que yo no manejaba. Cuéntame, ¿dónde te formaste?

Yo estudié en el instituto de arte Pedro de la Barra, con profesores de teatro de la Universidad de Chile, en donde tuve de profesores a la Bélgica Castro, al Pepe Pineda, Ajandro Svieveking. Al tremendo Juan Edmundo González. Fue mi maestro, mi colega y luego mi amigo. Con él aprendí lo fundamental del teatro: La verdad. Duraba cuatro años eso, más o menos. Yo estuve dos años y me fui a la vida. Y estudié en la medida de que me iba sintiendo medio torpe, o medio falto de conocimientos y me hice haciendo. Entonces eres autodidacta. Título formal, acreditado, no tienes. No, no tengo. Y si lo tuviera ya se me habría perdido.

¿Y cuál es tu apreciación de los conductos regulares e institucionalizados de los procesos formativos?

Tengo distancias con ellos. Me parece que no garantizan absolutamente ni una weá. Nada.  Tú también lo dijiste y lo sabes. Si hubieses estudiado para ser literata, o poeta, seguro que estarías sirviendo café en algún café literario de Providencia. Porque el sistema formal de educación lo que hace es crear individuos en serie y eso en el arte no sirve. Además de que en el caso puntual del teatro, chucha, son tan malos los weones que salen de las escuelas, que dan ganas de escupirlos. Si a veces hasta yo me escupiría. A ver, lo que pasa es que la cosa actoral tiene la estructura universitaria desde 1941 en adelante, es decir, hace 73 años recién se está enseñando en las universidades. Antes de eso, o sea, los 2000 años anteriores, por decir una cifra (porque es mucho antes la verdad) los actores eran de oficio. Entonces, tener un cartón universitario, a mí no me dice nada la verdad. Más encima a los chicos los estafan. Además, los profesores son como el hoyo, porque ninguno tiene bolas para decirle a un alumno: sabe mijito, lo siento, cómprese un taxi mejor con la plata que está gastando tu familia y vas a salir adelante y tener un mejor pasar. Yo tengo amigos y tengo colegas que se dedican a hacer clases y no voy a dar nombres porque son weones muy connotados, también tengo amigos directores de escuelas de teatro y están cagaos. O más que estar cagaos, son cómodos la verdad. Porque tienen una cantidad de matrículas y de esa cantidad, tienen un cupo para rajar a tantos weones, entonces el resto tiene que seguir para cumplir con la colegiatura para que al weón le llegue el sueldo y si rajan a muchos, a él también se lo callampean. Entonces es un sistema de mierda que a mí no me garantiza nada. Que lo miro con distancia y que lo mejor que pude haber hecho en mi vida fue abortar esa misión. Además, yo para estudiar me gané una beca. Yo, más que nadie podría haber terminado mis estudios porque para mí era gratis si era lo que yo quería hacer en mi vida. La beca que me gané fue gracias a un concurso literario que hizo el Fortín Mapocho. Daba cuatro becas para todo Chile y yo me gané una con un ensayo que se trataba sobre Pedro de la Barra, fundador del teatro nacional chileno. Entonces demás que podría haber terminado mis estudios porque eran gratis, pero pasaban semanas a las que yo no iba a clases porque quería  ir y quedar colgado y sin embargo era volver a ir y darme cuenta de que estaban en la misma. Y no es porque yo sea la gran cosa, porque soy bien weón yo, pero tan weón como para no darme cuenta de que no iba para ningún lado, tampoco.

¿Y, como actor, cuál es tu percepción de la crítica teatral?

Bueno, respecto de la crítica teatral pienso que los críticos, más que saber mucho, son unos ególatras de mierda. Se creen dueños de la verdad y se les olvida que la “crítica” viene de la palabra criterio. Y como todo criterio, es personal. Mientras que estos weones transforman su criterio en ley, en una regla y en una verdad absoluta. Yo a los críticos, la verdad, es que me los paso por el unto.
¿Cuál es, para ti, la principal dificultad a la que se enfrenta el humor en Chile, hoy, como disciplina artística?

La televisión. ¿Por qué? Porque la mayoría de los comediantes sienten que tienen que estar en los estándares de la televisión. Y en la televisión tú no te puedes reír de nada. En la televisión te tienes que reír siempre de lo mismo. Y lo terrible es que la gente que está fuera de la televisión, en términos prácticos, no existe. Por eso me gusta este formato del Stand-Up, por eso me gusta hacer lo que hago. Pero finalmente, en tu caso, igual te instalas desde la televisión. Sí, pero si te fijas tú, ¿en qué televisión? En la Red. Nosotros tenemos nuestras prioridades. A nosotros, con Jorge (Alís) nos buscaron una infinidad de veces. En montones de veces “Morandé con Compañía” nos fueron a buscar, supieras la cantidad de veces que otros canales nos fueron a webiar. Y ¿Dónde fuimos? A La Red, porque nuestra prioridad era aparecer sin censura. Y está bien, decir pico o zorra, esa weá da lo mismo. Al decir sin censura a lo que estábamos apostando era a hablar, a decir lo que queríamos decir. Y es desde ese punto de la televisión a partir del cual uno puede estar e instalarse ¿cachay? Pero todo el resto de la televisión le hace mal al humor. Uno puede articular a partir de este tipo de nichos como el de La Red. Porque uno tampoco enarbola banderas ni articula grandes discursos, pa qué estamos con weás. Si al final uno lo único que quiere es que ningún editor culiao me diga “sabes, es que tú no puedes decir esto del…” Nada.

Tú, como sujeto televisivo, estás consciente de que hay otro que te va a ver cuando te instalas frente a una cámara, sin embargo fuera del set también estamos sometidos, constantemente a cámaras, sin la completa consciencia de que también estamos siendo observados.

¿Tú cachay Foucault? ¿La cultura panóptica? La sociedad está construida en base a las cámaras. El objetivo de Foucault era señalar que la sociedad se construye baje la premisa de mirar sin ser visto y nuestra sociedad también se articula a partir de eso. Por ejemplo, las cárceles están estructuradas con arquitectura panóptica en donde hay una caseta guía en donde el guardia ve a todos los presos, pero nadie lo puede ver a él.

Los bancos, las financieras, las oficinas en general, tienen unos paneles bajitos, para que el gerente se pare en cualquier momento y vea quiénes son los hueones están trabajando y cuáles no. Ahora las oficinas tienen muros y puertas de vidrio, todo dispuesto para que estés visible y vigilado y nuestra sociedad se articula en base a esta perspectiva.¿Y cuál es tu opinión de eso? Me parece aberrante. No sé qué se puede hacer pero me parece que uno como ser humano debería tener más consciencia de eso y hacer un mínimo ejercicio de tratar de controlar esa situación, aunque no llegue a ninguna parte ese esfuerzo. Por ejemplo, el tema de los drones, que llega a ser doloroso. Esa hueá es anti-humana. Y no me voy a ir por el tema simplista de que “vulneran nuestra intimidad” sino que es un tema que es muy potente. Por ejemplo, si lo llevamos al plano bélico, el otro día escuchaba el análisis que hacía un tipo que era experto en guerras (que tenía un nombre mucho más elaborado que experto en guerras, pero en esencia era lo mismo) y él decía que las guerras antiguamente se hacían cuerpo a cuerpo y que, por lo mismo, existía un honor y una condescendencia. Que había un con-dolor. Y que eso se traducía en que cuando le enterraba yo la punta de mi bayoneta a un tipo, si bien hay un acto homicida, de rabia, también hay culpa en ese ejercicio. Eso era una lucha humanizada y, por lo tanto, existía un código. Pero hoy en día no. Hoy por cámara ven: oye, aquí hay setenta hueones, se aprieta un botón y adiós. Antes había honor en las guerras. O sea, un claro ejemplo de eso es Grau. Yo tuve el orgullo de, en la saga Héroes de Canal 13 de representar a Miguel Grau. Una de las cien mil guevadas que he hecho que han pasado sin pena ni gloria (Está en youtube por si la quieres ver). A mí siempre me apasionó el tema y en esa instancia me puse en contacto con su familia, con una nieta que vive en Chile, hice gestiones en la embajada, etc. Me documenté mucho y si antes lo admiraba, hoy para mí, es un ser excepcional. Lo que hizo es una acción que a nivel mundial no está registrada en ninguna otra parte. Porque obviamente, cuando Prat salta, los enemigos evidentemente querían hacerlo mierda, pero Grau paró el escándalo y señaló que a los muertos se les respeta. Tomó todas sus pertenencias, las guardó en una caja y se las hizo llegar a su viuda con una carta diciéndole: yo me hago cargo de la muerte de su marido, señora, pero déjeme decirle que su marido fue valeroso, un héroe, un gran adversario, etc. ¿Cachay? y todo eso bello que había se ha ido desnaturalizando también por esta cultura panóptica, entre otras cosas.

El Estado chileno ha resultado ser el paroxismo del consumo de América Latina. Sin embargo, constantemente está inmiscuyéndose en la forma que tenemos de consumir. Puedes consumir marihuana, pero no puedes comprarla, ni producirla, ni tenerla. Puedes fumar puchos, pero en ninguna parte. Puedes comer dulces, pero no te los vendo en cualquier kiosko.  Lo que quiero decir finalmente es que para todo aquello que significa una decisión consciente en un consumo determinado, el Estado sanciona a pesar de que están todas las condiciones para adquirir aquello que es sancionado y, por otra parte, existe un consumo que es aún más terrible, que es aquel que no tiene que ver con fines recreativos, sino con necesidades básicas, cuyos productos de primera necesidad (agua, luz, gas, medicamentos, pan, etc.)  tienen un valor como si se tratara de la adquisición de algo superfluo y más encima esos valores no los regula nadie. O sea, lo que te gusta consumir está sancionado legal o moralmente y lo que necesitas consumir no está regulado, tiene un gravamen altísimo y te dificultan el consumo, sobre todo cuando se proveen a través de casas comerciales, a través de la imposición de intereses y del cobro de servicios, cuando debieran ser garantizados por el Estado. ¿Qué pasa, según tú visión, con estas políticas? (la mansa pregunta jajaja)

Pero ¿qué ley antitabaco? si no hay ley antitabaco acá en Chile. ¿Cómo que no, si te impiden fumar en todas partes? A ver, ¿pero qué te pasa si fumas? Nada. Te hacen fumar afuera. No hay ley anti tabaco. En este país, lo que hay es ley anti-individuo. La ley anti tabaco es en contra del tabaco y si fuera así, no lo deberían vender. Son tan inteligentes estos weones que cambian el foco, cambian el discurso. Y ellos creen que, como Estado te están protegiendo ¡Pico de caballo carretonero! si a estos weones lo que les importan son las lucas. Si realmente quieren proteger y cuidar como dicen, entonces deberían prohibir el tabaco, porque de verdad que lo que venden es una mierda, es una basura. Y en cambio, demonizan la marihuana, con un nivel de desconocimiento supino, y hacen gárgaras diciendo que es la ventana para las otras drogas más duras, siendo que el cigarrillo es la puerta ancha. Para qué decir el copete ¡por favor! Pero las lucas que están metidas ahí entre medio son altísimas. Y esto tiene que ver con lo que hablábamos antes, con esta adolescencia en la que estamos como cultura. Todavía necesitamos esa voz que nos diga lo que tenemos que hacer. La sociedad lo necesita. ¿Por qué crees que ganó Bachelet ahora? Porque esta sociedad necesita una madre. Como el pico, como sea, pero necesita una madre. También esto pasa porque somos medios prusianos, porque somos fascistas, porque los milicos han estado desde siempre inmiscuidos en la política, porque ha habido muchos gobiernos militares y nos ha quedado todo eso en el ADN de nuestra idiosincrasia.

¿Cuál es, según tú opinión, el peor legado que nos dejó la dictadura en materia cultural?


No existe solo una, son muchas cosas nefastas. Pero el miedo traducido en el axioma que dice que hay cosas de las que uno no se puede reír, es una de ellas. Obviamente esto lo veo en cuanto a cultura y humor. Obviamente enfoco esta respuesta respecto de lo inmediato que tiene que ver conmigo. El miedo en el humor es algo que todavía impera. La sensación de esta estabilidad precaria en la cual vive el ser humano promedio, de que en cualquier momento pueden volver a salir los milicos a la calle si hacemos algo. Y eso es miedo, lo que se transformó en la mejor herramienta que usó la dictadura contra el pueblo. El miedo es poderoso porque es una de las cosas, sino la que más te inmoviliza y es una de las mejores formas de contener. Lo que nos dejó la dictadura en términos culturales generales es el miedo. Y eso implica no poder escribir de tal o cual cosa, o el que disfracemos lo que queremos decir realmente, lo que se traduce en la autocensura, que es la peor de todas las censuras, que está latente aún hoy. Y eso quiere decir que en esa materia, la dictadura, lejos de fracasar y de haber terminado, muy por el contrario, lo hizo perfecto. Tan bien que hoy en día los entonces jóvenes e iracundos defensores de pinocho son los rostros de la nueva democracia. Piñera, Matthey, Longueira y los doble caras de la nueva mayoría ¡¡Chúpenla con Kepchup!!




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León Murillo & Angela Barraza Risso
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Entrevistar a Juan Radrigán es una de las cosas que voy a contar en la vida. De niña quería ser actriz y el teatro me vuelve a cerrar el ojo luego de muchos años, ahora desde la escritura y de, afortunadamente, participar en medios de comunicación. Entonces conocer a don Juan, es como conocer a Raúl Zurita (de quien, afortunadamente, me siento una amiga) o como conocer a Gonzalo Rojas, cosa que, lamentablemente ya me resulta imposible.
Por teléfono se oye amable, medio acampao y muy decidido. Nos juntamos el día X a las cuatro, fuera del Biógrafo –me dijo- y así fue que nos conocimos.  Me llevó a un café que está de junto al cine, en donde hay una terraza “en donde se puede fumar” me dice alzando las cejas con picardía y entonces, ya instalados, nos ponemos a conversar de lo perseguidos que estamos los fumadores. Creo que gracias a esa complicidad nos encantamos.
Para dar inicio formal a la entrevista me dice: “ya chiquilla, dispara. Pero hazme preguntas fáciles eso sí, porque soy medio bruto”. Lo amé.

Oiga, don Juan, ya que usted es un personaje  tan laureado, ¿qué me puede decir de la utilidad de los premios? ¿Para qué sirven?

Para nada (dice en voz muy baja, de forma automática y luego carraspea y se ríe). Los premios, oye, siento que deben sentir de incentivo ¿no? Así uno cree que alguien le ha reconocido algo, pero mayormente no tienen otra función. Y es que no es la labor de los escritores  ganar premios, porque el escribir no es una carrera, no hay que ganarle a nadie. No son nada perdurable, excepto el premio nacional que deja plata mensual (se ríe). Ese es buen premio porque sirve pal ego y pal bolsillo, entonces cae bien. Bueno, existe otra clase de premios que no sé quién da y que son realmente valiosísimos, como el haberme encontrado de pronto con los actores y actrices que formamos la compañía Locos del Pueblo, por ejemplo.

Tomando en cuenta que usted es autodidacta… ¿Quién te dijo eso? Yo les digo cada cosa a los periodistas (se ríe) y a un periodista le digo una cosa y luego a otro le digo otra lesera y así jajaja. Pucha, yo hice la tarea y me leí todas sus entrevistas. ¡No me cambie ahora la historia pues! No, si tienes razón, eso es cierto. Menos mal pues don Juan o, entonces, no tiene mucho brillo la pregunta. Dale nomás. Bueno, tomando en cuenta de que usted es autodidacta, cuál es su idea respecto del sistema formal de educación. Más encima si tomamos en cuenta el que usted es también profesor universitario.

Bueno, lo que a mí me espanta del sistema educativo, y en espacial del sistema universitario  es la diferencia que existe entre los alumnos de un lugar y de otro. Como que en algunas partes llegan bien preparados y en otras  dan pena. El estar históricamente bien alimentados y el andar con el hambre a la rastra influye poderosamente. En todo caso en muchos lugares no les importa el alumno ¿no? les importa que el cabro pase nomás. Entonces pasan sin saber nada o muy poco. Pero el sistema es así. Ese es el gran problema. Y ahora, respecto de la educación gratuita ¿se vendrá realmente? Yo creo que va a ser bien difícil. Pero si viene, que sea muy bienvenida, pero no les creo mucho.

Don Juan, en su obra podemos destacar el hecho de que usted pone a personajes marginados en personajes principales… Mira, lo que pasa es que en realidad hay dos etapas. Una etapa larga, que en realidad no es tan larga, porque en realidad yo he escrito 42 obras, y unas 20 deben ser de lo que tú dices. Pero las otras derivaron hacia otras cosas. Se pusieron más reflexivas y me preocupé de otros temas. Eso viene acorde con la edad (se ríe) porque a uno lo va cambiando porque uno se va aproximando a algo que es como un final entonces uno tiende a reflexionar más. Pero de todas maneras, siempre hay una crítica a… a todo lo que se mueve. En realidad siempre hago una crítica a todo lo que se mueve (se ríe a carcajadas). Dentro de esta escritura crítica, como dice usted, ¿hay algún tipo de referencia, o es una escritura netamente experiencial?

Yo creo que es más que nada eso. Experiencia. Influencias son muy pocas las que recibo. Me gustan mucho algunos autores, pero no tanto como para tratar de escribir como ellos. Además de que no es posible. Lo único que sacaría copiando a estas alturas sería hacer el ridículo. Excepto dos o tres  temas prestados, todas las demás son  de mi cantera .   He vivido harto tiempo, entonces es de ahí de donde las saco. Como te digo, hay autores que reconozco que me gustan mucho, como César Vallejo, Pablo de Rokha, no todo, pero la mayoría. Oscar Hahn me gusta mucho, Zurita también. De los nuevos conozco poco eso sí. Debe ser porque aquí  editorial y poesía son antónimos.
Y bueno, hablando de marginados, ahora estoy escribiendo una obra sobre el más marginado de todos,  que es Luzbel. Sobre él es una obra que vamos a dar, porque imagínate, le echaron encima todos los medios, la tele, la radio,  las murallas. No tiene posibilidad de salvación, nadie habla bien de él y para más remate, el pobre tipo es inmortal, por lo tanto, todo lo que él quiere  muere en el camino. Ese personaje me interesó muchísimo porque yo creo que alguna vez existió el paraíso y estaba dios y se dio cuenta de que todo era una lata, que no iba hacia ninguna parte, que la vida no tenía ningún sentido al darse vueltas y vueltas en una dulzona paz sin amor y entonces se dio cuenta de que necesitaba una contradicción. Y ahí le dijo a Luzbel, que era el más bello de todos los ángeles: Tú vas a ser esa contradicción, para que se pusiera más entretenida la cosa. Y de ahí viene entonces, el pobre Luzbel, arrastrándose  sin salvación posible. Tiene a todo el Vaticano y sus alrededores para financiar la campaña en su contra.

La marginalidad trae consigo la soledad y la impotencia. Eso es lo que produce la marginalidad. Y jamás va a suceder que de un día para otro nos volvamos todos buenos y generosos. Para que no exista marginalidad tendría que existir la justicia social y eso, por lo pronto no se ve que vaya a pasar. Mira tú a los diputados, andan enfermos los huevones, vueltos locos porque alguien presentó un proyecto para bajarles las dietas parlamentarias. Y esos cristianos son todos millonarios. Los diputados, senadores y los ministros son todos millonarios, porque no sólo reciben ese gran sueldo además de los beneficios que reciben, sino que además son asesores de empresas, gerentes, y yo creo que es por eso que están todos echados hacia atrás en sus sillas y les importa un huevo lo que pase con las leyes que la gente necesita. Porque no tienen necesidades ni conocen las urgencias. No tienen ninguna urgencia como las de la gente común y es por eso que hacen dormir los proyectos en el congreso. Es inconcebible que Piñera, siendo multimillonario salga con un sueldo de por vida de ocho millones de pesos, eso es inconcebible y qué les pasará por la cabeza que todavía alegan, que consideran una injusticia que se les rebajen los sueldos y que defiendan eso.

Oiga, don Juan, y usted ¿ve tele?

Poca.  Y cuando ve tele, ¿qué es lo que ve? Noticiarios. Y también me gustan los programas que hablan sobre la antigüedad. Me gustan los documentales. Eso es lo que veo. Les creo la mitad, pero me entretienen mucho. ¿Y las áreas dramáticas de los canales no las revisa? ¡Es que no hay!
La gran preocupación de los que manejan la cultura en los canales, es buscar un lugar que esté más allá de lo último, ahí, es donde ponen la cultura. Y tratan siempre de descubrir qué es lo que hay más abajo para seguirla enterrando, porque la cultura, inevitablemente te hace pensar y siempre resulta malo para ellos que la gente piense. Entonces es una brutalidad, es muy nefasto, porque en realidad eso tiene solución, pero no veo yo cómo podría cambiar eso con la gente que está en el poder. Hoy lo más cultural que encontramos son esos programas que dan los sábados de recorrer Chile, de mostrar las regiones, a la gente pobre, de la forma que sobreviven y que, sin embargo luchan y logran una pequeña empresa y parece una burla de esta gente que llegan con sus inmensas cámaras, en unas tremendas camionetas y la gente corre a atenderlos. Si tú te fijas, la mayoría de esas entrevistas dan pie para que esa gente logre poner un negocito para vender artesanía, para vender empanadas, cualquier cosa. Son mini micro empresas y esos programas son como una difusión para la pyme y es eso. Pero no muestran a un pueblo sin salvación. No nos sirve la televisión. Y llega tanto y a todas partes.

Por ejemplo, hay cosas que son buenas, como Los Archivos del Cardenal, pero me pasa que siempre encuentro que es muy poco. Que es más lo que no dicen. En eso, y en el mismo cine, los argentinos, por ejemplo, son inmensamente superiores a nosotros. Tú te puedes fijar en las películas que hacen sobre la dictadura ¿no? Nombran y nombran y cuentan todo con nombre y apellidos, pero aquí no pues. Aquí tratan de encubrir todo eso y es porque siempre han estado ahí, detrás de los canales y de los medios de comunicación, las personas que estuvieron ligadas al proceso de dictadura. Siempre han estado ahí. Y sería como dejarse en evidencia si lo hicieran, también. Y televisión independiente, eso no existe aquí. Es que lo impiden ellos mismos. Incluso en la radio. Poner una radio es inmensamente difícil. Ya tiene usted el ejemplo de algunas radios de Valparaíso que han sido tan perseguidas. Es que te joden. Aunque le hagas propaganda al negocio de la esquina. No quieren voces independientes porque no les sirven.

Y en el teatro, por ejemplo, que es lo que yo más conozco, por ejemplo, si tú vas y presentas algo y quieres que vayan a verte para que se haga una reseña, lo primero que te preguntan es que si hay un rostro. Como si los actores que trabajan con nosotros no tuvieran rostro (se ríe a carcajadas otra vez). Mira, nosotros tenemos muy poco acceso a los medios de prensa y a la televisión ninguno. Y eso de que si hay rostros en los montajes, lamentablemente se traslada a los festivales de teatro. Y ahí, además, se agrega otra pregunta: si hay humor en lo que tú vas a presentar. Si es tragedia, ¡ni pensarlo! Todo tiene que ser comedia, y mientas las niñas estén menos vestidas, mejor. Y es bien desgraciado eso porque ha ido guiando al teatro a la fuerza y a guascazos hacia un lugar que no le corresponde. Y eso también baja y le llega a los actores y dramaturgos, que lastimosamente comienzan a preguntarse si lo que escriben o actúan le irá a gustar o no al público, que cómo lo irán a tomar.  Ya ves entonces, un condicionamiento. Oiga, y usted en su proceso de escritura ¿nunca piensa en el público? Jamás. Nunca. No me pregunto si le va a gustar o no, porque si fuera así, entonces no podría escribir. Y la escritura tiene que ser sin trabas. Por eso yo le digo a mis alumnos que escriban como si los fueran a matar mañana, o sea, sin temor a nada y con completa libertad. Si los fueran realmente a matar ¿qué van a perder? y es así como creo yo que se tiene que escribir.

El teatro hoy en día ya no es lo que era antes. Ya no es un espacio reflexivo, sino que los medios de comunicación hacen y están direccionando a que el teatro sea pura diversión. Un show.

¿Y ve usted alguna responsabilidad del público, del espectador, en todo esto que está pasando?

Claro, es una cuestión de opción. Hay una especie de compulsión por hacer reír y de la gente por ir a reírse y a entretenerse. Y son estúpidos, porque entretenerse no va únicamente con reírse en toda una función. Las tragedias griegas son muy entretenidas en un sentido más profundo ¿cierto? pero la gente quiere la carcajada y se tiene  que ver qué es lo que podemos hacer contra eso. Y es bien poco en realidad lo que yo veo que se puede hacer, porque todos los dramaturgos somos islas. No nos juntamos nunca para ver estos problemas y en realidad, que eso suceda se ve casi imposible. ¿A dónde nos vamos a juntar? Con suerte nos encontramos en algún estreno, nos enteramos de lo que estamos haciendo y ahí se acaba la conversa. Pero no hay mayor diálogo sobre lo que está sucediendo. Y debiéramos preocuparnos, porque a la larga, esto nos va a pasar la cuenta a todos cuando el país se vuelva una gran carcajada hueca. Además, ahora hay mucho actor que anda desesperado, que se arma de una maleta, que se hace un guion que se presume graciosísimo y se largan a hacer esta cosa del stand-up que está tan de moda ahora. Y si te fijas todo va en esa dirección de hacer reír.

¿Y qué lo hace reír a usted, don Juan?

Eso. (Se carcajea) Esas situaciones. Bergson dijo: La risa es la expresión última de la desesperación. Lo que me parece muy bien para describir lo que sucede acá en Chile. La gente se está riendo porque no encuentra ninguna otra forma de no estallar. Pero eso se tiene que notar, se tiene que notar que hay algo más detrás de la comicidad o de lo contrario se llega a la entretención hueca y para eso está el circo y es la función del payaso hacernos reír de esa forma. La función del actor es otra, es expresar otras cosas. Entonces el teatro no está nada de bien.

¿Y qué función, cree usted, que debiera cumplir el Estado en esta crisis?

Mira, la identidad de un país está determinada por su cultura. Es muy importante que el Estado haga algo. Ya ves tú que los críticos han ido desapareciendo con los años. Antiguamente había un amigo que hacía crítica y tenía un espacio determinado en un medio. Luego tuvo que compartir su espacio con un aviso de una pasta dentrífica, y luego le quitaron el espacio completo porque al medio le era más rentable vender ese espacio a una marca que designarlo a la cultura. Y así sucede ahora y no hay espacios más que para dar cuenta de que en un lugar se está dando tal o cual obra. Ahora, los medios en internet están haciendo lo suyo, pero tampoco sé qué tanto sirve eso. Porque la gente está acostumbrada al papel. Hace poco fui a una exposición en donde se suponía iban a haber unas sesenta revistas independientes y sólo llegaron treinta porque la otra mitad ya había desaparecido ya que no logran tener más de uno o dos números. La gente no compra esas revistas y los kioskos tampoco las ponen porque saben que no se van a vender y ya tienes tú que todo está determinado por lo económico y el Estado no está haciendo nada y es muy importante que se haga algo. Fíjate que para las candidaturas presidenciales, ninguno de los candidatos hablaba de cultura y con eso se mandó una señal muy clara de que no iba a cambiar nada. ¿Usted vota? Trato de botar a los que más pueda (se ríe) pero no, no voto.

Oiga, a usted le tocó vivir el proceso nefasto de la dictadura. ¿Cuál es la herencia que nos deja, según usted, ya que ha visto el cambio y la vuelta a la democracia?

Mira, luego de todo lo que pasó, la gente no perdonó ni olvidó. Entonces, ¿qué sucede? que ese es un tiempo de nadie. Hay un tiempo de aletargamiento, porque no hay una decisión. Entonces ¿qué va a pasar? qué esto se va a estirar hasta que gane definitivamente el olvido ¿Pero cómo se va a olvidar o perdonar la mansa cagada que se mandaron los milicos?  Pero claro, yo estoy de acuerdo contigo, pero la gente no quiere saber nada porque en este país no pasa nada. Y la gente no va a tomar ninguno de los dos caminos. Ni el perdón ni el olvido. Y el perdón, fíjate que es una soberana huevada, porque  le sirve únicamente al que hace el daño  al otro no le sirve para nada. Además de que se pasan a llevar muchas cosas por andar perdonando, como la ley, por ejemplo; así los delitos quedan impunes. Y es como reconocer que uno es un pobrecito. No se puede perdonar. Y tampoco se ha olvidado, entonces estamos como en algo, que es un poco peor, que es entre la esperanza y la desesperanza. El trecho del medio entre ambas es la inesperanza, ahí, donde no existe nada, y es ahí donde nos dejaron los salvadores de la patria.

Ahora, en cuanto a la escritura, en dictadura los poetas sacaban hartas cosas. Publicaban sus poemas sacados en mimeógrafo y se repartían. No así los novelistas, que escribían para el cajón. Y respecto del teatro, te puedo decir que yo nunca vi tanto teatro como para el tiempo de la dictadura. Porque la gente se juntaba en las poblaciones, se hacían peñas y se mostraban obras. Había más colectividad en algunos lugares y eso desapareció al tiro en cuanto terminó la dictadura. Porque se perdió el objetivo, que era luchar en contra del dictador. Pero realmente hay muchos objetivos. La pobreza también es un tipo de dictador. Las injusticias, lo mismo. Pero la gente necesita la imagen autoritaria y con uniforme y lo tomamos así.

Al principio de la dictadura, me acuerdo que se presumía que había que llevar el guion al edificio que antes era el Diego portales, para que alguien lo leyera. Pero se dieron cuenta de que no había milicos que supieran leer o que pudieran decir. ¿Tu sabías que los milicos prohibieron el cubismo, porque era cubano? (se ríe) Entonces, qué cultura podías esperar. Y bueno, las obras tenían que ser declaradas “culturales”. Y si las declarabas así, entonces no tenías que pagar el 10%, liberándote del impuesto. Y, por ejemplo, Ionesco no era considerado cultura y entonces no te daban autorización para montar a Ionesco, ni a Becquer. Y bueno, qué más se podía pedir, si pensaban que Becquer era un jugador de Barcelona (se vuelve a reír con ganas). Entonces por eso yo creo que no funcionó muy bien eso de la censura. Aunque había algunos que algo sabían, como el que pusieron en la Biblioteca Nacional, Enrique Campos Meléndez. Ese hueón sí que leía de corrido.
Era escritor.
Malo el hueón, pero era escritor.

¿Usted pensó alguna vez en actuar?

No. Es que soy muy tímido yo. Y además me pongo tartamudo. Además de que no sé expresar muy bien lo que quiero. Yo dirijo también, pero como amigo. Ya que en el trabajo se da la confianza y en confianza da lo mismo hacer bufonadas. Y si se ríen de ti, los puedes agarrar a chuchadas (se ríe con ganas). Pero no. Nunca he actuado. Es algo que nunca he hecho. Una vez nomás, hicieron un documental y ahí tuve que estar, pero más que nada para mostrarles donde yo andaba. Y al que hizo la hueá le daba con que yo le mostrara lo que sentía en los distintos lugares. Eso es lo más próximo que he estado de actuar. ¿Y la experiencia fue grata? ¡No pues! porque me costaba hacer eso y decir las cosas. El documental duraba como una hora veinte. Y más encima se lo prohibieron. Al canal no le gustó porque yo hablaba un poco de política y del MIR, de que era una bella instancia y de todo lo que pasaba, porque yo, durante un breve tiempo fui director del Rebelde que era el periódico que tenían. Y ahí perdieron todo el trabajo y la plata. Y eso que anduvimos harto y gastaron harta plata. Fuimos hasta el desierto, anduvimos en los géiseres, en San Pedro, en hartas partes porque a mí me encantaba viajar y también grabaron harto. Eran tres documentales. Uno de Gonzalo Rojas, otro de Raúl Ruiz y el tercero era el mío. Alcanzaron a dar un poco del de Gonzalo Rojas y también se los censuraron porque él también hablaba de política.
“La Tierra Señalada”. Así se llamaba el documental.

 ¿Algo más que desee decir?

No, salvo que tengo 77 años  y que moriré de cualquier cosa, menos de resignación.
Saludos y felicitaciones.








Juan Radrigán y Angela Barraza Risso 
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Por: Angela Barraza Risso

Catalina González nos cuenta de su última puesta en escena en “Las Criadas”, que se está presentando en el Teatro del Puente y de su visión del trabajo actoral en el Chile del s. XXI.


¿Cuál es la vigencia de “Las Criadas” de J. Genet? ¿Por qué realizar esta obra, estrenada en 1947, una vez más?

Yo creo que la vigencia que tiene es a nivel de temáticas. Las criadas habla del abuso de poder, de la pelea de roles, de la discriminación y  del resentimiento, de estar inserto en una sociedad en la cual es muy difícil salir de donde tú eres. Estás designado a ser algo y no puedes salir de ahí, ya sea por tu educación, por tu nivel adquisitivo, etc. Todas estas temáticas, creo, son muy vigentes y actuales. Sin embargo es un texto que está escrito de una manera compleja, porque es un texto poético, de otra época, más encima es una obra francesa, entonces obviamente, a nivel de lenguaje es bien alejado de la actualidad y también de Chile. Pero es un gran desafío hacerla, por lo mismo, ya que son temáticas que existen hoy.


¿Cómo llegaron a la idea de poner en escena esta obra?

Rodrigo Soto, el director, tenía muchas ganas de hacer un clásico y yo tenía muchas ganas de hacer esta obra en particular, para una actriz o para un actor, es un texto que es un privilegio. Entonces juntamos estos dos deseos de hacer. Rodrigo es un gran director de actores, él me decía que daban ganas de dirigir este proyecto también. Y bueno, fue dificultoso traer este lenguaje al ahora ya que  cambiamos muy poco del texto, pero tuvimos que cortar y modificar algunas palabritas que eran demasiado lejanas, pero los cambios fuero realmente mínimos. Sin embargo, yo creo que funcionó porque, más allá de que el lenguaje sea lejano,  hay una mano sobre las actuaciones que es mayor que cualquier otro factor. Hubo un trabajo en la personalidad de los personajes y de dirección que, junto con las actuaciones, hacen que este lenguaje se acerque al espectador y la obra quede bien parada.


¿Tienes algún proceso de selección de los personajes que vas a interpretar?


En general yo no soy muy difícil como actriz. A mí me gusta hacer de todo y he hecho personajes como el de Solange, que tiene una carga trágica dramática que es muy potente, que viene de un texto super intelectual, pero también he hecho stand-up con mis amigas, que es todo lo opuesto y la verdad es que lo que más me motiva a la hora de embarcarme en un proyecto es el grupo de gente con la que uno trabaja, porque ahí también uno puede darse cuenta del proceso que puedes llegar a tener.


¿Cómo fue tu trabajo con el personaje de Solange, cómo lo trabajaste?

Trabajar el personaje de Solange fue terrible en verdad. O sea, fue un trabajo muy intenso, pero muy práctico a la vez. Tuvimos 2 meses de ensayo, que igual es poco para esta obra, pero ensayamos todo el verano, todos los días, entonces esa intensidad hizo que las cosas salieran. La María Gracia fue una gran partner porque era super importante la química que pudiéramos llegar a tener las dos en materia actoral. Y nos aprendimos el texto super rápido, entonces todas esas cosas facilitaron el hecho de poder profundizar en el trabajo actoral.


Esta es una obra situada en una época histórica determinada. La obra se estrena en 1947 por primera vez; sin embargo este montaje carece de elementos que te puedan situar en esa temporalidad. Cómo sientes tú el hecho de trabajar con tan pocos elementos escenográficos. Qué te parece esta propuesta.

Nosotros hablamos mucho de los signos teatrales a nivel de espacio, de escenografía y también de gestos. Por ejemple, en el texto mismo se plantea la presencia de la señora, de principio a fin. Está ahí presente todo el tiempo, constituyéndose como el motor de la obra, entonces se puso esa gigantografía con su foto, haciendo evidente esa presencia constante. Esta fue una idea desde el principio y quizás hasta un poco caprichosa, pero que dio resultado. En algún momento pensamos en tener más elementos, pero eso ya era situarse en una época y en un espacio super claro, cuando siempre, durante los ensayos estuvimos trabajando con muy pocos elementos, entonces la idea también era hacer una obra en donde el espectador completara el espacio escénico. Por eso hay una silla, en donde si uno levanta las piernas, se convierte en un diván pero gracias al imaginario del espectador. No queríamos completar ciertas imágenes. Mira, Rodrigo tiene esa tendencia a no usar nada en escena. De hecho esta es su cuarta obra y en la obra anterior no había absolutamente nada en escena. Eran actores y luces. Nada más. Él potencia mucho la actuación. Es un director de actores más que de cualquier otra cosa y en este trabajo se dedicó mucho a eso. Es cosa de gustos finalmente. A mí me gusta mucho porque uno es actor y verse enfrentado a pocos elementos, hace que uno se exponga más, cosa que puede ser muy buena o muy mala. Pero yo creo que cuando estás bien dirigido y uno es entregado, se logran buenos resultados.


En un país como el nuestro, en el que somos el paroxismo del consumo de América Latina, cómo ves la implementación de leyes que coartan este consumo, apelando a juicios morales respecto de lo bueno o lo malo que es consumir determinadas cosas, como por ejemplo la ley de tabaco, que te impide fumar dentro de locales cerrados, la ley super8, la penalización de la marihuana, etc.

Yo creo que es complejo el hecho de que estén coartando nuestras libertades. Que existan leyes que no te permitan ser independiente. Sobre todo la penalización de la marihuana. Siento que existe para tapar otras cosas y para decirle al ciudadano chileno común: “estamos haciendo algo”, por ejemplo, por el narcotráfico. Pero creo que es una excusa para no profundizar en ciertos temas que son la raíz de estas problemáticas en términos reales.  Creo que las leyes que tienen que ver con determinados consumos que no vulneran a un tercero,  son poco profundas. La ley de tolerancia cero de consumo de copete cuando estay manejando, yo creo que está bien porque de verdad le puedes hacer daño a otro si vas conduciendo curao, pero si te fumas un cigarro, o un pito, ¿A quién vulneras?  Creo que es tratar a la gente como estúpida porque se anula su poder de decisión. Y esas cosas hacen que una persona que no tenga mucha cultura, se acomode en esos espacios de control y finalmente la gente deja de decidir por sí misma porque es un control que se maneja desde un lugar que pretende manipular la opinión pública incluso en sus espacios más privados. ¿Hasta dónde tiene derecho el estado a meterse en nuestras decisiones como individuos?
Yo sé que uno no puede vivir en un mundo en el que no hayan reglas ni control, pero creo que en Chile hay un modelo de imitación a otros lugares, que nos hace perder identidad. Lo otro que me pasa con estos sistemas de seguridad es que me parece que todas estas dinámicas se implementan para tapar hoyos y no se soluciona lo que pasa en lo profundo. Estamos controlando todo, ponemos más pacos en la calle, etc, pero no nos estamos preocupando de por qué pasa que hay delincuencia, drogadicción, no estamos viendo la pobreza o las problemáticas que hay detrás de esta necesidad de seguridad y de control. Todas estas prácticas y políticas establecidas en el gobierno anterior, que son bien de derecha, me parece que son muy por encimita, y para “dar la sensación de”.


¿Cómo ves al espectador en Chile?

Yo creo que hay poco público de teatro en Chile, creo que la gente prefiere ir al cine o no moverse de su casa,  en esto tenemos responsabilidad nosotros mismos, los actores porque a veces tendemos a hacer teatro muy “para gente de teatro”, muy crípticas. Nosotros teníamos mucho miedo con las criadas porque es muy teatral, es una obra “muy de teatro”,  por el texto, por la complejidad que tiene y  nos resultó bien difícil el trabajo de dar a conocer una historia clara a través de este texto, más allá de la escenografía u otros elementos. Intentamos hacerlo lo más limpio posible para poder entregar el texto y que se entendiera. Me he sorprendido porque ha ido mucho público X. Uno nota cuando tu público es de “artistas” o cuando va la señora con su amiga, o llega gente que no necesariamente son artistas. Y al parecer, la obra se entiende y la recepción que tenemos del público ha sido buena. La obra les ha gustado.


¿Cuáles son las principales dificultades a las que te has enfrentado como actriz de teatro?

Bueno, igual hay poca ayuda para que se haga teatro y para que llegue también la gente a verlo. Faltan herramientas para que se haga bien, no hay muchas lukas, los fondos del estado tampoco son muchos y se entregan constantemente a ciertos grupos. Yo ahora tuve suerte, porque caí en un grupo de gente reconocida, la sala se ha llenado, vengo con el arrastre de Secretos en el Jardín, la María Gracia ha salido harto en tele y también venía con el arrastre de Joven y Alocada, entonces llega gente al teatro, pero yo antes había estado en otras obras con una compañía que se desarmó porque pasaba que en los días de función empezábamos: Vienen 5 personas por mí, tú traes a 3 personas más, tuyas son 4, bakán, son 12 personas” y era como esa la dinámica y eso al final da lata. Después hice una obra de Radrigán con una amiga mía y fue un proyecto maravilloso que montamos el año antepasado y tampoco llegaba mucha gente ni había mucha prensa que lo cubriera porque tienen otros intereses que van más por el tema de mostrar las cosas que más venden. Entonces es difícil, sobre todo para los actores emergentes, apostar por sus proyectos ya que sabes de antemano que no va a llegar gente al teatro, que no vas a ganar plata y que los fondos se los van a dar siempre a los mismos, y uno se da vuelta en un círculo vicioso que es muy difícil de cortar.
Es bien triste, porque hay muy buena calidad de teatro en Chile. Yo estuve viviendo en Puerto Rico, cuando fui a Europa fui a ver teatro, y creo que el teatro en Chile es muy bueno. Hay muy buenos actores, muy buenos artistas, directores,  proyectos super novedosos  y  la gente no se entera. Se han hecho muchas cosas muy interesantes, festivales, como el FIDET, por ejemplo, muestras de teatro, etc. Y esos eventos se han invisibilizado porque comercialmente no son atractivos para la prensa y entonces el círculo vicioso vuelve a girar. Hablando del talento actoral en Chile, en Secretos en el Jardín tuve la posibilidad de trabajar con tremendos actores de teatro y cine, que no se habían visto mucho en la tele, como Rodrigo Soto, Alejandro Goic, Roberto Farías. Para mí fue un gran aprendizaje trabajar en ese proyecto. En fin, existe acá una gran rama artística y cultural que es muy difícil darla a conocer.





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